Libro sagrado de Hermes Trismegisto 
dirigido a Asclepio. 3ª parte

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Vibración y energía
 
 
 
 
  Libro sagrado de Hermes Trismegisto 
dirigido a Asclepio. 1ª parte
Libro sagrado de Hermes Trismegisto 
dirigido a Asclepio. 2ª parte
Libro sagrado de Hermes Trismegisto 
dirigido a Asclepio. 3ª parte
 

El Mundo es el receptáculo del Tiempo, que mantiene la vida en su correr y agitar.
El Tiempo por su lado respeta el Orden. El Orden y el Tiempo provocan, por transformación,
la renovación de todas las cosas que hay en el Mundo. Y siendo ésta la forma de ser de todas
las cosas, nada es estable, nada fijo, nada quieto, entre las cosas que se generan, tanto
celestes como terrestres, excepto y únicamente Dios, y con razón: Dios existe en Sí, por Sí y
rodeándose todo a Sí mismo, pleno y perfecto, y es su sólida estabilidad, y ningún impulso
extraño puede moverlo de su lugar, porque en El está Todo y El, sólo El, está en todas las
cosas, a no ser que a alguien se le ocurra decir que su moverse sea un movimiento en la
Eternidad. Pero mejor es decir que la propia Eternidad es inmóvil, a la cual refluye el
movimiento de todos los tiempos, y de la cual el movimiento de todos los tiempos
comienza.31	Dios pues es siempre estable, y siempre, con El, lo es igualmente la
Eternidad, que constituyó, guardando dentro suyo al Mundo que todavía no había nacido y
que, con razón, llamamos Mundo sensible. Y a imagen de este dios fue hecho este Mundo,
en imitación de la Eternidad. Porque el Mundo posee el vigor y la naturaleza de una
estabilidad propia, aunque siempre esté agitándose, por la necesidad misma de retornar
hacia sí mismo. Entonces, aunque la Eternidad sea estable, inmóvil y fija, sin embargo, como
el Tiempo, que se mueve, aunque siempre vuelva a ser llamado a la eternidad y viva en la
agitación y en la movilidad por razón del Tiempo, resulta que la Eternidad, que por sí misma
es inmóvil, parece agitarse en razón del Tiempo, del cual entra a formar parte, en el Tiempo,
que contiene en sí toda agitación. De donde resulta que la estabilidad de la Eternidad se
mueve y la movilidad del Tiempo se aquieta, por la Ley de permanencia del movimiento
cíclico. Por eso se puede decir que Dios se mueve en sí mismo aunque esté perfectamente
inmóvil. En efecto su propia estabilidad, en la inmensidad, es una agitación inmóvil. La propia
inmensidad tiene como ley la de ser inmóvil. Este ser, pues, que es así, que no puede caer
bajo el dominio del sentido, es ilimitado, incomprensible, inconmensurable; nada lo puede
cargar, ni transportar, ni alcanzar. Dónde esté, a dónde vaya, o cómo sea o de qué manera,
todo es incierto. El se transporta en la suprema estabilidad, y su estabilidad se transporta en
El, sea Dios, sea la Eternidad, sean ambos, sea uno en el otro, sea que ambos en ambos
estén. Por lo que la Eternidad no tiene los límites del Tiempo. El Tiempo, en cambio, que
tiene los límites de la numerabilidad, de la sucesión y otros, a causa de el retorno cíclico, es
eterno. Ambos, pues, son infinitos, ambos se muestran eternos. Pero a la estabilidad, por el
hecho mismo de que contiene todo lo que se agita, se le otorga merecidamente el primer
lugar, en razón de su propia firmeza.32	La causa primordial, pues, de todas las cosas que
son, es Dios y la Eternidad. El Mundo, en cambio, siendo móvil, no puede ocupar el primer
puesto, porque en él la movilidad precede a la estabilidad, puesto que la solidez de la
inmovilidad la logra por medio de la ley de la sempiterna agitación.Por consiguiente, también
la misma Mente total, a la manera de la divinidad, está quieta y se mueve en su propia
estabilidad: es pura, incorruptible y sempiterna, y si hay alguna manera mejor de llamarla,
digamos que es la eternidad del sumo Dios subsistente en la Verdad misma, la máxima
plenitud de todo lo que se puede pensar y de todo lo que puede ocuparse el conocimiento,
que como lo dije, subsiste en Dios. La mente del Mundo es, por su parte, el receptáculo de
todas las especies y ciencias pensables. La del hombre, finalmente, gracias a la tenacidad de
la memoria, es el receptáculo de todas las cosas, porque es capaz de recordar todas las
experiencias que de ellas tuvo. La Mente divina, pues, descendiendo, se allega hasta la
mente del ser vivo que es el hombre y allí se detiene: no quiso Dios sumo que la divina Mente
