La ciencia y el cerebro 12

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
1ª parte 2ª parte 3ª parte 4ª parte 5ª parte 6ª parte

DE Philippe L.E. Panchout
philpaninvcer[arroba]hotmail.com
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
ISBN 98743-5929-3

9. Memorias conceptuales.
Después de alrededor de un año de vida, un bebé empieza a balbucear unas palabras, asociando sonidos con hechos, objetos o abstracciones. Es decir, comienza a formar y memorizar conceptos.
De aquí en adelante, el autor llamará concepto la relación y asociación entre dos o varios datos, provenientes de zonas receptoras de diversa índole. Por ejemplo, una palabra puede ser considerada como una representación conceptual, es decir que la serie de conceptos que la componen, es constituida por la serie de datos de orden auditivo procedente de la zona receptora auditiva, que constituye su representación auditiva, se asocia con otra serie de datos proveniente de otra zona sensorial que sea visual o táctil, gustativa u olfativa, o correspondiente a algún órgano muscular u otro que forman a su vez otro tipo de representación.
Vamos a analizar, en este capítulo, el proceso de formación de conceptos, en el encéfalo humano, al igual que algunas de sus consecuencias más directas sobre el desarrollo del pensamiento.
Cuando un ser humano entra en contacto por primera vez, a través de dos o varias clases de sus distintas neuronas sensitivas con algo, empieza inmediatamente a formar conceptos sobre él. Por lo tanto, se puede deducir que en el cerebro humano se pone en funcionamiento un mecanismo de tipo asociativo.
Por supuesto, para un ciego, los conceptos se forman entre sus diferentes memorias excepto las visuales. Para simplificar el texto, el autor se limitará al estudio de los fenómenos mentales pertinentes a aquellos seres humanos que se encuentran en plena posesión de todas las capacidades inherentes a la especie. El autor no desmerece ni discrimina, por supuesto, a los que carecen del uso de algunos de los órganos naturales al género, sencillamente no quiere ser fastidioso repitiendo los mismos hechos con matices distintos.
A modo de reseña, es importante destacar que la carencia de empleo de algún órgano, aunque puede provocar la inhabilitación de las zonas cerebrales correspondientes a dicho órgano, no altera el resto del funcionamiento del encéfalo, ni tampoco al conjunto de su organización en sí. Es conocido y comprobado que cuando un individuo pierde momentáneamente el uso de algún órgano, el reinicio de su empleo puede exigirle algún tiempo de adaptación pero siempre puede retornar a un funcionamiento normal y adecuado, si el órgano en sí y la zona cerebral correspondiente pudieron recuperar su anterior funcionalidad. Lo que comprueba que, en primer lugar, la pérdida momentánea del uso de un órgano sin que el encéfalo esté afectado, no altera en sí el funcionamiento de este último.
Ya hemos visto que al recibir las señales energéticas provenientes de las diversas clases de neuronas sensitivas, las neuronas receptoras que les son asociadas las graban en forma cortoplacista, en sus propios genes correspondientes a la clase de señales captadas. Además, las transmiten inmediatamente, a medida que ocurre su llegada, a las otras zonas cerebrales con las cuales están relacionadas; pues ya sabemos que los procesos de grabación y de transmisión se efectúan simultáneamente. En particular, las transfieren a zonas situadas en el neo cortex, cuyas funciones ya fueron reconocidas y son habitualmente llamadas zonas de asociaciones. Por su parte, el autor llamará dichas áreas, las zonas conceptuales. Ya hemos visto también que las zonas conceptuales no son directamente relacionadas con las neuronas receptoras de las zonas receptoras sino con las neuronas intermedias relacionadas con estas neuronas receptoras que a su vez están relacionadas con las neuronas sensitivas. Lo comprueba el hecho de que cuando se toma contacto con un dato, anteriormente memorizado en asociación a su significado, es decir unido a otros conocimientos, primero se lo reconoce y luego se lo asocia con los datos que lo definen.
Merced, al hecho de que todos los impulsos captados por los receptores, que estén vinculados con células sensitivas para luego ser transmitidos a las neuronas sensitivas o directamente con estas últimas, llegan al cerebro presentándose de la misma forma, es decir, bajo el aspecto de señales energéticas de tipo electro-químico, tal como lo vimos en los capítulos anteriores. Por ende se pueden entonces asociar las señales de diversas procedencias que constituyen las diversas representaciones sensoriales de un mismo acontecimiento por ser de igual naturaleza.
Dicha asociación podría producirse solamente de tres formas distintas. En primer lugar podría fundarse en la sincronización de grabación de datos provenientes de distintas zonas receptoras en dos o varios grupos de neuronas. En segundo lugar podría basarse en la grabación coincidente de datos de diversa índole en una misma neurona pero en genes distintos. Finalmente podría establecerse en función de la grabación conjunta, superpuesta y sincronizada en un mismo tramo del genoma de una misma neurona, de las distintas clases de señales, provenientes de las neuronas intermedias asociadas con las neuronas receptoras situadas en las diversas zonas receptoras, sumándose entre sí de esta forma.
En la primera de estas tres hipótesis, respecto a una sincronización de grabación de datos de distintos orígenes en varios grupos de neuronas pertenecientes a memorias distintas, este sincronismo no ofrecería ningún misterio o imposibilidades de realización. Al contrario, se podría decir que resultaría ser absolutamente normal para los seres humanos, pues los acontecimientos de sus existencias son captados en forma simultánea por todos sus diversos órganos. Sin embargo, esta forma de relacionarse entre sí datos de diferentes procedencias implicaría, en el momento de la evocación de una de estas distintas representaciones mentales de un mismo acontecimiento, la lectura simultánea de los datos correspondientes en las otras memorias. Aunque podría imaginarse que las enzimas lectoras podrían tener una especie de código de reconocimiento, o alguna otra forma de comunicación que provocaría una simultaneidad de lectura, existiría necesariamente un desfase entre las lecturas de las diferentes memorias, ocasionado luego de la evocación de uno de ellos por la necesaria búsqueda de los otros datos correspondientes. También, el hecho de que un dato esté grabado en un grupo de neuronas, implica una cierta cantidad de señales energéticas con características particulares, pero el dato correspondiente en otro grupo de neuronas, tendría obligatoriamente una evidente diversidad de contenido. En efecto, los datos de diferentes orígenes sensoriales por estar formados por señales de frecuencias, amplitudes e intensidades específicas distintas una de las otras presentarían un problema muy complejo de ubicación y delimitación de cada uno. Sin contar las varias posibilidades de errores de distinta índole provocadas por la múltiples operaciones que implicaría el proceso.
En la segunda hipótesis, se infiere que los datos de diversas procedencias se grabarían en forma simultánea en las mismas neuronas pero en genes distintos, en función de sus diversas representaciones de tipo sensorial. Los problemas de comunicación entre las diferentes enzimas lectoras y su necesaria sincronización de lectura en estos diferentes genes serían los mismos que en la hipótesis precedente, con respecto a la lectura de varias zonas del genoma de neuronas distintas. En efecto, sería igualmente necesario ubicar los datos correspondientes y existiría también un problema de diversificación de señales muy complejo de resolver; sin considerar tampoco las múltiples fuentes de errores posibles que estos procesos podrían generar. La posibilidad, casi perfecta a menudo, de formar e invocar conceptos por parte de los seres humanos, implica un sistema de grabación, de estimulación y de lectura simultánea de los mismos que deja muy poco margen de error posible.
La material imposibilidad de realización de las dos primeras hipótesis implica obligatoriamente la validez de la tercera. Ésta alega que la grabación de las señales provenientes de los distintos órganos se produce en forma simultánea y superpuesta en los mismos genes activados destinados a este propósito de cada misma neurona de una misma zona.
Entre los varios hechos que permiten sostener y comprobar esta última hipótesis, se encuentra uno que tiene una particular preponderancia. En efecto la absoluta sincronización de lectura que genera la coincidencia de grabación en un mismo tramo del genoma de una misma neurona explica la inmediata y rigurosa evocación de datos de diferentes orígenes sensoriales relacionados con un mismo acontecimiento por parte de un ser humano adulto dotado de las características propias de su especie. En efecto cuando una persona escucha decir una palabra cuyo significado ya conoce, al escucharla de nuevo relaciona inmediatamente dicha palabra con dicho significado.
El proceso de formación de conceptos en las zonas idóneas cerebrales se efectúa entonces en función de diversas pautas. En primera instancia, las zonas receptoras conceptuales, correspondientes a las distintas clases de percepción, reciben al mismo instante los datos provenientes de las neuronas intermedias relacionadas con las neuronas receptoras de dos o más zonas receptoras. Dichos datos, por una razón obvia de coincidencia de ocurrencia, están relacionados entre sí por describir una misma vivencia del sujeto. Ahí, en segunda instancia, se graban en forma superpuesta sin que desaparezcan sus propias características por sus grandes diferencias de peculiaridades. Este modo de grabación se parece a la de una orquesta en un disco. En una primera etapa, se graban los diversos instrumentos separadamente en distintas cintas, luego se las junta grabándolas en una sola. Como cada instrumento produce sonidos con una gama de amplitudes y frecuencias distintas, se superponen sin perder su singularidad. De allí, que se puede reconocer el sonido de cada instrumento, al escuchar la cinta final, en este caso en función de la capacidad de selectividad humana.
No cabe duda, y la experiencia lo demuestra, que en el encéfalo, todos los procesos de memorización de las distintas clases de conceptos resulten idénticos entre sí. Como las señales provenientes de las neuronas sensitivas son sistemáticamente de orden electro-químico, aunque puedan tener frecuencias y amplitudes distintas entre sí, no pierden su propia identidad a pesar de que se superpongan.
También los hechos demuestran que en el caso de la captación de un dato de orden fónico y simultáneamente de otro de tipo visual se forman conceptos audio-visuales pues, escuchándose el sonido original se evocará inmediatamente su representación visual, o sino al ver el objeto a la cual correspondió en el momento de su grabación se rememorará inmediatamente la representación fónica que lo acompañaba.
Igualmente, podemos afirmar, con un gran margen de certeza, que los datos provenientes de cada órgano, que no participa directamente del sistema neurovegetativo, se encuentran archivado, con distintos predominios en por lo menos una zona conceptual cerebral. En efecto durante los estados de vigilia cualquier actitud requiere de la coordinación de la actividad de dos o varios órganos tal como hemos definido anteriormente el término y lo comprueba la realidad de los hechos. El autor insiste en hacer notar, por su extrema importancia para el entendimiento del funcionamiento del cerebro, que en las zonas conceptuales, se reciben datos provenientes de cualquier órgano, que no participa directamente del sistema neurovegetativo, asociándolos con datos provenientes de otros órganos y eso de tal manera que para cualquier órgano corporal existe por lo menos una zona conceptual que lo reciba. De aquí que pueden coordinarse la actividad conjunta de varios órganos, como lo demuestra la realidad de los hechos. Lo evidencia el hecho que la actividad muscular consciente, requiere sistemáticamente del trabajo de dos o varios grupos de músculos a la vez pues cada músculo necesita de otro u otros para poder efectuar sus funciones, el o los cuales pueden ser antagónicos o complementarios.
Existe un curioso y muy raro trastorno mental llamado sinestesia que se manifiesta por la aparente confusión de las percepciones sensoriales. En efecto los seres humanos que lo padecen al escuchar sonidos perciben colores o inversamente. Pueden también relacionarse otros tipos de sensaciones que los visuales y auditivos. En realidad, para el autor, no es que sufren de una confusión de los sentidos sino que se exterioriza en ellos en el ámbito consciente los conceptos que unifican los sonidos con las imágenes visuales en forma primaria. Es decir que no escuchan colores o ven sonidos sino que se forman en sus mentes conceptos que asocian los colores y los tonos musicales primarios y luego dichos conceptos logran llegar a su ámbito conciente merced a la evocación de uno de sus componentes. En verdad dicha asociación no tiene nada fuera de lo común en sí, sino que lo sorprendente es que se manifiesta en base a la unión de colores y tonos básicos, seguramente debido a un aprendizaje inhabitual. Esta sorprendente molestia comprueba sin dejar lugar a duda la existencia de las zonas conceptuales, pues es la única que explica la existencia y la persistencia de esta clase de asociación, es decir la dependencia de la recordación de un dato de una procedencia dada con respecto a otro de otro origen sensorial.
Se verifica además que las zonas receptoras de los datos que provienen de las neuronas sensitivas que integran los cinco sentidos humanos mandan señales a varias zonas conceptuales distintas con predominancias diversas merced al hecho que, como ya fue científicamente confirmado, las personas que sufrieron una lesión cerebral no mortal en una zona conceptual particular, no perdieron por eso la capacidad de formar y recordar conceptos de otras clases o con diferentes predominancias que incluyen los datos que formaban los conceptos generados en la zona afectada por la lesión. Lo interesante y notable de esta particularidad del encéfalo humano, de tener diversas zonas conceptuales que reciben una o varias clases de datos provenientes de las mismas zonas receptoras de lo sensorial, aunque en cada una de estas zonas conceptuales no se reciban exactamente las mismas clases de datos en su totalidad y con las mismas preeminencias, proviene del hecho de que cuando alguna de éstas se lesiona o incapacita, las otras zonas conceptuales compensan esta carencia y la gran mayoría de los conocimientos anteriormente adquiridos no se pierde, como lo confirman las experiencias científicas realizadas hasta la fecha de redacción de esta obra. No debemos olvidar tampoco que los aprendizajes se efectúan mayormente en base a los datos captados por dichas zonas sensoriales, pues son las que permiten principalmente el contacto con el medio ambiente de los individuos. Aunque parte de los aprendizajes se realizan también, en general en el ámbito consciente, en base al propio funcionamiento cerebral, llamado comúnmente pensamiento, es decir del uso de los sentidos en forma indirecta.
