Tratado sobre Magia Blanca. 1ª parte. Alice A. Bailey

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
1ª parte 2ª parte 3ª parte 4ª parte 5ª parte 6ª parte 7ª parte 8ª parte 9ª parte 10ª parte

Tratado Sobre Magia Blanca

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

(Alice A. Bailey)
 

 


REGLAS PARA LA MAGIA

 

 REGLA UNO

El Ángel Solar se recoge en sí mismo, no disipa su fuerza, sino que en profunda meditación se comunica con su reflejo.

REGLA DOS

Cuando la sombra ha respondido, el trabajo prosigue en profunda meditación. La luz inferior es proyectada hacia arriba; la luz su­perior ilumina a los tres, y el trabajo de los cuatro prosigue.

REGLA TRES

La Energía circula. El punto de luz, producto de la labor de los cuatro, crece y aumenta. Miríadas se reúnen en torno de su calor resplandeciente, hasta que merma su luz y su fuego disminuye. Después será emitido el segundo sonido.

REGLA CUATRO

El sonido, la luz, la vibración y la forma se entremezclan y fusio­nan, y así el trabajo es uno. Prosigue de acuerdo a la ley, y nada puede impedir que avance el trabajo. El hombre respira profun­damente. Concentra sus fuerzas y arroja de sí la forma mental.

REGLA CINCO

Tres cosas preocupan al Ángel Solar antes de que la envoltura creada descienda; la condición de las aguas, la seguridad de aquél que así crea y la constante contemplación. De ese modo están aliados para el triple servicio, el corazón, la garganta y el ojo.

REGLA SEIS

Cuando el ojo se abre, los devas de los cuatro inferiores sienten la fuerza, son expulsados y pierden a su amo.

 REGLA SIETE

Las fuerzas duales son vistas en el plano donde debe descubrirse­ el poder vital; los dos senderos enfrentan al Ángel Solar; los polos vibran. Aquél que medita debe hacer una elección.

REGLA OCHO

Los Agnisurias responden al sonido. El flujo y el reflujo de las ­aguas. Que el mago cuide de no ahogarse en el punto donde la tierra y el agua se unen. El punto medio, que no es seco ni hú­medo, debe proporcionar el lugar donde él asiente sus pies. Donde se unen el agua, la tierra y el aire, ése es el lugar en que debe hacerse el trabajo mágico.

REGLA NUEVE

Después sobreviene la condensación. El fuego y las aguas se en­cuentran; la forma se dilata y crece. Que el mago ubique su forma en el sendero apropiado.

REGLA DIEZ

A medida que las aguas bañan la forma creada, éstas son absorbi­das y utilizadas. La forma acrecienta su fuerza; que el mago con­tinúe hasta que su trabajo sea suficiente. Que los constructores ex­ternos cesen su trabajo y los constructores internos inicien su ciclo.

REGLA ONCE

Aquel que trabaja con la ley, tiene ahora que llevar a cabo tres co­sas: Primeramente, descubrir la fórmula que confine las vidas den­tro de la muralla esferoidal; luego, pronunciar las palabras que le expresen a esas vidas qué deben hacer y dónde llevar lo que ha sido hecho; finalmente, pronunciar la frase mística que lo salvaguardará de su trabajo.

REGLA DOCE

La trama palpita. Se contrae y dilata. Que el mago se apodere del punto medio a fin de liberar a esos "prisioneros del planeta" cuya nota está correcta y exactamente afinada con aquello que debe ser hecho.

                                                REGLA TRECE

El mago debe reconocer a los cuatro; observar en su trabajo el tono violeta que evidencian, y así construir la sombra. Cuando esto ocurre, la sombra se reviste a sí misma y los cuatro se convierten en siete.

REGLA CATORCE

El sonido aumenta. Se acerca la hora del peligro para el alma valerosa. Las aguas no han dañado al creador blanco y nada pue­de ahogarlo ni mojarlo. Ahora amenaza el peligro del fuego y de las llamas, sin embargo se observa tenuemente el humo que se eleva. Que él, después del ciclo de paz, acuda nuevamente al Ángel Solar.

REGLA QUINCE

Los fuegos se acercan a la sombra, sin embargo no la queman. La envoltura del fuego se ha terminado de construir. Que el mago entone las palabras que fusionan el fuego y el agua.

TRATADO SOBRE FUEGO COSMICO, págs. 785‑806.

 

OBSERVACIONES PRELIMINARES

 

 Los Tres Aspectos del Hombre

OBSERVACIONES DE PREFACIO

 

 Al estudiar y considerar cuidadosamente las ideas expues­tas en este libro deben tenerse presente ciertos conceptos básicos:

Primero, que lo más importante para el estudiante no es la personalidad de determinado instructor, sino el grado de verdad que éste representa, de ahí la capacidad para discernir entre la ver­dad, la verdad parcial y lo falso.

Segundo, que el acrecentamiento de la enseñanza esotérica trae acrecentada responsabilidad exotérica. Cada estudiante debe hacer un consciente balance de sí mismo, y recordar que la com­prensión llega aplicando al problema y medio ambiente inmedia­tos el grado de verdad captada, y que la conciencia se expande empleando la verdad impartida.

Tercero, que la adhesión dinámica en el sendero elegido y una firme perseverancia para vencer y permanecer inconmovible ante todo lo que pueda acontecer, son requisitos indispensables que conducen al portal de acceso a un reino, a una dimensión y a un estado del ser, conocido interna o subjetivamente. Este estado de comprensión produce cambios en la forma y en el medio ambiente, comparables a su poder.
                                                                                                 
Estas tres sugerencias merecen un minucioso estudio y su significación deberá ser captada en cierta medida, antes de lograr un real progreso. No me corresponde indicar la aplicación indi­vidual y personal de las enseñanzas impartidas. Esto lo debe ha­cer cada estudiante por sí mismo.

