El Aura del Niño
La primera observación que hacemos es en el niño.
¿Por qué los niños son tan maravillosamente atractivos para toda persona?
¿Qué cualidades y expresiones hallamos en el niño?
Al atender a estas preguntas hallamos:
A- sencillez;
B- inocencia;
C- pureza de mente;
D- sinceridad;
E- entusiasmo;
F- confianza;
G- fe absoluta;
H- aprecio;
I- imaginación;
J- falta de duda;
K- alegría de vivir;
L- vitalidad;
M-facilidad para perdonar;
N- amor por todas las cosas.
Por lo tanto, si la mente afecta o maneja directamente la fuerza vital y el aura
magnética, ¿Cuál suponemos que será la naturaleza de la expresión de un niño
que posee las cualidades arriba mencionadas? y casi todo niño entre los dos y
los seis años de edad posee todas ellas.
¿Lo vemos claro, pues, la causa de la atracción de todo el mundo por la
personalidad del niño?
Hallamos aquí ciertos estados de CONCIENCIA que producen efectos
definidos, por lo que respecta a las auras. Esto es así porque el niño todavía
no ha tenido los suficientes contactos con el mundo para que se modifique su
consideración acerca de la vida y las cosas, en general. A medida que el niño
crece, tiene más y más contacto con la vida del mundo y con sus condiciones,
de manera que se va acostumbrando a los convencionalismos, opiniones, etc.
Estas cosas afectan la conciencia sencilla del niño y la van cambiando; la
duda se infiltra, las preocupaciones comienzan a hacerse sentir; se producen
temores ante ciertas personas y cosas, y en vista de todo esto el niño empieza
a no expresar la sencillez de su mente, puesto que es influenciado y afectado
por el medio ambiente.
Vamos a referirnos a otro tipo. Hay muchas personas de bellas facciones,
cuya personalidad o magnetismo es limitado, o escaso por decirlo así. Un
famoso director de cine, dijo que la manera como él escogía a las personas
para los papeles principales de sus películas, era buscando una especie de luz
interior en el candidato. Con esto, quería decir que él buscaba cierta expresión
o manifestación de la personalidad, que indicaba que, por medio de la
experiencia, el desarrollo y el progreso, una personalidad verdadera del alma
se estaba expresando ante él; a esto llamaba él luz interior, y en esto consistía
su prueba principal para resolver si el candidato podía o no desempeñar su
papel.
Consideremos ahora dos tipos diferentes de personalidad.
En el primero diremos que la persona posee gran energía, y esto significa
salud, fortaleza, poder, entusiasmo, actividad y amor por la vida. Sólo desea
la felicidad en esta vida y trata de hacer todo lo que le lleve a una existencia
de continua felicidad.
Por medio de los pensamientos apropiados, él aumenta su grado de
magnetismo en polaridad positiva, y así irradia una aura positiva y poderosa.
Si esa persona estuviera a cuatro o cinco metros de nosotros, nos sentiríamos
inconscientemente impulsados a voltearnos hacia él y mirarlo. Su aura radian-
te magnética, o las vibraciones de su alma, nos atraerían fuertemente.
Quizás nos diríamos mentalmente que estábamos en presencia de alguien que
es “grande”.
Por otra parte, consideremos a un hombre débil, física y mentalmente; no
tanto como para que sea un defectuoso mental, sino lo suficiente para que
carezca de ambición, de entusiasmo, de actividad, de salud, de fuerza, y de
deseo de convertirse en el tipo más alto de hombre. Nos hallaríamos así en
presencia de un hombre que pasa inadvertido; de un hombre cuya aura seria
muy débil y no se extendería más de unos pocos centímetros de su cuerpo.
Este hombre pensaría poco, tendría ideas de odio y de venganza contra
aquellos que le impiden realizar sus deseos, o que se oponen a sus propósitos;
sería un hombre atado por las cadenas de la hipocresía, un hombre difícil de
convenir en que esta equivocado, aunque se le presentara la prueba más
positiva de ello. Ese hombre irradiaría una aura de polaridad negativa, tan
débil, que seria casi absolutamente neutral. Esta persona tendría muy pocos
amigos verdaderos, si acaso tuviere alguno, y sería una carga para su propia
familia.
Si observamos la diferencia entre estos dos tipos, hallaremos el secreto, el
secreto del estado de conciencia que nos hace poseer magnetismo personal,
que hemos estado buscando siempre.
Recordemos que es el alma y la mente, y la conciencia del hombre, la que en
DEFINITIVA determina la cualidad de su aura y de su atracción magnética.
Si desde la infancia se permitiera a toda alma expresar la perfección en todo
pensamiento y en toda actividad, entonces cada uno de nosotros estaría
expresando la forma más alta posible de atracción magnética. ¿Por que?
