CAPITULO XI.
Ulterior Descripción del Proceso.
Habiendo completado de esta forma la putrefacción de nuestra semilla, el fuego
debe incrementarse hasta que aparezcan los colores gloriosos que los Hijos del
Arte han llamado Cauda Pavonis, o la Cola del Pavo Real. Estos colores van y
vienen, a medida que se administra un calor cercano al tercer grado, hasta que
todo se vuelve de un hermoso verde que conforme madura alcanza una perfecta
blancura: es la Tintura Blanca, capaz de transmutar los metales inferiores en
plata y poseedora de grandes poderes medicinales. Sin embargo, como el artista
bien sabe que es capaz de una mucho más elevada concocción, continúa
incrementando el fuego hasta que se vuelve primero amarilla y luego asume un
color anaranjado o cetrino. Y entonces, audazmente, le aplica un calor del cuarto
grado, hasta que adquiere un color rojo como la sangre de una persona sana.
Esto será una clara evidencia de su concienzuda maduración y de su aptitud para
los usos a los que se pretende destinar.
CAPITULO XII.
Sobre la Piedra y sus Usos.
Habiendo completado de este modo la operación, dejaremos enfriar el
recipiente, y al abrirlo veremos que nuestra materia se ha solidificado en una
masa pesada de un rotundo color escarlata. Esta se puede convertir fácilmente en
polvo rascándola o usando cualquier otro método; al calentarla al fuego se funde
como la cera, sin echar humo ni llama, y sin perder substancia; vuelve a su fijeza
anterior al enfriarse, y, volumen por volumen, es más pesada que el oro, aunque
todavía resulta fácil de disolver en cualquier líquido. Unas gotas de dicha
disolución pueden sentarle maravillosamente al cuerpo humano, eliminando
todos los desórdenes y prolongando la vida hasta su máximo límite. Por ello ha
obtenido el nombre de "Panacea" o Remedio Universal. Por consiguiente,
agradeced al Altísimo la posesión de tan inestimable joya, y tened en cuenta que
el hecho de poseerla no es el resultado de vuestro propio ingenio sino un regalo
de la pura bondad de Dios para aliviar las enfermedades humanas. Recordad que
debéis compartirlo con vuestro prójimo sin quejas ni sospechas según lo que fue
dicho a los Apóstoles: "Lo que habéis recibido libremente, comunicadlo
libremente", y teniendo cuidado, al mismo tiempo, de no arrojar perlas a los
cerdos. En una palabra, proteged de los viciosos y de todos aquéllos que no las
merezcan, las manifestaciones de la Naturaleza que habéis sido capacitados para
mostrar por la posesión de nuestra Piedra.
CAPITULO XIII.
Sobre la Transmutación.
Es muy lamentable que los buscadores de este arte del conocimiento de la
naturaleza propongan, principalmente, la Ciencia de la Transmutación como su
meta última, pasando por alto la suprema excelencia de nuestra Piedra como
medicina. A pesar de que exista ese espíritu rastrero, por nuestra parte hemos de
asignar el logro a Su Providencia, y hablar abiertamente sobre la Transmutación
(que los filósofos, desde luego, realizan), describiendo luego la ulterior
circulación de nuestra Piedra para el incremento de sus virtudes, finalizando así
nuestro tratado.
Cuando el artista haya de transmutar un metal dado por ejemplo, plomo fundirá
una cantidad de él en un crisol limpio y le añadirá unas cuantas limaduras de
oro. Cuando todo se haya fundido, rascará fácilmente un poco de polvo de su
"piedra", (una cantidad insignificante), y la mezclará con el metal mientras está
fundido. Inmediatamente surgirá un humo espeso que, con un sonido crepitante,
se llevará con él las impurezas contenidas en el plomo, y dejará la substancia de
este transmutada en el oro más puro, sin ninguna clase de falsificación. La
pequeña cantidad de oro añadida, previa a la proyección, sirve tan sólo como
medio para facilitar la transmutación. Podréis determinar mejor la cantidad de
vuestra tintura con la experiencia, ya que sus virtudes son proporcionales al
número de circulaciones que hayáis realizado después de haber completado la
primera.
Por ejemplo: cuando tengáis la piedra terminada, disolvedla nuevamente en
vuestro mercurio, en el que previamente habréis disuelto unas pocas partículas
de oro puro. Esta operación se realiza sin problemas, puesto que ambas materias
se disuelven con facilidad. Ponedlo en vuestro recipiente, igual que antes, y
realizad el proceso. El único peligro que entraña este manejo es que se os rompa
el recipiente. Cada vez que la piedra se trata de esta forma sus virtudes
aumentan a razón de diez por cien, por mil, por diez mil, etc., tanto en sus
cualidades medicinales como transmutadoras. Por consiguiente, el artista tan
sólo necesitará una pequeña cantidad de ella y ésta le será suficiente para
cumplir con todos sus propósitos a lo largo de toda su vida.