"Has conservado inteligentemente las enseñanzas, libre de toda autoridad extraña, y no hay en tus libros principios esotéri­cos de autoridad o respaldo jerárquico, tales como los que han producido las estrechas limitaciones de ciertos organismos y gru­pos eclesiásticos tan diferentes como la Iglesia Católica, la Cien­cia Cristiana y aquellos que creen en la inspiración verbal de las Escrituras y en numerosas asociaciones denominadas esotéricas. La desgracia de muchos grupos ha sido ese constante rumoreo: «Aquellos que saben, desean...» «El Maestro dice» «Los Grandes Seres Ordenan... » y el grupo, como rebaño de ovejas, se atropella ciegamente en el afán de obedecer. Creen que mediante su mal  orientada devoción se relacionarán con ciertos personajes autori­zados, acortando así el camino para llegar al cielo.

 "Has sabido conservar y cuidar sabiamente los libros, de las reacciones de aquellos que pretenden ser maestros, adeptos e ini­ciados. Mi anonimato y estado deben ser respetados, y mi rango debe ser considerado sólo como el de un estudiante más avanzado, el de un aspirante a esa expansión de conciencia, que para mí sig­nifica un paso más. Sólo es importante la parte de verdad que pue­da exponer; sólo es vital la inspiración y la ayuda que pueda dar a cualquier peregrino en el sendero; lo que he aprendido por me­dio de la experiencia está a disposición de todo aspirante sincero; y la amplitud de visión que puedo impartirles (debido a que he escalado la montaña un poco más), es mi principal aporte. Los es­tudiantes son libres de reflexionar sobre estos puntos y de pres­cindir de inútiles especulaciones acerca de las informaciones deta­lladas sobre personalidades insignificantes y condiciones ambien­tales."

El tema a tratar será la Magia del Alma, y el pensamiento clave de todo lo que pueda aparecer en este libro, lo hallarán en las palabras del Bhagavad Gita:

"Aunque soy el que no ha nacido, el alma que no muere; aun­que soy el Señor de los Seres; no obstante, como señor de mi natu­raleza, me manifiesto por medio del poder mágico del Alma". B. G.,  IV. 6.

Lo estadístico y lo académico son bases necesarias y pasos preliminares en la mayoría de los estudios científicos, pero en este libro centraremos la atención sobre el aspecto vida y la aplicación práctica de la verdad a la vida diaria del aspirante. Estudiaremos cómo llegar a ser magos prácticos y en qué forma podemos vivir mejor la vida del hombre espiritual y la del aspi­rante al discipulado aceptado, en esta peculiar época, estado y medio ambiente.

Para lograrlo, tomaremos las Quince Reglas para la Magia, de mi libro anterior Tratado sobre Fuego Cósmico. Las comen­taré sin ocuparme de su significado cósmico o solar, o de otras analogías y correspondencias; pero aplicándolas al trabajo del aspirante y dando sugerencias prácticas para desarrollar mejor el contacto y la manifestación del alma. Daré por sentado que los estudiantes poseen ciertos conocimientos, y supongo que podrán seguirme y comprender algunos términos técnicos que me veré obligado a emplear. No trato con infantes, sino con personas ma­duras que han elegido determinado camino y se han comprome­tido a "caminar en la luz".

En este libro me propongo hacer cuatro cosas y atraer tres tipos de personas. Referente a su enseñanza, se basa sobre cuatro postulados fundamentales que intentan:

  1. Enseñar las leyes de la sicología espiritual como distintas de las de la sicología mental y emocional.
  2. Aclarar la naturaleza del alma humana y sus relaciones con el sistema y el cosmos. Como paso preliminar esto incluirá su relación con el grupo.
  3. Demostrar las relaciones entre el yo y las envolturas que ese yo pueda utilizar, y así aclarar el pensar general res­pecto a la constitución del hombre.
  4. Elucidar el problema de los poderes supranormales  y dar las reglas para su desarrollo útil y sin peligro.

 

Nos hallamos al final de un gran período de transición, y los reinos más sutiles de la vida nunca estuvieron tan cercanos; los fenómenos inusitados y los acontecimientos inexplicables son aho­ra más comunes que en épocas anteriores, y lo telepático, lo sí­quico y lo peculiar, atraen la atención de los escépticos, de los científicos y de quienes estudian religión. Generalmente se bus­can razones para explicar la aparición de lo fenoménico, y se for­man asociaciones para su investigación y demostración. Además, muchas personas se desvían del camino en el afán de promover en sí mismas condiciones síquicas y factores que producen ener­gía y dan origen a la manifestación de peculiares poderes. Este libro tratará de adaptar la información suministrada al esquema de vida tal como lo reconocemos hoy, y demostrar cuán básica­mente natural y verídico es todo aquello que se califica de mis­terioso. Todas las cosas están sujetas a la ley, y las leyes deben ser explicadas, ahora que el hombre ha llegado a una etapa de desarrollo en que puede apreciar más exactamente su belleza y realidad.

      Tres tipos de personas responderán a la enseñanza de este libro, y son:

  1. Esos investigadores de mente abierta, dispuestos a acep­tar los fundamentos como hipótesis aplicables, hasta de­mostrar que son erróneas. Serán francamente agnósticos, pero, en su búsqueda de la verdad, deben estar dispuestos temporariamente a ensayar los métodos y seguir las su­gerencias presentadas a su consideración.
  2. Los aspirantes y discípulos estudiarán este tratado a fin de comprenderse mejor a sí mismos para poder ayudar al prójimo. No aceptarán ciegamente sus dictámenes, sino que experimentarán, comprobarán y corroborarán, cuida­dosamente las etapas  y pasos expuestos aquí en esta sec­ción de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna.
  3. Los iniciados arribarán a un significado que no será  evidente para los del primer grupo, y sólo es sospechado por los miembros más avanzados del segundo. Internamente conocen la verdad de muchas de las afirmaciones, pero com­prenderán la actuación subjetiva de muchas de las leyes. Estas leyes de la naturaleza producen efectos en tres esfe­ras distintas:

 

    1. Físicamente, donde se demuestran como efectos en la forma densa.
    2. Etéricamente, donde se manifiestan como energía que subyace detrás de esos efectos.
    3. Mentalmente, donde conciernen a los impulsos que producen los otros dos.

