Una antigua Ley oriental
Hace varios años, se pensaba mucho y se atendía mucho al asunto del
magnetismo personal.
Poco comprendido entonces, pues parecía que se refería a alguna extraña
cualidad poseída por algunos pocos "escogidos," y tenidos por misteriosos en
su poderosa habilidad de inducir y atraer a otras personas que caían dentro del
radio de su fuerza sutil, el magnetismo personal se convirtió en el instrumento
del charlatán, y en la envidia de todas aquellas personas que fracasaban en la
lucha por la vida.
Algunos autores y conferencistas algo más avanzados afirmaban que conocían
y enseñaban la manera secreta para poder usar esta avalancha de poderes con
el objeto de alcanzar prosperidad, salud y felicidad; pero pronto se supo lo
poco que sabían, ya que no revelaron ningunas leyes ni principios verdaderos,
y los ávidos investigadores tuvieron que dedicarse a descifrar extraños
términos y frases, y a practicar ejercicios mentales tontos, quedando así llenos
de esperanzas fallidas.
Pero a pesar de que se conocía muy poco acerca del magnetismo personal en
aquellos días, sí existe semejante fuerza radiante y sutil procedente del cuerpo
humano. Esta fuerza puede llamarse con propiedad "magnetismo personal,"
porque el místico moderno, en su laboratorio científico, ha probado que existe
un campo magnético que rodea su cuerpo y que existe dentro de su cuerpo y
emana de él. Está en el cuerpo humano en virtud de aquella ley que se revela
al examinar y estudiar cualquier masa física que contiene cualidades
magnéticas o sea magnetismo.
Es bien sabido y probado con experimentos científicos, que un ciego al
caminar por la calle, o al moverse en su casa, no se atiene únicamente al tacto
para guiarse cuando se aproxima a un muro o a cualquier otro obstáculo, y
también se da cuenta claramente de la presencia de otra persona.
Se ha demostrado científicamente que el aura magnética se extiende tanto
frente a nuestros cuerpos físicos, que los ciegos, cuyos sentidos delicados
están fuertemente desarrollados, pueden sentir verdaderamente que sus auras
magnéticas tocan un obstáculo mucho antes de que puedan alcanzar dicho
obstáculo y tener contacto con él por sus cuerpos y sentidos físicos.
Hay instrumentos delicados que han demostrado que el aura que emana del
cuerpo humano se extiende hasta más de tres metros y que irradia cuando
menos dos metros en todos sentidos.
Imagínense esto: de cada ser humano emanan radiaciones de cierta clase de
fuerza o de energía, que se extienden, por lo menos dos metros y a veces hasta
más de tres metros de distancia del cuerpo.
Lo que tenemos es: "¿Qué es esta aura, cómo se manifiesta, atrae o rechaza, y
cómo puede manejársela?". Antes de contestar a esta pregunta, es necesario
conocer algo de los campos magnéticos de todas las cosas. Ante todo,
tenemos el electrón, esa partícula invisible hasta ahora, que según la ciencia
nos dice, forma el átomo, pero de la cual se sabe poco y sólo pueden
suponerse muchas cosas, hasta donde hemos progresado. Sin embargo, el
místico en su laboratorio ha ido más lejos que la ciencia exterior y sabe
algunas cosas respecto al electrón.
Digamos, pues, que un electrón es la partícula más pequeña que entra en la
formación de la materia; hallamos que en el electrón funcionan fuerzas
duales, y que estas fuerzas son positivas y negativas, lo mismo que en toda
célula creadora. Las vibraciones que emanan de cualquier masa de materia
trasmiten la calidad de la radiación, de acuerdo con la naturaleza de la fuerza
predominante dentro de la masa. Así, sea cual fuere la calidad despedida por
la masa, ya sea positiva o negativa, esa calidad se llama "polaridad."
Ahora bien, cualquier masa de materia irradia una positiva o negativa, y por
consiguiente, una u otra de las dos polaridades. Las vibraciones que emanan
de la materia son positivas o negativas y están regidas en su polaridad por la
índole o calidad predominante de las fuerzas que yacen en los electrones
combinados, que son los que forman los átomos de cualquier masa de materia.
Así vemos que las fuerzas positivas o negativas que están en los electrones no
son iguales, sino que una u otra predomina y determina la polaridad.
Y así, las vibraciones que emanan de cualquier forma de materia, tienen una
influencia magnética sobre toda otra forma de materia, y será atraída o
rechazada por otra materia, de acuerdo con la ley de las polaridades: lo
positivo atrae a lo negativo y rechaza a lo positivo, y viceversa.
