Eliphas Levi – El Gran Arcano, 15ª parte

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Vibración y energía
 
 
 
 
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APENDICE

Eliphas Levi – El Gran Arcano
CREDO FILOSOFICO
De Eliphas Levi
 
Creo en lo desconocido que Dios personifica,
probado por el propio ser y por la inmensidad.
Ideal sobrehumano de la filosofía,
perfecta inteligencia y suprema bondad.
Creo en el infinito que el finito proclama;
creo en la razón que no se debilita;
¡creo en la esperanza y he adivinado el alma,
sentando que el amor desprecia la muerte!
 
Creo que el ideal para nosotros se realiza
en los hombres con amor, espíritu y bondad.
Justos de todos los tiempos, vos sois mi Iglesia;
¡Y mi dogma tiene por ley la universalidad!
 
Creo que el dolor es un esfuerzo para nacer,
que el mal es para nosotros la sombra o el error del bien;
que el hombre trabajando debe conquistar su ser, que el
bien es el amor y que Satán no es nada.
 
Creo que la misma esperanza vive bajo todos los símbolos,
que el mundo tiene por ley la solidaridad;
yo derroco el altar de todos los ídolos,
pronunciando dos palabras: justicia y verdad.
 
Creo que por el derecho el deber se mide,
que el más fuerte debe más y el débil menos;
que tener miedo del verdadero Dios, es injuriarle. ya
que necesita unir nuestros esfuerzos a los suyos.
 
Creo que por el derecho el deber se mide,
del que jamás nuestro error abusa impunemente; el
mal hace al pensamiento activo y vigilante, pero
él es el remedio y no el castigo
 
Creo que de la muerte desgarrando los velos,
volveremos todos al hogar paterno;
la ignorancia y el error sombras son de las estrellas
¡de las que el bien radiante es el centro eterno!


LA MORAL – LOS AXIOMAS
Saber sufrir, saber abstenerse y saber morir, son las tres reglas principales del mago.
 
Aprender a sufrir, aprender a morir es la gimnasia de la eternidad, es el noviciado
inmortal.
 
La Magia y el Esoterismo no son ocultos más que para los ambiciosos e ignorantes
LAS CIENCIAS OCULTAS
Hay hombres que como la luz los irrita y fatiga vuelven su espalda al sol, mirando siempre a su
sombra.
Se creen cristianos pero adoran al diablo, otorgándolo los atributos de Dios.
Se llaman filósofos, mas adoran la nada y la anarquía, poniéndolas en lugar del ser eterno y del
orden inmutable que preside la jerarquía de los seres.
La afirmación temeraria y la negación absurda tienen también sus fanáticos, estos son los búhos de
la inteligencia.
Los que sólo ven en la noche de sus pasiones al clarear el día quedan ciego.
Jamás esos hombres comprenderán nada de la filosofía oculta.
Para ellos solamente es oculta.
Oculta como el sol para los búhos.
Oculta como el buen sentido para los fanáticos.
Oculta como la razón para los insensatos.
Pues es la filosofía de la luz; es la filosofía del buen sentido; es la filosofía exacta como los
números, rigurosa como las proporciones de la geometría, regulada y ordenada como la naturaleza,
evidente como el ser, infalible como las matemáticas eternas.
¡Ciego el que no lo vea, pero más ciego aún quien pretenda verlo en la noche!
El temerario que ose mirar al sol sin pantalla queda ciego y entonces para él el sol es negro.
 
 
Nunca el estúpido vulgar comprenderá la alta ciencia de los magos. Orfeo canta y los monos
hacen muecas y gestos, esperando que el poeta elogie su cola. La gloria que se pide a la
muchedumbre es ambrosía bien amarga, pues contiene mucha hiel y poca miel. Además, las palmas
inmortales tardan en crecer y suelen no dar sombra más que a los féretros.
Los verdaderos grandes hombres son poco ávidos de escuchar su gloria, saben que si el trueno
ahorra el laurel, éste estará por especie de complicidad entre azotes y azahares; la corona de laurel
es con frecuencia corona de vértigos. La savia del laurel contiene el más sutil de los venenos.
Es necesario atreverse para ocuparse seriamente de esta filosofía oculta, tratada con tanto
desprecio por aquellos que la niegan, y con tanto odio por los que la atribuyen al demonio. Es
preciso tener osadía, para mandar a los fantasmas de la imaginación y las inquietudes del espíritu; es
necesario ser audaz para pensar de diferente modo que el vulgo, para oponer el inmutable y buen
sentido de los sabios a las divagaciones siempre variables de la multitud. Dios ha puesto a nuestra
disposición la paz y la dicha, pero es preciso atreverse a extender las manos hasta esos frutos del
árbol de la vida, prohibidos por tantas quimeras, y no temer robarlos, porque una vez cogidos la
naturaleza nos los donará. Recordemos que el cielo soporta violencia y quiere ser tomado por asalto.
Si el infierno fuera el patrimonio de la inteligencia valerosa que lucha en nombre de la razón y si el
cielo estuviera reservado a la estúpida temeridad que obedece al misterio, las gentes de honor y de
corazón deberían ir todas al infierno, y este sería entonces el cielo.