Merced al hecho de que un ser humano pueda recordar un concepto, como lo verifica la experiencia, relacionado con cada zona sensorial donde los datos procedente de ésta tengan preeminencia, significa que existe por lo menos una zona conceptual para cada tipo de órgano sensorial donde los datos generados en éste sean los dominantes.
Con respecto a los datos de tipo simbólico o abstracto, como están sistemáticamente registrados en la mente sobre la base de la forma de su aprendizaje, éstos se encuentran entonces grabados en las zonas memoriales que responden a las zonas cerebrales relacionadas con dicha forma de aprendizaje. En el caso que se encuentren grabados en forma conceptual con datos que esclarezcan su significado o ayuden a su comprensión, su invocación implica la estimulación automática de los conceptos que se les relacionan, provocando así su inmediato "entendimiento".
La existencia, probada, de memorias de corto plazo y de otras de largo plazo que conciernen todas las clases de conocimientos adquiridos implica no sólo esta clase de dicotomía en las memorias de los datos pero también en las de los conceptos. Lo evidencia el hecho de que cuando se toma contacto con conceptos aprendidos en anteriores estados de vigilia, como una palabra, en primer lugar uno se da cuenta si los conocía de antes, y luego se los asocia con los demás datos, en el caso de una palabra con la representación adjunta. Eso implica a su vez la existencia de neuronas que llamaremos neuronas conceptuales receptoras, pero también de neuronas que llamaremos neuronas conceptuales intermedias. Estas últimas, de la misma manera y por las mismas razones que hay neuronas intermedias que participan de las zonas receptoras, también integran las zonas conceptuales donde se encuentran las neuronas conceptuales receptoras con idénticas ubicación con respecto a ellas y funciones similares, pues constituyen el asentamiento de las memorias de largo plazo de los conceptos.
Por supuesto los conceptos que se forman en base a un aprendizaje son siempre aprendidos, aunque estén formados únicamente por la unión de datos de tipos instintivos, pues la creación misma de estos conceptos implica un aprendizaje.
Con respecto a este tipo de conceptos, el autor subraya que no se tiene que confundir entre las señales energéticas que producen la activación de las neuronas que integran las diversas zonas de datos instintivos con las señales energéticas producidas por dicha activación. Las primeras constituyen nada más que factores iniciadores mientras que las segundas son consecuencias de dicha activación. Cuando el autor nombrará de aquí en adelante los términos "dato instintivo", o "instintivo" mencionará únicamente estas primeras mientras que cuando citará los términos "dato genético" o "genético" se referirá a la activación en sí y a sus consecuencias. Además, nombrará zonas de datos instintivos las zonas constituidas por neuronas cuyos genes activados corresponden a la expresión de alguna clase de dato genético. Es decir que la recepción del dato instintivo que le corresponda por parte de estas neuronas provoca por parte de éstas la emisión de las señales que corresponden a un dato genético. En función de estas definiciones los datos, que integran los conceptos aprendidos, que activan la lectura de los datos genéticos en las neuronas idóneas son designados por el autor por la calificación de datos instintivos.
Al igual que los datos, y por ser engendrados a partir de la unión de éstos, cada concepto es constituido por señales energéticas que son recibidas, procesadas y transmitidas por un gran número de neuronas a la vez, y en forma simultánea.
El mecanismo de recordación de los conceptos se divide en varias etapas. Para su mejor entendimiento se tomara como paradigma los de orden visual. Considerando que cuando se lee en un diario una palabra conocida con antelación, es decir anteriormente grabada en las memorias conceptuales de largo plazo idóneas, se producen estos varios procesos. Al principio, después de pasar por las neuronas receptoras de las zonas relacionadas con los órganos visuales, donde se graba, la serie de datos penetra en las memorias de largo plazo correspondientes estimulando los datos apropiados anteriormente grabados, provocando así su lectura. Luego, las señales energéticas así generadas ingresan en las zonas conceptuales de orden visual. Seguidamente, pasan por las neuronas receptoras de dichas zonas conceptuales, donde se graban, y luego entran en las neuronas intermedias de dichas zonas donde son leídas. Los conceptos ahí grabados, luego de pasar por las zonas de los comportamientos son transferidos a la zona del consciente, lo que permite en primer lugar al lector recordarse inmediatamente haberlas leídas anteriormente, merced a la recordación generada por la lectura realizada en la zona receptora, y luego, en segundo lugar, acordarse de su significado, merced a la recordación de los conceptos relacionados con ella que se hizo en base a la lectura de los conceptos precedentemente grabados en las diferentes zonas conceptuales. Por eso, a la lectura de una palabra ya conocido, en primera instancia el lector la reconoce y luego se acuerda de su significado. Evidentemente, el proceso es el mismo cualquiera sea el órgano, o los órganos, receptores de estimulación de origen interior o exterior, que estén integrado por neuronas, o células sensitivas y neuronas asociadas, que transmitan datos a las neuronas receptoras cerebrales idóneas.
En resumen, los conceptos se forman merced a la suma en forma superpuesta de las señales energéticas provenientes de diversas zonas receptoras, gracias al hecho de que dichas señales son del mismo orden electro-químico. También hemos visto que las señales provenientes de todos los órganos humanos participan de, por lo menos, la formación de un tipo de concepto y con respecto a los sentidos de la formación de múltiples tipos de conceptos entre los cuales se encuentra uno donde cada uno tenga preeminencia.

10. Dominancia y principales consecuencias

de la existencia de los conceptos.

Vamos a estudiar en este capítulo el fenómeno de la dominancia en los conceptos, cuya importancia fundamental podremos verificar más adelante. Luego analizaremos algunas de las consecuencias directas de la existencia de aquella.
La lectura de un concepto depende de la activación de sus componentes, la cual depende por supuesto de la intensidad de las señales energéticas que las integran. Por ende, las que tienen más predominancia energética son las que tienen más posibilidades de ser más fácilmente activadas que las otras, y también las que más sobresalen en la lectura del concepto que integran. La predominancia de una componente de un concepto sobre las otras que lo componen depende fundamentalmente de la mayor intensidad de las señales energéticas que lo componen en comparación con la de las otras.
Dicha predominancia puede tener varios orígenes.
Cuando de una zona receptora llega una cantidad mayor de dendritas o axones a una zona conceptual, sea porque esta zona contiene un número más elevado de neuronas, o porque éstas tengan un número más elevado de dendritas por neuronas, o por estas dos razones a la vez, la posibilidad de formar conexiones por parte de la zona que provee el más elevado número de dendritas y, o, de axones, es más grande que la que provee una menor cantidad y por ende la primera tiene una mayor posibilidad de preeminencia que la segunda.
También, la posibilidad de conexiones interneuronales depende de la distancia entre las neuronas; más cercana se encuentra una neurona de otra más posibilidades de formarse conexiones entre las dos existen en consecuencia a las leyes de probabilidad. Por ende, más cercana se encuentra una zona conceptual del centro de confluencia de las terminaciones de los apéndices provenientes de las neuronas intermedias de una zona receptora que de las otras con las cuales está conectada, más posibilidades de establecer conexiones tiene la más próxima que las otras.
Otro motivo muy importante que justifica tal predominio se encuentra en el hecho de que para una clase particular de datos existe una cantidad superior de receptores asociados con las neuronas sensitivas de un cierto tipo que para otra clase de neuronas sensitivas; lo que implica automáticamente no sólo una gama más amplia de variación de frecuencia de las señales sino, además, una posibilidad de mayor amplitud de energía de esta clase de datos con respecto a las demás. En efecto, la intensidad de las señales energéticas transmitidas por las neuronas intermedias de las zonas receptoras corresponde a la intensidad de la recepción, es decir a la de los estímulos captados por las neuronas sensitivas con las cuales están relacionadas. Dicha intensidad por depender de factores exteriores al individuo se presenta entonces en forma aleatoria.
Resulta evidente que la intensidad de las señales energéticas juega un rol preponderante en la predominancia de un tipo de señales con respecto a otros en las zonas conceptuales donde se juntan, pues es esta misma la que determina dicha preeminencia. Más intenso es un estímulo con respecto a los otros, que se perciben en forma simultánea, más se destacará sobre estos otros. Es decir más intensa es la energía de la señal generada en base a este estímulo particular, con respecto a la de las otras, más predominará sobre los conceptos que se formaran en base a ellos.
Se podría suponer que los genes activados implicados podrían, merced a una especialización particular, marcar o generar este predominio. Pero, el autor cita esta suposición como una posibilidad muy poco probable porque no considera que la activación de un gen en especial pueda tener una influencia real sobre el nivel de energía que pueda acumularse en sus hidrógenos de enlace, simplemente porque la producción de energía de una neurona es independiente de su genoma en sí, sino de sus otras capacidades celulares, como las de las mitocondrias o de su concentración iónica.
Por supuesto, la intensidad de la energía de las señales que forman los conceptos tiene que ser proporcional a la intensidad con la cual las neuronas de las zonas receptoras las reciben y transmiten. En caso contrario, los datos se verían distorsionados en sus esencias.
A partir del momento en que existe distintas clases de cosas y que éstas se diferencien en base a una medición, ésta genera necesariamente y obligatoriamente, una escala de valor, la cual implica la existencia de una preeminencia y de una inferioridad. En consecuencia a esta indiscutible evidencia y en función del hecho de que las componentes de un concepto tienen niveles de energía que pueden ser variables y distintos, una de dichas componentes, obligatoriamente, en algún momento prevalece sobre las demás. Por tener niveles de energía también variables, cada componente tiene la posibilidad de ser dominante cuando su nivel propio de energía supera el de las demás. Evidentemente cuando dos componentes poseen niveles de energía exactamente coincidentes ocupan el mismo rango en la escala de valor determinada por la existencia de los diferentes niveles energéticos de cada componente de un concepto en el momento de su ocurrencia. En función de estos preceptos es obligatorio admitir la existencia de la preeminencia de una componente de un concepto sobre las demás cualquiera sea.
Se puede considerar que la principal componente de un concepto constituye, en el ámbito energético, la portadora de las otras. De la misma manera que en las ondas radio de alta frecuencia hay una onda portadora.
Numerosos argumentos demuestran el fenómeno de la preeminencia en el ámbito consciente de un concepto de una clase de datos sobre los otros. Entre ellos se encuentra el hecho de que el dato que más se destaca cuando uno se acuerda de un concepto, resulta ser, sistemáticamente, el dominante. También, si se trata de evocar un concepto, resulta siempre más fácil hacerlo a partir de la remembranza del mismo dato, que es invariablemente el dominante.
La existencia misma de los conceptos implica que si se estimula y lee, por medio de una enzima especial, una de las componentes de éstos, se estimulará y leerá el conjunto de las señales que los conforman. De aquí que, cuando se mira un objeto conocido su nombre venga en general inmediatamente a la memoria, y a veces algunas de sus otras particularidades que fueron memorizados cuando se lo identifico por primera vez o visto algunas otras veces. El autor considera este hecho como fundamental para la comprensión del funcionamiento del encéfalo. En efecto, y la realidad del hecho lo comprueba, la lectura de uno de los constituyentes de un concepto, que llamaremos iniciador, provoca la del concepto en su totalidad, merced a la forma íntima de asociación de datos que lo forman.
Debemos tomar en cuenta que, fundamentalmente, el factor iniciador de la lectura de un concepto, puede ser un único dato o una componente de otro concepto entrante. Por eso es que la remembranza de una palabra que incluye el recuerdo de varias clases de datos puede provocar a su vez la evocación de otra, que también puede incluir el recuerdo simultáneo de datos de distintos órdenes.
Además, el factor iniciador de la lectura de un concepto puede no ser su principal componente. Por esta razón un hecho o un objeto anodino pueden a veces provocar el recuerdo de un acontecimiento importante que lo incluyó. Por supuesto cuando un concepto fue anteriormente grabado con una componente dominante, o principal, su posterior recordación hará que dicha componente quede como tal. Es decir que aunque un concepto puede ser leído merced a un factor iniciador que no es su principal componente, al ser así recordado, su componente dominante seguirá siendo el dominante de éste en el momento de la lectura, merced a su nivel energético superior al de los demás que lo integren. No hay que olvidarse que la adición de energía que provoca la lectura se produce en función del conjunto y no de la señal que sirve de factor iniciador; hecho por el cual aunque el factor iniciador no sea el dato dominante, este último seguirá siendo el mismo independientemente de la cantidad de veces que el concepto sea leído en función de dicho factor iniciador no dominante. Por eso es que cuando una persona conoce otra que puede ser el más gran amor de su vida y en este mismo momento escucha una melodía anodina, al escucharla de nuevo, quizás años después, se acordará del encuentro, y aunque se siga recordando numerosas veces este mismo acontecimiento escuchando la melodía en cuestión, el factor dominante del recuerdo seguirá siendo el encuentro en sí. Este hecho, probado por la experiencia, es fundamental para el control de la energía emitida, como lo veremos más adelante.
