Chakras y conciencia |
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Ejercicios de Chakras
El yo superior no enjuicia, no divide las experiencias en «buenas» y «malas». Nos indica que tenemos que recorrer determinadas experiencias sólo para comprender qué sentimientos y acciones tienen como consecuencia una separación de la mente divina original, causando con ello sufrimiento, y para comprender y aprender a entender las leyes cósmicas del equilibrio natural. En los ámbitos de la vida en los que hoy nos consideramos «víctimas», en anteriores encarnaciones nosotros fuimos con gran frecuencia los «autores». También en la terapia de los chakras tiene una importancia decisiva una actitud interior en la que afirmamos todas las experiencias y contenidos del cuerpo emocional y en la que contemplamos las imágenes y sensaciones que aparecen espontáneamente, sin rechazar o enjuiciar nada de ello, puesto que de esta forma nuestro yo superior puede asumir él «mando» e imbuir en todo nuestro ser las energías espirituales de nuestro cuerpo energético supremo. Cuando las vibraciones de nuestro cuerpo espiritual se unen con el cuerpo emocional y lo penetran, éste comienza a vibrar más rápidamente y empieza a expulsar las energías negativas almacenadas, que tienen frecuencias menores. Con ello perdemos el recuerdo emocional de estas experiencias y podemos perdonarnos a nosotros mismos y a los demás. A medida que aumenta la disolución de las estructuras emocionales estancadas, el cuerpo emocional comienza a irradiar profundos sentimientos de amor y de alegría incondicional. El aura emocional luce con los colores más claros, intensos y transparentes, y los mensajes que emite al entorno atraen la felicidad y el amor. Una capacidad rayana en lo milagroso para atraer todo lo deseado es la consecuencia natural de un cuerpo emocional plenamente integrado que vibra con las frecuencias máximas que le son posibles. El cuerpo mental Nuestros pensamientos e ideas, y nuestros conocimientos racionales e intuitivos, son portados por el cuerpo mental. Su vibración es mayor que la del cuerpo etérico y la del cuerpo emocional, y su estructura es menos compacta. Es de forma ovalada, y en el desarrollo superior del hombre su volumen puede extenderse hasta ocupar aproximadamente el mismo espacio que el cuerpo emocional y el aura emocional juntos. La irradiación áurica del cuerpo mental tiene un alcance de unos cuantos metros más. En una persona poco desarrollada mentalmente, el cuerpo mental tiene la apariencia de una sustancia blanca lechosa. Los pocos colores existentes son apagados y sin brillo, y su estructura aparece relativamente opaca. Cuanto más vivos son los pensamientos y cuanto más profundos son los conocimientos intelectuales de una persona, tanto más claros e intenso son los colores que irradia su vehículo mental. Al igual que el cuerpo emocional, el cuerpo mental también posee una octava mayor y una octava menor. Sus frecuencias menores se manifiestan en el pensamiento lineal del entendimiento racional, a través del cual buscan su acceso a la verdad la mayoría de las personas. Este tipo de actividad racional se basa en las percepciones del plano físico. Junto a esto, el cuerpo físico y sus sentidos recogen informaciones que transmiten al cuerpo emocional a través del cuerpo etérico; el cuerpo emocional transforma las informaciones en sentimientos y los retransmite después al cuerpo mental, que, a su vez, reacciona ante ellos con la formación de pensamientos verbales. Con frecuencia, debido a la influencia del cuerpo emocional y de sus estructuras emocionales no liberadas, las informaciones se distorsionan y el pensamiento se tiñe. Surgen esquemas mentales recurrentes a través de los cuales enjuiciamos los acontecimientos de nuestro mundo. Esto significa que el entendimiento racional no es ni mucho menos imparcial y objetivo, aun cuando se arrogue esa cualidad. Los pensamientos que surgen en el cuerpo mental por esta vía generalmente giran en torno al bienestar personal y a los intereses del devenir terrenal y mundano. En este caso la solución racional de los problemas se convierte en la función principal del cuerpo mental. Sin embargo, esto significa una distorsión de su carácter original y una limitación de sus capacidades. El aura del hombre desde dentro hacia fuera: 1) El aura etérica. 2) El aura emocional. 3) El aura mental. 