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"Cuando tomamos conciencia de nuestras emociones, nuestra calidad de vida mejora. las emociones, tanto las agradables com las desagradables, son mensajes reales llenos de significado"
 
Así como en el plano físico cada órgano (hígado, riñones, corazón) cumple una función específica y necesaria, en el universo emocional cada emoción cumple también una función de igual importancia.
 
Existen emociones que nos informan acerca de lo que poseemos
(alegría, gratitud, confianza, solidaridad) y otras que nos informan acerca de algo que nos falta (tristeza, miedo, envidia, culpa)
A estas últimas se las suele llamar erróneamente "negativas" cuando, en realidad, son valiosísimas señales que nos remiten a problemas que estamos experimentando en ese momento.
 
Por ejemplo, el miedo es la sensación de angustia que nos informa que hay una desproporción entre la amenza que enfrentamos y los recursos que tenemos para encararla. Si una amenaza tiene valor diez y los recursos son valor cinco, surgirá el miedo y éste será la señal que nos avisa de esa desproporción.
En ese sentido podemos compararlo con la luz roja del tablero del automóvil que se enciende e indica que hay poca nafta.
El problema no es la luz sino la falta de combustible.
 
Lo que necesitamos es aprender a tratar al miedo con la misma eficacia con que tratamos la luz del tablero. Y eso es posible.
 
Uno de los factores que perturba esa posibilidad son las creencias equivocadas que tenemos acerca del miedo.
 
Cuando nos apoyamos en esas ideas suprimimos y maltratamos al aspecto miedoso y ahí es cuando el miedo comienza a convertirse en un problema que paraliza y hace sufrir.
 
REACCIÓN EN CADENA:
Es bueno recordar que no sólo sentimos miedo sino que, a continuación, reaccionamos ante él sintiendo vergüenza, rabia, desprecio, impotencia o miedo por tener miedo. Es decir, se produce una reacción emocional en cadena y según sea esta segunda reacción, será el destino del miedo original.
Si nos da miedo sentir miedo, tratamos de suprimirlo porque nos parece que nos va a sobrepasar y a enojarnos con la parte miedosa y solemos retarla y castigarla. Si nos avergüenza, la escondemos.
 
LA REACCIÓN INTERIOR:
Mauro me consultó por tener miedo a la soledad. Le pregunté:
-Si imaginaras que esa parte miedosa estuviera enfrente, ¿qué le dirías...?
Y mirando hacia ese espacio le dijo:-¡Estoy harto de ese miedo absurdo que tenés que no me deja vivir...
Me dan ganas de abofetearte para que despiertes.. .!
Lo invité entonces a que tomara el lugar de la parte miedosa yque viera cómo se sentía al escuchar eso. Desde ahí, responde:
-Ahora me siento peor y más sólo que antes...
 
Esta esuna de las típicas reacciones interiores que agravan el miedo original. En ella se suman el enojo ignorante que cree que abofeteando a la parte miedosa la va a transformar y la creencia,
ignorante y frecuente también, de que hay miedos absurdos.
 
Ambas forman parte de la evaluación que hacemos acerca de lo que sentimos y esta evaluación es continua, seamos o no, conscientes de ello.
Algunas de esas reacciones nos ayudan efectivamente a cambiar y otras, como las que describimos recién, nos dejan más asustados que antes. Y esto es así, no porque el evaluador albergue alguna forma de destructividad básica, sino porque es ignorante y no sabe cómo ayudar.
Nosotros somos los dos, tanto el que tuvo miedo como el que lo evalúa. Somos ese equipo y según cómo se relacionen entre sí, será nuestro destino psicológico: padecimiento crónico o crecimiento. Y dado que es una función tan importante, ¿qué puede hacer el evaluador, por ejemplo ante el miedo, para aprender de esa emoción en lugar de sólo padecerla?
 