Debemos tener en cuenta que durante el estado de vigilia la actividad de las zonas conceptuales es incesante. Incluido cuando una de las zonas receptoras de datos parece estar aparentemente inactiva. Como cuando se cierran los ojos, pues igualmente se ve un contexto oscuro, lo que significa que se ve algo. Ya hemos visto que durante dichos estados las zonas receptoras de datos no paran nunca de mandar las señales energéticas correspondientes a las zonas conceptuales. Merced a que éstas no cesan de procesarlas, eso permite entre otras cosas recordarse el significado de lo anteriormente aprendido, es decir de asociar en el ámbito consciente diversas clases de datos. Este hecho es fácil de comprobar pues una interrupción del proceso de conceptualización significaría la pérdida total de la capacidad de relacionar los objetos y hechos entre sí, así que el entendimiento del contexto y de los acontecimientos captados por el individuo. Lo que se notaría inmediatamente.
También se tiene que destacar, una vez más, que la recepción de las señales energéticas en las neuronas conceptuales implica su automática transmisión a las demás neuronas, con las cuales están relacionadas por medio de sus apéndices neuronales, por la obligada circulación de un flujo de energía en un medio conductor, tal cual lo hemos visto anteriormente.
Asimismo, al igual que el autor no tomó en cuenta la existencia de caminos neuronales de recorridos alternativos de las señales a partir de un cambio en las conexiones neuronales que seria provocado por el contenido de los datos que las atraviesan, en las neuronas que integran las zonas receptoras, tampoco considerará esta posibilidad con respecto a las neuronas de las zonas conceptuales, y por las mismas razones.
Uno de los resultados más interesante de la existencia de las zonas conceptuales es la posibilidad de concentrar la atención sobre un punto en particular de dos órganos sensoriales del mismo tipo, que procede del hecho de que los mamíferos poseen algunos órganos sensoriales en dobles ejemplares, como los ojos o las orejas. Al encontrarse en el encéfalo humano zonas receptoras propias a cada uno de estos órganos naturalmente, en consecuencia, se encuentran zonas con características conceptuales particulares donde se asocian estas dobles recepciones de datos.
Esta concentración se logra en función de un aprendizaje, que ocurre en los primeros meses de vida, es decir luego del nacimiento, del bebé. En el caso de la vista, ésta se aprende, merced a un comportamiento inicialmente instintivo, que permite controlar los músculos directores de los movimientos oculares de tal manera que estos últimos puedan tener un mismo punto focal. Luego, aunque dicho control pueda parecer totalmente genético, depende en realidad de un aprendizaje pues ofrece ulteriormente la posibilidad al individuo de cambiar su punto focal a voluntad. En el caso de la visión ocular esta zona conceptual especial se ubica en la zona diecisiete de Brodmann, es decir en la cisura calcarina situada en el extremo de la zona occipital del encéfalo.
La teoría del autor respecto a la existencia de las zonas conceptuales explica de una forma relativamente sencilla una de las incógnitas más interesantes de la paleontología moderna.
En efecto, se ha constatado sobre todo merced al estudio de los restos del niño de Turkana, que pertenecía a la especie del homo ergaster, bien anterior a la aparición del homo sapiens sapiens, que éste poseía una zona de Broca bien desarrollada pero un canal medular estrecho es decir que poseía supuestamente un centro cerebral del habla pero que no podía hablar por no poder controlar su respiración en forma adecuada.
En forma similar se ha constatado que las especies de australopitecos, poseían también dichas zonas de Broca aunque con un grado menor de desarrollo, pero que su grado de flexión basi-craneal correspondía a una alta posición de su laringe, lo que le imposibilitaba absolutamente el habla
Para entender esta aparente contradicción el Dr. Walter propuso que dicha zona corresponde también al control de los movimientos de la mano derecha pues se cree que estos seres prehistóricos controlaban bien estos movimientos por ser capaces de fabricar instrumentos primitivos, lo que explicaría entonces el desarrollo de dicha zona cerebral. También hubiera podido alegar que esta misma zona controla el pie derecho que participa del caminar recto en forma bípeda o el crecimiento del pelo en la parte derecha del cuerpo. Además, se sabe que el chimpancé que posee una capacidad craneal idéntica a la que tenían los australopitecos y un manejo bastante preciso de su mano derecha, carece aparentemente de zona de Broca. Aunque esta explicación resulta bastante divertida no deja de ser una incongruencia.
Para el autor, a la luz de sus teorías, las zonas de Broca y de Wernicke corresponden a zonas conceptuales donde se unen señales provenientes de las zonas sensitivas, con la particularidad que los conceptos ahí creados caracterizan los objetos, hechos o pensamientos de una forma muchísimo más precisa que la de los otros animales y en particular de los primates. Esta precisión se obtiene porque estos homínidos, al igual que los homo sapiens sapiens debían tener capacidades visuales totales mucho más amplias que las de cualquier otra especie animal, la cual es también, a nivel cerebral, directamente proporcional a la cantidad de neuronas concernidas. En realidad estas zonas existen en las otras especies de primates, de una manera tan rudimentarias que son imperceptibles, pero su desarrollo en los homínidos ha llegado a tal punto que forman verdaderas protuberancias. En efecto, si bien para un chimpancé dos objetos pueden ser parecidos, no dejan de ser dos objetos distintos. Mientras que el ser humano es capaz de relacionarlos entre sí catalogándolos es decir distinguiendo sus semejanzas y sus diferencias de una forma muchísimo más precisa que cualquier otra especie animal, porque justamente sus capacidades visuales son muy superior a las de éstos. Esta capacidad de distinción amplia basada en la conceptualización de varias clases de datos de origen sensoriales, y en particulares de los provenientes de las zonas relacionadas con los órganos visuales implica automáticamente un necesario gran desarrollo de las zonas conceptuales que las permiten. Por eso es que un daño en la zona de Wernicke impide el entendimiento de las palabras escritas pues impide su diferenciación a nivel visual. También un daño en la zona de Broca perturba la diferenciación de los sonidos. En base a esta teoría el autor afirma que los australopitecos tenían unas capacidades visuales muy superiores a las de los chimpancés actuales, lo que analizaremos más adelante.
También, otra consecuencia notable, resultante de la existencia de la formación de los conceptos, es el hecho de que un concepto puede tener componentes que sean otros conceptos a su vez. Resulta lógico darse cuenta de que si existen distintas zonas conceptuales que reciben las señales provenientes de dos o varias zonas receptoras unificándolas, existen además otras zonas que reciben las señales provenientes de estas zonas conceptuales, unificándolas también. En otras palabras, pueden formarse en la mente conceptos sobre la base de otros conceptos. De aquí que se pueda definir una palabra en función de otras que designen, cada una, relaciones entre varias clases de percepciones, que pueden ser distintas y particulares a cada una de ellas. Algunas de las facultades mentales más notorias del ser humano, como el poder de síntesis o de formar abstracciones, se arraigan en esta capacidad. Sin olvidar que se pueden efectuar ejercicios físicos complejos, que requieren la participación de numerosos órganos en su mayoría motores, merced a los conceptos que unen dichos órganos. Resulta indiscutible que existen varias clases de conceptos de conceptos, pues al igual que existen varias clases de conceptos que unifican, como lo comprueba la realidad de los hechos, dos o varias clases de datos distintos provenientes de las zonas receptoras, existe necesariamente una diversificación en los conceptos de conceptos.
La diversificación entre los conceptos de conceptos tiene su raíz en la morfología cerebral al igual que la diversificación de los simples conceptos. Hemos visto que los conceptos se forman por la unión de datos provenientes de zonas receptoras distintas entre sí en una zona particular a cada uno. Eso ocurre porque estas zonas conceptuales particulares se encuentran físicamente en la confluencia de las terminaciones de los apéndices neuronales provenientes de dos o varias zonas receptoras. Pero, por una razón de orden morfológica y por su número, que corresponde a la cantidad de órganos corporales, no existe una zona intermedia que separe los centros de confluencia de las terminaciones de los apéndices neuronales que provienen de todas las zonas receptoras, como lo demuestra la realidad de los hechos, sino varias zonas intermedias entre los centros de confluencia de dichas terminaciones de los apéndices neuronales que corresponden a dos o algunas más zonas receptoras. De aquí la diferenciación entre los conceptos y su diversificación de preeminencias. Existen también diferenciaciones de conceptos de conceptos, y preeminencias de una de sus componentes con respecto a las demás, por las mismas razones. El autor llamará los conceptos de conceptos simplemente conceptos por ser en fin de cuenta constituidos en base a la unión de datos, salvo en el caso que se necesite diferenciarlos entre sí. Por supuesto los datos generados en todos los órganos corporales participan de la formación de conceptos, hasta del cerebro mismo.
En resumen, La preeminencia de un dato sobre los demás que conforman un concepto, deriva del hecho de que éste posee el nivel energético más elevado, en el momento donde se graba por la primera vez, en comparación al de los otros. Esta particularidad implica que cualesquiera sean el nivel energético y la naturaleza del factor iniciador de la lectura de un concepto, el dato dominante conserva siempre su preeminencia. Entre las consecuencias más destacables de la existencia de las zonas conceptuales se encuentra el hecho de la formación de los puntos focales. Históricamente el desarrollo particularmente importante de ciertas zonas conceptuales permitió la aparición del habla en el ser humano. También, además de existir zonas conceptuales que unen datos existen igualmente zonas conceptuales que unen conceptos.
11. Constitución de los comportamientos.
Antes de examinar la constitución de los comportamientos vamos a analizar el mecanismo de dos pautas fundamentales del aprendizaje de cualquier elemento que sea un dato, un concepto o un comportamiento. Estas pautas son: la disociación del contexto por un lado y el significado por otro. Luego veremos como se originan los comportamientos aprendidos en el cerebro humano.
La primera de estas dos pautas atañe a la comprensión de como se inicia un aprendizaje cualquiera sea. Hay que darse cuenta de que existe un proceso muy importante que es el de la disociación de algo de lo que lo rodea. Sabemos que la repetición de la lectura de un mismo elemento, en distintos contextos, provoca un aumento substancial de la energía de las señales precedentemente grabadas que lo constituyen. Lo que facilita notablemente sus futuras recordaciones. Mientras que cada contexto por haber sido grabado en una sola o muy pocas ocasiones es más difícil, y a veces casi imposible, de evocar. Por ejemplo, si una persona enseña a un niño una fotografía que representa una vaca y le dice: "este cuadro representa una vaca". Y, poco después ve una publicidad por la televisión donde se enseña una imagen de dicho animal, designándola como una vaca. Luego, el niño ve este mismo animal en una pradera y un campesino le dice: "este animal es una vaca". El término "una vaca" asociado a la visión del animal será el único dato fácil de recordar. Mientras que los contextos de la persona y el cuadro, el televisor o el campesino y la pradera serán más difíciles de rememorar.
Este aprendizaje basado en repeticiones de un mismo elemento que sea dato, concepto o comportamiento en distintos ámbitos, tiene un efecto separador de éste con respecto a los demás que constituían los diferentes contextos que lo rodearon. Le permite la disociación de los elementos aprendidos de sus contextos de aprendizaje. El autor considera como muy importante hacer notar que este fenómeno de la disociación es inherente no sólo al aprendizaje de datos pero también de conceptos y de comportamientos. Por ende cada elemento así aprendido se vuelve una verdadera unidad autónoma.
También, con respecto al proceso de la disociación, es importante observar que se le agrega a menudo otro fenómeno, que constituye la segunda pauta más importante de los procesos de aprendizaje, que es el significado; el cual se asienta simultáneamente sobre el fenómeno de la disociación y el de la asociación. Hay que considerar que el conocimiento del significado no implica en absoluto el de su comprensión en el ámbito consciente. Pues, el hecho de asociar la palabra caminar con los movimientos musculares que permiten esta forma de desplazamiento no implica la comprensión absoluta del porqué ni del como se realiza dicho comportamiento.
El aprendizaje del significado se asienta también sobre la repetición del hecho. En efecto, durante su aprendizaje del lenguaje materno el bebé se basa, en forma instintiva, en la repetición de la asociación de cada palabra con una serie de palabras o datos que puede ser constituida por una o uno sólo, para finalmente aprender su significado. A nivel cerebral esta asociación consiste en realidad en formar series de dos o más conceptos, que le permiten identificar en el ámbito consciente el primero con el o los otros que constituyen sus significados. Es decir, por ejemplo, en asociar en forma unitaria la serie de señales energéticas que constituye la palabra caminar con la serie de señales energéticas que constituyen los datos generados por las neuronas que rigen los diversos músculos que participan del andar. Siendo, la serie así formada, considerada y tratada como una unidad. Este tipo de asociación consiste en unificar un dato de un tipo dado, con uno o varios otros, de cualquier origen, que lo delimitan y lo definen en el plano consciente. En este último ejemplo era una palabra que fue asociada con movimientos.
Para un adulto, el aprendizaje en forma audio-visual de un segundo idioma conlleva en sí mismo, en primer lugar, el aprendizaje de la diferenciación de las palabras y frases entre sí, como lo confirma la experimentación. Luego, en segundo lugar, el necesario entendimiento del significado de las palabras que conforman el lenguaje que se quiere adquirir, asentado en la asociación de cada palabra del nuevo idioma con su significado es decir con la o las palabras equivalentes de su idioma materno.