En el imán de herradura, o en otro imán permanente, hallamos también un
buen ejemplo de la fuerza atractiva, o magnetismo, que emana de las vibra-
ciones de un trozo de hierro. Extendiéndose hasta corta distancia en torno a
esos imanes, existe ese campo o aura en que ocurre la atracción magnética.
Probablemente habremos hecho experimentos con imanes y hemos visto
cómo el imán atrae la aguja o cualquier otro trozo de acero, y lo hace saltar y
unirse a uno de los polos del imán, tan pronto como el imán está lo
suficientemente cerca para atraer la aguja con su aura magnética; tan pronto
como la aguja entra en esta zona o campo de atracción, no puede resistir la
fuerza e inmediatamente se ve atraída por el polo del imán y permanece allí
hasta que se la arranca.
Ahora bien, el magnetismo que emana del cuerpo humano es verdaderamente
magnético, en el mismo sentido en que es magnetismo el del imán ordinario,
pero el término "magnetismo," aplicado al cuerpo humano, se usa en relación
con fuerzas o energías físicas que están dentro del cuerpo, que son duales en
su naturaleza, y que consisten de dos calidades opuestas de energía, o de
vitalismo, fundidas por su atracción mutua. Esta energía o vitalismo o
magnetismo, rodea el cuerpo humano, porque emana de las dos energías
opuestas que existen en el cuerpo humano, y de ellas deriva su esencia. La
fuerza vital, es decir, la fuerza de la vida, está asociada y controlada por la
mente del alma del hombre, se funde con las energías físicas, materiales, cor-
porales, para crear esta aura magnética, y esta aura es de polaridad positiva o
negativa, según la naturaleza de la polaridad predominante en su constitución.
Por eso, se dice que una persona es positiva o negativa.
Bajo ciertas condiciones, el aura puede verse a la simple vista. Quienes la ven
con más facilidad son clarividentes, pero bajo ciertas condiciones físicas, por
causas naturales o científicas, casi todo el mundo puede ver el aura humana.
Por esto, el "magnetismo personal" ya no es una fuerza misteriosa e invisible,
la cosa intangible de hace varios años, porque ahora puede verse, medirse,
sentirse, reflejarse, pesarse, neutralizarse, aumentarse, disminuirse, y
modificarse de muchas otras maneras, ya mecánicamente, ya por medio del
empleo de la voluntad humana.
Voluntad y Vibraciones
Y es aquí donde hallamos el gran secreto que tantos investigadores y pre-
ceptores no pudieron descubrir en los primeros días de la historia del "mag-
netismo personal." Y es que la VOLUNTAD HUMANA, esa fuerza extraña,
directriz, determinante, siempre a la disposición del intelecto humano,
PUEDE VERDADERAMENTE Y NO TEORICAMENTE, MANEJAR Y
AFECTAR LAS VIBRACIONES RADIANTES LLAMADAS MAGNE-
TISMO PERSONAL.
¿Qué es, pues, ese magnetismo personal? Tiene que estar directamente
asociado o bajo la dirección de la mente o el intelecto. Tiene también que
estar asociado a la energía del cuerpo humano, porque hallamos que las radia-
ciones magnéticas del cuerpo humano (el aura) quedan afectadas por la índole
o por la fuerza de la energía vital del cuerpo, y fluctúa y vacila en la misma
proporción en que lo hace la vitalidad del cuerpo.
Dicho de una manera sencilla, tenemos que acudir a la mente, que es un
atributo del alma, para hallar el secreto y la clave del magnetismo personal,
porque la mente y la fuerza vital están relacionadas, y la vida está bajo el con-
trol directo de la mente, por lo que atañe a la "vida" y no al cuerpo.
¿Cómo se ve el aura de una persona, en condiciones apropiadas? El aura
IRRADIA y se manifiesta en vibraciones de color. Si pudierais ver las
emanaciones de las vibraciones que constituyen el aura que rodea el cuerpo
humano, veríamos varios colores, de diferentes clases y matices, cada uno de
los cuales significa cierto estado físico o mental, expresado interiormente y
reflejado hacia afuera, y este reflejo exterioriza las vibraciones, forma el aura,
y esta aura es realmente la expresión externa de la personalidad del alma, tal
como está desarrollada.
Y ahí lo tenemos: una personalidad magnética, o sea magnetismo personal.
Examinemos y analicemos la personalidad magnética, para llegar a alguna
conclusión con respecto a las cualidades, condiciones, o naturaleza de ella. Si
podemos notar cualquier diferencia, al observar o analizar, hagámoslo así y
analicémosla cuidadosamente.
|