PRIMERO:
Legitimarla y escucharla. Legitimar no es consentir. No es: "Está todo bien...,y a otra cosa. Eso anestesia pero no ayuda. Legitimar quiere decir que se reconoce que hay un problema pero que quien lo padece no merece reproche por eso, sino ayuda. Hay personas que dicen: "Yo no escucho a mi parte miedosa porque si la oyera nunca haría nada" Esa actitud funciona durante un tiempo muy corto pero la parte miedosa no escuchada y maltratada, sigue creciendo y en algún momento, activada por una situación tal vez menor, irrumpe de golpe con todo el miedo acumulado y se produce lo que conocemos como
"crisis de pánico"
SEGUNDO:
Una vez que la hemos escuchado, preguntarle: ¿Cómo necesitas que te trate y te hable para que puedas sentirte acompañada y ayudada por mí?
Es importante saber que si se le da el tiempo suficiente, esa parte miedosa lo va descubriendo y la experiencia clinica muestra que el trato que necesita de su evaluador interior, en la mayoría de los casos no coincide con el trato que recibe diariamente.
TERCERO:
Intentar tratarla como lo acaba de pedir. Se logra cuando el evaluador interior se conecta con un componente esencial de su rol y es que su tarea consiste en evaluar para enriquecer lo evaluado, no par destruirlo. Esta reflexión parece obvia pero en la clínica se comprueba con frecuencia que la ignorancia emocional del evaluador lo lleva a desconectarse de dicha función desembocando en el reproche y la descalificació n.
 
LOS DIÁLOGOS INTERIORES:
El recurso técnico del diálogo entre las partes de una persona, intenta precisamente amplificar esas voces y lograr transformar, a través del despliegue del diálogo, su antagonismo en cooperación.
Cuando hay cooperación interior entre el evaluador y el evaluado se va encontrando ante cada situación que despierta miedo, cuáles son los recursos psicológicos que faltan para poder enfrentarlo y cómo desarrollar dichos recursos.
Esta es la esencia de la autoasistencia psicológica en el plano emocional.
 
La descripción realizada para el miedo se extiende al resto de las emociones.
 
INTELIGENCIA EMOCIONAL:
Cuando sé qué hacer con el frío, no lo vivo como una sensación "negativa" sino como una señal maravillosa que me lleva a abrigarmey resolver así esa sensación displacentera y eventualmente peligrosa. Si no sintiera frío, enfermaría y moriría sin tener la oportunidad de poder corregirla.
El miedo, el enojo, la culpa, la envidia, la vergüenza, son emociones que todos conocemos y que alguna vez hemos sentido. Cuando no sabemos qué hacer con ellas, cuando no hemos aprendido a ver qué problema nos señalan y cómo resolverlo, se convierten entonces en puro padecimiento. Por esta razón, es fundamental que los seres humanos aprendamos a aprovechar esas señales emocionales del mismo modo en que el organismo ya aprendió a saber qué hacer cada vez que siente
hambre, sed, frío o calor.
Y ese es el aprendizaje que tenemos por delante para poder desarrollar en plenitud nuestra inteligencia emocional.
 
Dr. NORBERTO LEVY (desde hace más de 30 años explora los mecanismos de autocuración psicológica y su relación con el universo emocional. Ha escrito algunos libros como:
"El Asistente Interior" - (Ed. Nuevo Extremo) , "La Sabiduría de las emociones" (Ed. Sudamericana) . www.autoasistencia. com.ar

 

A través de nuestros pensamientos creamos; podemos crear dinero, salud, amor, juventud, todo lo que deseamos.
¿Es un Secreto? No, no lo es; siempre hemos tenido conocimiento de que el pensamiento crea la realidad; lo dice la Biblia, Charles Haanel, Carnegie, Eistein, Napoleón Hill, Victor Boc, José Silva, Buda, etcétera.
¿Y por qué muchos son infelices, enfermos, tristes, agobiados y siguen sin cumplir sus deseos? Porque… Algunos no creen que sea tan fácil; otros no lo creen en absoluto; dicen: “No es posible; si fuera así, no existirían pobres ni enfermedades.” Algunos creen en la posibilidad de que exista la manera de encontrar la abundancia, pero no hacen el proceso. Otros comienzan el proceso y… a los días, dejan los ejercicios. Otros sí hacen el proceso, pero están tan tristes, enojados, frustrados, que solo eso crean; no “ven” la hermosura de un niño, la belleza de un amanecer, el canto de los pájaritos, el sonido del mar, etcétera.