se derramara en todos los seres vivos, por la humillación que incurriría al mezclarse con los
demás seres vivos [quiere decir, los irracionales]. El raciocinio, pues, de la humana mente,
consiste enteramente de la memoria de las cosas que ocurrieron, y es por ésa misma
capacidad tenaz de recordar que ha sido establecido en el gobierno de la Tierra. Tomando
como punto de partida la percepción sensible de todo lo que hay en el mundo, se puede

alcanzar a comprender la razón de la Naturaleza y el ser de la mente del Mundo con toda
claridad. De la Mente de la Eternidad, que es la segunda, se obtienen indicios y se discierne
el ser a partir de la percepción del Mundo. Pero sólo el ser de la Razón y de la Mente del
sumo Dios es la Verdad, y de ella, en el Mundo, no se alcanza a discernir ni siquiera el reflejo
de la última sombra. Porque cuando algo se discierne, bajo el dominio del tiempo, se muestra
que es mentira, y como las cosas cambian, se origina el error. ¡Ves entonces, oh Asclepio,
qué asunto nos hemos metido a tratar y qué cosas nos atrevemos alcanzar? ¡Pero a Ti, sumo
Dios, doy gracias, que me alumbraste con la Luz en la que la divinidad se ve! Y vosotros, Tat,
Asclepio y Amón, guardad los divinos misterios iniciáticos en lo secreto de vuestro corazón,
en el celo del silencio.Y así es como difiere la razón de la mente, pues nuestra razón alcanza
a entender y discernir el ser de la mente del Mundo por aplicación de la mente, mientras que
la razón del Mundo alcanza a conocer hasta la eternidad y los dioses, que están por encima
de él. Y así ocurre a los seres humanos, que vengamos a ver, como a través de una neblina,
las cosas que hay en el Cielo, cuanto es posible a la condición del humano sentido. ¡Cuán
estrecha es nuestra capacidad de ver cosas tan grandes, pero cuán inmensa es también la
felicidad de nuestra conciencia cuando alcanzamos a ver!33	Paso a tratar ahora mi
opinión sobre el Vacío, tema al que muchos dan tanta importancia. El Vacío no puede existir
de manera alguna, ni podrá existir nunca. Porque todas las partes del Mundo están
absolutamente llenas, de forma que el Mundo es pleno y perfecto en cuerpos, de cualidades y
formas diferentes y en especie y magnitud propias. Porque uno es más grande y otro más
pequeño, uno más denso y otro más sutil, y unos, como las cosas más grandes y más
sólidas, se perciben en seguida, otros, más pequeños o más tenues apenas se pueden ver o
no se pueden ver de ninguna manera, porque sólo consideramos que algo existe cuando lo
podemos tocar. De donde resulta que muchos llegan a creer que tales cuerpos no existen o
que existe el espacio vacío, lo que es imposible. Lo mismo de lo que dicen que hay afuera del
Mundo, si es que hay algo afuera (lo cual yo tampoco lo creo), pero que podría decir que está
lleno de entidades de pensamiento, es decir, similares a la divinidad que los contiene. En
consecuencia, este Mundo, que se llama sensible, es una intensa plenitud de cuerpos y seres
vivos, cada uno conforme a su naturaleza y forma de ser, cuyo aspecto no siempre llegamos
a percibir, pero que unos, inmensamente grandes, otros brevísimamente pequeños, tales los
consideramos, y a muchos, a causa de la extrema pequeñez, ni siquiera se nos ocurra pensar
que existan, sea por la inmensidad de espacio que nos separa de ellos, sea que la precisión
de nuestros sentidos no alcance. Me estoy refiriendo a los dáimones, que según creo habitan
con nosotros, y a los héroes, que los creo localizados entre la parte más pura del aire y
aquella otra, donde no hay nieblas ni nubes ni cambio alguno producido por ningún signo
celeste en movimiento. Por consiguiente, Asclepio, nunca afirmes que nada está vacío, a no
ser que por "vacío" quieras decir que carece de alguna cosa, como que allí no haya fuego, o
agua o cualquier otra cosa semejante, porque, aunque así parezca, que está vacío de cosas
tales, sea cualquiera el tamaño o la pequeñez de la cosa que se considera vacía, sin
embargo no puede estar vacía, por lo menos, de espíritu y de aire.34	Y lo mismo
vengamos a decir con respecto al Lugar, pues si se toma la palabra "lugar" aisladamente es
incomprensible. El lugar surge por aquello de lo que es lugar. Si se elimina este elemento
capital, el sentido de la palabra se desvanece. Por eso, nos expresamos correctamente
cuando decimos "el lugar del agua", "el lugar del fuego" o de cualquier otra cosa semejante.