FIN.
´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´
EL LIBRO SECRETO
DE
SIR GEORGE RIPLEY,
Canónigo de Bridlington
Sus Anotaciones sobre la Elaboración del
Mercurio Filosófico y los Elixires.
EL LIBRO SECRETO DE SIR GEORGE RIPLEY.
El proceso completo de elaboración de la
Piedra Filosófica, del gran elixir y
de la primera disolución del cuerpo ordinario.
En primer lugar tomad treinta libras de sericón o antimonio que, si están bien
disueltas y el vinagre es realmente bueno, producirán poco más o menos
veintiuna libras de resina. Disolved cada libra en un galón de vinagre
doblemente destilado. Cuando se enfríe, como lo habréis puesto a disolver en
una vasija de cristal adecuada para ello, debéis removerlo frecuentemente cada
día con un palo limpio, cuanto más a menudo mejor, y cuando esté bien licuado
en el fondo, filtradlo tres veces, cubridlo bien y arrojad las heces puesto que la
suciedad superflua debe ser apartada y no se debe mezclar en el trabajo. Se
denomina Terra damnata.
La elaboración de nuestra Resina, o León Verde.
Poned luego todos estos licores enfriados en una vasija de cristal adecuada y
ponedla en un calor moderado al Balneo Mariae para su evaporación. Hecho
esto, nuestro sericon se coagulará en una resina verde a la que llamamos nuestro
León Verde. Secaremos bien esta resina cuidando de no quemar sus flores ni
destruir su verdor.
La Extracción de nuestro Menstruum o Sangre de nuestro León Verde.
Tomad entonces la antedicha resina y ponedla en un crisol fuerte de cristal muy
bien enlodado. Colocadlo en el horno. Encended, al principio, un fuego sobrio y
veréis aparecer sin tardanza un humo blanco o vapor. Entonces colocadle un
recipiente de cristal que tenga un gran vientre y una boca no más ancha que lo
necesario como para que recibir en ella el cuello del crisol, de manera que
cierren bien para que no se escape ni un poco de humo fuera del recipiente.
Aumentad vuestro fuego poco a poco hasta que el humo que salga sea rojizo.
Luego continuad aumentando el fuego hasta que salgan gotas que parezcan
sangre y ya no se desprenda más humo. Cuando deje de sangrar, dejadlo enfriar
o disminuid el fuego poco a poco y cuando todo se haya enfriado apartad el
recipiente y cerradlo rápidamente para que los espíritus no se escapen, ya que
este licor lleva el nombre de licor bendito y, por lo tanto, debe guardarse en un
recipiente de cristal bien cerrado para su posterior utilización. Luego mirad en el
cuello del crisol y encontrareis una escarcha blanca y dura como si fuese la
congelación de un vapor glacial o más bien como si se hubiese sublimado. La
recogeréis con diligencia y la guardareis aparte, puesto que ésta contiene
grandes secretos que os serán mostrados más adelante, después de que hayáis
terminado la gran obra.
La Creación de nuestra Base.
Tomad entonces todas las heces que queden en el crisol y que son negruzcas
como el hollín. A estas heces les damos el nombre de nuestro Dragón. En un
pote o una vasija de cristal que pueda resistir el horno o la chimenea (horno de
aire), calcinad una libra o la cantidad que deseéis de estas heces bajo un
ferviente fuego, hasta que se conviertan en una cal blanca, tan blanca como la
nieve, y que se conservará limpia y en buen estado. Por ello la llamamos base o
fundamento del trabajo y se denomina actualmente Marte, nuestra Tierra Blanca
Fija, o Ferrum Philosophorum.
La Calcinación de las Heces Negras, llamadas nuestro Dragón Negro.
Tomad entonces el resto de las heces anteriormente mencionadas, o Dragón
Negro, y extendedlas en una fina capa encima de un mármol limpio u otra piedra
adecuada. Poned a un lado un carbón encendido y, en una media hora, el fuego
pasará a las heces y las calcinará volviéndolas de un glorioso color anaranjado
digno de contemplar.
La Solución de dichas Heces.
Disolved entonces estas heces anaranjadas en vinagre destilado, tal como
hicisteis antes, y luego filtradlo también tres veces y dejad que nuevamente se
evapore en una resina. Luego extraed más cantidad de nuestro menstruum
llamado ahora Sangre de Dragón, y reiterad este trabajo con todas sus etapas
igual que antes hasta que hayáis convertido todas las heces o la mayor parte de
ellas en nuestro licor natural y bendito. Mezclad todo este licor o menstruum con
el primero, llamado sangre del León Verde, y colocadlos juntos en una vasija de
cristal durante catorce días para su putrefacción. Después proceded a la
separación de los elementos, puesto que ahora tenéis todo el fuego de la piedra
que antes se hallaba escondido en las heces en este licor bendito, el secreto del
cual todos los filósofos saben esconder maravillosamente.