4) El aura espiritual. La auténtica función del cuerpo mental consiste en recoger las verdades universales que le llegan del plano del cuerpo espiritual e integrarlas con el entendimiento racional, que las transfiere a las situaciones concretas y lleva a una solución del problema en consonancia con las leyes universales. Los conocimientos que de esta forma nos llegan del plano espiritual de nuestro ser se manifiestan como intuición en forma de intuiciones repentinas, a menudo en imágenes o incluso en sonidos que después se transforman en pensamientos verbales. Nos permiten mirar al interior de la auténtica naturaleza de las cosas y tienen una estructura holográfica, al contrario que el entendimiento lineal que parte de la concepción racional. El acceso a la octava superior del cuerpo mental lo encontramos en una unión del chakra frontal con el chakra coronal. Si el cuerpo mental está plenamente desarrollado, se convierte en el espejo del cuerpo espiritual, y el hombre realiza en su vida la sabiduría y el conocimiento integral del yo superior. El cuerpo espiritual El cuerpo espiritual, a menudo denominado también cuerpo causal, es el que mayor frecuencia de vibración posee de todos los cuerpos energéticos. En personas que aún son demasiado inconscientes en el plano espiritual se extiende conjuntamente con su aura sólo un metro aproximadamente alrededor del cuerpo físico. Por contra, el cuerpo y el aura espirituales de personas totalmente despiertas pueden irradiar hasta varios kilómetros de distancia, con lo cual la forma ovalada original se transforma en un circulo regular. Si has tenido alguna vez la oportunidad de estar en presencia de un maestro iluminado, tal vez habrás observado que la atmósfera cambiaba repentinamente cuando te alejabas algunos kilómetros de él. La experiencia de la luz, de la plenitud y del amor que puede llenarte en la cercanía de un maestro pierde su intensidad tan pronto como sales del área de su aura. El cuerpo espiritual y su aura irradian en los colores más suaves, que al mismo tiempo poseen una fuerza de iluminación indescriptiblemente profunda. Del plano espiritual del ser fluye incansablemente la máxima y más radiante energía hacia el cuerpo espiritual. A medida que esta energía va transformándose en frecuencias menores, inunda también el cuerpo mental, el cuerpo emocional y el cuerpo etérico. Aumenta las vibraciones de estos cuerpos, de forma que en su ámbito de acción correspondiente pueden encontrar su máxima forma de expresión. Hasta qué punto podamos percibir conscientemente, absorber y aprovechar esta energía depende del desarrollo de los chakras. A través del cuerpo espiritual experimentamos la unidad interior con toda la vida. Nos une con el ser puro y divino, con la razón original omnipresente de la que han surgido y continúan surgiendo todas las manifestaciones en la creación. Desde este plano tenemos un acceso interior a todo cuanto existe en la creación. El cuerpo espiritual es esa parte divina que hay en nosotros que es inmortal y que perdura a toda la evolución, mientras los demás cuerpos no materiales se disuelven paulatinamente a medida que el hombre va desarrollándose a través de los niveles de conciencia que exige una existencia en el plano terrenal, en el plano astral y en el plano mental. Sólo a través del cuerpo espiritual es posible conocer la fuente y el destino de nuestra existencia y comprender el auténtico sentido de nuestra vida. Cuando nos abrimos a sus vibraciones nuestra vida cobra una calidad completamente nueva. En todas nuestras acciones somos llevados por nuestro yo superior, y nuestra vida manifiesta la sabiduría, la fuerza, la bendición y el amor universal, que representan las cualidades naturales del aspecto supremo de nuestro yo. (Fuente El Gran Libro de los Chakras.)
EL SISTEMA CHAKRA COMO REFLEJO DE LA CONCIENCIA
Por Celia Iñiguez Sánchez
Abordar la anatomía energética humana, es decir, los chakras y sus canales subsidiarios de distribución o nadis, desde una perspectiva estrictamente científica es un reto en la actualidad. Tal vez comiencen a ser extrapolables algunos modelos de la llamada nueva física (Relativista y Cuántica).
La detección del cuerpo energético del hombre, hoy por hoy (quitando los electrodos detectores de puntos de acupuntura y la fotografía kirlian), escapa de la técnica médica actual.
El conocimiento de la anatomía energética humana está avalado por 5000 años de experiencia de Escuelas de Medicina tan prestigiosas y difundidas como la Medicina Tradicional China y la Medicina Tibetana o Ayurvédica. Esto supone que el estudio de la enfermedad, y su potencial curación, para dos tercios de los habitantes de este planeta se basa en principios energéticos.