Tratado sobre Fuego Cósmico trata especialmente del sistema solar y sólo superficialmente de los aspectos y analogías humanas, en lo que ellas demuestran la relación de la parte con el todo y la unidad con la totalidad.
Este libro se ocupará más específicamente del desarrollo y desenvolvimiento humanos y elucidará las causas responsables de los efectos actuales, señalando el futuro y sus posibilidades y la naturaleza de las potencialidades en desarrollo.
Este libro también versará sobre cuatro postulados funda­mentales, que el estudiante tendrá que aceptar en carácter de hi­pótesis, digna de consideración y comprobación. A ningún inves­tigador sincero de la Sabiduría Eterna se le exige ciega acepta­ción de cualquier presentación de la verdad; no obstante, se le pide que mantenga una mente abierta y seriamente valore y con­sidere las teorías e ideales, las leyes y verdades, que han llevado a muchas personas de la oscuridad a la luz del conocimiento  y la experiencia. Los postulados podrían ser enumerados de la siguiente manera, por orden de importancia:

I.  El primer postulado es que existe en nuestro universo ma­nifestado la expresión de una Energía o Vida, causa responsable de las diversas formas y de la vasta jerarquía de seres sensibles que componen la totalidad de cuanto existe. Ésta es la denomina­da teoría hilozoísta, aunque el término sólo sirve para confundir. Esta gran Vida es la base del Monismo, y todos los hombres ilu­minados son monistas. "Dios es uno", es la expresión de la ver­dad. Una sola vida impregna todas las formas y éstas son las expresiones en tiempo y espacio, de la energía universal central. La Vida en manifestación produce existencia y ser, por lo tanto es la causa raíz de la dualidad. Esta dualidad, que se percibe cuan­do está presente la objetividad, y desaparece cuando el aspecto forma se desvanece, tiene muchos nombres, de los cuales y para mayor claridad podríamos enumerar los más comunes:

Espíritu                                                                                       Materia
    Vida....................................................................................Forma
    Padre ............................................ ..........................................Madre
    Positivo ..............................................................................Negativo
    Oscuridad ..........................................................................Luz

Los estudiantes deben mantener en la mente esta unidad esencial, aún cuando hablen (como deberán hablar) en términos finitos de esa dualidad, que cíclicamente se evidencia en to­das partes.

II.  El segundo postulado surge del primero, y afirma que la Vida Una, que se manifiesta a través de la materia, produce un tercer factor que es la conciencia. Esta conciencia, resultado de la unión de los dos polos, espíritu y materia, constituye el alma de todas las cosas; compenetra toda sustancia o energía objetiva; subyace en todas las formas, ya sea la de esa unidad de energía que llamamos átomo o la de un hombre, un planeta o un sistema solar. Ésta es La Teoría de Autodeterminación, o la enseñanza de que todas las vidas, de las cuales está formada la vida una, cada una en su esfera y modo de ser, se embeben en la materia, por así decirlo, y asumen formas por cuyo intermedio su peculiar y específico estado de conciencia puede ser comprendido y su vi­bración estabilizada; así pueden conocerse a sí mismas como exis­tencias. Nuevamente la vida una se convierte entonces en una entidad estabilizada y consciente mediante el sistema solar, sien­do por lo tanto esencialmente la suma total de energías de todos los estados de conciencia y de todas las formas de existencia. Lo homogéneo se vuelve heterogéneo, y sin embargo permanece sien­do una unidad; el uno se manifiesta en diversidad, y no obstante, es inmutable; la unidad central es conocida en tiempo y espacio, como compuesta y diferenciada, y sin embargo cuando no existan tiempo y espacio (pues no son más que estados de conciencia) sólo permanecerá la unidad y únicamente persistirá el espíritu, ade­más de una acrecentada acción vibratoria y la capacidad para in­tensificar la luz cuando retorne el ciclo de manifestación.

Dentro de la pulsación vibratoria de la Vida una en manifes­tación, todas las vidas inferiores repiten el proceso de ser ‑Dio­ses, ángeles, hombres y miríadas de vidas que se expresan median­te las formas de los reinos de la naturaleza y las actividades del proceso evolutivo. Todo llega a ser autocentrado y autodeter­minado.

III.  El tercer postulado fundamental es que el desenvolvimiento de la conciencia o la revelación del alma, constituye el objetivo por el cual la vida adquiere forma y también el propósito por el cual se manifiesta el ser. Esto puede ser denominado La Teoría de la Evolución de la Luz. Si se tiene en cuenta que el científico moderno sostiene que la luz y la materia son términos sinónimos, haciéndose eco de las enseñanzas de Oriente, es evi­dente que mediante la interacción de los polos y la fricción de los pares de opuestos, surge la luz. La meta de la evolución consiste en una serie graduada de manifestaciones de luz. Velada y ocul­ta en todas las formas se halla la luz. A medida que la evolución avanza, la materia se convierte en un buen conductor de luz, de­mostrando así la exactitud de la afirmación de Cristo, "Yo Soy la Luz del Mundo".

IV.  El cuarto postulado sostiene que todas las vidas se ma­nifiestan cíclicamente. Ésta es La Teoría del Renacimiento ode la reencarnación, demostración de la ley de periodicidad.

Tales son las grandes verdades subyacentes que constituyen la base de la Sabiduría Eterna ‑o la existencia de la vida y el desarrollo de la conciencia, mediante la cíclica adquisición de la forma.

En este tratado se hará hincapié en la minúscula vida; el hombre "hecho a imagen de Dios", que mediante la reencarna­ción desarrolla su conciencia hasta florecer como alma perfeccio­nada, cuya naturaleza es luz y cuya comprensión es la de una identidad autoconsciente. Esta unidad desarrollada debe oportu­namente fusionarse, participando con plena inteligencia en esa conciencia mayor de la cual forma parte.