Ahora que hemos analizado dos del las pautas más importantes del aprendizaje de cualquier tipo de elemento, vamos a analizar la formación de los comportamientos.
En el estado de vigilia los conceptos se forman como ya sabemos de una manera continua y sucesiva. Este mismo estado implica sin lugar a duda el funcionamiento de los sentidos y del resto de los órganos entre los cuales se encuentran los músculos, que se quedan generalmente en reposo, aunque a veces puedan realizarse movimientos esporádicos, durante el estado de sueño, como lo vamos a ver más adelante.
Por supuesto, al igual que existe la predominancia de un tipo de dato sobre los otros, con los cuales se forma un concepto dado, existe también la predominancia de un tipo de concepto sobre los otros que participan de la formación de los conceptos de conceptos.
En algunas zonas cerebrales bien definidas, conceptos provenientes de diversas zonas conceptuales, donde se generan permanentemente en los estados de vigilia, se suman continuamente, y sucesivamente, en forma conceptual. Entre los conceptos así creados se encuentran series de ellos que determinan diferentes conductas del ser, no obligatoriamente en el ámbito consciente como lo veremos más adelante. Estas zonas particulares son, entonces, zonas generadoras de comportamientos y por ende, el autor las llamara zonas de los comportamientos aprendidos. A su vez, los conceptos que se engendran en las zonas de los comportamientos aprendidos serán llamados conceptos generales.
Estos conceptos generales pueden ser sólo de orden aprendidos o mixtos por engendrarse a partir de los datos instintivos que conciernen las zonas de datos instintivos y de datos aprendidos provenientes de las zonas receptoras. Se analizará en el capítulo siguiente el origen de la relación existente entre los datos instintivos y los genéticos.
Ahora, solamente tenemos que acordarnos que los conceptos genéticos y los comportamientos genéticos son directamente inscritos en el genoma y por ende no se forman en base a datos, sino que existen como tales en forma innata. Mientras que un concepto que se forma únicamente en base a datos instintivos tiene que ser considerado como aprendido simplemente porque fue creado en base a un aprendizaje, aunque el autor por distinguirlo de las otras clases de conceptos lo llama de orden instintivo. Para distinguir un concepto aprendido compuesto únicamente por datos aprendido de otro integrado por datos aprendidos e instintivos se llamará al segundo, aunque sea igualmente aprendido, un concepto de orden mixto.
También debemos acordarnos que las neuronas receptoras reciben los datos de las neuronas sensitivas que los produjeron en función de estímulos generados en función del medio externo o del desarrollo interno al individuo mismo. Cuando un individuo adopta una conducta particular los distintos datos, que la engendran, reflejan cada uno alguna faceta de esta conducta. Pues se producen no solamente en función del actuar del individuo pero además, obligatoriamente, en función de un contexto; que depende de una situación relacionada con un momento, un lugar y un estado del ser. En otras palabras cuando un comportamiento genera una conducta por parte del individuo, esta conducta se realiza en función del contexto en el cual se encuentra dicho individuo. Es decir que todos los comportamientos aprendidos humanos aunque sean puramente mentales se basan obligatoriamente en aprendizajes lo que significa que a pesar de que los conceptos generales que los conforman son engendrados en base a datos instintivos y aprendidos, por estar relacionados con el medio ambiente del ser y la condición de éste cuando se generan, son únicamente de tipo aprendido o de orden mixto.
En el ámbito consciente, los períodos donde se forman las series de conceptos generales que no constituyen comportamientos, equivalen a momentos de inactividad, es decir de reposo. Una persona acostada sobre una cama mirando una película por televisión se encuentra en estado de reposo muscular y a menudo analítico, actitudes que corresponden a la ausencia de dos clases de comportamientos aprendidos distintas como lo vamos a ver más adelante. A nivel neuronal para una o varias clases de comportamientos aprendidos, a lo largo de estos períodos, los conceptos generales generados en las zonas correspondientes poseen bajos niveles de energía tales que prácticamente no se manifiestan en el ámbito consciente. Mientras que, a menudo, una o varias otras clases de comportamientos aprendidos dominantes sí, se hacen notar en el mismo ámbito.
Se tiene que destacar que por definición lo que el autor llama reposo atañe solamente a los comportamientos.
Aunque puede concernir una sola clase de comportamientos siendo así parcial. Sino, se especifica como total cuando concierne el conjunto de todas las clases de comportamientos. Se tiene que destacar que el estado de reposo total duradero en el estado de vigilia ocurre raramente en un ser humano pues implica un verdadero cese de actividad a nivel muscular y mental, que puede corresponder a algunas formas de catalepsia, como la que alcanzan algunos yoguis.
En contra parte, el estado de reposo no se refiere a las actividades neurovegetativas pues como lo vamos a ver más adelante éstas no son engendradas en base a comportamientos sino en base a datos genéticos. Lo que significa que un individuo puede estar en estado de reposo parcial o total mientras que su sistema neurovegetativo está en pleno funcionamiento.
Los comportamientos aprendidos siendo, por definición, series de actividades unitarias y coordinadas entre sí, que participan de un único hecho, o conducta, están constituidos como lo acabamos de ver por series ordenadas de conceptos generales que representan cada uno una actividad particular. Pueden ser de orden mixto es decir compuestos por componentes instintivos y otros aprendidos, o únicamente por aprendidos.
La capacidad de conceptualizar datos o conceptos de origen aprendido con otros instintivos para formar conceptos y luego comportamientos mixtos, es probada merced a que posibilita el control, aunque a veces indirecto, de órganos que naturalmente funcionan de una manera genética, es decir en este caso imposible de controlar directamente en el ámbito consciente. Este control se puede realizar gracias a la activación del comportamiento aprendido incriminado por medio de la activación de los datos o conceptos aprendidos que lo integran. Tal es el caso de algunos músculos lisos o de algunas glándulas. En efecto, el hecho de pensar en comer un manjar, anteriormente probado, puede provocar la secreción de los jugos gástricos, o en una pareja amada acelerar el ritmo cardíaco. Al igual que pensar en un hecho que causó el llanto puede estimular las glándulas lacrimales. Lo que comprueba, además del hecho de que pueden activar los datos energéticos inscritos en los genomas idóneos de las neuronas adecuadas, también, que tanto los datos instintivos como los datos aprendidos son igualmente conformados por señales energéticas.
Mientras que los comportamientos genéticos son idénticos de un ser humano a otro, por estar inscriptos en sus genes, es decir innatos, los comportamientos aprendidos y de orden mixto, dependen de la historia y de las capacidades de cada ser humano. Corresponden, entonces, a lo que se denomina la personalidad de los individuos. Rigen y combinan la actividad simultánea y conjunta de parte o de todos los órganos del ser. Entre ellos el encéfalo mismo.
En función de la anterior definición se tiene que aclarar que, en tanto que los conceptos unifican datos de distintas orígenes de un modo unitario, es decir que contengan dos o más datos pero con la particularidad de no haya más de un dato que provenga de una misma zona de datos aprendidos o que esté relacionado con una zona de los datos instintivos, a la vez, sumándose en forma conceptual. Mientras que cada concepto general puede ser integrado, por un mismo dato, o un mismo tipo de dato incluido a la vez en varios de los conceptos que lo integran con distintas dominancias. Lo que implica que un concepto general puede ser conformado por uno repetido varias veces o por varios datos correspondiente a la misma clase de datos instintivos o provenientes de una misma zona receptora, o sino correspondientes a varias clases de datos instintivos y datos provenientes de varias zonas receptoras, o con todas estas variantes a la vez.
Cada tipo de comportamiento aprendido resulta ser compuesto por una serie de conceptos generales que pueden provenir de una sola o de varias zonas conceptuales. Aunque dicha serie pueda ser integrada por un único concepto general, por corresponder éste, de por sí sólo, a una conducta del ser. Por supuesto cada concepto general integrante de una serie puede ser distinto de los demás hasta puede ser del tipo aprendido o de orden mixto, independientemente del tipo de los demás.
Dicha serie puede también ser muy prolongada, por ejemplo nadar implica una sucesión de movimientos efectuados sin interrupción entre el momento que se empieza y el momento que se acaba, lo cual puede durar un largo plazo. Eso significa e implica que la lectura de cada concepto general perteneciente a dicho comportamiento implica la lectura del siguiente, hasta la lectura del último que lo integra.
Este fenómeno tan importante ocurre porque parte de los comportamientos aprendidos se graba como un todo, como una unidad, merced al fenómeno de la disociación y los demás que son compuestos por dos o varios comportamientos sucesivos se relacionan en función de un aprendizaje adecuado y la evocación del o de los conceptos iniciadores implica la activación de la totalidad del comportamiento así formado. Sin embargo, la realización o activación de esta sucesión de conceptos generales puede ser interrumpida en cualquier instante por un factor exterior al comportamiento en curso, como lo comprueba la experiencia.
Esta particularidad de los comportamientos aprendidos de ser compuestos por una serie de conceptos generales que pueden ser activados merced a la acción de un concepto o de una serie de conceptos que le sirven de estímulos iniciadores se enraíza en el origen mismo de los comportamientos. Efectivamente vimos en el primer capítulo que los comportamientos genéticos de los protozoos se iniciaban merced a una estimulación de procedencia exterior o interior al animal, y se desarrollaban merced a la lectura de un tramo bien delimitado de un gen del animal. Eso es posible porque forman un todo y que al empezarse una lectura del alineamiento, la enzima lectora puede cubrir los límites mismos del tramo del cromosoma contenido en el genoma, o del genoma mismo cuando forma una unidad no fragmentada, donde se encuentra grabado el esquema de comportamientos.
En el caso de los comportamientos genéticos humanos dicha lectura está sometida a las mismas reglas que las que rigen la de los animales que ocupan los eslabones superiores de las cadenas evolutivas. Seguramente por una razón de conservación de capacidades benéficas a las especies que constituyeron la cadena evolutiva que dio nacimiento a la especie. Tal como lo hemos constatado anteriormente.
Con respecto a un comportamiento aprendido o de orden mixto, debemos tener en cuenta, como lo confirma la realidad de los hechos comprobables, que se graba de tal forma que responde a tres maneras de activarse sus distintas partes, en forma sucesiva.
Puede ser, o merced al fenómeno de la disociación, en este caso gracias a un aprendizaje adecuado del comportamiento como una unidad, se necesita sólo un único elemento estimulador para iniciar y propiciar su lectura completa ininterrumpidamente de las señales energéticas que lo componen en los mismos tramos de las mismas neuronas.
O, en partes separadas pero relacionadas entre sí, porque el elemento estimulador iniciador es compuesto de una serie de conceptos que activan en forma sucesiva las distintas partes del comportamiento aprendido. Por ejemplo, cuando una persona dice: "voy a comer y luego a dormir" estos dos comportamientos aprendidos se cumplen entonces en forma sucesiva; la primera parte del factor iniciado sirviendo de factor iniciador de la primera parte del comportamiento aprendido total y, luego de la conclusión de su lectura, la segunda parte del factor iniciador sirviendo de factor iniciador de la segunda parte del comportamiento aprendido total, lo que implica que cada uno pueda estar ubicado en partes separadas en los genomas de las neuronas donde se encuentran inscritos, por haber podido ser aprendidas en forma separada. Hasta puede ocurrir que cada parte se encuentre en grupos de neuronas distintos. Por ende el comportamiento aprendido total puede ser compuesto por más de dos partes, sino por tantas parte como contiene el factor iniciador concernido que a su vez puede contener hasta un gran número de partes.
O sino, merced a un aprendizaje adecuado que, en función de un estimulo idóneo, une sus diferentes partes sucesivamente de tal manera que formen un todo. Cuando un hombre se viste a la mañana al ver un par de mocasines se los calza mientras que si ve un par de zapatos con cordones no sólo se los calza pero además anuda los cordones. En el segundo caso el comportamiento aprendido total incluye al primero sumándole un segundo. La diferencia entre la realización del primero y la de éste más un segundo, se origina en función del elemento iniciador. Evidentemente, se necesita un aprendizaje previo de la unión de los dos comportamientos aprendidos merced a la aparición del factor iniciador particular a la activación de los dos. A nivel neuronal, luego de lectura del último concepto general del primer comportamiento aprendido que acaba de ser leído se encuentra incluido en él un dato o un concepto que al ser activado se convierte, gracias a un aprendizaje anterior y en función del factor iniciador, en el iniciador del primer concepto general del segundo comportamiento aprendido que le sigue, que participa de dicho comportamiento aprendido total. Generalmente, en función de un aprendizaje anterior, el último concepto general de este segundo comportamiento puede volverse iniciador de un tercero, y así sucesivamente, etapas tras etapas se desarrolla el comportamiento aprendido global.
Se termina la ejecución de un comportamiento cuando se acaba la activación del último concepto que lo compone. Pero cuando un comportamiento es compuesto por la repetición de una misma acción, entonces su inicio se produce en función de un factor iniciador particular que incluye el o los conceptos que determinan directamente o indirectamente el final de dicho comportamiento. Se dice, por ejemplo, "voy a hacer tres veces eso", lo que implica que las dos primeras veces sirven de iniciadoras de la siguiente y la última acaba como tal. O sino se dice o piensa "voy a ir caminando hasta tal punto". Es decir que el hecho de recorrer caminando una cierta distancia conlleva por supuesto a efectuar pasos tras pasos, lo que implica que durante la caminata un paso sea, a su finalización, el iniciador del siguiente, y la toma de contacto con la meta de dicha caminata constituye el estímulo que marca el final del comportamiento.