La Separación de los Elementos de los cuales el primero es el Aire,
considerado también nuestro Agua Ardiente y nuestro Agua Atractiva.
Poned entonces todo el antedicho menstruum putrefacto en un alambique de fino
cristal de Venecia adecuado para la cantidad que deseéis. Ponedle el "limbeck" y
unidlo al alambique con una fina tela de lino mojada en la clara de un huevo.
Ponedlo al Balneo Mariae enun receptáculo grande para que el espíritu no
espire de nuevo. Con un calor muy moderado separad los elementos. El
elemento aire se separará primero, y éste es un aceite.
Nuestro Agua Ardiente o Agua Atractiva se hace de esta forma.
Cuando ya se ha destilado la totalidad del primer elemento, rectificadlo en otro
alambique adecuado para dicha función. Destiladlo siete veces hasta que,
cuando le apliquéis una llama, se queme la tela de lino limpia que está
sumergida en él. Esto será nuestra Agua Ardiente rectificada que es llamada
también nuestra Agua Atractiva, y debe guardarse muy bien cerrada ya que de
otro modo su espíritu, que es muy sutil, se desvanecerá. Por el frecuente proceso
de rectificación del agua ardiente, surgirá aire bajo la forma de un aceite blanco
que flotará por encima del agua, y permanecerá allí oculto tras un aceite
amarillo que surgirá también al aplicarle un fuego fuerte. Trituradlo bien fino,
sublimadlo en una bandeja de hierro. Al enfriarse se disolverá en agua y
mostrará todo el mercurio en forma de un aceite verde flotante, el cual debéis
separar, poner en un crisol y destilar de él un primer líquido, después del cual
emergerá un aceite verde espeso que es el aceite de mercurio.
El Líquido o Agua de la Piedra.
Extraed entonces el líquido o agua de la piedra, que debe ser blanquecino, en
otro receptáculo, con un fuego muy suave de Balneum hasta que quede en el
fondo del alambique una sustancia oleosa espesa como una brea líquida.
Guardad esta agua en un recipiente de cristal adecuado, muy bien cerrado.
NOTA. Cuando el licor se vuelve blanco debéis ponerlo en otro recipiente ya
que para este momento ha surgido ya todo el elemento. Dos o tres gotas de este
aceite líquido negro tomados con espíritu de vino son un antídoto contra todos
los venenos.
Nuestra Sangre Humana se extrae y se rectifica así.
Verted entonces nuestro agua ardiente en esa sustancia negra y líquida.
Removedlo bien y dejadlo reposar bien tapado durante tres horas. Luego
decantadlo y filtradlo. Añadid agua ardiente pura y repetid esta operación tres
veces. Luego destiladlo nuevamente con un fuego lento y húmedo de Balneum.
Haced esto tres veces y obtendréis lo que todos los que trabajan en los secretos
de la Naturaleza buscan: la Sangre del Hombre rectificada. También obtendréis
los elementos exaltados en virtud de su quintaesencia, es decir, el fluido del
agua y del aire. Guardad esta sangre durante una estación.
El Aceite o Fuego, como Tierra de la Piedra.
Verted entonces el líquido, o agua, sobre la suave y negra materia o tierra de la
piedra. Dejad que se mezclen bien y luego destiladlo todo hasta que se deposite
en el fondo una tierra bien negra y seca que es la tierra de la piedra. Guardad en
un recipiente bien cerrado el aceite con el agua durante una estación.
El Agua Ardiente.
Luego batid esta tierra blanca hasta que quede convertida en polvo, hacedla
circular con la sangre del hombre y dejadla reposar durante tres horas. Después,
con un buen fuego, destiladlo hasta que quede en cenizas y repetid este proceso
tres veces, después del cual obtendréis el agua del fuego rectificada y ya tendréis
tres de los elementos exaltados en virtud de su quintaesencia: el agua, el aire y el
fuego.
La Tierra.
Calcinad entonces la tierra negra y seca en un horno de reverberación hasta que
se convierta en una cal fina.
El Agua de la Vida, que es nuestro Mercurio y nuestro Lunario.
Haced circular entonces esta cal blanca con el agua ardiente y destiladlo con un
fuego fuerte igual que antes. Calcinad nuevamente la tierra que se haya
depositado en el fondo del alambique y luego destiladla otra vez como antes,
con un fuego fuerte, y calcinadla aún una vez más. Realizad esta operación de
destilación y calcinación siete veces hasta que toda la sustancia de la cal suba
por el "limbeck" y ya tendréis el agua de la vida rectificada y espiritualizada, y
por consiguiente, los cuatro elementos exaltados en virtud de su quintaesencia.
Este agua disolverá todos los cuerpos, los purgará y los llevará a su
putrefacción: es nuestro Mercurio y nuestro Lunario, y el que piense que existe
otra agua es un ignorante y un loco y nunca podrá ser capaz de experimentar sus
efectos.