Antes de abocarnos a nuestro tema quizás sea útil definir ciertas palabras que emplearemos con frecuencia, para entender­nos mejor y conocer la significación de los términos que utilizamos.

  1. Oculto. Este término se refiere a las fuerzas ocultas del ser y al origen de la conducta, que producen la manifestación ob­jetiva. La palabra "conducta" se emplea deliberadamente, porque toda manifestación en los reinos de la naturaleza es la expresión de la vida, propósito y tipo de actividad, de algún ser o existen­cia, y es literalmente la conducta (o naturaleza externa o cuali­dad) de una vida. El origen de la acción está oculto tras los pro­pósitos de cualquier vida, sea una vida solar, una entidad pla­netaria, un hombre, o ese Ser que es la totalidad de los estados de conciencia y de las formas de cualquier reino de la naturaleza.

 

  1. Ley. Una ley presupone una entidad superior que, dotada de propósito y ayudada por la inteligencia, coordina sus fuerzas de tal modo que va madurando un plan en forma secuencial y cons­tante. Mediante el conocimiento claro de la meta, esa entida activa los pasos y las etapas que, si se realizan ordenadamente, lle­van el plan a la perfección. La palabra "ley" tal como se entiende comúnmente, da la idea de sometimiento a una actividad recono­cida como inexorable e inflexible, pero que no es comprendida por el que está sujeto a ella; abarca, desde cierto punto de vista, la ac­titud de la unidad sumergida en el impulso grupal, y la incapa­cidad de la misma para cambiar el impulso o eludir la conse­cuencia; produce inevitablemente en la conciencia del hombre que considera estas leyes, el sentimiento de ser una víctima im­pelida como una hoja a merced del viento, hacia un fin, del cual sólo es posible especular, regido por una fuerza que actúa aparentemente, ejerciendo una presión ineludible y produciendo resultados grupales a expensas de la unidad. Esta actitud mental se produce inevitablemente, hasta que la conciencia del hombre puede expandirse a tal grado que llega a ser consciente de asun­tos más importantes. Cuando establece contacto con su yo superior, participa en el conocimiento de lo objetivo y escala la montaña de la visión, su perspectiva cambia y su horizonte se ensancha; entonces llega a comprender que una ley es únicamen­te el impulso espiritual: incentivo y manifestación de la vida de ese Ser en el cual vive y se mueve. Aprende que ese impulso ex­presa un propósito inteligente, sabiamente dirigido y basado en el amor. Luego, comienza él mismo a aplicar la ley, trasmitiendo sabia, amorosa e inteligentemente, a través de sí mismo, todo lo que recibe de ese impulso de vida espiritual al que su organismo puede responder, trasmitir y utilizar. Deja de ser un obstáculo y comienza a trasferir. Pone fin al ciclo de vida hermética y au­tocentrada, y abre de par en par las puertas a la energía espiri­tual. Al hacer esto descubre que la ley, a la cual ha odiado y recelado, es el agente vitalizador y purificador que lo impele a él y a todas las criaturas de Dios, a una gloriosa consumación.
  1. Síquico. En lo que concierne al reino humano hay, dos tipos en manifestación,

de esa fuerza mencionada, y deben ser claramente captados. Una fuerza anima a los reinos subhumanos de la naturaleza ‑energía animadora que conjuntamente con la energía de la materia y del yo, produce todas las formas. El efecto de esta conjunción es agregar a la inteligencia embrionaria de la sustancia misma, la sensibilidad latente y la respuesta, lo cual produce ese algo subjetivo que llamamos alma animal. Existen cuatro grados o estados de percepción sensoria:

  1. La conciencia del reino mineral.
  2. La conciencia del reino vegetal.
  3. La conciencia del reino animal.
  4. La conciencia de la forma animal, a través de la cual actúa el hombre espiritual que, en última instancia, no es  más que un sector del grupo anterior en su presentación más elevada.

 

Existe también esa fuerza síquica que es resultado de la unión del espíritu con la materia sensoria del reino humano, y produce el centro síquico denominado el alma del hombre, el cual es un centro de fuerza, y la fuerza que custodia o manifiesta, pone en actividad la respuesta y percepción del alma de la vida planetaria, conciencia grupal que trae consigo facultades y conocimientos de orden distintos de los del alma animal. Éstos, finalmente, reemplazan los poderes del alma animal que limitan, deforman y apri­sionan, dando al hombre una esfera de contactos y conocimientos infalibles, libre de error, que le concede "la libertad de los cielos". Los resultados de la libre acción del alma del hombre sirven para demostrar la falibilidad y la relativa inutilidad de los poderes del alma animal. Aquí deseo demostrar los dos sentidos en que se emplea la palabra "síquico". Luego me ocuparé del crecimiento y desarrollo de la naturaleza síquica inferior, o del alma de los vehículos en que el hombre funciona en los tres mundos; después trataré de elucidar la verdadera naturaleza del alma del hombre y los poderes que entrarán en juego una vez que pueda hacer contacto con su propio centro espiritual, el alma, y vivir en esa conciencia del alma.

  1. Desenvolvimiento. La vida en el corazón del sistema so­lar produce un desarrollo evolutivo de las energías de ese universo, que el hombre finito aún no puede imaginar. Análogamente el centro de energía denominado aspecto espiritual del hombre (mediante la utilización de la materia o sustancia), produce el desarrollo evolutivo de aquello que denominamos alma, y es lo más elevado de las manifestaciones de la forma ‑el reino humano-. El hombre es el producto más elevado de la existencia en los tres mundos. Quiero significar por hombre, el hombre espiritual, un hijo de Dios en encarnación. Las formas de todos los reinos de la naturaleza ‑humano, animal, vegetal y mineral‑ contribuyen a esa manifestación. La energía del tercer aspecto de la divinidad tiende a la revelación del alma o segundo aspecto, que a su vez revela el aspecto más elevado. Debe recordarse que La Doctrina Secreta,* de H. P. Blavátsky, expresa con exactitud esta idea, en las siguientes palabras: "Consideramos la vida como la única forma de existencia, manifestándose en lo que llamamos materia, o que separándolas incorrectamente, denominamos espíritu, alma y materia, en el hombre. Materia es el vehículo para la manifestación del alma en este plano de existencia, y el alma es el vehículo, en un plano más elevado, para la manifestación del espíritu; los tres son una trinidad sintetizada por la vida que los compenetra".