AMOR, he aquí el gran secreto de la Magia, pero hay que saber distinguir entre el amor que
inmortaliza y el amor que mata.
Escribimos para los hombres sin prejuicios.
Saber es ser. Dudar es ignorar. Pues bien, lo que dudamos o ignoramos no existe aún para
nosotros.
Tales son las consecuencias del dogma filosófico de Hermes y tal es la filosofía de los Rosa
Cruz, herederos de todos los sabios de la antigüedad.
 
 
FINIS CORONAT OPUS

APENDICE II

LA ESFINGE 
Articulo y Poema
ÉLIPHAS LÉVI 
 
El septenario es el número sagrado en toda la teogonía y en todos símbolos, porque es constado por el
ternario y por el cuaternario.
 
El número siete representa el poder mágico en toda su fuerza; es el espíritu prestado asistencia por todas
las fuerzas elementales; es el alma servida por la naturaleza, es el sanctum regnum el que es hablado en las
Clavículas de Salomón, y el que es representado en el Naipe por un guerrero coronado que se apoya un
triángulo en su coraza, y de pie en un cubo, a los cuales son uncidos dos esfinges, una blanca y la otra negra,
que tiran en dirección contraria y vuelven la cabeza mirándose.
 
Este guerrero es armado con una espada resplandeciente, y tiene de la otra mano un cetro rematado por un
triángulo y por una bola.
 
El cubo, es la piedra filosofal, las esfinges son ambas fuerzas del gran agente, los corresponsales en Jakin
y en Boas, que es ambas columnas del templo; la coraza, es la ciencia de las cosas divinas que devuelve al
sabio invulnerable a los atentados humanos; el cetro, es la varilla mágica; la espada
 

resplandeciente, es el signo de la victoria sobre los vicios, que son en total de siete, como las virtudes; las
ideas de estas virtudes y de estos vicios fueron figuradas por los antiguos bajo los símbolos de los siete
planetas conocidos entonces.
 
Así, la fe, esta aspiración al infinito, esta confianza noble en sí misma, sostenida por la creencia en todas
las virtudes, la fe, que en las naturalezas débiles puede degenerar en orgullo, fue representada por el Sol; la
esperanza, la enemiga de la avaricia, por la Luna; la caridad, opuesta a la lujuria, por Vénus, la estrella
brillante de mañana y de tarde; la fuerza, superior a la cólera, por Marte; la prudencia, opuesta a la pereza,
por Mercurio; la templanza, opuesta a la golosina, por Saturno, a la que se da una piedra a comer en el sitio
de sus hijos; y la justicia, por fin, opuesta a la envidia, por Júpiter, vencedor de los Titanes. Tales son los
símbolos que la astrología toma del culto helénico. En la cábala de los Hebreos, el Sol representa al ángel de
luz; la Luna, el ángel de las aspiraciones y de los sueños; el marzo, el ángel exterminador; Vénus, el ángel de
los amores; Mercurio, el ángel civilizador; Júpiter, el ángel de potencia; Saturno, el ángel de las soledades. Los
nombramos también Michaél, Gabriel, Samael, Anael, Rafael, Zachariel y Orifiel.
 
Estas energías dominadoras de las almas se reparten la vida humana por períodos, que los astrólogos
medían sobre las revoluciones de los planetas correspondientes.
 
Pero no hay que confundir la astrología cabalística con la astrología judicial. Explicaremos esta
distinción. La infancia es consagrada al Sol, la adolescencia a la Luna, la juventud a Marte y Vénus, la
virilidad a Mercurio, la edad madura a Júpiter, y la vejez en Saturno. Oro, la humanidad muy entera vive bajo
leyes de desarrollo análogas a las de la vida individual. Es sobre la base que Trithéme establece su clavícula
profética de los siete espíritus de la que hablaremos en otro lugar, y por medio de la que se puede, siguiendo las
proporciones analógicas de los acontecimientos sucesivos, predecir con certeza los grandes acontecimientos
futuros, y fijar por anticipado, de período a período, los destinos de los pueblos y de la gente.
 