Porque EL HOMBRE ES COMO UN SOL, y el hombre, naturalmente,
debería vivir con perfección, debería ser un fuego viviente, o una fuerza como
de luz de sol y de amor.
¿Por qué, pues, no es el hombre magnético? Simplemente, porque el hombre,
por regla general, esta mucho más abajo del nivel normal en que debería estar.
Su vida y su pensamiento y su expresión son ANORMALES. Porque le faltan
esos elementos vitales del alma, y de la conciencia, que hacen una vida
perfecta e irradian las actividades del amor y de la felicidad.
Donde falta el amor en el corazón de un ser humano, toda fuerza vital falta
también, de la misma manera que una planta no existe donde no tiene la
nutrición de la fuerza amorosa de los rayos del sol.
El alma del hombre DESEA expresar sus cualidades divinas en la tierra y
estas cualidades pueden resumirse en una sola palabra: AMOR. El amor pleno
del alma, que exhibe toda su belleza, perfección. Sabiduría y gloria, hace del
hombre lo que Dios dispuso que fuera: una imagen de EL mismo.
El hombre, con su comprensión finita, objetiva, limitada, ha dividido la
cualidad del Amor Divino, en palabras, ideas y fantasías, pero con todo eso, la
Divinidad del Amor permanece sin cambio y se expresará cuando el hombre
permita que su yo objetivo se haga a un lado para que así no interfiera con la
expresión divina. Lo que el hombre llama amabilidad, paciencia, sinceridad,
verdad, humildad, bondad, simpatía, comprensión, aprecio, reconocimiento y
perdón, no son sino fases de una sola y misma cosa llamada Amor Divino.
¿Sería posible que uno cambiara su polaridad negativa en una positiva para
adquirir así un magnetismo personal fuerte y atractivo? ¡Sí sin duda!. Para
esto no es necesario más que polarizarnos junto con las fuerzas positivas,
elevando nuestra conciencia gracias a los pensamientos de amor y a todo lo
que contiene e implica esta palabra: vivir en paz con nosotros mismos y con el
mundo que nos rodea, hacer todo lo que nos sea posible para ser de valor en el
mundo, tratar de estar por encima de todas las pequeñeces, tales como el odio,
los celos, la vanidad, el orgullo, y dejar que el autor divino que está en
nosotros se exprese exteriormente.
Es lo más fácil del mundo hacer esto, si hacemos un esfuerzo consciente, y
continuamos haciéndolo, a pesar de los primeros fracasos. Todos estamos
esclavizados por los pensamientos erróneos, tenemos que romper las cadenas
que nos atan, cambiando el proceso de nuestros pensamientos y elevando
nuestras ideas hacia cosas ideales más altas.
Así, si deseamos vivir una vida radiante, llena de vitalidad (actividad, alegría
y amor), debemos primero suprimir de nuestra conciencia toda clase de
pensamientos destructivos y permitir que nuestra alma, nuestro verdadero yo,
exprese su perfección y refleje su poder y su fortaleza magnética. Entonces,
los demás reconocerán y apreciaran nuestras personas, porque nos habremos
convertido en una fuerza en el mundo, para el mejoramiento de toda la
humanidad y la gloria de Dios. Es bien sabido de todos los místicos que Dios
ha dado al hombre toda la fortaleza y el poder que lo ayudan a progresar hacia
las metas más altas.
Ciertamente que esto es verdad, y toda persona del mundo que está en
posesión de una habilidad mental ordinaria, puede dotarse de una personali-
dad radiante, magnética.
Cada uno de nosotros tiene el poder de hacer esto, pero es necesario que
hagamos el esfuerzo necesario para lograrlo.
Así como el dinámico eléctrico es capaz de producir la fuerza que crea la luz
y la energía, pero no puede hacerlo mientras no haya recibido la fuerza
motora que lo ponga en movimiento, así nosotros, también, poseemos la
habilidad de elevarnos y de convertirnos en lo que queramos, pero no antes de
que pongamos a funcionar nuestro poder motor, y de que hagamos todo
esfuerzo consciente para perseverar.
Dios no desea y no puede ayudar a ninguno que no haga un esfuerzo cons-
ciente para ayudarse a sí mismo. Pero cuando hacemos ese esfuerzo y estamos
haciendo lo más que podemos (y recordemos siempre que “lo más” es más de
lo que siempre habemos hecho hasta ahora) entonces recibiremos ayuda para
continuar en este camino, porque con el esfuerzo v con la continuidad del
esfuerzo que hacemos, nuestra alma gradualmente se irá libertando de las
ataduras que ahora la sujetan a falsos conceptos y comenzará a expresarse
libre y perfectamente, obteniendo de la fuente infinita del poder, todo lo que
necesita y requiere para continuar, para producir y crear el poder que
necesitamos.
Ojala que podamos hacer el esfuerzo y cosechemos la recompensa del Amor
Divino, que lleva al alma, la Paz Profunda.
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