 

 El alma se desarrolla mediante el empleo de la materia, y lle­ga a su culminación en el alma del hombre. Este tratado versará sobre el desarrollo de esa alma y su descubrimiento por el hombre.

  1. Conocimiento. Podría ser dividido en tres categorías: Primero, el conocimiento teórico, incluye todo lo que el hombre co­noce y percibe, y que ha aceptado debido a las afirmaciones de otras personas y de los especialistas en las distintas ramas del conocimiento. Se funda en autorizadas afirmaciones y contiene elementos que permiten confiar en los escritores, conferencistas e inteligencias entrenadas que actúan en cualesquiera de los nu­merosos y variados campos del pensamiento. Las verdades acep­tadas como tales no han sido formuladas o verificadas por quien las acepta, pues carece del entrenamiento y equipo necesarios. Los dictámenes de la ciencia, de la teología y de la religión y los descubrimientos de los filósofos y pensadores de todas partes, matizan el punto de vista y hallan rápida aceptación en la mente no entrenada, la mente común.

 

Segundo, tenemos el conocimiento discriminativo que con­tiene una cualidad de selección, y afirma la valoración inteligen­te y aplicación práctica del método más específicamente cientí­fico y la utilización de la prueba, la eliminación de lo que no puede ser probado y el aislamiento de esos factores susceptibles de investigación, de acuerdo a lo que se entiende por ley. La mente razonadora, argumentadora, escolástica y concreta, es pues­ta en actividad con el resultado de que gran parte de lo que es in­fantil, imposible e inverificable, es rechazado, trayendo como consecuencia el esclarecimiento en el campo de los resultados men­tales. Este proceso discriminador y científico permitió al hom­bre conocer gran parte de la verdad respecto a los tres mundos. El método científico, en relación con la mente de la humanidad, desempeña la misma función que el método ocultista de medita­ción (en sus dos primeras etapas de concentración y concentra­ción prolongada o meditación) en relación con el individuo. Por su intermedio se engendran correctos procesos mentales, y finalmente es eliminado o corregido lo no esencial y las formulaciones incorrectas de la verdad, y el constante enfoque de la atención, sea sobre un pensamiento simiente, un problema científico, una filosofía o una situación mundial, dando por resultado el es­clarecimiento final y la constante infiltración de ideas correctas y sólidas conclusiones. Los pensadores más destacados en cualesquiera de las grandes escuelas de pensamiento son simples ex­ponentes de la meditación ocultista, y los brillantes descubri­mientos de la ciencia, las correctas interpretaciones de las leyes de la naturaleza y la formulación de las correctas conclusiones, ya sea en los campos de la ciencia, la economía, la filosofía, la sicología o en cualquier otro campo, sólo son lo que registra la mente (y en consecuencia el cerebro) de las verdades eternas, e indican que la raza comienza a eliminar la separación entre lo objetivo y lo subjetivo, entre el mundo de la forma y el mun­do de las ideas.

Esto conduce inevitablemente al surgimiento de la tercera rama del conocimiento, la intuición. En realidad, la intuición es sólo la apreciación mental de algún factor de la creación, de alguna ley de la manifestación y de cierto aspecto de la verdad, conocido por el alma, que emana del mundo de las ideas, siendo de la naturaleza de esas energías que producen todo lo conocido y visto. Estas verdades están siempre presentes y esas leyes eternamente activas; pero únicamente a medida que la mente está entrenada y desarrollada, enfocada y abierta, pueden ser reconocidas, posteriormente comprendidas y finalmente adaptadas a las necesidades y demandas del ciclo y de la época. Siempre han existido quienes entrenaron su mente en el arte del claro pensar, enfocaron la atención en la consiguiente receptividad de la verdad, pero hasta ahora fueron muy pocos y aparecieron de tarde en tarde. Constituyen  las mentes descollantes de las épocas. En la actualidad son numerosas y aparecen cada vez con mayor frecuencia. Las mentes de la raza están en proceso de entrenamiento, y muchas al borde de un nuevo conocimiento. La intuición, que guía a los pensadores avanzados hacia los nuevos campos del conocimiento, es sólo la vanguardia de esa omnisciencia que caracteriza al alma. La verdad de todas las cosas existe y se la denomina omnisciencia, infalibilidad y "correcto conocimiento" en la filosofía hindú. Cuando el hombre capta un fragmento de ella y la absorbe en la conciencia racial, se lo denomina formulación de una ley o descubrimiento de uno de los procesos de la naturaleza. Hasta ahora esto ha sido una empresa lenta y fragmentaria. Más adelante, y dentro de no mucho tiempo, la luz afluirá, la verdad será revelada y la raza tomará posesión de su herencia ‑la del alma.

En algunas de nuestras consideraciones deberán forzosamente intervenir las conjeturas. A quienes perciben una visión, vedada a los que carecen del equipo necesario para su captación, se los considera fantasiosos e imaginativos. Cuando muchos la perci­ben, se acepta su posibilidad, pero cuando la humanidad haya despertado y abierto los ojos, ya no se hará hincapié sobre la visión, sino que se afirmará un hecho y se enunciará una ley. Tal ha sido la historia en el pasado y así será el proceso en el futuro.

El pasado, desde el punto de vista del hombre común, es esencialmente especulativo; el futuro también, pero el hombre mismo es resultado de ese pasado, y el futuro surgirá de la suma total de sus actuales cualidades y características. Si esto es verdad respecto al individuo, también lo es respecto al género humano como un todo. Esa unidad de la naturaleza que denominamos cuarto reino o reino humano, representa aquello que es producto de su herencia física; sus características son el conjunto de su desarrollo emocional y mental, y su acervo es todo aquello que ha logrado acumular, durante los ciclos en que ha  luchado con su medio ambiente ‑todos los otros reinos de la naturaleza. Por lo tanto, dentro del reino humano existen potencialidades, estados latentes, características y haberes, que el futuro revelará y que a su vez determinan ese futuro.