Somos lo que pensamos
Emociones
En la Película El Secreto se nos explica comonuestros pensamientos manejan las emociones. Las emociones son nuestro reloj, nos dicen lo que estamos creando, son una guía a la que debemos prestar atención. Cuando estamos llenos de amor, felicidad, entusiasmo, fe, estamos creando lo que queremos.
Dice la película El Secreto: ¿Cómo te sientes? ¿Qué no te sientes bien? Cambia tu pensamiento, piensa en ese bebé que tanto amas, en tu paseo a la playa, el dia de tu graduación o el grado de tu hijo.
Solo un pensamiento feliz basta para ser creadores de una vida plena y feliz.
¿Por qué a veces tratamos de seguir adelante y la situación en que estamos no cambia, y ni siquiera vemos que mejora?
Porque seguimos recreando en nuestra mente los pensamientos de escasez, tristeza, dolor. Por ejemplo, si una persona tiene una deuda que no lo deja dormir, y ese pensamiento lo asalta a cada instante, no puede dejar de pensar en esa deuda… ¿Cómo sale de esa situación?
Cambiando los pensamientos, manejando sus emociones. Si ese Señor X de la deuda se va de vacaciones, o alguien le presta el dinero, cambiará, su vida empezará a florecer y, si se mantiene enfocado en su éxito, por pequeño que sea, seguirá creando nuevos éxitos.

 

¿Qué es la emoción?

M.P. González, E. Barrull, C. Pons y P. Marteles, 1998

Hasta el trabajo de Wukmir (1967), nadie ha sabido dar una explicación coherente del fenómeno de la emoción. Todo lo que se ha dicho de ella y se sigue diciendo, son vaguedades y descripciones de sus efectos muy generales. En este artículo, queremos resumir la aportación de Wukmir al esclarecimiento definitivo del fenómeno emocional. Esperamos que la lectura detenida y reflexiva de este artículo pueda aclarar definitivamente al lector algo tan fundamental como es la naturaleza de las emociones.

Aproximación a la emoción

En cada instante experimentamos algún tipo de emoción o sentimiento. Nuestro estado emocional varía a lo largo del día en función de lo que nos ocurre y de los estímulos que percibimos. Otra cosa es que tengamos siempre conciencia de ello, es decir, que sepamos y podamos expresar con claridad que emoción experimentamos en un momento dado.

Las emociones son experiencias muy complejas y para expresarlas utilizamos una gran variedad de términos, además de gestos y actitudes. De hecho, podemos utilizar todas las palabras del diccionario para expresar emociones distintas y, por tanto, es imposible hacer una descripción y clasificación de todas las emociones que podemos experimentar. Sin embargo, el vocabulario usual para describir las emociones es mucho más reducido y ello permite que las personas de un mismo entorno cultural puedan compartirlas.

La complejidad con la que podemos expresar nuestras emociones nos hace pensar que la emoción es un proceso multifactorial o multidimensional. Uno siempre tiene la impresión de que le faltan palabras para describir con precisión sus emociones.

Pero debajo de esta complejidad subyace un factor común a todas las emociones: cada emoción expresa una cantidad o magnitud en una escala positivo/negativo. Así, experimentamos emociones positivas y negativas en grados variables y de intensidad diversa. Podemos experimentar cambios de intensidad emocional bruscos o graduales, bien hacia lo positivo o bien hacia lo negativo. Es decir, toda emoción representa una magnitud o medida a lo largo de un continuo, que puede tomar valores positivos o negativos.

En el lenguaje cotidiano, expresamos nuestras emociones dentro de una escala positivo-negativo y en magnitudes variables, como "me siento bien", "me siento muy bien", "me siento extraordinariamente bien" (intensidades o grados del polo positivo) o "me siento mal", "me siento muy mal", "me siento extraordinariamente mal" (intensidades o grados del polo negativo).