Evidentemente, cada comportamiento aprendido puede estar inscripto en distintos grupos de neuronas, además de que cada uno de estos comportamientos puede también ser formado por partes separadas, como en el caso anterior.
Estas tres formas de activar comportamientos aprendidos explican una particularidad interesante del funcionamiento del cerebro humano. En efecto el aprendizaje de un nuevo comportamiento requiere obligatoriamente del aprendizaje simultáneo de un factor iniciador, que resulta ser en muchos casos una o varias palabras. Dicho factor tiene que ser específico y poseer el nivel energético adecuado. Sino se produciría, sea la activación de un comportamiento aprendido no deseado grabado con un nivel de energía superior a el buscado, o sea un problema de dispersión del la energía al activar un gran número de comportamientos aprendidos a la vez y, en consecuencia a la falta del nivel energético mínimo necesario, no se produciría la activación de la enzima lectora. El aprendizaje de un comportamiento aprendido particularmente largo y complejo, que no sea compuesto por la repetición de una única secuencia de movimientos de poca duración por ejemplo, precisa pues del de un factor iniciador particularmente largo y específico a su vez. Sino, necesita de un encadenamiento previo en base a un aprendizaje particular que implique que, además del de cada parte del comportamiento, cada uno sea también aprendido como factor iniciador de la siguiente parte hasta el aprendizaje de la última parte.
Por eso es que la memorización de una poesía muy larga requiere de un aprendizaje por etapas, es decir que se aprenden un grupo de versos tras otro, aprendiendo también a relacionarlos entre sí, para finalmente reagruparlos en una sola recitación, en función del título. De esta misma forma se estudia una pieza de baile clásico es decir pasos por pasos, movimientos tras movimientos. Igualmente, para aprender una larga lista de cifras se necesita agruparlas en pequeños grupos aprendiendo simultáneamente a relacionar cada grupo con el siguiente. Por supuesto, en función de lo que ya sabemos, si se relaciona cada grupo de cifras con una palabra clave que sirve de factor iniciador, el aprendizaje resulta entonces más cómodo. Pues como el uso de cifras es común al ser humano moderno, los pequeños grupos de cifras por la reiteración de su uso en distintas ocasiones pueden no ser factores activadores suficientemente específicos.
Otra particularidad notable, relacionada con la existencia de los factores iniciadores de los comportamientos, se enraíza en el hecho que pueden ser conceptos o serie de ellos. En este caso la evocación de cualquiera de sus componentes puede servirles de factor iniciador. De aquí que los sinónimos de las palabras que sirven de factor iniciador pueden, en función de un aprendizaje adecuado, servir a su vez de factor iniciador del verdadero factor iniciador, cuando participan de su definición o son a su vez definidos por él. En estos casos el sinónimo sirve de factor iniciador del o de la serie de conceptos que a su vez sirve de factor iniciador del comportamiento concernido. Pues aunque no se destaquen en el ámbito consciente igualmente el hecho que una palabra participa de una definición significa en realidad que integra el concepto o al ser a su vez compuesto por una serie de conceptos integrar la serie de éstos que constituye el significado de dicho factor. Del mismo modo, cualquier otro tipo de componente del factor iniciador puede activar el comportamiento correspondiente. Es decir que, aunque este factor iniciador sea una palabra, un dato visual que sirve a su definición, es decir que integra la serie de conceptos que la constituye, puede servir de factor iniciador.
Que sean aprendidos, genéticos o mixtos, los comportamientos pueden constituir respuestas a estímulos iniciadores exteriores o interiores al ser humano, y en particular al desarrollo de los mismos procesos cerebrales. Con respecto a los comportamientos aprendidos y de orden mixtos se pueden dividir, a veces, en varias series de conceptos generales, como lo acabamos de ver. Es digno de destacar que dichos conceptos generales, o series de éstos, pueden haber sido grabados a veces como un todo, o de a uno por uno en épocas distintas o en una sola, o en forma de series sucesivas, de iguales o desiguales cantidades de conceptos generales, grabadas en uno sólo o en diferentes momentos.
Resulta evidente, dado que un ser humano puede acordarse a corto y largo plazo de la generación de sus pensamientos, hechos y acciones, es decir de sus comportamientos aprendidos y de orden mixto, que las zonas que los engendran poseen la misma estructura que las zonas receptoras y conceptuales de lo aprendido. Es decir que, cada zona de los comportamientos aprendidos está conformada por neuronas que llamaremos neuronas de comportamientos receptoras y otras que les están directamente conectadas que llamaremos neuronas de comportamientos intermedias. Éstas constituyen respectivamente los asentamientos de las memorias de corto y largo plazo de los comportamientos aprendidos.
En este capítulo vimos que los comportamientos aprendidos pueden tener varios tipos de constituciones, algunos proceden de un mero aprendizaje de datos que luego se suman para formar conceptos los cuales a su vez se suman para formar conceptos generales que se encadenen entre sí para formar un comportamiento aprendido. Otros son integrados por conceptos generales formados por la unión de conceptos que integran datos instintivos con datos aprendidos formando así conceptos de orden mixto. Por supuesto los comportamientos aprendidos pueden ser integrados por conceptos generales de orden mixto y de otros aprendidos, es decir que son compuestos únicamente por datos aprendidos. Estos comportamientos pueden ser activados por factores iniciadores en forma unitaria o sucesiva en función de estos últimos.
En el siguiente capítulo vamos a ver que numerosos comportamientos se originan en el reemplazo de unos genéticos por otros aprendidos.

12. Reemplazo de comportamientos genéticos por

comportamientos de orden mixto.

La diferencia fundamental entre los comportamientos aprendidos y los genéticos, es que estos últimos por ser innatos, es decir por depender del alineamiento inmutable de sus pares de nucleótidos, que componen su genoma, no pueden ni ser modificados ni penetrar en la zona del consciente. Lo que implica que no pueden notarse en el ámbito consciente. Mientras que los aprendidos, como lo comprueba la realidad de los hechos, independientemente de su composición, sí ingresan en la zona del consciente. Lo que significa que no sólo pueden destacarse en el ámbito consciente sino que además pueden ser activados en función de éste.
Hay que tener en cuenta que la composición de un comportamiento aprendido no influye sobre su ingreso en la zona del consciente, como lo demuestra el hecho de que un comportamiento de orden mixto, como los de tipo emocional, llega a la zona del consciente y en consecuencia puede notarse en el ámbito consciente.
Los comportamientos aprendidos por su capacidad de entrar en la zona del consciente responden a lo llamado comúnmente voluntad. A pesar de que dicha voluntad pueda expresarse sólo en forma inconsciente o constituir una respuesta a una obligación o necesidad. La experiencia demuestra que las conductas de los recién nacidos no dependen de actos voluntarios de su parte, sino de actitudes involuntarias, es decir genéticas. Al contrario, se puede demostrar que las conductas adultas son voluntarias, aunque muchas veces se pueda llegar a dudar de este hecho.
Es interesante verificar que la procedencia de muchos comportamientos de orden mixtos humanos se origina en base al reemplazo de comportamientos genéticos.
En efecto, ya se ha comprobado científicamente que algunos elementos que sean datos, conceptos o comportamientos genéticos pueden ser remplazados por elementos aprendidos o mixtos equivalentes. Se ha realizado el experimento de sumergir bebés en el agua pocos minutos después de su nacimiento, y se ha constatado que éstos adoptaron inmediatamente un comportamiento natatorio: movieron sus brazos y piernas adecuadamente para poder flotar, mientras cerraban su boca y contraían sus narices, bloqueando así su respiración. Lo que implica que dicho comportamiento es en este caso de orden puramente genético. Pues, también se puede aprender a nadar. De hecho, los movimientos musculares del bebé no corresponden a la práctica del crol o de la braza.
Por el hecho de que un comportamiento genético pueda ser reemplazado por uno aprendido, el autor deduce que existen comportamientos genéticos que pueden ser desechados, y a veces hasta superados por otros de tipo aprendido o de orden mixto de tal forma que hasta lo aprendido o de orden mixto puede remplazar lo totalmente genético.
La realidad de los hechos permite al autor deducir que una zona primitivamente dedicada a lo genético puede achicarse o desaparecer. En verdad, no es que las neuronas que corresponden a dichas zonas son destruidas, lo que se notaría inmediatamente en un estudio neurológico, sino que son utilizadas para otro u otros propósitos. Por ende, cuando una conducta de orden genética no se emplea y se inscribe un aprendizaje en el total o en parte de la zona cerebral involucrada, correspondiente a dicha zona, éste imposibilita una posterior lectura de tipo genético de ésta. Si se sumerge un ser humano en aguas cuya profundidad supera su altura, que haya franqueado desde tiempo el período neonatal es decir cuyo aprendizaje esté ya avanzado y que nunca nado anteriormente, muy probablemente se ahogará.
Este proceso de transformación de una zona cerebral de ser una zona dedicada a lo genético en zona dedicada a lo aprendido se entiende si uno se acuerda del origen de la transformación de los fenómenos de la grabación y de la consiguiente lectura que permitió el aprendizaje.
Al inicio de su aparición, el primer aprendizaje debe haberse producido merced a una ligera modificación del proceso de lectura del alineamiento de los nucleótidos. Seguramente, se tiene que haber producido alguna primera vez el reemplazo de dicha lectura por una grabación. Esta vez, y, en consecuencia en las siguientes veces, pues el proceso se conservo hasta ahora como lo demuestra la realidad de los hechos, las cargas energéticas agregadas tienen necesariamente que haberse inscriptas en las mismas zonas del genoma donde se encontraban las neuronas en las cuales precedentemente se leían el alineamiento de los nucleótidos.
Luego, la lectura de estas grabaciones no debe haber necesitado tampoco una mutación importante para su ocurrencia. Cuando uno se acuerda también que la lectura de los alineamiento consiste en remarcar las diferencias de energía que implica la existencia de las distintas clases de enlaces que forman los átomos de hidrógenos con los de oxígenos o de nitrógenos, el cambio de tipo de lectura de una de alineamiento en otra de enlaces no parece tan notable, pues en la lectura de los alineamientos lo que se lee realmente son los enlaces.
Hecho que induce a creer que las enzimas que permiten las dos clases de lectura son prácticamente idénticas, o iguales pero en este último caso con enzimas o proteínas de apoyo ligeramente distintas. En efecto, como lo vimos anteriormente existen algunas diferencias entre las dos clases de lecturas; como el hecho de que para la de los enlaces se necesita de una emisión de radiaciones electro-magnéticas para que se produzca, mientras que para la otra no. Dicho cambio induce además a la deducción de que la amplitud máxima de las variaciones de la energía agregada supera notablemente la de las variaciones de las energías relacionadas con los enlaces en sí. Se entiende que la preeminencia de la energía grabada durante un aprendizaje tiene que superar la energía en juego en una lectura de alineamiento, sino no se produciría dicha lectura de enlaces por falta del nivel energético necesario para generar la estimulación iniciadora de una lectura de este tipo; ya se sabe que se necesita un mínimo de energía necesario para engendrar la emisión de un campo electro-magnético, como el que provoca la acción de las enzimas lectoras. Veremos más adelante la crucial importancia del nivel energético generado durante un aprendizaje.
La ligera diferencia enzimática engendrada por el cambio de una clase de lectura por otra se comprueba también gracias al hecho de que si los genes adecuados de las neuronas, involucradas primitivamente en los procesos de lectura de tipo genético, son sometidos a los procesos de aprendizaje, entonces no se pueden activar más las enzimas lectoras de la alineación de nucleótidos, por ser inhabilitadas por el proceso de memorización de lo aprendido. Lo que muestra que este cambio es definitivo. El elemento, es decir el dato, concepto o comportamiento, genético entonces se "pierde". Aunque el aprendizaje de un determinado tipo de comportamiento pueda ser de misma índole que el o los comportamientos genéticos sobre los cuales se graba, no es necesariamente igual, pues los comportamientos natatorios no se borran con el aprendizaje de actividades natatorias; una persona pierde su facultad natatoria genética sin por eso haber aprendida a nadar, sino muy probablemente por aprender otros tipos de actividades físicas. En consecuencia resulta evidente que estas zonas de los comportamientos aprendidos no son las mismas que las de los comportamientos genéticos correspondientes.
También, existen algunas zonas cerebrales donde las neuronas no pierden nunca sus facultades reproductoras. En éstas, lo genético guarda vigencia a lo largo de la vida. En efecto sabemos, y la evidencia de los hechos lo comprueba, que la existencia y activaciones de las memorias instintivas no impiden la reproducción de las células involucradas. En consecuencia, al no haber ningún factor que se les oponga, los procesos normales de reproducción celular pueden seguir efectuándose en estas zonas.
En los seres humanos, un comportamiento genético cuando se realiza o aplica se transforma en aprendido por una mera cuestión de reemplazo en función de un aprendizaje.