La Acotación Secreta de Ripley para la ayuda de aquellos que poseen el
Mercurio Filosófico y no han podido obtener el Elixir Rojo o Blanco.
Tomad la crema del más fino y puro estaño fundido de Cornualles, reducidla a
una fina cal, ponedla en un recipiente de cristal adecuado y añadid una cantidad
conveniente de nuestro cuando nuestro Lunario esté perfecto. Destilad
entonces nuevamente este Mercurio de la cal y embebedlo con ello otra vez.
Destilad nuevamente. Repetid este proceso hasta que la cal sea muy sutil y
aceitosa, tan sutil que, ardiente y caliente como la cera, flote sobre una bandeja
de cobre, y no se evapore. Esta convertirá luego el cobre en fina plata, ya que la
blandura y la impureza del estaño se desvanecerán por obra de nuestro ,
fijándose en él, y por su virtud, endurecerá y se purificará de forma que podrá
amalgamarse con cuerpos pesados en la fusión y será maleable, incluso bajo
forma de plata pura. Este proceso puede comportar mucho beneficio y es fácil
de realizar. Por consiguiente, podéis serviros de él hasta que seáis ricos y luego,
rezo por ello, continuar, en honor al Señor, con la gran obra que se os ha
confiado, al igual que yo he hecho. Por todo ello, demos gracias a Dios.
El Aceite, que es el Elemento Fuego y nuestro Mercurio Rojo.
Destilad el fluido, reservando aparte el aceite, con un fuego muy lento de
Balneo, y guardareis diligentemente el aceite rojo que quede en el fondo, puesto
que éste es el Elemento Fuego. El líquido debe ser rectificado nuevamente y el
proceso repetido hasta que no quede nada de lo que denominamos nuestro
Lunario Rojo en él.
El Proceso de Putrefacción.
Cuando hayáis separado de esta forma todos vuestros Elementos, tomad las
Heces blancas calcinadas reservadas al principio y a las que dimos el nombre de
Marte y poned una buena cantidad de ellas en una "quimia" de modo que apenas
llene la mitad del recipiente. Añadid la cantidad suficiente de nuestro Agua
Ardiente rectificada como para cubrir la cal. Hecho esto, cerrad bien el
recipiente con un tapón hermético y colocadlo en un lugar fresco hasta que la cal
se haya bebido todo el licor, lo cual sucederá en el plazo de ocho días. Luego
embebedlo nuevamente con la misma cantidad de dicha agua y dejadlo reposar
ocho días más. Repetid el proceso de ocho días en ocho días hasta que la cal ya
no pueda embeber más y quede líquida. Entonces sellad el recipiente con el sello
de Hermes y ponedlo en Balneo Mariae con un calor moderado para su
putrefacción.
La Digestión de la Piedra Blanca.
Dejad reposar sin remover vuestro recipiente en ese Balneum moderado por
espacio de 150 días y hasta que la piedra que hay dentro del recipiente de cristal
se vuelva primero rojiza, posteriormente de un verde pálido y después de un
blanco puro, como el de los ojos de los peces que contienen el Azufre de la
Naturaleza, y no se evapore con el fuego. Ya tenéis vuestra piedra blanca
preparada para ser fermentada.
Otra Anotación Secreta de Sir George Ripley.
Tomad el antedicho Azufre de la Naturaleza y poned una cantidad en una
bandeja de vidrio muy caliente. El vidrio se volverá de color plateado y ese
color será permanente e inalterable.
La Cocción de la Piedra Roja.
Extraed entonces la piedra blanca y divididla en dos mitades. Averiguad el peso
real de cada una de ellas. Reservad una para el Proceso blanco y colocad la otra
en un recipiente sellado nuevamente con el sello de Hermes. Colocadlo en un
incinerador bajo un fuego bastante fuerte y dejadlo cocer sin remover hasta que
se vuelva rojo y luego púrpura. Así tenéis también la piedra roja preparada para
ser fermentada.
La Preparación del Fermento de la Piedra Blanca.
Tomad entonces plata, bien purgada de cualquier otro metal o impureza que
pudiese llevar consigo, y disolvedla en tanta cantidad de nuestro Lunario, que es
nuestro , como cantidad de plata hayáis tomado (no más, ajustad la cantidad
tanto como podáis). Tapadlo bien y ponedlo sobre cenizas calientes, y cuando se
haya disuelto completamente, todo el licor estará verde. Entonces rectificad
nuestro , y lavadla dos o tres veces para que no quede ni una gota de en él.
Entonces sellad el aceite de Luna en una Quimia, y ponedlo en un Balneo para
su putrefacción hasta que muestre todos los colores y finalmente se vuelva de un
blanco cristalino que será el Fermento Blanco de los Fermentos.
La Fermentación de la Piedra Blanca.