Según sea la situación que provoca la emoción, escogemos unas palabras u otras como 'amor', 'amistad', 'temor', 'incertidumbre', 'respeto', etc., que, además, señala su signo (positivo o negativo). Y según sea la intensidad de la emoción escogemos palabras como 'nada', 'poco', ' bastante', 'muy', etc. y así, componemos la descripción de una emoción. Decimos, por ejemplo, "me siento muy comprendido" (positiva) o "me siento un poco defraudado" (negativa).

En consecuencia, podemos reconocer en toda emoción dos componentes bien diferenciados. Por un lado, un componente cualitativo que se expresa mediante la palabra que utilizamos para describir la emoción (amor, amistad, temor, inseguridad, etc.) y que determina su signo positivo o negativo. Por otro lado, toda emoción posee un componente cuantitativo que se expresa mediante palabras de magnitud (poco, bastante, mucho, gran, algo, etc.), tanto para las emociones positivas como negativas.

Ahora nos falta determinar a qué se refiere este componente cuantitativo (magnitud positiva o negativa) que contiene toda emoción. ¿Que es lo que mide cada una de nuestras emociones? ¿Qué significa 'positivo' y 'negativo' en nuestras emociones?

Los organismos vivos disponen de mecanismos perceptivos que les permiten reconocer aquellos estímulos que son significativos para su supervivencia: para obtener comida, para protegerse de un ataque, etc. Pero la percepción cubre sólo una parte del problema. La percepción tiene como objeto reconocer los estímulos, saber que son.

Esto no es suficiente para un ser vivo. Además, necesita saber si esto que ha percibido (que ya ha reconocido) le es útil y favorable para su supervivencia o no. ¿Qué mecanismos tienen los seres vivos para determinar si lo que han percibido es favorable para su supervivencia o no?

V.J. Wukmir (1967) planteó que tales mecanismos son las emociones. La emoción es una respuesta inmediata del organismo que le informa del grado de favorabilidad de un estímulo o situación. Si la situación le parece favorecer su supervivencia, experimenta una emoción positiva (alegría, satisfacción, deseo, paz, etc.) y sino, experimenta una emoción negativa (tristeza, desilusión, pena, angustia, etc.). De esta forma, los organismos vivos disponen del mecanismo de la emoción para orientarse, a modo de brújula, en cada situación, buscando aquellas situaciones que son favorables a su supervivencia (son las que producen emociones positivas) y alejándoles de las  negativas para su supervivencia (que producen emociones negativas).

Por ejemplo, cuando entramos en una reunión, lo primero que hacemos es reconocer (percibir) a las personas que están en la sala y casi simultáneamente, empezamos a experimentar nuevas emociones relacionadas con la nueva situación. Si lo que sentimos es positivo y agradable significa que nuestro mecanismo emocional valora que la situación, lo que allí ocurre, es favorable para nuestra supervivencia (negocios, afecto, conocimientos, etc.). Por el contrario, si nos sentimos mal, inquietos, forzados, etc., significa que nuestro mecanismo emocional cree que la situación puede perjudicarnos.

Esta valoración emocional se realiza mediante mecanismos físico-químicos muy diversos dependiendo de la complejidad del organismo. Un organismo unicelular posee mecanismos simples para evaluar si una situación o estímulo le es favorable o desfavorable, mientras que un mamífero, por ejemplo, posee mecanismos emocionales mucho más complejos, en los que su sistema nervioso juega el papel fundamental.

Con la aparición y desarrollo del córtex, los procesos cognitivos participan de forma fundamental en la elaboración de las emociones. En particular, la importancia del neocórtex en la especie humana es tal que, los procesos cognitivos determinan en gran medida nuestras emociones. Pero el hecho de que el córtex y neocórtex participen en la elaboración de las emociones no significa que sea de forma consciente. La elaboración de las emociones es un proceso no voluntario, del que se puede ser sólo parcialmente consciente.

A menudo se habla del control emocional o de controlar las emociones como una habilidad necesaria para el buen desarrollo de nuestras relaciones sociales. En este caso, controlar las emociones significa que uno sea capaz de no mostrar las emociones que está experimentando. Es decir, no tenemos control sobre la emoción misma sino sobre su manifestación externa.