Resulta fácil entender el mecanismo de esta clase de aprendizaje merced a los conocimientos que adquirimos precedentemente y de la constatación de sus resultados. En efecto, si un individuo nace con un comportamiento genético dado, y lo aplica porque las neuronas involucradas pertenecientes a las zonas implicadas no participaron de ningún tipo de aprendizaje, las señales energéticas emitidas por las neuronas sensitivas de todos los órganos comprometidos directamente o indirectamente por este comportamiento, que pueden ser sensoriales, motores u otros, se graban en las memorias, de corto plazo de las zonas receptoras de los datos aprendidos. Luego de atravesar las neuronas intermedias correspondientes, donde pueden generar alguna lectura si la ocasión se presenta, las señales energéticas resultantes son mandadas a las zonas conceptuales idóneas de lo aprendido. Ahí no sólo se unen a las demás señales que provienen de las neuronas sensitivas que atañen a los demás órganos pero también a las señales energéticas que son las que activan la lectura de tipo genético en las neuronas que forman las zonas de los datos instintivos concernidos donde se encuentran inscritos los datos genéticos que rigen los órganos concernidos por el comportamiento en curso. Consecuentemente, los conceptos así formados por contener los datos instintivos iniciadores de estas lecturas serán llamados conceptos de orden mixto por el autor. Luego, las señales resultantes son mandadas a las neuronas intermedias de dichas zonas conceptuales, que a su vez las envían a las zonas de los comportamientos aprendidos correspondientes. Estos últimos, por integrar datos instintivos, serán llamados comportamientos de orden mixto, donde las series de conceptos generales ahí creados son trasladados al consciente.
Luego, en los estados de sueños siguientes, tal como lo comprobaremos más adelante, las señales contenidas en las memorias de corto plazo de los elementos aprendidos que sean datos, conceptos o comportamientos, se graban en las memorias de largo plazo correspondientes y, de esta manera, suplantan y remplazan lo genético. Pues, la activación de estos nuevos comportamientos provoca automáticamente la activación de los datos instintivos que participaron de su formación. Por esta razón, y sólo por esta razón, se puede, luego de dicho aprendizaje, modificar un comportamiento aprendido que procede de uno de orden estrictamente genético es decir directamente básicamente inmodificable. De aquí que se remplaza el comportamiento absolutamente genético de gateo del bebé por el del avance erguido. En este caso el movimiento de sostén y de empuje por parte de las piernas en el gateo se modifica en el sostén y el empuje del avance bípedo. Aunque el gateo en sí mismo por haberse transformado en comportamiento aprendido merced al proceso de transformación, tal cual lo acabamos de ver, se conserva.
En función de este fenómeno, se puede deducir, y los estudios realizados hasta la fecha lo comprueban, que en el momento del nacimiento de un bebé, prácticamente todas sus neuronas funcionan en forma genética. Luego, merced al aprendizaje de datos, y de la creación de nuevos conceptos y comportamientos, sus neuronas van cambiando sus funciones, o más bien especializándose, en memorias de corto y largo plazo de lo aprendido. Finalmente, por transformarse sistemáticamente en comportamientos aprendidos de orden mixto los comportamientos estrictamente genético acaban por desaparecer completamente en los primeros años de aprendizaje, quedando únicamente los comportamientos aprendidos de orden mixto en su lugar. Como lo confirma la realidad de los hechos. En función de esta particularidad el autor llamará simplemente comportamientos, los comportamientos humanos aprendidos de orden mixto. Salvo en los casos que sean de tipo genético o que se precise conocer si su composición es únicamente de tipo aprendido o de orden mixto, lo que notificará por una cuestión de claridad del texto.
Aunque, se tiene que tomar en cuenta que los datos genéticos que generan una actividad orgánica de orden genética que no atañe al sistema neurovegetativo como el parpadeo "involuntario", o lo emocional, se conservan como tales y no pueden ser suplantados por cualquier tipo de aprendizaje. La razón primordial de esta permanencia reside en el hecho de que por un lado su importancia para la supervivencia del ser es vital y no puede ser sujeta a algún tipo de cambio que sería automáticamente negativo. En efecto, el hecho de cambiar lo que tiene una eficacia máxima implica obligatoriamente una disminución de dicha eficacia, que fue adquirida a lo largo de los milenios que tardo la especie en aparecer y evolucionar. Por otro lado, estos datos genéticos por ser activados y por actuar en forma autónoma, es decir por ser engendrados en forma independiente al resto de la actividad encefálica, no pueden ser modificados directamente por ningún tipo de aprendizaje. Lo que es comprobado por el hecho que sus actividades se generan independientemente del ámbito consciente, aunque sí pueden influir sobre la actividad consciente. Lo comprueba el hecho que un individuo se siente feliz o que la frecuencia de sus latidos cardíacos se acelera, en forma automática en respuesta a un estímulo de origen interna o externa a él, pero que sí estos hechos influyen sobre sus actitudes. En el siguiente capítulo analizaremos la existencia y la actividad de estos datos, en profundidad, por su gran influencia sobre la existencia de los seres humanos y su rol particular en el funcionamiento del encéfalo.
Esta transformación de los comportamientos genéticos en aprendidos permitió también al autor deducir que las enzimas de lectura de lo genético y de grabación de lo aprendido deben de ser casi idénticas y que la diferencia entre las dos funciones es producida por la activación de una o de algunas de estas proteínas y enzimas de apoyo particulares a cada una. Su cambio de función se realiza en forma automática dado la nueva carga energética recibida y almacenada en los hidrógenos de enlace. La constatación de sus resultados lo comprueba.
En el ser humano, el aprendizaje de un comportamiento que remplace uno genético hace que luego, aunque se inscriba alguno del mismo tipo en la zona que corresponde a dicho comportamiento genético, no se pierda la conducta que le correspondía. Además permite su cambio, modificación o inhibición ulterior que sino, en el caso de su conservación y empleo, hubiera sido imposible lograr. En efecto, se puede aprender a nadar de alguna forma y luego de otra.
Obviamente, esta capacidad humana de remplazar los comportamientos genéticos por otros aprendidos, permite a los seres humanos efectuar la creación de un gran número de nuevos comportamientos, debido a un aprendizaje adecuado.
Por supuesto, al igual que los datos y los conceptos y por las mismas razones, todas las distintas clases de comportamientos se ubican en los genes activados adecuados a este fin, y de la misma forma.
Entre las consecuencias más espectaculares del reemplazo de comportamientos genéticos por comportamientos aprendidos, se encuentra el hecho de que genero y propicio la aparición del ser humano moderno, es decir del homo sapiens sapiens, como tal.
En efecto, la aparición del avance en posición erguida en los primeros homínidos se explica muy fácilmente a la luz de los conocimientos que aportan las teorías desarrolladas en esta obra.
Esta posición procede simplemente de una actitud genética, ocasional en los prosimios, que se volvió cada vez más permanente a medida que fueron evolucionando las especies que precedieron los seres humanos. Paso de ser una actitud totalmente genética, como lo es el simple enderezamiento, a transformarse en aprendida como lo es este movimiento particular de avance, el cual implica una forma de activar los músculos en parte en forma instintiva, que corresponde al erguimiento natural de los prosimios, y en parte mixta; pues el avance responde a un movimiento instintivo aunque el erguimiento durante dicho avance implica un cambio en la formar de activarse de una parte de la masa muscular total del individuo en función de un aprendizaje. El enderezamiento durante el avance es aprendido pues implica una posición y unos movimientos musculares, no natural en los primates, de los músculos involucrados, lo cual por ende implica un aprendizaje. En efecto se aprende a caminar. Evidentemente, los procesos naturales de evolución de las especies acabaron para adaptar totalmente el cuerpo de los homínidos a dicha postura.
A titulo informativo el autor indica que dichos procesos fueron propiciados por cuatro factores fundamentales que derivaron de las dos condiciones esenciales de vida de los ancestros de los australopitecos que dieron nacimientos a esta especie, ahora conocidas merced a los estudios arqueológicos modernos.
La primera condición depende de la vegetación del lugar de nacimiento de esta especie. Ya se sabe que los primeros homínidos aparecieron en África en una zona que era semi boscosa es decir una zona de pequeños grupos de árboles separados por claros bastante amplios. El segundo dependió del nicho ecológico que ocuparon. El cual correspondió a la de carroñeros especializados en comer la médula ósea de los cadáveres que se encontraban en estos lugares.
El hecho de alimentarse de carroñas favoreció el debilitamiento de las armas naturales de los predadores y de los omnívoros es decir sobre todo de los dientes fuertes, y en particular de los caninos bien desarrollados de éstos, así que de las de garras potentes tal como las poseen los felinos y algunos omnívoros y herbívoros. Los primeros homínidos no los necesitaban, pues no cazaban y masticaban alimentos de consistencia mayormente blanda y muy probablemente no los usaban en el comportamiento de cortejo. En compensación, favoreció el erguimiento que amplia la zona visual del ser y el desarrollo de su sentido de la vista pues se necesita de una excelente vista para poder detectar de lejos, en medio de la vegetación del lugar, un cadáver y la llegada o la posición de los predadores en la zona, que estas últimas atraían indefectiblemente. También los obligo a desplazarse y permanecer sobre el suelo donde se encuentran mayormente las carroñas, tal como lo tienen que hacer las hienas y otros carroñeros terrestres en nuestra época y por las mismas razones.
La posición erguida apareció en estos homínidos por varias razones pero principalmente porque corresponde a la posición de vigilancia. Actitud que adoptan muy seguidamente los perros de praderas norteamericanos y las mangostas africanas, y a veces los prosimios y los simios, por ser presos de numerosos predadores que los asechan con gran frecuencia. Dicha posición es necesaria pues por estar a menudo en contacto con cadáveres en África, se está también siempre o en la cercanía de predadores o continuamente amenazado por la posible aparición de algunos. Esta posición no favorece en absoluto la carrera pedestre pues a igual peso un mamífero carnívoro o herbívoro cuadrúpedo corren mucho más rápido que cualquier bípedo, no hay que olvidarse que los canguros australianos no corren sino que saltan. Por eso es que los monos de la familia de los cercopitécidos, que viven mayormente en praderas y sabanas, los perros de praderas y las mangostas adoptan la actitud de cuadrúpedos cuando corren.
El segundo factor está relacionado con la vegetación ambiental pues al tener que enfrentarse con predadores esencialmente terrestres los primeros homínidos debieron a menudo refugiarse en los árboles. Hecho por el cual la forma de las manos y de los brazos humanos o simiescos es mucho más adecuada que la de las patas delanteras de los perros de praderas y de las de las mangostas, aunque ocasionalmente éstas últimas también trepan a los árboles. En consecuencia a dicha habilidad y a la necesidad de trepar a los árboles sus muñecas debieron de adoptar una forma que no propicia su uso para correr, como lo demuestra la morfología de las manos y los problemas que ésta genera en los desplazamientos terrestre en forma cuadrúpeda de los gorilas. Por supuesto este factor tampoco es decisivo de por sí mismo, pues las panteras trepan muy bien a los árboles.
El tercer factor es mucho más significativo pues por comer médulas óseas estos homínidos tenían que romper los huesos que los contenían. Para eso necesitaban de manos que debían presentar dos condiciones esenciales. La primera era de poseer una fuerza y una habilidad suficientes como para agarra los huesos y romperlos sobre una piedra de tamaño propicio al hecho, o sino de agarrar piedras y romperlos. Por ende dicha habilidad propiciaba más el desarrollo de la forma de manos simiesca que la forma de patas delanteras de tipo corredoras. La segunda era que esta necesidad de tener piedras adecuadas cercanas implicaba que a menudo debían transportar o el hueso o la piedra. Esta necesidad de transportar implicaba que, cuando lo hacían, no podían usar sus miembros superiores para el desplazamiento y consecuentemente tenían que avanzar en posición erguida.
El cuarto factor proviene de que la frecuente obligación de adoptar la posición erguida merced a los tres primeros factores, provocó que las hembras de estas especies vieron sus caderas transformarse y en consecuencia reducirse su canal de parto. Hecho por el cual sus bebés nacieron cada vez más en forma prematura. En consecuencia dichos bebé no tenían la fuerza de prensión de los bebés de los otros primates, que a penas nacen pueden aferrarse a sus madres con tanta fuerza que pueden aguantar los movimientos de éstas. Para preservar a sus crías, las madres homínidas tuvieron que sostenerlas en sus brazos, muy a menudo. Lo que favoreció también la adopción de la posición erguida. Mientras tanto, en consecuencia, los machos, por los problemas de movilidad de sus hembras que no podían correr con una rapidez similar, estando en los últimos momentos de sus embarazos o con un bebé en brazo, que sin estos sobrepesos, se veían en la obligación de traerles a menudo alimentos. Lo que, en vista del tipo de éstos, se podían transportar casi nada más que con las manos, obligándolos también a caminar en forma erguida. Es decir que las primeras necesidades de quedarse erguido generaron luego en sí mismas la obligación de quedarse erguido, es decir que se fomento una especie de retroalimentación de un hecho que acentuó cada vez más la tendencia en adoptar la posición bípeda.
Sólo, y sólo la conjunción de, estos cuatro factores, propició la aparición de la posición erguida en los homínidos. Pues, los tres primeros de por sí solos en forma separada no son determinantes, pero por la repetición del comportamiento que asegura el erguimiento, éste se volvió uno de los comportamiento principal y determinante de la especie.
Luego, merced a la posición bípeda que libero el uso de las manos y la debilidad física humana con respecto a las fieras, así que los cambios de condiciones de vida, los obligo a desarrollar sus capacidades intelectuales.
En resumen hemos visto que todos los comportamientos estrictamente genéticos humanos son reemplazados en los primeros años de aprendizaje por comportamientos de orden mixto. También vimos que dicho reemplazo favoreció la aparición del ser humano moderno.