Poned entonces esa mitad de la piedra blanca que habíais reservado
anteriormente para el proceso blanco en un recipiente de cristal adecuado.
Pesadla y añadidle al recipiente la cantidad equivalente a una cuarta parte de la
mitad de la piedra del antedicho fermento Luna. Unidlos en dicho recipiente,
bien enlodado, y colocadlo al fuego en una vasija fijadora. El proceso estará
terminado en dos o tres días.
El Enceramiento de la Piedra Blanca.
Cuando ya se hayan unido y se hayan convertido en un fino polvo, enceradlo, es
decir, embebedlo con el aceite blanco de nuestra piedra, que es nuestro Lunario,
vertiéndolo sobre él de gota en gota, si es necesario, hasta que la piedra esté
oleosa. Luego coaguladla, embebedla de nuevo y repetid este proceso hasta que,
al colocarla en una bandeja de cobre bien caliente al fuego, flote como la cera y
no se evapore. Coaguladla hasta que esté bien dura y sea blanca y transparente
como el cristal. En este estado se convierte en la Medicina del Tercer Grado y es
la Piedra Blanca Perfecta, que transmuta todos los cuerpos metálicos,
principalmente el cobre y el hierro, en plata pura y perfecta.
La Preparación del Fermento Rojo.
Tomad asimismo oro, previamente bien purgado y purificado de cualquier otro
metal pueda llevar consigo, y diez partes de antimonio. Disolvedlo en nuestro
o licor solutivo al igual que como hicisteis con la Luna. Cuando esté
perfectamente disuelto, el licor será anaranjado. Luego, rectificad el que
contenga, o licor solutivo, de la misma forma, sellad el aceite del Fermento
Aureo en una Quimia adecuada para ello y ponedlo en un Balneo para su
putrefacción. Primero se tornará negro y debéis dejarlo cocer sin remover hasta
que se vuelva blanco. Entonces, sin abrir el recipiente, colocadlo en un fuego
fuerte, y mantenedlo así hasta que cambie de color y se vuelva anaranjado. Es,
entonces, el Fermento de los Fermentos del Proceso Rojo.
La Fermentación de la Piedra Roja.
Añadid una cantidad del antedicho Fermento Aureo, equivalente a la cuarta
parte de la mitad de la piedra, a la media piedra anteriormente enrojecida,
procesada y reservada para el Proceso Rojo. Fijadlo al fuego en una vasija
fijadora tal como hicisteis con la piedra blanca. El proceso estará terminado en
dos o tres días.
El Proceso de Encerado para el Rojo.
Habiéndolos unido de forma que puedan convertirse en un fino polvo, debéis
encerarlo, es decir, embeberlo con el Aceite Rojo de nuestra piedra. Luego
coaguladlo de nuevo, y repetid el proceso de embeberlo y coagularlo las veces
necesarias como para que, al colocarlo en una bandeja de cobre al rojo vivo,
llegue a flotar como la cera, sin evaporarse. Entonces coaguladlo hasta que
quede bien limpio, transparente, duro, y hasta que sea de color rojo como el rubí
o el jacinto. Esta será la Medicina del Tercer Grado y la Piedra Roja Perfecta
que transmuta todos los cuerpos, y especialmente , y , en un tan puro
como el de cualquier mina natural.
Aquí tenéis, pues, la elaboración de las Piedras de los Filósofos: la blanca y la
roja, el Gran Secreto de los Filósofos. Estas piedras deben ser guardadas en
varios recipientes de cristal o cajas adecuadas y colocadas en un lugar seco, y si
puede ser tibio, tal como guardaríais el azúcar, puesto que son de una sustancia
tan blanda y oleosa que se podría disolver en un sitio húmedo.
La Multiplicación o Aumento de las Propiedades y Virtudes de las
antedichas Piedras Blanca y Roja.
Si deseáis exaltar vuestra medicina o piedra en cantidad o virtudes, colocad las
antedichas piedras blanca o roja, o parte de ellas, en varios frascos de cristal
adecuados para la cantidad deseada. Tapad bien los frascos y colgadlos sobre un
Balneo Mariae vaporoso de modo que no toquen el agua. Bajo la influencia de
este vapor caliente o aliento, la piedra que estaba antes coagulada dentro del
frasco, se disolverá, coagulándose de nuevo al ponerla sobre cenizas calientes.
Disolvedla y coaguladla, repitiendo este proceso hasta que, al final, la piedra
disuelta dentro del frasco se coagule tan pronto como la saquéis del Balneum y
sienta el frescor del aire, de modo que no necesitéis aplicarle ningún otro
método de coagulación. Tomad nota de la frecuencia con la que disolvéis y
coaguláis vuestra medicina o piedra durante el proceso, puesto que cada vez
aumenta sus virtudes en una proporción de diez. Así pues, si en el primer
proceso una onza se convierte en cien, después de la segunda disolución esta
misma onza se convertirá en mil, después de la tercera en diez mil, después de la
cuarta en cien mil y después de la quinta disolución, un millón de onzas de
cualquier metal imperfecto extraído de una mina natural se habrán convertido en
oro y plata puros y verdaderos.