Un sinnúmero de aplicaciones de este saber se han difundido por todo el hemisferio occidental, siendo algunos de ellos: la Acupuntura, el yoga, el tai chi chuan, el reiki..., y otros muchos que no serian eficaces sin la existencia del cuerpo energético humano, pilar en el que se basan.
No obstante, se intenta con este trabajo establecer un modelo que se aleje de la mentalidad oriental y se acerque, por lo tanto, a la comprensión del hombre medio del occidente.
He intentado conciliar la visión animista y fisiológica del occidente, y la espiritual y energética del oriente, con el objeto de elaborar un sistema integrador que sirva de soporte físico de la conciencia y del ser, es decir, que sea un trípode de sustentación del espíritu en la anatomía humana.
Este puente entre la "forma" (estructural) del occidente y el "color" (energético) del oriente persigue, básicamente, una finalidad integradora y de enriquecimiento del conocer en su más amplio sentido.
Es un trabajo basado en la analogía, pues nos parece una estructura formal de desarrollo lógico, fiable y sugerente. Se establecerán patrones que son observables en la naturaleza y que se reproducen en el hombre.
La naturaleza que nos rodea es un increíble texto donde, sin duda, están las respuestas de todos los por qué del hombre. El medio natural, desde mi experiencia, es un enorme y efectivo engranaje presto a contestar las incógnitas de aquél, que inquieto, pregunta.
El sistema chakra como órgano energético de conciencia
El término chakra, traducido del sánscrito, significa rueda. Y en su conjunto constituyen un sistema de órganos energéticos, es decir, no perceptibles con la visión habitual, pero indispensables en el desarrollo y mantenimiento de la manifestación y evolución del hombre en el más amplio de sus sentidos. Y en esta línea, diremos que la energía que contienen sus conos de luz gira vertiginosamente, comunicando el exterior con el interior de la esfera humana. Lo que hemos denominado sistema chakra, se activa a partir de la primera inhalación, es decir, en el nacimiento.
Son pues órganos digestivos energéticos, siendo el órgano donde se genera una energía psíquica llamada conciencia. Esta conciencia, en función de su vibración, se acumulará en tres compartimentos o cuerpos energéticos denominados por la tradición esotérica vital, astral y mental.
Pero entendámoslo bien, los chakras, al igual que sus canales de distribución subsidiarios o nadis, no son ni mucho menos exclusivos de los humanos, estando difundidos en todo el Cosmos.
Chakras posee el reino mineral, materializados en sus estructuras cristalinas geométricas. Analógicamente, chakras son las flores con las que se adorna el reino vegetal. Chakras, asimismo, poseen los animales. Chakras existen en el macrocosmos, representados, por ejemplo, a nivel planetario, por los lugares de poder o telúricos del planeta Tierra. De igual manera, los llamados puntos de acupuntura poseen la estructura y funcionalidad de un pequeño chakra. Todos estos serían chakras naturales. Existen chakras artificiales, como son las campanas de las iglesias o las pirámides de Egipto.
La forma piramidal como geometría arquetípica de los chakras
El arquetipo definitorio propio de los chakras sería la forma piramidal. Una pirámide en giro determina un cono. El número cuatro (cuatro caras de la pirámide, cuatro lados de su base) determina un tipo de frecuencia en el giro del cono que potencialmente tendría la capacidad de materializar un proyecto imaginado previamente.
La mente sería aquél "compartimento" capaz de acumular contenido mental, es decir, conocimiento, conciencia hecha memoria. La estructura piramidal sobre la materia orgánica tiene la capacidad de deshidratar, es decir, momificar la materia orgánica preservándola en su interior y evitando su putrefacción. Los pensamientos a nivel energético poseen una forma, que influida por el campo energético emanado por la geometría piramidal, provocaría la fijación de esta idea actuando a modo de grabadora. Esto es lo que ocurre con los chakras.
La conciencia humana como reflejo de la conciencia del Cosmos
El hombre es una perspectiva mental del macrocosmos. Cada ser humano está dotado de un depósito propio de energía psíquica denominado mente. Esta mente es como una red capaz de almacenar, de forma virtual, el sedimento que deja su pensar y su sentir, y al que denominamos conciencia.