En definitiva, queremos decir que, por medio de la emoción, un organismo sabe, consciente o inconscientemente, si una situación es más o menos favorable para su supervivencia. La emoción es el mecanismo fundamental que poseen todos los seres vivos para orientarse en su lucha por la supervivencia.

Ahora bien, todo organismo puede equivocarse en su valoración emocional. Todo proceso de medida puede ser erróneo en grados variables. Los mecanismos emocionales, al igual que los perceptivos, son limitados y están sometidos a múltiples incidencias, tanto internas como externas, que disminuyen su eficacia. En consecuencia, la emoción experimentada puede no corresponder a la realidad de la situación y producir graves perjuicios al organismo. Es decir, una situación puede ser valorada positivamente (experimentar una emoción positiva), aunque, en realidad, sea muy perjudicial para el organismo.

Un ejemplo típico es el efecto droga. La droga es un estímulo capaz de engañar al sistema emocional produciendo emociones positivas, es decir, hacer que el organismo valore dicho estímulo como positivo para su supervivencia, cuando, en realidad es todo lo contrario. De hecho, en la vida de los seres vivos, los errores emocionales son frecuentes. Nuestra experiencia subjetiva nos enseña que muchas emociones experimentadas son incorrectas y que sólo mediante un gran esfuerzo de introspección puede desentrañarse el tipo de emoción que corresponde con nuestra realidad. Saber lo que sentimos verdaderamente es algo difícil de lograr. Esto no tendría mayores consecuencias si no fuese porque la emoción determina directamente todo nuestro comportamiento y el error nos sitúa en una posición de riesgo.

En resumen, Wukmir planteó que siendo la vida y la supervivencia lo positivo para un ser vivo, la emoción es el resultado de una medida (o valoración) subjetiva de la posibilidad o probabilidad de supervivencia del organismo en una situación dada o frente a unos estímulos determinados. La emoción informa al organismo acerca de la favorabilidad de cada situación. Diríamos, pues, que la emoción se comporta como una variable de estado intensiva (el valor total es igual al promedio de las partes). A cada estado de nuestro organismo le corresponde una emoción, que es más positiva cuando se trata de un estado más saludable, más orientado hacia la vida (orexis) y es más negativa cuando nuestro estado se acerca más a la enfermedad y la muerte (anorexis). Pero, como todo proceso de medida, las emociones están sujetas a errores que acaban perjudicando al organismo.

 


EXPRESIONES DE LAS EMOCIONES MAL DIGERIDAS

Muchos de nosotros tenemos cargas emocionales o mentales.

Sentimientos mal digeridos, mal asimilados o expresados se convierten en un quiste energético emocional. Esto se puede almacenar en los dientes, en la mandíbula, en el plexo solar, en los genitales y los trapecios. Donde hay más facilidad en enmascarar o guardar esas expresiones de los sentimientos o emociones no digeridas o asimiladas unas veces o no respetadas otras veces.

LAS EMOCIONES AFECTAN AL TEJIDO FASCIAL
Como tema más importante tenemos que saber que cualquier trastorno psíquico como el estrés, el miedo, el enfado, la ira, la depresión, o cualquier emoción negativa produce una tensión y acortamiento del tejido fascial. Tales circunstancias provocan dolores y molestias en la misma zona o en otras partes del cuerpo mas alejadas, debido a la tensión reciproca de membranas o tejido fascial. Todas las fascias están unidas y forman una perfecta interrelación en todas partes del cuerpo.
Muchos bloqueos mentales a lo largo de nuestra vida, hoy en día todavía tienen repercusión en nuestras membranas craneales internas y en muchas partes del organismo. Tensiones profundas e internas que están constantemente, las 24 horas al día activas, tensas, agotándonos y degenerando los tejidos e impidiendo la libre circulación de los líquidos.
Este hecho tan real como desconocido nos va creando, formando o cultivando un montón de posibles enfermedades y verdaderos puntos débiles de salud. Estamos llenos de tensiones internas, tensiones fasciales, que normalmente son provocadas por un traumatismo físico o por un bloqueo emocional o mental no asimilado correctamente. Esta circunstancia hace que la pulsación del líquido cefalorraquídeo se vea también afectada, provocando fallos de comunicación del organismo con el sistema nervioso central. Esto es un proceso degenerativo.
Por tanto ya sabemos que los sucesos mentales y emocionales implican tensión somática y de igual manera la tensión corporal tiene implicaciones mentales y o emocionales. El terapeuta ayuda a eliminar la tensión somática y el paciente debe de estar preparado por si le vinieran recuerdos de experiencias pasadas con su emoción asociada. A menudo este hecho puede pasar inadvertido o resultar doloroso. El paciente puede o no asociar la liberación somática con algo relacionado con la represión inconsciente de una experiencia pasada y el sentimiento-emoción asociado a ella.
La observación de este hecho nos trae el entendimiento de que es muy posible que estemos llenos de energía psíquica reprimida o no asimilada por todo el organismo, provocándonos una acumulación de estrés en el cuerpo.