El Modo de Proyección.
Puesto que es muy embarazoso fundir mil miles de partes de cualquier cuerpo,
cuando queráis obtenerlas haced lo siguiente:
Tomad cien onzas de , previamente lavado con sal y vinagre, y ponedlo en un
crisol al fuego. Cuando empiece a estar como la cera caliente, añadid a estas
cien partes de limpio, una onza de vuestro elixir o medicina preparada tal
como anteriormente se os enseñó y todo este se convertirá en medicina.
Mezclad una onza de esta medicina sobre otras cien onzas de limpio y
también éstas serán convertidas en medicina. Nuevamente, por tercera vez,
echad una onza de este coagulado sobre otras cien onzas de limpio y éste se
convertirá en medicina. Luego echad, por cuarta vez, una onza de este último
coagulado sobre otras cien onzas de nuevo limpio y todo ello se convertirá en
oro o plata en función de cómo hayáis elaborado vuestra piedra, al blanco o al
rojo. Alabado sea Dios.
Anotaciones de la Gran Obra destinadas a ahorrar la mitad del Trabajo y
del Esfuerzo en la Obra Revelada por Sir George Ripley.
La escarcha blanca helada o polvo que se depositaba en el cuello del destilador
después de la extracción del menstruum de la que os hablé al principio, está
sublimada y es Azufre Natural perfecto. Por consiguiente no necesita ni
putrefacción ni cocción para ser llevada hasta el blanco. Tomad la mitad de este
azufre, o su totalidad si así lo deseáis, y tomad también la misma cantidad de
Fermento de Luna en su estado de Fermento de los Fermentos, para que pueda
dar cabida a la cuarta parte de dicho Azufre. Selladlos juntos dentro de una
"quimia" y unidlos bajo el fuego en una vasija fijadora, proceso que se realizará
en tres días. Cuando todo ello se haya convertido en un polvo blanco muy fino,
enceradlo, es decir, embebedlo con el Aceite Blanco de vuestra Piedra, que es
nuestro coagulado, y repetid el proceso exactamente tal como hicisteis antes
en el proceso blanco de obtención del gran Elixir, puesto que el azufre es de la
misma naturaleza. Así habréis realizado perfectamente el trabajo blanco y
obtenido la piedra en la mitad de tiempo y con la mitad de trabajo, lo cual no es
una joya preciosa aunque si un gran secreto.
Lo mismo sobre el Proceso Rojo, realizado con el antedicho Azufre.
Tomad la mitad o la totalidad del antedicho Azufre Natural y disolvedlo una vez
en nuestro Mercurio rojo. Coaguladlo de nuevo y selladlo en una Quimia.
Ponedlo a incinerar (sobre cenizas) hasta que esté completamente cocido y hasta
que se haya vuelto de Color Púrpura o Carro Ardiente. Entonces añadidle tanta
cantidad de Fermento de Sol, en su estado de Fermento de los Fermentos, como
para que pueda dar cabida a la cuarta parte de dicho azufre. Luego unidlos por
fuego en una vasija fijadora, proceso que estará listo en tres días, y cuando todo
ello se convierta en un Polvo Rojo muy fino, enceradlo, es decir, embebedlo con
el aceite rojo de vuestra piedra, que es nuestro Rojo, nuestro Lunario Rojo y el
Fuego de la Piedra, y continuad realizando exactamente todas las etapas de la
gran obra explicadas anteriormente hasta que la piedra esté dura, transparente y
de un color rojo como el rubí o el jacinto, y fluya con el fuego sin evaporarse.
En este momento, habéis obtenido con menos trabajo y menor gasto de tiempo,
la Piedra Roja perfecta, por lo que damos gracias a Dios.
Este es el agradable y exquisito Jardín de los Filósofos, que alberga las
aromáticas rosas blancas y rojas, que son el compendio de la Obra de los
Filósofos, que no contiene nada de superfluo o de despreciable, y que enseña a
elaborar ilimitadamente el oro y la plata al mismo tiempo que la medicina que, a
causa de la sutileza de su naturaleza y por encima de cualquier otra medicina
elaborada por los físicos, posee la virtud de sanar todas las penas y
enfermedades, tanto las que proceden del frío como del calor puesto que
conforta a los sanos, fortalece a los débiles, hace que los viejos parezcan
jóvenes, destierra cualquier pena y erradica el rencor del corazón, humedece las
arterias y articulaciones, unifica y disuelve las impurezas de los pulmones,
limpia la sangre, purga los conductos y los mantiene limpios, y cura en un día
una enfermedad que de modo normal permanecería durante un mes, en doce días
una que duraría un año y puede curar en un mes las enfermedades crónicas o
muy antiguas. Concluiremos diciendo que quienquiera que posea esta medicina,
tiene en sus manos una medicina incomparable con cualquiera de los tesoros del
mundo. Alabado sea Dios.