El humano, a lo largo de su existencia, va depositando conciencia elaborada en varios niveles, que van desde el puramente cotidiano, que sería la perspectiva de andar por casa, hasta un nivel o escalón más elaborado que sería la conciencia espiritual.
Esta conciencia es un tipo de energía que posee una cualidad específica, y esta es que tiene la capacidad de contemplarse a sí misma a través de lo que hemos denominado núcleos de energía pensamiento-sentimiento. Cuando nosotros pensamos o sentimos algo propio y personal sobre un aspecto determinado de nuestra vida, en realidad estamos contemplándonos a nosotros mismos como un foco de visión e interpretación del Cosmos único y exclusivo. El Cosmos existe, evoluciona, y se desarrolla a través de nuestra existencia, nuestra evolución y nuestro desarrollo. Luego la conciencia existe porque se refleja, es decir, percibe el Cosmos y se contempla en él. Y el sistema chakra se encarga de obtener un reflejo de nuestra conciencia como si fuera un espejo. El sistema chakra es el espejo donde nosotros contemplamos nuestro Cosmos existencial. El ser humano, al desarrollar su vida, diferenciará de forma errónea su reflejo con lo de fuera, y se identificará con el espejo que obtiene el reflejo, es decir, con su forma y con su mente. De este modo, el ser mental humano se identificará con su cuerpo físico, con lo de dentro, y considerará ajeno a él el mundo que percibe, lo de fuera.
Pero lo que somos en realidad es toda la porción del Universo que somos capaces de percibir e interpretar de nuestra particular y única manera.
El árbol de la vida: Compartimentos energéticos de la conciencia
El cuerpo físico del hombre es una donación de la Madre Tierra, de nuestro planeta, depositada progresivamente a través de nuestra alimentación como si de una construcción se tratase sobre un hipotético plano energético que es nuestro patrón de diseño y que la Medicina Tradicional China llama cuerpo energético. Este depósito de material planetario es reconvertido para su uso en nuestro ser físico, comenzando este proceso a partir del útero materno, continuándose en el uso de nuestra alimentación para nuestro propio crecimiento y remodelándose y, por lo tanto, cambiando de aspecto a lo largo de nuestro ciclo vital.
La consabida frase, que a todos nos han dicho alguna vez, de polvo eres y en polvo te convertirás no es más que un recordatorio de esta realidad. Somos seres espirituales que "vivimos" en el reino de nuestra mente. Y, a través de un balcón en dicha mente, nos asomamos a una perspectiva del Cosmos que llamamos existencia. Somos seres energéticos del Cosmos que hemos anidado en nuestra Madre Tierra echando raíces, y estas raíces están constituidas por nuestro cuerpo físico, pero poseemos del mismo modo, un tallo con ramas, una porción aérea que ha de formarse a partir de las vivencias que posibilita esta raíz planetaria. Esta porción aérea, energética, serían nuestro cuerpo astral y nuestro cuerpo mental dependientes en su formación de las vivencias efectuadas en nuestro ciclo existencial planetario.
EL SISTEMA CHAKRA COMO REFLEJO DE LA CONCIENCIA 2
Nuestro cuerpo energético, aquél a través del cual se infunde vida y forma a nuestro cuerpo físico, al final de nuestra existencia abandona al mismo, con lo que acontece el proceso de la muerte, tras el cual el material planetario es reciclado de nuevo y reintegrado a la Madre Tierra.
En todo esto hay una unidad, una cadena de eslabones engarzados coherentemente. Y es esta: La materia evoluciona en función de una serie de procesos físicos y químicos, pero estas reacciones físico químicas no tendrían lugar si no estuvieran animadas por un principio energético. Este principio energético es la manifestación a partir de la cual el espíritu o principio inamovible tiene la posibilidad de evolucionar, de moverse. Luego, la inerte materia se desarrolla por la función físico química, de forma análoga a como el espíritu se desarrolla a partir del principio energético. Cuando el hombre adquiera la capacidad para comprender las leyes que unen el eslabón de la física y la química con el principio energético vital humano habrá obtenido una pista a partir de la cual su mente se puede deslizar comprendiendo, desde sus porciones más materiales, hasta sus porciones más místicas y espirituales. Pues desde la estructura molecular del aminoácido hasta el espíritu, en el ser humano existe una unidad desarrollada en varios estados o niveles de forma análoga a cómo la estructura molecular de lo que denominamos agua se puede manifestar de forma sólida o como hielo, líquida o gaseosa, dependiendo de las leyes físico químicas y energéticas que se establezcan en el entorno en ese momento determinado.