13. Los datos instintivos.

Es importante no confundir los actos reflejos con los comportamientos de tipo condicionado. Estos últimos, por ser aprendidos no pueden nunca ser considerados como de origen instintivo. Aunque, en función de su repetición, terminan por formar respuestas automáticas a factores iniciadores dados.
Además, como ya fue comprobado, los actos reflejos, por ser producidos por reacciones genéticas a estímulos particulares, a menudo exteriores al individuo, y engendrarse en la médula espinal, no pueden ser considerados como productos de alguna actividad cerebral. Por ende, no pueden ser tampoco sometidos a un proceso mental, pues actúan en forma directa sobre los órganos, sin pasar por el cerebro. Por eso, también, debemos distinguir el reflejo de los otros tipos de comportamientos genéticos que sí se originan en el cerebro.
Al contrario de los comportamientos genéticos de otra índole que no sean los que rigen el sistema neurovegetativo, cualquiera sea la actividad mental en curso, los reflejos siguen actuando sin alterarse. Por ejemplo, la lesión directa de un nervio, que puede ser producida por un golpe o un pinchazo, provoca una reacción muscular inmediata, involuntaria, imparable y automática.
Los reflejos generan actividades de orden genético que se pueden asimilar a las actividades mecánicas de los protozoos por su automatismo. Aunque su origen sean muy distintas. En efecto mientras que los reflejos humanos necesitan de la lectura de los alineamientos de los nucleótidos para poder hacerse efectivos, los movimientos mecánicos de los animales unicelulares se engendran en los orgánulos mismos que los producen es decir independientemente de cualquier tipo de lectura del genoma.
Por el hecho de que los reflejos no participan de las actividades cerebrales el autor no los tomará en cuenta de aquí en adelante cuando citará lo relacionado con los datos instintivos. A pesar de que sí pertenecen a lo genético, aunque no conciernen lo cerebral. Se dedicará únicamente al estudio de los datos instintivos que dependen para su expresión de la actividad encefálica.
Por depender del alineamiento de los nucleótidos, al igual que los comportamientos de los protozoos, los datos así inscritos son llamados por el autor datos genéticos. En consecuencia a su forma de activación, las zonas cerebrales donde se engendran, son llamadas zonas de los datos instintivos. Evidentemente, los datos genéticos son innatos es decir que no son frutos de un aprendizaje.
Por regir un único órgano, es decir por corresponder a una sola y única actividad dichos datos genéticos, que rigen el sistema neurovegetativo, nunca pueden ser considerados como conceptos o comportamientos, sino simplemente como datos.
También por generar un solo tipo de actividad y además por poder participar de la formación de conceptos, y éstos a su vez de comportamientos, los datos instintivos pueden ser considerados como verdaderos datos. Por eso pueden, y la realidad de los hechos lo demuestra, ser asimilados a datos provenientes de las zonas receptoras y, salvo los que atañen al sistema neurovegetativo, ser igualmente sometidos a los mismos procesamientos que los aprendidos. Es decir, que pueden integrar conceptos compuestos únicamente por datos instintivos o sumarse a otros de orden aprendido, es decir formar conceptos de orden instintivo o mixto. Dichos conceptos pueden a su vez integrar conceptos generales que pueden participar de la formación de comportamientos.
El autor hace recordar, una vez más, que los datos genéticos de cualquier clase que sean, para poder concretarse, dependen de la lectura, por parte de una enzima especializada, de la alineación de los nucleótidos de los genes idóneos que integran el genoma de las neuronas que pertenecen a las zonas donde se hacen efectivos, y no de las cargas energéticas aportadas por una enzima al electrón de los hidrógenos de enlace entre las dos cadenas que lo conforman. En consecuencia, por ser innatos e inmutables, son atemporales; es decir que no implican la existencia de memorias de corto y largo plazo, lo que significa que las neuronas, de cada zona, que los engendran son todas de un mismo tipo y ejercen las mismas funciones en cada una de estas zonas.
La intensidad de la energía que constituye estas señales es uniforme, por resultar de una lectura de tipo genética, es decir que depende únicamente de las características de las neuronas. Aunque, en el caso de los datos, que no participan del sistema neurovegetativo, que provocan estas lecturas, éstos pueden integrar conceptos constituidos por señales provenientes de otras zonas cerebrales de energía variable.
Acabamos de ver que los datos genéticos para poder concretarse dependen de la lectura de los alineamientos de los nucleótidos que conforman los genes activados, que corresponden a la zona cerebral implicada. Evidentemente para poder efectuarse dicha lectura el dato genético inscrito tiene que ser activado por el dato instintivo adecuado que le sirve de factor iniciador.
Los datos instintivos por ser compuestos por señales energéticas, al igual que todos los otros elementos que sean datos, conceptos o comportamientos de cualquier orden generados o transmitidos por las diferentes clases de neuronas sensitivas y cerebrales humanas, no sólo pueden sumarse en forma conceptual sino también a otros de procedencia aprendida. En consecuencia, al unirse de esta manera, pueden formar conceptos de orden mixto, los cuales al integrar a su vez conceptos generales constituyen comportamientos de orden mixto. Lo que permite al hombre realizar numerosas clases de actividades, a menudo comunes, como el caminar por ejemplo. Es notable constatar que muchos de los comportamientos humanos son de orden mixto, sobre todo los que tienen un gran predominio de actividades musculares, como caminar, nadar, andar en bicicleta, etcétera, y los que integran actividades relacionadas con lo emocional como el cuidar a la progenie.
Los datos genéticos poseen, además, la particularidad de que su lectura puede efectuarse sin interrupción aparente, independientemente de las dimensiones del tramo del genoma donde se encuentran inscritos. Hasta, en el caso de los datos que rigen el sistema neurovegetativo, para la mayoría de éstos, sin interrupciones notables a lo largo de la existencia del individuo. En el caso de los datos genéticos que conciernen lo emocional y de los que gobiernan los órganos que no corresponden a dicho sistema pero sí pertenecen a lo genético, la duración de su lectura depende del tiempo de su activación por los datos instintivos que les sirven de factores iniciadores.
La falta de interrupción aparente de dicha lectura a lo largo de su duración proviene en realidad del hecho de que la activación por parte de un dato instintivo no se produce en base a una sola neurona sino en un conjunto de ellas. En cada neurona, al acabarse la lectura del tramo que integra las señales que lo componen, si el factor iniciador de dicha lectura sigue activándola se reactiva inmediatamente la enzima que reempieza la lectura desde su principio. Como dicha lectura se efectúa en una zona muy particular y por ser provocada por factores iniciadores que son conceptos que también son integrados por datos aprendidos es decir que conciernen muchas neuronas a la vez, por una cuestión de mera probabilidad, activan un gran número de neuronas de las zonas de los datos instintivos. Lo que implica que dicha lectura por realizarse en base a la lectura de cada genoma de las diferentes neuronas, activados por señales energéticas recibidas en forma irregulares por ser frutos de un aprendizaje, basado en la recepción de las señales irregulares que componen los datos aprendidos, son entonces también irregulares en sus lecturas. Lo que a su vez provoca, en el ámbito consciente, al adicionarse el conjunto, una impresión de continuidad. Es decir que, al adicionarse las variaciones, el conjunto puede dar a veces una impresión de fluctuación incesante, pero no presentar interrupciones notables a lo largo de su activación, tal como lo confirma la realidad de los hechos.
Igualmente, por depender de una lectura en base a conceptos mixtos que además de contener los datos instintivos idóneos, para provocar dicha lectura de los datos genéticos adecuados, están también integrados por datos aprendidos. En consecuencia, la intensidad de las señales que los componen, por ser compuestos por datos aprendidos, es indefectiblemente variable, y por ende no provoca una lectura continua y de un nivel energético uniforme en todas las neuronas a la vez de la zona de lo instintivo concernida correspondiente a la activación en curso. Sino que la provoca sólo en las en los cuales los tramos idóneos son activadas por una señal energética adecuada, lo que en vista de las fluctuación del nivel energético de las señales que componen los datos aprendidos es extremadamente variable. Lo que significa que la intensidad total del dato genético leído puede fluctuar marcadamente.
Para seguir conociendo más explícitamente los datos de orden instintivos se tiene que considerar que existen tres tipos de zonas de datos instintivos; las de los que se relacionan con lo neurovegetativo, las que atañen a lo emocional y las que conciernen lo instintivo orgánico no relacionado con el sistema neurovegetativo. Los tipos de datos generados en estas dos últimas zonas por integrar conceptos de orden mixto son procesados en la zona del consciente luego de su formación. Mientras que, los datos que conciernen el sistema neurovegetativo, se relacionan directamente y únicamente con los órganos que rigen, como el corazón, los riñones, los intestinos, etc.
En el tipo de zonas que rigen lo neurovegetativo los datos son leídos de una manera automática, en su mayoría son regulados en respuesta a señales que provienen de neuronas sensitivas especiales que están relacionadas con los órganos implicados, como por ejemplo las que controlan la respiración pulmonar, que actúan como estímulos iniciadores.
También, con respecto a las zonas cerebrales que conciernen el sistema neurovegetativo, éstas generan datos que son necesariamente inscriptos directamente en el genoma, por ser innatos, lo que significa que pertenecen a la categoría de los datos genéticos. Como lo vimos anteriormente, es importante saber que nunca pueden dejar de concretarse es decir de ser leídos. La interrupción de dicha lectura causaría graves consecuencias sobre el organismo, fáciles de detectar en el ámbito consciente; como por ejemplo el cese del funcionamiento del corazón, de los riñones o del hígado. Por ende, al no constatar dichas interrupciones es lógico darse cuenta que las neuronas que integran dichas zonas mandan continuamente señales energéticas que rigen y controlan este tipo de actividades orgánicas.
En algunas zonas cerebrales que generan datos genéticos, las neuronas que las constituyen pueden cumplir un papel parecido al de las células glandulares y, en respuesta a los estímulos adecuados recibidos, pueden producir hormonas que penetran en el torrente sanguíneo, como la serotonina. Este fenómeno no presenta nada extraño pues muchas células de otras clases producen también enzimas o proteínas a la recepción de estímulos idóneos. Dichos estímulos pueden ser de orden químicos o electro-químicos. En el caso bien preciso de las neuronas cerebrales, dichos estímulos pueden ser simplemente señales energéticas determinadas que activan la enzima lectora, la cual genera las señales que activan la producción de las proteínas o enzimas que corresponden a su función particular, de la misma manera que los estímulos energéticos, como los eléctricos, impulsan la actividad de los filamentos, la producción de proteínas o de enzimas en los protozoos. Las disfunciones de este tipo de neuronas pueden provocar graves consecuencias neurológicas o corporales, y engendrar o participar de diversas clases de enfermedades mentales o corporales, como el exceso de producción de dopaminérgicos con respecto a la esquizofrenia, así que anomalías funcionales del encéfalo.
Por ser inscritos en el genoma los datos genéticos de tipo emocional y orgánico son inmutables y su lectura, cuando se produce, es invariable. Lo que significa que, para cada una de esta clase de datos, existe una zona particular y delimitada donde únicamente el o los genes que lo contienen están activados. En efecto, por tener la capacidad de integrar en forma unitaria cualquier tipo de concepto, tienen que ser también unitarios. Además, como su lectura es automática, luego de la recepción del factor iniciador, y que existen datos que tienen efectos antagónicos, por ejemplo los que generan la sensación en el ámbito consciente de pena o de felicidad o que conciernen músculos de funciones opuestas, que pueden a veces ser leídos en forma simultánea, como la felicidad y el interés, eso implica que dicha lectura tiene que efectuarse en neuronas distintas. Pues no se pueden leer en forma automática a veces dos o más tramos de un mismo genoma, simultáneamente, como lo vimos anteriormente.
Del hecho de que pueden aparecer algunas anomalías emocionales en algunos individuos con respecto a un tipo de emoción particular, que por otra parte pueden reaccionar normalmente con respecto a otro tipo de emoción, se deduce igualmente que existen zonas de datos instintivos diferentes para cada tipo de dato de índole emocional. Al igual que en el caso de los datos instintivos orgánicos. Por eso, se encuentran personas que no sienten, o sienten muy pocas, emociones al matar otra personas pero que aman a los perros.
El número de las zonas instintivas que no atañen a lo neurovegetativo representa la suma de los datos que rigen la expresión de cada emoción y de los que rigen los distintos órganos corporales que dependen de ellos.
Entre las emociones se encuentran la felicidad, la pena, el interés, la sensación de territorio o propiedad, etc. Por tener una duración variable la estimulación de los datos genéticos, que no rigen el sistema neurovegetativo, depende entonces de factores iniciadores que los activan durante un lapso variable. Lo cual es de fácil comprensión, pues son activados por un concepto o por una serie de conceptos de cantidad variable en función de los comportamientos vigentes.
Esta activación se produce siempre en función de una situación o de una conducta, lo cual implica obligatoriamente la intervención de conceptos o comportamientos; pues, no se mueve un solo músculo sino un conjunto de éstos, se siente pena o alegría por una situación, que puede ser generada por una persona, un objeto o un pensamiento, etc. La activación de dichos datos genéticos por parte de conceptos o comportamientos, implica que éstos últimos se comportan como datos. Por supuesto lo hacen en función de las componentes que los integran; que son las que actúan realmente como factores iniciadores. Ya sabemos que en el caso de los datos genéticos no importa la composición de los conceptos o comportamientos estimuladores iniciadores, sino únicamente si poseen, o no la componente iniciadora adecuada, es decir el dato instintivo idóneo.