He decidido intencionalmente comenzar con lo indefinido y no reconocido. El alma es aún una cuantidad desconocida. No ocupa un real lugar en las teorías de los investigadores académicos y científicos. No ha sido comprobada, y es considerada aún por los académicos más liberales como una posible hipótesis, pe­ro indemostrable. No es aceptada como una realidad en la con­ciencia de la raza. Sólo dos grupos de personas la aceptan como tal; uno de ellos el crédulo, no evolucionado, infantil, educado en las enseñanzas de cualesquiera de las Escrituras mundiales, es­tando religiosamente inclinado, acepta sin indagar los postulados de la religión, tales como el alma, Dios y la inmortalidad. El otro es ese pequeño grupo de Conocedores de Dios y de la rea­lidad, que se agranda constantemente, que sabe que el alma es un hecho por propia experiencia, pero no puede probar satisfactoriamente su existencia al hombre que acepta únicamente lo que la mente concreta puede captar, analizar, criticar y com­probar.

Los ignorantes y los sabios se encuentran en un terreno co­mún, como sucede siempre con los extremos. Entre ellos se hallan los que no son del todo ignorantes ni sabiamente intuitivos. Constituyen la masa de personas cultas que poseen conocimientos pero no comprensión, y aún tienen que aprender a diferenciar entre lo que puede captar la mente razonadora, lo que puede ser percibido por el ojo de la mente y aquello que sólo la mente superior o abstracta, puede formular y conocer. Esto finalmente se fusiona con la intuición, "facultad conocedora" del místico inteligente y práctico que ‑relegando la naturaleza emotiva y afec­tiva al lugar que le corresponde‑ utiliza la mente como punto de enfoque, observando el mundo del alma a través de ese lente.

 LOS TRES ASPECTOS DEL HOMBRE

Uno de los medios principales por el cual el hombre llega a comprender esa gran totalidad llamada Macrocosmos ‑Dios, actuando mediante un sistema solar‑ es comprender por sí mis­mo el mandato délfico "Hombre, conócete a ti mismo", anunciado inspirado, destinado a dar al hombre la clave del misterio de la deidad. Mediante la Ley de Analogía o Correspondencia, los procesos cósmicos y la naturaleza de los principios cósmicos se manifiestan en las funciones, estructura y características de un ser humano. Están expuestos pero no explicados ni detallados. Sirven únicamente para dirigir al hombre por el sendero en el cual podrá descubrir y observar futuros signos e indicaciones más definidas.
La comprensión de esa triplicidad espíritu, alma y cuerpo, está más allá del alcance del hombre, pero puede tenerse una idea de su relación y función coordinada y general, si se lo considera desde el punto de vista físico y de su funcionamiento objetivo.

Tres aspectos del organismo del hombre son símbolos, y sólo símbolos de los tres aspectos del ser.

1. La energía o principio activador, que se retira misteriosamente en el momento de la muerte, y parcialmente durante las horas del sueño o de inconsciencia, y parece utilizar el cerebro como asiento principal de actividad, dirigiendo desde allí el funcionamiento del organismo. Esta energía tiene relación directa y primordial con las tres partes del organismo denominados cerebro, corazón y aparato respiratorio símbolo microcósmico del espíritu.

2. El sistema nervioso, con su complejidad de nervios, centros nerviosos y multiplicidad de partes interrelacionadas y sensibles, sirve para coordinar el organismo, producir la respuesta sensible entre los numerosos órganos y partes que lo constitu­yen, y también para hacer al hombre consciente y sensible de su medio ambiente. Este mecanismo sensorio produce la percep­ción organizada y la sensibilidad coordinada en el ser humano; primero, dentro de sí mismo como unidad, y segundo, como res­puesta y reacción sensible al mundo en el que desempeña su parte. Esta estructura nerviosa que coordina, correlaciona y pro­duce actividad grupal externa e interna, se manifiesta principal­mente a través de tres partes del sistema nervioso:

  1. Sistema cerebro‑espinal.
  2. Sistema sensorio‑nervioso.
  3. Sistema periférico‑nervioso.

 

 Está íntimamente relacionado con el aspecto energía, y es el mecanismo utilizado por esa energía para vitalizar el cuerpo, pro­ducir su actividad y funcionamiento coordinados y lograr una rela­ción inteligente con el mundo en el cual debe desempeñar su par­te. Está detrás, si puedo utilizar tal expresión, de la naturaleza cor­pórea propiamente dicha y de la masa de carne, hueso y músculo, motivada y controlada a su vez por dos factores:

    1. La suma total de energía que es la cuota individual de energía vital.
    2. La energía del medio ambiente donde se encuentra el in­dividuo, en el cual tiene que actuar y desempeñar su parte.

 

Este sistema nervioso coordinador, esta red de nervios inter­relacionados y sensibles, es el símbolo del alma del hombre y la forma externa y visible de una realidad espiritual interna.

3. Finalmente, existe lo que puede describirse como el cuer­po, conjunto de carne, músculo y hueso, que el hombre lleva con­sigo, interrelacionado por el sistema nervioso y energetizado por lo que llamamos vagamente su "vida".

En estos tres, la vida, el sistema nervioso y el conjunto cor­póreo, hallamos el reflejo y símbolo de la totalidad mayor; me­diante un estudio detenido y la comprensión de sus funciones y relación grupal, podemos llegar a comprender algunas de las leyes y principios que dirigen las actividades de "Dios en la na­turaleza" ‑frase sublimemente veraz y finitamente falsa.