El humano posee igualmente varios niveles manifestativos. Ya hemos hablado de la manifestación planetaria o cuerpo físico como raíz, a la que le seguiría el principio energético o aéreo que estaría constituido por el tallo y las hojas del ser.
Este principio energético, en el hombre podría estructurarse en tres compartimentos diferentes, interpenetrados de forma digamos virtual desde la raíz, cuyo contenido serían formas estructuradas de energía conciencia. Estas formas estructuradas son tres compartimentos energéticos llamados cuerpos vital, astral y mental.
A lo largo de la experiencia existencial el hombre, en la elaboración de su cotidiano pensar y sentir, va formando ladrillos de núcleos de energías pensamiento-sentimiento de diversos niveles vibracionales que depositados de forma organizada constituyen los cuerpos energéticos de la conciencia humana. Estos cuerpos se van construyendo progresivamente, y cada uno tiene un nivel vibracional donde los ladrillos de la conciencia se van depositando en función de esa afinidad vibracional.
El nivel más cercano vibracionalmente al cuerpo físico o raíz sería el cuerpo etérico, que alberga información conciencia que atañe a nuestro diseño y remodelación física, y donde se organiza la energía que anima la funcionalidad del cuerpo físico desde su perspectiva más puramente vital. Recoge ladrillos de conciencia trabajados por los chakras inferiores principalmente.
El segundo nivel es el cuerpo astral. Este establece su percepción del Universo como manifestación dual. Organiza energía conciencia que percibe el entorno y lo interpreta emocionalmente: se identifica con él si le agrada o no se identifica con él si le desagrada. La construcción del ladrillo es pues emocional y se hace a partir de sensaciones, juicios y elecciones basadas normalmente en preconceptos culturales o vivenciales anteriores. La interpretación astral o emocional de la vida obligará casi necesariamente a tomar partido a la mente humana, sumergiendo al hombre en un mundo de lucha activa y continua entre facciones contrarias que lo sumergirán en multitud de ocasiones en paradojas psíquicas a la búsqueda de un permanente equilibrio. El cuerpo astral está construido por los ladrillos emocionales fabricados principalmente por los chakras medios, estando estos muy relacionados con el ego humano.
El tercer compartimento corresponde por analogía a las ramas del cuerpo mental, donde los ladrillos de la conciencia se fabrican en un proceso de integración de la vivencia aparentemente dicotomizada de lo astral. Percibe el entorno como una unidad integral. La conciencia mental superior trabaja en la percepción, la observación y la comprensión, y deja que cada cosa evolucione por sí misma. Lejos de la lucha de facciones comprende e integra cada perspectiva y acerca al hombre al no hacer haciendo de la filosofía taoísta. La estructura energética del cuerpo mental está trabajada por los chakras superiores principalmente.
Estos tres cuerpos energéticos interpenetran polidimensionalmente el cuerpo material o físico, y constituyen su forma psíquica o psicoforma. El sistema chakra, a modo de corchete, los une como un anclaje integrador y una zona de tránsito donde las energías fluyen continuamente.
Niveles de conciencia del hombre: El siete como fragmentador de un universo en octavas
El ser humano percibe un universo fragmentado en siete niveles o bandas de frecuencias vibracionales. Así, captamos siete colores, componemos melodías con siete notas y empaquetamos nuestro tiempo en ciclos de siete días. Esto no es casualidad, pues el tiempo cósmico podría concebirse como las unidades de tiempo determinadas por los ciclos naturales. Estos ciclos, fragmentados de siete en siete, también tienen un reflejo en la anatomía humana. El ser humano es una conciencia colectiva de miríadas de conciencias celulares agrupadas en conciencias colectivas que forman los tejidos, y estas a su vez se agrupan en órganos... y así progresivamente hasta unificarse en la conciencia de ese ser humano.
La unidad de conciencia colectiva humana se divide en siete niveles, en los que cada uno de ellos está regido por un chakra principal que se constituye en el cerebro energético que organiza la conciencia energética de las células y órganos incluidos en su ámbito de influencia.