San Juan, depositario de la doctrina secreta del Cristo, depositó esta doctrina en el libro cabalístico del
Apocalipsis, que representa cerrado por siete sellos. Reencontramos allí los siete genios de las mitologías
antiguas; con las copas y las espadas del Tarot. El dogma escondido bajo estos emblemas es la cábala pura,
ya perdida por Fariseos en la época de la llegada del Salvador; los cuadros que se suceden en esta epopeya
maravillosa y profética son tanto de pentacles, entre los que el ternario, el cuaternario, el septenario y el
duodenario son las llaves. Las figuras jeroglíficas son análogas de allí a las del libro de Hermés o del
Génesis de Hénoch, para servirnos del título arriesgado que expresa solamente la opinión personal del sabio
Guillermo Postel.
 
El chérub o el toro simbólico al que Moisés coloca en la puerta de la gente edénica, y que aprecia la mano
una espada resplandeciente, es un esfinge que tiene un cuerpo de toro y una cabeza humana: es el antiguo
esfinge asirio, entre los que el combate y la victoria de Mithra eran el análisis jeroglífico. Este esfinge
armado representa la ley del misterio que vela por la puerta de la iniciación para apartar de eso a los profanos.
Voltaire, que no sabía nada de todo eso, se rió mucho de ver un buey tener una espada. ¿ Que habría dicho si
había visitado las ruinas de Memphis y de Tebas, y que habría tenido que responder a sus pequeños
sarcasmos, tan probados en Francia, este eco de los siglos pasados que duerme en los sepulcros de
Psamétique y de Ramsés?
 
Eliphas Lévi, Dogma y Ritual de la Alta Magia - Dogma - Capitulo VII: La Espada Resplandeciente /
Netsah / Gladius.


LA ESFINGE
En este poema en alejandrino, muy bien escritos y bien equilibrado, Eliphas Lévi le ofrece al
lector, a través de la Esfinge, un resumen simbólico de lo que son la Vida y la Iniciación. Afirma allí
nuestra responsabilidad completa frente a nuestros actos y frente a sus consecuencias, y evoca esta
Verdad a menudo desconocida que no es Dios quien nos "castiga", pero completamente yo mismo (no
se trata, de hecho, de castigos, sino de reequilibrados de las energías mal utilizadas, bajo la influencia
de las Leyes Universales). Que aspirará todo a la Sabiduría eterna meditará con fruto sobre este
poema iniciático y muy bello.
La ciencia fatal

La Esfinge esta sentada en su roca solitaria, Proponiendo un enigma en toda frente
prosternada, Y si el rey futuro cedía al misterio, El monstruo decía: ¡ muere, no adivinaste
en absoluto!
Sí, para el hombre aquí abajo, la vida es un problema, Que resuelve el trabajo bajo
guadaña de la Muerte. Del futuro para nosotros la fuente está en nosotros mismos, Y el
cetro del mundo pertenece a más mucho.
¡ Sufrir es trabajar, es acabar su tarea!
¡ Desgracia al perezoso qué duerme sobre el camino!
El dolor, como un perro, muerde los talones del cobarde Que de un solo día perdido
sobrecarga el día siguiente.
Vacilar, es morir; equivocarse, es un crimen
Previsto por la naturaleza y por anticipado expiado.
El ángel mal liberado recae sobre el abismo,
¡ Reino y desesperación de Satanás fulminado!
Dios jamás tiene lastima ni de clamores ni lágrimas,
¿ Para consolarnos totalmente no tiene el futuro?
Es a nosotros quienes de la desgracia forjamos las armas,
¡Es a nosotros a quienes encargó del cuidado de castigarnos!
Para dominar a la muerte, hay que vencer la vida,
Hay que saber morir para revivir inmortal;
Hay que pisotear la naturaleza esclavizada
¡Para convertir al hombre en sabio y la tumba en altar!
De la Esfinge, la última palabra es la hoguera de Alcide, Es el rayo de Edipo y la cruz del
Salvador.
Para engañar los esfuerzos de la serpiente deicida,
¡ Hace falta al santo amor consagrar el dolor!
La frente de hombre de la Esfinge habla de inteligencia, Sus ubres de amor, sus garras de
combates;
Sus alas son la fe, el sueño y la esperanza,
¡Y sus costados de toro el trabajo aquí abajo!
Si sabes trabajar, creer, gustar, defenderte,
Si por necesidades viles no eres encadenado,
Si tu corazón sabe querer y tu espíritu comprender,

¡ Rey de Tebas, adiós! ¡ Tú he aquí coronado! 