Porque de igual manera que es imposible que el vacío exista, así tampoco puede pensarse
en un lugar de nada. Porque si afirmaras que existe un lugar sin nada en él, sería como
afirmar un lugar vacío, lo cual no creo que pueda existir en el Mundo. Porque si nada está
vacío, no se comprende qué podría ser un lugar sin otra referencia, a no ser que le agregaras,
como a los cuerpos humanos, la especificación de largo, ancho y alto.Entonces, pues, tú
Asclepio y vosotros, sabed que el Mundo de la mente, quiero decir, el que se percibe
únicamente con la mente, es incorporal, ni se puede añadir nada corporal a su naturaleza, es

decir, nada que pueda comprenderse en base a cualidades o cantidades mensurables o
numerables: no consiste en ninguna de esas cosas.En cambio, el Mundo que llamamos
sensible, es el receptáculo de las cualidades o cuerpos de todas las formas sensibles, seres
todos que no pueden persistir en la vida sin el concurso de Dios. Porque Dios es Todo y Todo
viene de El y Todo depende de su Voluntad. Este Todo es bueno,
 decoroso, sabio, inimitable, y es sensible y pensable por sí mismo, y fuera de él, nada fue
nunca, ni es, ni será. Todo nace de él, en él y por él existe, las cualidades de todo tipo y toda
forma, las vastas extensiones, los volúmenes que exceden toda medida y la totalidad de
todas las formas de las especies. Lo cual, cuando lo entiendas, Asclepio, caerás dando
gracias al Dios. Si pues tomas conciencia de lo que este Todo es, comprenderás
acabadamente que el Mundo sensible y Todo lo que contiene, está revestido de aquel Mundo
superior como de un vestido.35	Cada uno de los géneros de seres vivos, Asclepio, de
cualquier ser que se trate, mortal, inmortal, racional, con alma o sin alma, posee, pues,
conforme al género al que pertenece, la traza del género al que pertenece. Y aun cuando
cada género individual de ser vivo conserva entera la forma propia del género, los individuos,
dentro del mismo género, difieren entre sí, como el género humano, que aunque es siempre
el mismo, de tal forma que se puede ver que un hombre es tal por el aspecto exterior, sin
embargo cada hombre es distinto del otro, aún dentro de esta figura única. La idea es divina e
incorporal, como también todo lo que se percibe con la mente. Por donde, como los dos
elementos son lo corporal y lo incorporal, resulta imposible que una forma individual
cualquiera sea semejante a otra, nacidas en horas y bajo signos diferentes en lugares
distantes entre sí, sino que por el contrario tanto más se diversifican cuantos más instantes
del círculo horario transcurren, círculo en el cual reside aquel dios del que llamamos
Omniforme, poseedor de todas las formas posibles. Por tanto, el género se mantiene el
mismo en sí mismo, y pare tantas copias de tanta diversidad cuantos son los instantes que
comporta la revolución del Mundo, porque el Mundo, en su girar, se transmuta. El género en
cambio no se modifica ni se da vuelta. Así pues los individuos de cada género se conservan
diferentes dentro de la misma forma.36	- ¿Es que el Mundo cambia de forma, oh
Trismegisto?- ¡Ves, Asclepio, cómo casi dormido atiendes a todas las cosas que se están
diciendo? ¿Qué otra cosa es el Mundo o de qué cosas está compuesto, sino de todo lo que
viene al ser? Lo que quieras nombrar, el Cielo, la Tierra, los elementos. ¿Y qué otra cosa hay
que cambie más frecuentemente de forma? La atmósfera del Cielo se humedece, se seca, se
enfría, se inflama, se aclara o se nubla: mira cuántas formas se suceden en una sola cosa, el
Cielo. La Tierra, a su vez, realiza siempre continuas mutaciones, cuando da luz a las
cosechas, cuando nutre lo que hace nacer, cuando produce los variadísimos frutos en forma y
cantidad, el fin y el curso de la maduración, y, en primer lugar, todos las cualidades,
fragancias, sabores, formas de árboles, flores y frutos. El fuego completa infinidad de
mutaciones divinas. El Sol y la Luna asumen también todo tipo de aspectos: como los
espejos, reenvían la similitud de las símiles imágenes con un esplendor emulador.37	Pero