EL ESTRÉS
Podemos definir la palabra estrés como tensión o agotamiento por algo que nos angustia, por que todavía el organismo no se ha podido adaptar a unas nuevas circunstancias, tanto agradables, como desagradables. El cuerpo se encuentra estresado porque se encuentra en un proceso de adaptación. Incluso el placer si no es en el momento apropiado y la circunstancia requiere de una rápida adaptación a respuestas autonómicas nos puede generar estrés. Si el organismo no ha tenido éxito en procesar y adaptarse a un reto o a una nueva situación, el cuerpo somatizara o almacenara en los tejidos esta energía potencial que no ha sido asimilada correctamente. Los tejidos en especial las fascias y su sutil movimiento pulsátil que sucede por su interior se verán afectados. Esto crea un bloque energético y la suma de varios de estos nos creara una armadura energética alrededor de la zona del cuerpo donde se halla bloqueado la experiencia no asimilada correctamente o traumática. El bloqueo funciona bajo tres niveles interdependientes el muscular, el emocional y el energético. Cualquier intento por abrir o liberar los bloqueos es bueno y positivo para la vida.
Podemos trabajar el bloqueo a nivel emocional a través del psicodrama, el psicoanálisis, la psicoterapia, etc. el nivel muscular lo podemos trabajar con los masajes, el hata yoga, las danzas, la expresión corporal, etc. la sanación a nivel energético la podemos encontrar a través de un curandero o sanador energético, de la meditación o a través del toque terapéutico o de la terapia cráneo-sacral.
Si el movimiento rítmico del líquido cefalorraquídeo se ve afectado en alguna parte de nuestro organismo, el movimiento de expansión y contracción se verá afectado también, provocando un bloqueo o fallo energético en dicha zona. La zona ya no respira, ya no pulsa, ya no recibe el movimiento respiratorio primario  y esto es lo que nos sucede en algunos huesos y suturas de nuestras cabezas.
Esto puede provocar todo tipo de patologías físicas o psicológicas. Este mal y en especial el estrés es una de las claves fundamentales de muchos problemas de espalda, de articulaciones y de muchas alteraciones psicológicas.
Teniendo esto en cuenta, vamos a escuchar y equilibrar todos los micro-movimientos existentes en el cráneo y en el sacro, principalmente. Este ajuste del movimiento de expansión y contracción de todos los huesos cráneo-sacrales, nos creará un nuevo equilibrio en nuestro cuerpo y alma y será capaz de encontrar su auto-curación.
Cuanto mayor es la edad de una persona es probable que tengan más bloqueos y que estos hallan hecho una gran armadura alrededor rígida e inteligente. Esta armadura se hará resistente y reacia a la apertura o al desbloqueo. Pero con perseverancia y con un buen número de técnicas disponibles para usar, podemos ayudar al paciente a liberar parte de su tensión emocional. Las personas somos muy diferentes y reaccionamos de manera muy diversa a las circunstancias de la vida. Por ello la sanación de un paciente se convierte en todo un arte vivo y dinámico.

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