El órgano energético de la conciencia humana o sistema chakra interrelaciona los siete niveles de conciencia colectiva organizados en cada chakra, integrándolos en el ser energético hombre, materializando posteriormente la conciencia física a partir de él. El destilado energético, efectuado por la red energética de los chakras, es vertido a la red funcional neuronal, donde es unificada en el sistema nervioso humano y "materializada" posteriormente en conciencia física.
La partitura humana en la sinfonía cósmica
El Cosmos es una conciencia viva que late en cada ciclo de la naturaleza mientras se contempla a sí misma. El hombre es un ser integrado en esta conciencia cósmica, que se contempla a sí mismo desde una perspectiva única e irrepetible. Cada chakra dota al hombre de un ángulo diferente de captación de su existencia.
Desde el punto de vista de la Medicina Tradicional China, el ser humano es aquél que une lo celeste con lo terrestre. Es decir, la conciencia del hombre unifica al ser material con el ser espiritual a través de energías-conciencia que evolucionan a partir de los siete chakras principales. Cada vivencia humana es percibida en siete niveles, uno por cada chakra principal, cada uno de ellos destilará un producto vivencial correspondiente a ese nivel de consciencia, y todos formaran la consciencia hombre.
De los siete, el primero o base y el ultimo o corona son únicos y se encuentran en el eje central que corresponde más o menos con la columna vertebral. Los otros cinco son dobles, con una porción anterior relacionada con la mente consciente y otra posterior relacionada con la inconsciente.
El chakra base o primero, relacionado con la energía vital y el instinto de supervivencia individual, recibe la energía integrada desde nuestra "toma de tierra" planetaria.
Esta energía es dicotomizada en el segundo chakra, donde se establece el principio bipolar, que reunificado produce la vida. Luego el segundo chakra está relacionado con la procreación.
La fuerza dual asciende y se organiza en el ego o principio mental que identifica a cada hombre. El tercer chakra pues, materializa el ego humano, coordinando energéticamente los procesos de nutrición y asimilación de los alimentos físicos, que determinarán la forma física individual paralelamente a la organización de las energías psíquicas, que constituirán la mente individual o ego y que albergarán en dicho cuerpo físico. El alimento que transporta la energía del Sol pasa a formar parte de nuestra unidad existencial o ego que, distribuido por el torrente sanguíneo, otorga entidad psíquica unitaria a toda la conciencia colectiva celular de dicho cuerpo físico. Al tercer chakra se le llama también solar.
Los tres chakras que siguen son chakras superiores.
El centro de conciencia corazón o cuarto chakra, alberga el principio espiritual de cada hombre limitado en la caja del tiempo de nuestro cuerpo físico, donde el latido del corazón y el ritmo respiratorio reflejan la estancia limitada en tiempo y espacio de cada existencia. La conciencia del ego se expande y unifica con el principio vibracional espiritual de este chakra.
Es en el quinto chakra donde se comienzan a unificar los ciclos de la bipolaridad, manifestándose esto en la síntesis de la conciencia dual de este chakra: El pensamiento se concretiza en la palabra, el verbo que unifica y precede a la acción del hombre. Es el chakra materializador del pensamiento y de los sueños del hombre. Cuando el hombre adquiere el nivel de conciencia integrador del mental superior tiene la capacidad de contemplar el Universo como un lugar exuberante donde todo es posible y reina la abundancia. También se le llama centro de la cornucopia o cuerno de la abundancia, y es un camino en el despertar místico del hombre.
El sexto chakra organiza la conciencia mental, aquella que es testigo y comprende la paradoja vivencial, integrándola. Es la conciencia que percibe sin identificarse con facción alguna. Cuando el hombre focaliza su conciencia en el principio vibracional de este chakra desarrolla la conciencia espiritual, que percibe el Cosmos y la realidad tal cual es, y se reconoce en él. Es aquí cuando adquiere la capacidad de reconocerse en su reflejo o autoconciencia, unificando su ser espiritual a su ser mental a partir de la apertura del séptimo chakra o corona, que es la puerta dimensional que nos une a nuestro ser en la perfección, lo infinito y lo eterno.
Cada chakra, desarrollado, destila un principio vibracional propio, una nota. Cada chakra es una flor en el árbol de la vida del hombre, por el que proyecta su irrepetible aroma al jardín del Cosmos.