Por el hecho de poder ser activados por conceptos y comportamientos, engendrados por situaciones o conductas resulta entonces evidente que las zonas de los datos instintivos, que no conciernen el sistema neurovegetativo, los reciben de las zonas de los comportamientos. Lo que implica que son los conceptos, que pueden formar comportamientos, que provienen de dichas zonas y únicamente ellos los que los activan. El autor considera este hecho como una de las pautas fundamentales del funcionamiento cerebral.
De aquí surge otra de las diferencias fundamentales que distinguen los datos instintivos de los aprendidos. En efecto, las zonas receptoras nunca reciben directamente señales provenientes de las zonas de los comportamientos, pues las señales emitidas por estas zonas receptoras van desde éstas hasta las zonas conceptuales y de ahí hasta las zonas de los comportamientos, pero nunca efectúan el recorrido inverso ni existen conexiones directas entre las zonas receptoras y las de los comportamientos. Pues, si se produjera eso se perjudicaría desastrosamente la recepción de los datos que llegan desde las neuronas sensitivas. En efecto el individuo nunca podría distinguir entre los datos provenientes de sus sentidos y los activados por sus conductas. El autor analizará más adelante el fenómeno de la remembranza de los datos aprendidos en forma particular.
Dichas zonas de datos instintivos no pueden recibir series de comportamientos activadores directamente de la zona del consciente por la sencilla razón de que, en este caso, eso implicaría un control directo de esta zona sobre los datos, lo que no es el caso como lo comprueba la realidad de los hechos. No se ríe de un chiste sino que se ríe de entenderlo. Lo que indica un procesamiento que no ocurriría en el caso que la zona del consciente esté directamente relacionada con las zonas de los datos instintivos.
Como particularidad notable de las zonas de los datos instintivos es importante destacar que las señales energéticas engendradas en función de la activación de los datos genéticos, provocada por la acción de los datos instintivos, nunca son enviadas a las zonas conceptuales ni a las zonas de los comportamientos sino únicamente a los órganos que rigen. Lo que implican que los datos genéticos no participan jamás de la formación de conceptos sino los datos instintivos que los activan. Hecho por el cual los datos genéticos nunca penetran en la zona del consciente aunque sí los datos instintivos, por integrar conceptos y comportamientos de orden mixto.
Cada uno de los tipos de datos genéticos, merced, como lo vimos anteriormente, al hecho de que sólo el gen correspondiente donde se encuentra inscripto esté activado en las neuronas de las zonas que le corresponden, puede entonces ser leído únicamente ante la aparición del dato instintivo que le atañe.
También para poder actuar, a veces en forma conjunta, existen necesariamente zonas conceptuales, dedicadas únicamente a conceptualizar datos instintivos, es decir donde se forman los conceptos de orden instintivo, aunque también como ya sabemos existen otras donde se suman en forma conceptual datos instintivos con otros aprendidos. Si bien los datos genéticos son absolutamente innatos, los conceptos y comportamientos que integran los datos instintivos por ser aprendidos son variables en sus expresiones. La realidad del hecho lo comprueba en forma inequívoca. Cada individuo se comporta emocionalmente en forma personal y particular delante de los acontecimientos que provocan dichas reacciones. Por haber sidos creados en función de un aprendizaje los conceptos y comportamientos integrados por datos instintivos son entonces aprendidos, aunque cuando son formados únicamente por datos instintivos el autor los llama entonces de orden instintivo, en lugar de conceptos o comportamientos instintivos. Al ser aprendidos los conceptos y comportamientos de orden instintivo se asemejan a las zonas de conceptos y comportamientos aprendidos es decir que sus memorias se dividen en memorias de corto y largo plazo. Por eso el caminar requiere de la activación en base a datos genéticos de los músculos implicados en el hecho, pero el hecho en sí necesita de un aprendizaje.
Hemos visto que todos los comportamientos genéticos son reemplazados en los primeros años de aprendizajes por comportamientos de orden mixto. Eso significa con respecto a la zona donde se forman estos comportamientos, que aunque, como ya sabemos, los conceptos generales que los conforman integren datos instintivos, contienen igualmente y necesariamente datos aprendidos, pues cada actitud considerada comúnmente como de orden "instintiva" depende de un contexto, lo que implica que dicha zona en realidad es dedicada a lo mixto y a lo aprendido con una predominancia mixta, por situarse en el centro de confluencia de las terminaciones de los apéndices neuronales provenientes de las zonas conceptuales de lo aprendido y de los conceptos de orden mixto y por corresponder a las descripciones de sus características, realizadas en base a los experimentos modernos, dicha zona se sitúa seguramente en el sistema límbico cerebral. El autor llama esta zona particular la zona de los comportamientos emocionales.
Aunque todos los comportamientos genéticos humanos, son reemplazados por comportamientos de orden mixtos en los primeros años de vida de los individuos, no pasa lo mismo con los datos instintivos que rigen las actividades orgánicas y en particular las motoras. Es notable considerar que además de los datos motores los datos orgánicos conciernen también algunas glándulas, como las lagrimales. La realidad de los hechos muestra que si bien una persona puede mover sus miembros a voluntad en realidad no puede hacer lo mismo con cada uno de sus músculos. En efecto, el hecho de mover voluntariamente una parte de su cuerpo indica que ésta depende de comportamientos aprendidos. Pero el hecho de no poder mover cada músculo en forma individual y voluntaria indica que no existe un verdadero control de éstos, lo que implica que dependen únicamente de los datos instintivos que los rigen. Cualquier individuo puede lograr mover un músculo en particular a voluntad pero únicamente merced a la activación de todo un conjunto de músculos. Por el hecho de que los comportamientos aprendidos son mandados sistemáticamente a la zona del consciente, como lo vamos a verificar más adelante, su aprendizaje implica su control. Lo que significa que pueden activarse a voluntad, y en consecuencia que se pueden generar los conceptos que los componen también a voluntad, pero en forma de un todo, es decir que no se pueden descomponer dichos conceptos en sus distintas componentes. De aquí que aunque se puedan crear conceptos nuevos y en función de esto activar los datos que los componen, no se puede descomponerlos. En consecuencia si bien se pueden activar los conceptos aprendidos que rigen los datos genéticos motores no se pueden activar estos últimos separadamente, justamente por ser de tipo genético y no responder de por sí a la zona del consciente.
En el tipo de zonas que no atañen directamente al sistema neurovegetativo, los datos genéticos pueden ser leídos en las neuronas que pertenecen a las zonas correspondientes a sus roles particulares, merced a su activación por parte de un concepto o un comportamiento idóneo, como lo acabamos de ver. Estos dos elementos pueden ser activados a su vez en función de los datos aprendidos integrantes de conceptos o comportamientos de otra índole, que también los integran, que se vuelven así iniciadores. Tal como lo vamos a analizar más detalladamente más adelante. En efecto, una persona puede reaccionar instintivamente delante de la visión de algo.
Los datos instintivos que no rigen el sistema neurovegetativo, al igual que los conceptos de mismo índole, actúan en forma de ideas no verbales, es decir sin "pensarlas". Lo que significa que se traducen en el ámbito consciente por sentimientos, emociones o acciones sin relacionarse con el pensamiento expresado en función de símbolos de origen fónicos es decir de palabras expresadas en forma oral o no. Aunque si, puedan ser descritas mediante expresiones de este tipo. Se siente temor a pesar de que dicho temor sea sólo una emoción que no necesita de alguna expresión verbal para existir, independientemente de que se pueda expresar o describir oralmente. También se puede realizar una actividad motora sin necesitar acompañarla con pensamientos de tipo verbales.
Esta particularidad proviene del hecho de que son las señales energéticas que componen los conceptos activadores de los datos genéticos las que penetran en la zona del consciente y no las señales energéticas generadas por la lectura de dichos datos, que como ya sabemos nunca penetran directamente en la zona del consciente. La activación por parte de los datos instintivos de las señales inscritas por un lado en las zonas de los datos emocionales impulsa la producción de las hormonas que generan las sensaciones y actividades corporales relacionadas en el ámbito consciente con las emociones y por otro en las distintas zonas de los datos motores las señales energéticas que accionan los diferente órganos que controlan.
Evidentemente los estímulos captados por las neuronas sensitivas y los datos que éstas generan a continuación y en consecuencia directa o indirecta a los efectos producidos por la estimulación de los datos genéticos a nivel corporal, pueden ser perfectamente captados en el ámbito consciente, luego de su recepción en las zonas receptoras y sus siguientes distintos procesamientos. Por ejemplo, aunque los movimientos de las vísceras que participan del sistema digestivo sean inconscientes, las sensaciones que genera la absorción de alimentos y el placer que puede provocar su digestión pueden llegar al ámbito consciente.
Con respecto a los datos instintivos orgánicos debemos considerar como primordiales los que conciernen la comunicación, por su influencia sobre la conducta humana. Mientras que la audio-verbal y la audio-visual son prácticamente totalmente aprendidas, en lo que concierne la olfativa es en parte de origen totalmente genética como lo demuestra la producción y captación de las feromonas. Merced a esta particularidad, se efectúa en forma inconsciente y sus consecuencias se traducen por la activación de comportamientos cuya partes instintivas corresponden a la emoción llamada atracción.
Las zonas de los datos instintivos motores y de los conceptos de orden estrictamente instintivos motores se encuentran ubicadas en el cerebelo. Mientras que las zonas de conceptos mixtos relacionados con lo motor se encuentran ubicadas en el neo cortex. Según las investigaciones científicas realizadas en vista de situarlas.
Las neuronas que forman las zonas de datos instintivos tienen activados únicamente los genes que corresponden a sus funciones. Por esta razón, reaccionan sólo a las señales que las conciernen. Esta selectividad, que depende fundamentalmente de la ubicación de las neuronas, resulta absolutamente necesaria, como lo comprobamos en los capítulos anteriores; pues si no existiera, si no fueran recibidos en forma selectiva, ocurriría evidentemente un verdadero caos energético a nivel orgánico. Se trastornaría definitivamente la actividad del sujeto.
En efecto, si no existiera dicha especialización en las neuronas motoras, las señales pertenecientes a un mismo comportamiento al ser transmitidas a una zona correspondiente a un órgano con la cual estén conectadas que no sea específicamente el único involucrado, recibiría entonces el conjunto de las señales incluidas en los conceptos generales transmitidos, lo que provocaría no sólo un verdadero caos energético en el ámbito neuronal pero sobre todo una total disfunción a nivel muscular.
Pues, al recibir las señales provenientes de una zona de los comportamientos, destinadas a activar el comportamiento específico correspondiente al caminar, las señales dedicadas a activar los músculos de los brazos podría ser transmitidas también a los músculos de las piernas, los cuales conjuntamente podrían ser activados por otra serie de señales pertenecientes en forma conceptual al mismo concepto general que las primeras, éstos podrían también llegar a las piernas del individuo pero con otros efectos a nivel muscular, lo que provocaría entonces movimientos desordenados de dichos miembros. Por lo tanto, aunque las señales que constituyen las respuestas sean de tipo conceptuales, activan únicamente en cada neurona motor las respuestas musculares que corresponden a los genes activados en ésta cuyo alineamiento de nucleótidos corresponde al concepto idóneo que integra el concepto general recibido, el cual funciona por esta razón como concepto iniciador. Dichas neuronas motoras funcionan entonces como filtros para "aceptar" sólo la parte del todo que las concierne, "descartando" así el resto de las señales que integran los mismos conceptos a los cuales pertenecen. Como muy raramente las actividades de orden muscular conciernen un solo órgano a la vez, cuando no atañan al sistema neurovegetativo, son entonces regidas por conceptos y comportamientos.
En conclusión, aunque el ser humano posee un gran control sobre sus órganos motores ellos son siempre controlados por datos genéticos inscritos en neuronas que se encuentran en zonas de datos instintivos. Lo que permite sus movimientos en base a lo mixto es que los datos instintivos se encuentran integrando conceptos y comportamientos de orden mixto merced a aprendizajes adecuados.
También, los datos genéticos que rigen el sistema neurovegetativo son activados en forma autónoma e independientemente del ámbito consciente. Mientras que los otros, que rigen lo orgánico o emocional, son activados por datos instintivos que pueden unirse en forma conceptual para formar conceptos de orden instintivo o mixto e ingresar en la zona del consciente. Los datos genéticos son activados únicamente por conceptos o series de éstos provenientes de las zonas de los comportamientos.
 
 Philippe L.E. Panchout
philpaninvcer[arroba]hotmail.com
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
ISBN 98743-5929-3
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Comentarios

Magnífico
Últimamente sentía inquietud por el funcionamiento del cerebro,y la verdad es que he encargado ciertos libros como ''Las sombras de la mente'' de Roger Penrose, también heDragones del Edén'' de leido recientemente ''Los Karl Sagan, y bueno buscando por internet llegué a esta magnífica monografía. Esperaba encontrarme algo más breve, pero mira por donde encontré una buena fuente de información. Aunque algunas de las cosas entran en cintradicción con otras de textos que leí, o al menos se las dan diferentes explicaciones, pero bueno, por eso son hipótesis, y de momento mis conocimientos y experiencia empírica en el campo son escasos como para decidirme, pero siempre está bien abrir la mente a nuevas concepciones... Gracias por compartir tus conocimientos