ya hemos hablado bastante de estas cosas.Volvamos de nuevo al hombre y a la razón. Por la
razón se dice que el hombre es un ser vivo racional. Muchas cosas admirables dijimos de él,
pero no lo son tanto en comparación con la siguiente: la admirable, que supera toda
admiración, es que el hombre pudiera descubrir la naturaleza de los dioses y que pudiera
reproducirla. Nuestros ancestros, aunque tuvieron grandes errores acerca de lo que son los
dioses, sin fe y sin conciencia de lo que corresponde al culto y a la divina religión,
descubrieron el arte de fabricar dioses, y, después de descubrirlo, anexaron a las imágenes y
mezclaron en ellas energías provenientes de la naturaleza material, y como no podían crear
el alma, evocaron las almas de dáimones o ángeles y las introdujeron en las imágenes por
medio de misterios iniciáticos divinos, por donde las representaciones adquirieron las
energías de hacer el bien y el mal.	Tal es el caso de tu abuelo, Asclepio, primer inventor
del arte de curar, y hay un templo consagrado él en el monte de Libia, junto a la ribera de los

cocodrilos, donde está su hombre terreno, es decir, su cuerpo (lo que queda, o mejor dicho,
todo lo que fue, como se dice, pues en el sentido de la vida, es mejor decir que todo el
hombre se volvió al Cielo), cuerpo que aún hoy, por su numen divino, presta todo tipo de
socorro a los enfermos, como antes lo hacía en vida con el arte médico. Hermes, mi abuelo,
cuyo nombre heredé, ¿no está acaso en su ciudad natal que lleva su nombre, donde ayuda y
auxilia a todos los mortales que de todas partes concurren allí? Finalmente Isis, la esposa de
Osiris, ¡cuántos beneficios concede propicia, cuántas desgracias opone irritada! Porque los
dioses terrenos y materiales fácilmente se irritan, como que han sido hechos por hombres
que, a su vez, fueron estructurados con las dos naturalezas. Por eso es que los Egipcios
declaran sagrados a animales que podemos ver y en muchas ciudades les rinden culto, como
también rinden culto al espíritu viviente de aquellos a los que están consagradas ciudades,
hasta el límite de vivir sus habitantes bajo sus leyes y de llevar sus nombres. Este es el
motivo, Asclepio, por las diferencias de lo que honran y veneran en sus cultos, por el que
suelen surgir peleas entre las ciudades egipcias.38	- ¿Y cómo están hechos, Trismegisto,
estos dioses llamados terrenos?- De hierbas, Asclepio, piedras y fragancias que contienen
una virtud divina propia a su naturaleza, y por este motivo las alegran con frecuentes
ofrendas, y les cantan himnos y alabanzas y dulcísimas melodías acordes a la armonía
celeste, de manera que, este elemento, que es celeste y que ha sido introducido en la imagen
con la práctica repetida de ritos celestísimos, sea una alegría otorgada a la humanidad, y se
mantenga en la imagen por mucho tiempo. Así es como el hombre es artífice de dioses. Pero
no vayas a atribuir, Asclepio, a la casualidad los efectos producidos por las imágenes. Los
dioses celestes habitan las alturas del Cielo, y cada uno ejecuta y conserva las atribuciones
concedidas a su rango. Los nuestras, a su vez, cuidan de cosas particulares, predicen por la
suerte o la adivinación, procuran alivio a determinadas necesidades, y de esta forma vienen
en nuestra ayuda cada uno a su manera, y casi como si fueran parientes nuestros.39	-
¿Qué parte entonces, oh Trismegisto, le corresponde jugar a la Eimarmenes o sea el
Destino?- La que llamamos Eimarmenes, Asclepio, es la Necesidad que gobierna todas las
cosas y que las retiene encadenas con lazos mutuos. La misma Necesidad es artífice de las
cosas o un dios máximo o un dios por aquel dios que es segundo, o el rígido orden universal
de todas las cosas celestes y terrestres fijado por las leyes divinas. Es así pues como ambas,
Eimarmenes y Necesidad, están pegadas una a la otra en un sólido adherente, siendo que la
Eimarmenes pare los orígenes de todas las cosas, la Necesidad las obliga a producir sus
efectos que decurren de esos orígenes. Ambas logran el Orden, es decir, la textura y la