Chakra. (Del sánscrito rueda). Chakra es un vocablo para referirse a los centros de luz anclados en el cuerpo Etérico que gobiernan el flujo de energía hacia los cuatro cuerpos inferiores del hombre. Existen en el cuerpo del hombre siete chakras principales que se corresponde con los siete rayos; cinco chakras menores que se corresponden con los cinco rayos secretos y en total hay 144 centros de luz. Los siete chakras mayores, sus rayos correspondientes, sus nombres sánscritos y colores son los siguientes:
Chakra de la coronilla. Segundo Rayo, nombre sánscrito Sahasrara, color: amarillo. Está localizado en la parte superior de la cabeza es el foco de la llama amarilla de la iluminación. La meta del autodominio en el tiempo y el espacio es el florecimiento del "Loto de mil pétalos" de la coronilla. Es allí donde el hombre y la mujer logran conocer a Dios a través de la mente de su hijo. Cuando alcanzamos esa cima de la conciencia, conocemos la sabiduría verdadera. Desarrollar el chakra de la coronilla crea un imán que atrae las energías de la Madre desde el chakra de la base de la columna hacia arriba a través de cada uno de los chakras, que son los centros de nuestra percepción Divina. La iluminación del Buda y de Cristo, que viene con la liberación del fuego amarillo dorado del chakra de la coronilla, nos permite conocer toda la sabiduría divina. Nuestra percepción incluye, entonces, aquello que esta contenido en la mente de Dios. Chakra del Tercer Ojo. Quinto Rayo, nombre sánscrito, Ajna; está localizado en el entrecejo, su color es el verde esmeralda, es el ojo omnividente de Dios donde enfocamos la visión.
Regresamos a la conciencia del bien absoluto a través del chakra del tercer ojo, que tiene 96 pétalos. El tercer ojo, que vibra en el verde esmeralda de la ciencia de la verdad, nos da la representación inmaculada de los individuos, de las civilizaciones, del patrón Divino. Jesús dijo: "La luz del cuerpo es el, ojo" (Mateo 6.22). A través del ojo omnividente de Dios, el ojo interno del alma, te sintonizas con lo que debes ser en realidad, en vez de lo que pueda estar ocurriendo en las condiciones del presente. Siempre puedes darte cuenta de si estás viendo a través del tercer ojo o a través de los dos ojos; el tercer ojo te da siempre el concepto inmaculado del plano heliográfico de la vida, así como la discriminación para diferenciar el bien del mal. Los dos ojos te dan una percepción y una perspectiva de la vida relativa y a menudo turbia. Estos no penetran mas allá del plano físico, a menos que en una visión exaltada, la facultad de ver se acelere por una intercesión milagrosa. Chakra de la garganta. Primer rayo, nombre sánscrito, Vishudha, color azul, se encuentra localizado justo en el cuello, se visualiza como un rayo azul saliendo desde la garganta. Es el chakra de la Voluntad de Dios, el chakra del poder. Así, por el poder de la palabra hablada se emite la energía y por él se conciben los mundos, los cuales se pueden construir o destruir. Es el centro de poder en el hombre y la mujer. Los 16 pétalos o frecuencias corresponden al modelo de pensamiento de la pirámide (cuatro pétalos de cada lado), que representa el poder de la precipitación: la palabra encarnanda, el Espíritu volviéndose tangible en la Materia. Este chakra es el centro de la llama azul y el plano heliográfico interno de la Voluntad de Dios. Es la clave para abreviar los días de los elegidos, lo cual dijo Jesucristo que ocurriría (Marcos 13:20). El acortamiento de los "días" o ciclos del karma ocurre a través del uso correcto de la palabra hablada. Cuando decimos el nombre de Dios YO SOY seguido de afirmaciones de Luz, comenzamos el proceso de la transmutación. Cualquier palabra que procede del chakra de la garganta se crea en la forma, para bien o para mal, por la acción del poder de la palabra hablada. Su uso científico es la verdad que te liberará cuando la apliques diligentemente todos los días. Chakra del corazón. Tercer Rayo, nombre sánscrito, Anahata, color rosa. Es el chakra más importante. Sus doce pétalos rodean la Llama Trina de Poder, Sabiduría y Amor. La energía de la vida que ha descendido a ti desde tu Presencia YO SOY por el cordón cristalino y a través del bendito mediador, el amado Yo Crístico, se distribuye desde el chakra del corazón a los otros seis chakras mayores y a los cinco chakras menores (de los rayos secretos), y de allí a todas las células y centros nerviosos en los cuatro cuerpos inferiores.