FIN.
´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´
PREPARACIONES
DEL
MERCURIO SOFICO.
EXPERIMENTOS
PARA LA PREPARACION DEL MERCURIO SOFICO, POR LA LUNA Y
EL REGULUS ANTIMONICO ESTRELLADO DE MARTE, PARA LA
PIEDRA DE LOS FILOSOFOS.
Escrito por Eirenaeus Philalethes, Inglés, y Cosmopolita.
EL MERCURIO SOFICO
1. El Secreto del Arsénico Filosófico.
Tomé una parte del Dragón Ardiente, y dos partes del Cuerpo Magnético; los
preparé juntos en un fuego fuerte, y en la primera fusión se produjeron
aproximadamente unas ocho onzas de arsénico puro.
2. El Secreto de la Preparación del Mercurio con su Arsénico para la
separación de sus Residuos.
Tomé una parte del mejor arsénico y dos partes de Diana Virgen, realicé un
matrimonio y los uní en un solo cuerpo; lo molí bien fino y con ello preparé mi
Mercurio, trabajándolos juntos al fuego hasta que se incorporaron el uno al otro
de forma exquisita. Entonces lo purgué con la sal de orina, que separó los
residuos, los cuales aparté.
3. La Purificación del Mercurio Sófico.
El Mercurio, así elaborado, todavía está contaminado por una suciedad externa,
por lo que hay que destilarlo tres o cuatro veces en el alambique adecuado con
su cucúrbita de hierro; luego lavarlo con la sal de orina hasta que quede limpio y
brillante y no deje ningún rastro tras él al moverlo.
4. Otra muy excelente Purgación
Tomad diez onzas de sal decrépita, diez de Escorias de Marte, y una onza y
media de Mercurio elaborado; moled muy finamente la sal y las Escorias
conjuntamente en un mortero de mármol; añadidlo entonces al Mercurio y
moledlo con vinagre el tiempo necesario para que el Mercurio desaparezca.
Ponedlo en un recipiente de cristal y destiladlo por arena en un alambique de
cristal hasta que todo el Mercurio haya ascendido puro, limpio y
espléndidamente brillante. Repetid esto tres veces y obtendréis un Mercurio
excelentemente bien elaborado para el Magisterio.
5. El Secreto de la justa Preparación del Mercurio Sófico.
Cada preparado individual de Mercurio con su arsénico es un Aguila; siendo
purificadas las Plumas del Aguila de su negrura cuérvica, le hacen volar el
séptimo vuelo y está preparado incluso para el décimo.
6. El Secreto del Mercurio Sófico.
Tomé la cantidad adecuada de , lo mezclé con su verdadero arsénico –a saber,
aproximadamente cuatro onzas de Mercurio– y elaboré una sutil mezcla densa.
Después la purgué debidamente, la destilé, y obtuve un cuerpo puro de Luna,
por lo que supe que lo había elaborado correctamente. Después le añadí su peso
de arsénico, y aumenté su primer peso de Mercurio, lo suficiente para que el
Mercurio pudiera prevalecer a un pequeño flujo, y entonces lo purgué lavando
su negrura hasta casi una blancura lunar. Luego tomé media onza de arsénico y
realicé un correcto matrimonio; la añadí a su prometido Mercurio y se produjo
una temperatura un poco inferior a la de la tierra de alfarero. Lo purgué de
nuevo de la manera debida; la purgación fue laboriosa y larga. La realicé con la
sal de orina que creí que mejor funcionaba para este trabajo.
7. Otra Purgación, todavía mejor.
Encontré una purga mejor, con vinagre y sal marina pura. Con esta purga se
puede obtener un Aguila en el lapso de tiempo de medio día: hice volar la
primera Aguila y Diana partió con una ligera tintura de cobre. Empecé la
segunda Aguila eliminando las superfluosidades, y luego la hice volar;
nuevamente partieron las Palomas de Diana con la tintura de cobre. Me uní con
la tercera Aguila y purgué las superfluosidades, eliminándolas, hasta incluso la
blancura; entonces la hice volar, y dejó tras ella una gran parte de cobre con las
Palomas de Diana. Luego la hice volar dos veces por sí misma, para la
extracción completa de todo el cuerpo. Después me reuní con la cuarta Aguila,
añadiendo gradualmente más y más de su propio humor, y se produjo una
consistencia sumamente templada en la que no había Hidropes (o humedades
superfluas) tal como sucedía en las primeras Aguilas.