disposición temporal de todo lo que debe ocurrir, porque nada existe fuera de la estructura del
Orden. Bajo todos los aspectos este ordenamiento es perfecto, y el Mundo mismo se conduce
de acuerdo al Orden, o, más todavía, todo el Mundo permanece constante gracias al
Orden.40	Eimarmenes, Necesidad y Orden: estas tres han sido creadas al máximo nivel
de la Voluntad de Dios que gobierna al Mundo bajo su Ley y su Razón divinos. A estas tres
divinamente se les quitó todo el poder de querer o no querer, no cambian por la ira ni se
doblegan por el favor, pero son útiles y sirven a la necesidad de la eterna Razón, que es la
eternidad inevitable, inmóvil e indisoluble. Lo primero es pues la Eimarmenes que como quien
arroja semillas de todo lo que ha de ser engendra la criatura; sigue la Necesidad, que por
fuerza obliga a cada cosa producir su efecto; el tercero es el Orden que mantiene la sucesión
de las cosas todas dispuestas por la Eimarmenes y la Necesidad. Esta es la Eternidad, que
no comenzó y no terminará, que siempre está en movimiento bajo la ley fija de tener que
recorrer siempre el curso, nace y muere a su tiempo alternadamente en sus partes, de tal
manera que en las partes donde muere, en la mismas renace. Esta es la razón movediza del
rotar en círculo, donde todo está tan bien ligado que no sabes donde comienza el movimiento,
si es que comienza en algún lugar, pues todas las cosas parecen sucederse, unas
precediendo adelante, otras viniendo por detrás. Sin embargo, también existe el acaso o azar,
pues todas las cosas están bien mezcladas con la materia.Hemos, pues, descendido a temas

particulares, cuanto humanamente se pudo y quisieron y permitieron los dioses. Sólo nos
queda una cosa hacer, bendecir y orar al Dios, y volver a ocuparnos del cuerpo. Ya es
bastante lo que nos hemos ocupado de los asuntos divinos, de tal forma que el espíritu ha
quedado saturado de alimentos.41	Una vez salidos del santuario, al comenzar a orar al
Dios, mirando al Austro (cuando se ora al ocaso se debe mirar hacia el poniente, como
cuando se ora al amanecer, el rostro debe dirigirse al Solano, el levante), y una vez
comenzados, Asclepio dijo en un murmullo:- Tat, ¿quieres que propongamos a tu padre, que
nos ayudemos en la oración con incienso y perfumes?A lo que, oyendo Trismegisto,
emocionado, le dijo:- Silencio, Asclepio, silencio. En algo se parece a un sacrilegio, Asclepio,
que cuando te pongas a rogar al Dios, enciendas incienso o otra cosa parecida. Porque de
nada carece Dios, que es Todo y en El que Todo existe. Demos gracias al Dios, que tales son
los mejores inciensos para El, que los mortales le den gracias." Te damos gracias a Ti, sumo
Altísimo e Insuperable, por cuya gracia hemos adquirido el conocimiento de tu excelsa Luz,
de tu santo y adorable Nombre, único bajo el que debes ser alabado en el ancestral culto.
Porque a todos te dignas otorgar paternal afecto, escrupulosos cuidados, tu Amor y todo lo
que nos puede hacer bien, lo más dulce, la mente, la razón, el entendimiento: mente, para
que te conozcamos, razón para que indaguemos en nuestras pesquisas, entendimiento para
que, conociéndote seamos felices.Liberados por tu Numen, nos regocijamos de que te
mostraras a nosotros en tu Totalidad; nos regocijamos que a nosotros, que vivimos en un
cuerpo, te dignaste consagrarnos a la Eternidad. Este es el único motivo de alegría de los
hombres, conocer tu Majestad.Te hemos conocido, a Ti, y a esta Luz máxima que sólo con la
mente se comprende.Te hemos comprendido a Ti, ¡oh Vida de la verdadera Vida! ¡oh Matriz
fecunda de todos lo que la Naturaleza produce!.Te hemos conocido, a Ti, Permanencia eterna
de la Naturaleza entera, infinitamente llena de tu Poder creador. En toda esta nuestra oración,
adoramos el Bien de tu Bondad, y te suplicamos sólo una cosa: que te dignes consérvanos
firmes en nuestra voluntad y amor de conocerte, y que nunca nos apartemos de esta forma
de vivir.Expresados nuestros deseos, nos fuimos a cenar una cena pura, de solo vegetales.