Es en el corazón donde los fuegos rosados del amor arden vivamente. Es la sede de la conciencia iluminada y de la autoridad de la Voluntad de Dios, que haces tuya a través del discernimiento del amor y de la verdadera discriminación de la sabiduría. Tu corazón es un foco del Gran Sol Central. Así lo hizo Dios. Cuando mantienes el corazón en la vibración del amor de Cristo, en compasión por toda vida, descubres que toda la vida es una. Pues de la Llama Trina son los asuntos de toda vida que conducen a la fuente Divina.
La Llama Trina de la vida hace de tu corazón una replica del corazón de Dios. Es tu potencial para convertirte en la plenitud de todo lo que es tu YO Real. El núcleo de fuego blanco, del cual emana la llama, es la totalidad del Dios Padre-Madre, el Alfa y Omega que manifiestan el principio y el fin de de todos los ciclos de tu existencia.
Chakra del Plexo Solar. Sexto Rayo, nombre sánscrito: Manipura, se encuentra localizado en el área alrededor del ombligo, su color es morado y oro; es el chakra del amado Jesús el Cristo. Tiene diez pétalos. Es la maestría del cuerpo emocional y del agua. El plexo solar "lugar del sol" es el centro del sentimiento, donde empleamos la energía de la emoción como la energía de Dios en movimiento, para alcanzar la paz de la conciencia Divina, la paz del ascendido Jesucristo. Cuando tu plexo solar esta calmado, tienes el poder de la paz. Al usar todo el potencial del cuerpo del deseo, tienes el momentum total del "océano pacifico", de agua moldeada en una matriz de amor. La llama morada y oro es el deseo de Dios, de ser Dios dentro de ti. El poder del deseo de Dios se manifiesta a medida que elevas la energía desde el plexo solar hasta el nivel de la garganta y emites este fíat, tal como lo hizo Jesús: "¡Paz aquiétate!". A través de la palabra hablada, una onda de luz pasa sobre todo el planeta, logrando que átomos y electrones se alineen con la llama del Príncipe de la Paz. Chakra de la Sede del Alma. Séptimo Rayo, nombre sánscrito: Svadhishthana, color violeta, está localizado entre el chakra del plexo solar (ombligo) y el chakra de la base. Es el chakra de la era de Acuario y es el punto focal por el cual la energía de Dios se concentra para la procreación, mediante la unión del semen y del óvulo; el semen del hombre y el óvulo de la mujer. Este chakra es el lugar donde el alma está anclada al cuerpo etérico (de la memoria) y al cuerpo físico. Este es el chakra de la libertad, el Fuego Violeta de la libertad, que es el séptimo rayo de Saint Germain. Por medio de la ciencia de la palabra hablada, puedes dirigir la Llama Violeta, acelerador del Espíritu Santo hacia el cúmulo de karma registrado en el Cinturón electrónico subconsciente. Y puedes sentir como la llama renueva el pensamiento y sentimiento, liberando al alma para que se convierta en todo aquello para lo cual Dios la creó. Los seis pétalos del chakra del alma representan la estrella de seis puntas de la victoria. Ellos gobiernan el flujo de la luz y de los patrones kármicos en los genes y los cromosomas, así como en el esperma y el óvulo del hombre y la mujer.
Chakra de la Base de la Espina. Cuarto Rayo, nombre sánscrito: Mooladhara, color blanco, está localizado justo en el cóxis. Es la llama de la pureza y la llama de la Madre Divina en los cuatro cuerpos inferiores y es la energía que controla la reproducción misma. Este chakra es la cuna de la Madre. Sus cuatro pétalos establecen el patrón para el florecimiento de la llama de la Madre en cada uno de los cuatro cuerpos inferiores. Todo nuestro universo físico es una manifestación de la Madre, porque es el punto de focalización del Espíritu en la Materia. Desde ese punto, el alma (el potencial femenino del hombre y la mujer) se eleva para la reunión de la Madre con el Padre en la coronilla, lo cual genera al hijo, Cristo, en el centro del corazón. Cuando tienes el dominio del chakra de la base, alcanzas la conciencia omnipresente de la Madre Maria. Y es el fuego blanco de la Madre el que te da el poder de estar en todas partes simultáneamente en la Tierra. El autodominio del chakra de la base de la columna es el secreto de la bilocación y levitación de los santos. En el Oriente, su fuego se conoce como Kundalini.
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