8. He encontrado la mejor forma de Preparar el Mercurio Sófico, a saber,
de la manera siguiente:
Pongo la masa amalgamada, esposada o unida muy íntimamente por el debido
matrimonio, en un crisol dentro de un horno de arena, durante media hora, sin
que se sublime. Luego la saco y la trituro fuertemente; la coloco nuevamente en
un crisol dentro del horno y después de un cuarto de hora, aproximadamente, la
muelo de nuevo y caliento el mortero. Por este procedimiento la amalgama
comienza a volverse nítida y arroja una gran cantidad de polvo. Luego la pongo
nuevamente en un crisol al fuego como antes durante un tiempo conveniente
para que no se sublime: siempre que se evite la sublimación, cuanto más grande
sea el fuego, mejor. Así pues continúo poniéndola al fuego y triturándola hasta
que casi todo el polvo desaparece completamente. Luego la lavo, con lo que se
separan fácilmente los residuos y la amalgama se vuelve completamente
homogénea. Entonces la lavo con sal y nuevamente la caliento y la trituro.
Repito este procedimiento hasta limpiarla de cualquier tipo de residuo.
9. Una Triple Prueba de la Virtud del Mercurio Preparado.
Tomad vuestro Mercurio preparado con su arsénico de siete, ocho, nueve o diez
Aguilas. Ponedlo en una ampolla que debéis enlodar con el Lutum Sapientiae.
Colocadlo en un horno de arena y dejadlo allí sometido a un calor de
sublimación para que pueda ascender y descender en el vaso hasta que coagule
un poco más espeso que la mantequilla. Continuad hasta una perfecta
coagulación, hasta que sea tan blanco como la plata.
10. Otra Prueba.
Si, al sacudirlo en un recipiente de cristal con la sal de orina, se convierte por
iniciativa propia en un polvo blanco impalpable, de tal manera que no parece
Mercurio, y también por su propia iniciativa, se coagula nuevamente en sutil
Mercurio en un lugar caliente y seco, ya es suficiente. Sin embargo, todavía es
mejor si al agitarlo en agua mineral, se convierte en pequeñas cabezuelas o
partículas; puesto que si el grano estuviese en el cuerpo no podría convertirse y
separarse así en partículas diminutas.
11. La Tercera Prueba.
Destiladlo en un alambique de cristal, a partir de una cucúrbita de cristal. Si pasa
a su través sin dejar ningún rastro tras él, es un buen agua mineral.
12. La Extracción de Azufre del Mercurio vivo por Separación.
Tomad vuestro compuesto mezclado de lo corporal y lo espiritual, cuyo cuerpo
se ha coagulado a partir de lo volátil por digestión, y separad el Mercurio de su
Azufre mediante un alambique de cristal. Deberéis obtener una blanca Luna, una
Aqua fortis fija y resistente, más pesada que la plata común.
13. El Sol Mágico salido de esta Luna.
De este Azufre blanco, mediante el fuego, obtendréis un Azufre amarillo,por un
procedimiento manual, cuyo Sol es el Plomo Rojo de los Filósofos.
14. Aurum Potabile, salido de este Azufre.
Podéis convertir este Azufre amarillo en un aceite tan rojo como la sangre,
diseminándolo ("circulándolo") con el Menstruum Filosófico–Mercurial–
Volátil; y así obtendréis una admirable panacea, o medicina universal.
15. La Conjunción en Bruto del Menstruum con su Azufre, para la
Formación de la Descendencia del Fuego.
Tomad vuestro mejor Mercurio preparado, el más purgado y selecto, de siete,
ocho, nueve o como mucho diez Aguilas; mezcladlo con el Latón elaborado, su
Azufre Rojo, de la siguiente manera: dos partes del agua, o como máximo tres,
con una del Azufre puro, sedimentado y purgado.
Nota: Es mejor tomar dos partes por una.
16. El Trabajo de la Mezcla por Operación Manual.
Debéis triturar muy bien vuestra mezcla sobre un mármol. Luego debéis lavarla
con vinagre y Sal Amónica hasta que haya arrojado todo su residuo negro.
Entonces debéis lavar toda su salinidad y acritud con agua mineral pura y luego
secarla sobre un papel blanco limpio, volteándola con la punta de un cuchillo
hasta lograr una exquisita sequedad.
17. La Colocación del Feto en el Huevo Filosófico.
Ahora que vuestra mezcla está seca, ponedla en un óvalo del mejor y más
transparente cristal, del tamaño de un huevo de gallina. En un recipiente como
este no debéis colocar más de dos onzas de vuestra substancia. Selladlo
herméticamente.
18. El Gobierno del Fuego.
Entonces habréis de tener construido un horno, en el que podáis mantener un
fuego perpetuo. En él, deberéis producir un calor de arena del primer grado,
gracias al cual el relente de nuestro compuesto pueda elevarse y circular
continuamente, día y noche, sin ninguna interrupción, etc. Y en un fuego así el
cuerpo morirá, y el espíritu será renovado; y al final el alma será glorificada y
unida con un nuevo cuerpo incorruptible e inmortal.
De este modo se hace un nuevo Cielo.
FIN.
Traducción: Gloria Roca
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