Los tres aspectos de la divinidad, o la energía central o espíritu, la fuerza coordinadora o alma, y aquello que ambas uti­lizan y unifican, constituyen en realidad un principio vital, que se manifiesta en la diversidad. Estos son los Tres en Uno, el Uno en Tres, Dios en la naturaleza y la naturaleza misma en Dios.

Como ilustración y extendiendo el concepto a otros sectores del pensamiento, esta trinidad de aspectos puede verse funcio­nando como enseñanzas esotéricas, en el mundo de las religio­nes, en la simbología y doctrinas fundamentales de las grandes religiones mundiales y en las organizaciones exotéricas; en el gobierno constituye la suma total de la voluntad del pueblo, cualesquiera sean las leyes promulgadas y la administración exotérica; en la educación es la voluntad de aprender las artes y las ciencias y los grandes sistemas educativos exotéricos; en la filosofía es el impulso hacia la sabiduría, las escuelas in­terrelacionadas de pensamiento y la presentación externa de las enseñanzas. En esta forma esta eterna triplicidad subsiste en to­dos los sectores del mundo manifestado, ya sea considerada como lo tangible o lo sensible y coherente, o como aquello que energetiza. A esa actividad inteligente se la ha denominado torpemen­te "percepción"; constituye la capacidad de percibir implicando así una respuesta sensible al medio ambiente y el mecanismo de esa respuesta, la divina dualidad del alma; finalmente, es la suma total de aquello con que se ha hecho contacto y se conoce, y lo que el mecanismo sensible  llega a percibir. Como veremos más adelante, es la comprensión que aumenta en forma gradual, pasando continuamente a reinos más esotéricos e internos.

Estos tres aspectos se perciben en el hombre, divina uni­dad de la vida. Primero, los reconoce en sí mismo; luego los ve en todas las formas de su medio ambiente, y finalmente aprende a relacionar estos aspectos de sí mismo con análogos aspectos en otras formas de manifestación divina. La relación correcta entre las formas dará como resultado la armonización y el correcto ajuste de la vida en el plano físico. La debida respuesta al me­dio ambiente dará por resultado la correcta relación con el as­pecto alma, oculto en todas las formas, y producirá correctas relaciones entre las distintas partes de la estructura nerviosa in­terna, existente en todos los reinos de la naturaleza subhumana y superhumana. Esto es prácticamente desconocido, pero está siendo rápidamente reconocido; cuando llegue a ser comprobado y comprendido, se descubrirá que en ello reside el fundamento de la hermandad y de la unidad. Así como el hígado, el corazón, los pulmones, el estómago y otros órganos del cuerpo, funcio­nan y existen independientemente y, sin embargo están unidos y conectados en el cuerpo, mediante el sistema nervioso, así se descubrirá que tanto los organismos como los reinos de la natu­raleza tienen su vida y funciones independientes, y no obstante están coordinados y correlacionados por un amplio y complicado sistema sensorio, denominado a veces el alma de todas las cosas, el anima mundi, la conciencia subyacente.

Cuando tratamos de las triplicidades, tales como espíritu‑al­ma‑cuerpo, vida‑conciencia‑forma, empleadas con tanta frecuen­cia al hablar de la deidad, es de valor recordar que se refieren a diferenciaciones de la vida una, y cuanto mayor número de es­tas triplicidades conozcamos, en mayor armonía estaremos con un grupo cada vez más amplio. Pero cuando nos ocupamos de co­sas ocultas y subjetivas, y el tema sobre el cual se escribe trata sobre lo indefinible, entonces se tropieza con dificultades. No es difícil describir la apariencia personal de un hombre, su ropaje, forma y cosas de las cuales está rodeado. El lenguaje es suficien­temente amplio para definir lo concreto y el mundo de la forma. Pero cuando se trata de dar una idea de su cualidad, carácter y naturaleza, encaramos inmediatamente el problema de lo desco­nocido, esa zona indefinible e invisible que presentimos, pero que en un sentido más amplio permanece sin revelar, y hasta incom­prendida por el hombre mismo. ¿Cómo describirlo entonces me­diante el lenguaje?

Si eso es así respecto al hombre, ¿cuánto mayor, será la difi­cultad para expresar con palabras esa inexpresable totalidad de la cual se considera que los términos espíritu, alma y cuerpo, son las diferenciaciones principales? ¿Cómo definiremos esa indefinible vida que los hombres, para mayor comprensión, han limitado y separado en una triplicidad de aspectos o personas, dando al todo el nombre de Dios?

No obstante, cuando la trinidad en que diferenciamos a Dios se emplee universalmente y durante épocas, y cuando todos los pueblos ‑antiguos y modernos‑ empleen la misma triplicidad de ideas para expresar el conocimiento intuitivo, entonces se justificará su empleo. Quizás algún día podamos pensar y expresar la verdad en forma diferente, pero para el pensador común de hoy los términos espíritu, alma y cuerpo, representan el cúmulo de la manifestación divina, tanto en la deidad del universo como en esa divinidad menor, el hombre mismo. Dado que este tratado está destinado al ser humano pensador y no a los teólogos cristalizados ni a los científicos que prefieren las teorías, utilizaremos la acostumbrada terminología y trataremos de comprender qué fundamento han tenido las frases con que el hombre ha tratado de explicar a Dios Mismo:

"Dios es espíritu, y quienes Lo adoran deben adorarlo en es­píritu y en verdad", afirma una de las Escrituras del mundo. "El hombre se convirtió en un alma viviente", dice en otro lugar la misma Escritura. "Ruego a Dios que vuestro entero espíritu, al­ma y cuerpo, puedan mantenerse intachables", dijo un gran iniciado de la Logia Blanca; y el más grande de todos, presente aún en forma física en la tierra, repitió las palabras de un sabio anterior, cuando dijo: "He dicho que Dioses sois y todos hijos del Altísimo". En estas palabras la triplicidad del hombre, su divi­nidad y relación con la vida en Quien vive, se mueve y tiene su ser, son tratados brevemente desde el punto de vista cristiano, y todas las grandes religiones, en frases análogas, se ocupan de esa relación.

a. Espíritu, Vida, Energía.