PAPUS 
 
A propósito de la constitución humana, debo ante todo hacer la tradición, ya que esta cuestión interesó a
todos los hombres de los siglos pasados. Veamos pues cómo los Antiguos lo habían resuelto. ¡ Pues bien!
Habían expresado muy simplemente la solución por un símbolo que ustedes todos conoce de nombre: ¡ la
ESFINGE!
La esfinge era la síntesis antigua más nítida por la cual se puede representar las adaptaciones diversas del
ser humano en todos los planos. En efecto, el hombre nos presenta fuerzas físicas simbolizadas por el buey;
fuerzas morales - El coraje, la virtud, virtus en latino-, simbolizadas por el león; fuerzas intelectuales
simbolizadas por el águila; por fin, una fuerza de esencia divina - el ángel, la cabeza humana - Que,
concentrando las tres fuerzas animales precedentes, de hecho una unidad.
Los Antiguos habían concebido así tres tipos de hombres: el hombre de trabajo, el hombre completamente
físico, el hombre buey; el hombre de coraje, el hombre que se pelea o que lucha, el hombre-león; el hombre
que jamás es sobre tierra, que sueña o se pasea en las nubes, el que es la desesperación de notables
comerciantes que se ocupan de tienda de ultramarinos - cuando tienen por él hijo - el poeta, el hombre-
intelectual simbolizado por el águila.
Pero estas tres naturalezas - naturaleza linfática del buey; naturaleza sanguínea del león; naturaleza
nerviosa del águila - absolutamente son sólo unos seres animales en nosotros, y si la voluntad no venía
dirigirlas y dominarlas, el hombre realmente no existiría y verdaderamente no sería selección-unidad, es decir
al dominar una unidad una trinidad.
Lo que quiero hacerle ver, en primer lugar, en este admirable hace la síntesis antigua que era la esfinge, es
que hay tres inconscientes dominados por una conciente. Veremos cuánto nuestros sabios son felices de haber
descubierto un inconsciente en el ser humano. ¡ Lo que sería si sabían que existieran de allí tres!... ¡ Pues
bien! Los viejos egipcios habían representado la síntesis humana mucho mejor que lo hicieron los filósofos o
los contemporáneos sabios y, esto, mostrándonos tres inconscientes que constituían el hombre y eran regidos
por una conciencia total que lo sintetiza.
Si CEdipo había respondido a la esfinge que le interrogaba: « ¡ eres el hombre! » Sin dar otros detalles, no
habría mostrado las adaptaciones maravillosas de este símbolo.
La esfinge representa no sólo al hombre en sus cuatro acepciones, sino que además las cuatro edades del
hombre: la infancia, la juventud, la edad madura y la vejez; representa las cuatro fuerzas morales que el
hombre puede tener a su disposición y que son sintetizadas en estos cuatro términos: saber, atreverse, querer y
callarse; representa por fin los cuatro puntos cardinales que rigen al hombre astral, que determinaron la
marcha de la estrella de los Magos y que se hicieron la llave de todas las tradiciones.
 
Cuando se nos dice que la esfinge es un símbolo muy viejo que no presenta ningún interés para nosotros
otros modernos, no olvidemos que la tradición es sagrada y, lo mismo que pueblo orgulloso de su
independencia es feliz de relacionarse por su origen con pueblo anterior, también, toda tradición está
orgullosa de relacionarse por un medio invisible con otra tradición anterior. Recuerde esta fábula encantadora
que representa a la Virgen María y su marido que huye en el desierto con Niño Jesús y bastidor entre las patas
de la esfinge.
Esto distintamente le muestra al que el antiguo tradición egipcia acabó en la religión del Cristo. También se
representó a cada uno de cuatro evangelistas por un animal de la esfinge: Mateo, por el buey; Marco, por el
león; Lucas, por el hombre; y Juan, por el águila.

Cada Evangelio es adaptado así a cada uno de cuatro temperamentos humanos y manifiesta una de las
fuerzas lo que el hombre puede desarrollar. Tal es esta síntesis maravillosa que dirigía la constitución de la
ideología antigua.
 
Papus, Tratado elemental de ocultismo - Iniciación al estudio del esoterismo hermético, pp. 27-32
 
 FIN

 

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