La palabra espíritu se aplica a ese impulso o Vida indefinible, sutil y esencial, causa de toda manifestación. Es el aliento de Vida y esa afluencia rítmica de energía vital, que a su vez se manifiesta como fuerza atractiva, conciencia o alma, siendo la suma total de la sustancia atómica. Es la correspondencia o analogía, en la gran Existencia o Macrocosmos, de lo que en la pequeña existencia o microcosmos, constituye el factor vital inspirador, denominado la vida del hombre; lo indica el aliento en su cuer­po, el cual se abstrae o retira cuando termina el curso de su vida.

¿Quién podrá decir qué es este algo? Lo retrotraemos al alma o aspecto conciencia y del alma al espíritu (como llamamos a los tres aspectos del aliento uno), pero en realidad, ¿quién tiene el valor de decir lo que significan estas palabras? Este algo desconocido es denominado con distintos nombres, de acuerdo a nuestra particular escuela de pensamiento; tratamos de expresarlo en palabras y terminamos por llamarlo Espíritu, Vida Una, Mónada, Energía. Recordemos que la comprensión respecto  a esta vida una es puramente relativa. Quienes están sumergidos en el aspecto forma de la existencia piensan en términos de vitalidad física, sensación, impulso o fuerza mental, y no van más allá de esa unificada vida‑conciencia, de la cual lo mencionado son diferenciaciones. Por otra parte quienes se interesan en el acer­camiento metafísico y en la vida del alma, más que en el aspec­to forma, expresan su concepto en términos de manifestación del alma y ‑pasando más allá de las reacciones egoístas perso­nales de la naturaleza corpórea‑ piensan en términos de vida, cualidad, voluntad o poder grupales, de coordinación grupal o amor‑sabiduría, como también de inteligencia o conocimiento gru­pal, abarcando todo con el término genérico de hermandad.

Pero aún eso se considera separatista, porque separa en unidades mayores, que lo inferior es incapaz de captar. Por lo tanto, el iniciado, especialmente después de la tercera iniciación, empieza a pensar aún más sintéticamente y a expresar la verdad para sí mismo en términos de Espíritu, Vida, el Uno. Estos términos le indican algo significativo, pero tan apartado del concepto de la humanidad pensante común, que es inútil extenderme más so­bre ello.
                   
Esto me ha conducido a un punto que debe ahora ser dilucidado antes de ampliar el tema. En el párrafo anterior y en Tratado sobre Fuego Cósmico se dice, con frecuencia, que en la enseñanza se llega hasta cierto punto y después se desiste, declarando que debido al punto alcanzado en la evolución del hombre común, su reacción a la verdad será distinta de la del discípulo‑estudiante o de la del iniciado. Esto necesariamente debe ser así; cada uno interpreta lo que lee según su estado de conciencia; no todos lo hacen en forma tan avanzada como quienes están en una etapa superior en la escala de evolución. Sin embargo, el lector común pone objeciones al obligársele a reconocer puntos de vista más amplios que los propios, y la frase: "Es inútil extenderme sobre  esto porque sólo sería comprendido por un iniciado", sólo sirve para exasperarlo; tiende a hacerle creer que intenta evadirse y que el escritor (por haberse internado demasiado) procura salvar la situación con una declaración de esta naturaleza. Así como un tratado científico resultaría sin sentido y una mera confusión de palabras para el escolar primario, pero aportaría definición y sentido claros al experto en la materia, debido al entrenamiento y desarrollo mental, del mismo modo existen aquellos para quienes el tema del alma y su naturaleza, de acuerdo a como se trata en una instrucción como ésta, es tan nítido y lúcido como lo es la li­teratura actual para el lector medio y las obras populares para el público en general. De igual modo, aunque en menor número, exis­ten esas almas avanzadas para quienes el espíritu y su natura­leza es también un tema racional y comprensible, que puede ser apreciado y comprendido a través del alma y sus poderes, así como es posible llegar a un entendimiento del alma mediante el uso correcto de la mente. En un nivel completamente inferior, sabemos cuán fácil es comprender la naturaleza del cuerpo físico por el estudio y el correcto empleo de la naturaleza del deseo. Es una especie de orgullo y de no querer reconocer las limitaciones temporarias que despierta en el lector el desagrado por ciertas frases que dicen apropiada y verazmente: "Cuando estén más evo­lucionados comprenderán lo antedicho". Esto debe ser aclarado.

Para el Maestro de Sabiduría, la naturaleza del espíritu o ese centro positivo de vida que cada forma oculta, no es más misterioso que la naturaleza del alma para el sicólogo esotérico. La fuente de esa vida una, el plano o estado de donde emana esa vida, es el gran Misterio Oculto para los miembros de la Jerar­quía de adeptos. Para los iniciados superiores al tercer grado, el estudio y tema de sus investigaciones es la naturaleza del espí­ritu, su cualidad y tipo de energía cósmica, su grado de vibración y sus diferenciaciones cósmicas y básicas. Así  obtienen en ese estudio una intuición bien desarrollada, unida a esa capacidad mental interpretativa que han desarrollado en su ciclo de encarnación. Emplean la luz interna ya despierta y desarrollada de sus almas para interpretar y comprender esa vida que (separa­da del mundo de las formas) persiste en los niveles superiores de la conciencia y penetra en nuestro sistema solar desde algún centro externo del ser. Irradian esa luz (que existe en ellos y que manipulan y utilizan) en dos direcciones, debido a que se encuentran en ese estado intermedio, actuando preferentemente en el plano de la intuición o búdico. Vierten esa luz en el mundo de la forma y conocen todas las cosas, interpretándolas correc­tamente; irradian esa luz en los reinos amorfos de los tres planos superiores (sin forma desde el punto de vista del hombre en los tres mundos inferiores al plano intuitivo) y tratan de com­prender por el crecimiento expansivo y constante, la naturaleza y el propósito de lo que no es ni cuerpo ni alma, ni fuerza ni materia, pero la causa de ambos en el universo.