Capítulo XIII
EGREGORES
Con el nombre genérico de EGREGORES vamos a conceptuar esotéricamente todas las
formas psíquicas que viven y se mueven dentro de los distintos éteres que constituyen el espacio
planetario. Tal como vimos en otra parte de este Tratado, hay EGREGORES provenientes de un
remoto pasado que todavía pululan por los bajos niveles del plano astral y son proyectores de
energía negativa sobre el aura etérica de nuestro mundo. Otros, de carácter más reciente y
producidos por la raza aria, contienen grandes reservas de energía mental y su poder es notorio
en la vida planetaria determinando lo que corrientemente llamamos ambiente social, político,
cultural, religioso, etc., de las naciones. Los EGREGORES se hallan por doquier, en las pequeñas
comunidades y en las grandes concentraciones sociales, pues allí en donde participe activamente
el espíritu humano, allí se fomentan y se construyen EGREGORES. Así, el término EGREGOR
tiene para el investigador esotérico un sentido total y absoluto, ya que de una u otra manera es la
representación genuina del alma de los pueblos, es decir, la expresión de su grado de civilización
y cultura. Si investigamos el proceso histórico del planeta y sus repercusiones psicológicas sobre
la humanidad del presente desde el ángulo oculto, comprobaremos la existencia de tres
principales tipos de EGREGORES en el aura etérica de la Tierra:
1º EGREGORES creados en las primeras subrazas de la Raza Lemur y transportados, vía
el éter, a nuestros días por la incorrecta forma de pensar, sentir y actuar de las razas del presente,
constituyendo los vastos semilleros de virus y bacterias que originan las más importantes y
dolorosas enfermedades físicas de la humanidad.
2º EGREGORES, dotados de un portentoso poder, procedentes de las antiguas
humanidades atlantes. Constituyen potentísimas concentraciones de energía psíquica y se
expresan en los subplanos inferiores del plano astral condicionando poderosamente a la
conciencia humana. Según el punto de vista de la Jerarquía espiritual del planeta, estos
EGREGORES son el principal enemigo de los aspirantes y discípulos del mundo en su intento de
integrarse espiritualmente y establecer contacto con su Yo superior.
3º EGREGORES construidos en materia mental y gravitando sobre los éteres planetarios.
Fueron creados inicialmente por las humanidades de las cinco subrazas de la Raza Aria. Algunas
de sus formas son realmente destructivas por el espíritu de separatividad que encarnan. Otras, por
el contrario, son buenas y aparecen actualmente como positivas, aunque al adentrarse la
humanidad dentro del área de luz del cumplimiento causal de la Raza, deberán ser finalmente
destruidas pese a las cualidades que encarnan y ser reemplazadas por otras más adecuadas para
la evolución de las sucesivas subrazas que irán apareciendo. Algunas de estas formas mentales
son expresiones del saber científico, pero aparecen frías y sin contenido espiritual. Es
precisamente esta circunstancia la que aleja a los científicos del mundo de las causas originales
de la energía. Como bien decía un gran Maestro de la Jerarquía a principios de este siglo: “La
Ciencia carece todavía de corazón, de ahí la peligrosidad de sus conquistas iniciales.” La visión de
este Maestro señalaba una vez más en la historia de la Logia el peligro que supone el
conocimiento sin haber madurado suficientemente el sentimiento de fraternidad dentro del
corazón.
Con este triple legado kármico de substanciados EGREGORES enfrenta la humanidad del
presente el proceso de su espiritual evolución, debiendo ser debidamente señalado que la Nueva
Era, a la cual nos referimos tan frecuentemente, será de una tremenda lucha contra los
EGREGORES que en distintos niveles y bajo una prodigiosa diversidad de matices constituyen las
bases de nuestra civilización actual. Habida cuenta de que este Tratado Esotérico sobre los
Angeles ha de constituir una obra genuinamente práctica que trascienda el propio conocimiento de
las ideas tratadas, hemos creído oportuno profundizar lo más posible en este tema de los
EGREGORES, a fin de que el aspirante espiritual de nuestros días y aún el propio discípulo en
entrenamiento esotérico, puedan utilizar los conocimientos impartidos en forma práctica y eficiente,
contribuyendo de alguna manera a la obra de la Jerarquía planetaria en Su intento de limpiar los
ambientes planetarios para que el Avatar de la Nueva Era pueda crear sin dificultades el Camino
de Luz que lo acercará a la Tierra y al corazón de los seres humanos de buena voluntad.
¿Qué es un EGREGOR?
Un EGREGOR, técnicamente hablando, es un núcleo de substancia mental, psíquica o
etérica creada por el modo de pensar, sentir y actuar de los seres humanos en no importa qué
plano ni en qué tiempo de la historia del mundo, cuya forma psíquica, encarnando aquellas
cualidades expresivas de conciencia, ha sido construida por los devas substanciadores de la
energía en cualquier nivel de la vida de la Naturaleza. Es decir, que todo impulso vital o
substancial surgiendo de los individuos o de las comunidades sociales del mundo y siguiendo la
línea creadora de la conciencia, produce inevitablemente una reacción dévica del espacio y
producto de ella es la forma psíquica de un EGREGOR. Pero, hay que señalar al respecto que hay
EGREGORES efímeros y EGREGORES permanentes. Los primeros obedecen a impulsos
psíquicos o estados de conciencia esporádicos y sin fuerza aglutinante; los segundos son el
resultado de la acumulación de materia psíquica realizada de manera constante y permanente por
efecto de los estados de conciencia habituales, ya sea de los individuos o de los grupos. En todo
caso, la respuesta dévica a los impulsos psíquicos creados por la humanidad a distintos niveles y
con carácter asiduo o permanente, constituye lo que corrientemente llamamos ambientes sociales
y comunales, siendo éstos la base de la civilización y cultura de los pueblos.
En el segundo libro de este Tratado hicimos extensa referencia a los EGREGORES
CONSTRUIDOS POR LOS DEVAS DEL AIRE utilizando el poder de los ritos, de las ceremonias
litúrgicas y meditaciones llevados a cabo regularmente por las distintas religiones, sociedades
secretas y escuelas esotéricas de entrenamiento espiritual del mundo, determinando formas
psíquicas de gran poder magnético que afectan el ambiente particular de tales comunidades y
asociaciones, pero que también, y en forma más subjetiva y oculta, operan sobre las conciencias
de los demás individuos y grupos determinando el fenómeno psicológico místicamente reconocido
como del despertar espiritual del alma. Esta es la manera mediante la cual el fermento social de
elevación y dignificación de la conciencia se produce. Los EGREGORES, en tal caso y en tanto
sean necesarios, resultan positivos y es lícito mantenerlos en iluminada tensión, tal como se dice
esotéricamente.
Existen, por el contrario, otras formas de EGREGORES manifiestamente negativos,
producidos por la conciencia separativa de la humanidad, por su actos de egoísmo y por su
manifiesta incapacidad de acogerse al bien y de rechazar el mal. Estos EGREGORES son,
desdichadamente, los más numerosos y los que más frecuentemente encuentra el discípulo en su
incesante caminar hacia las alturas espirituales en donde se hallan asentadas la paz, la serenidad
y la comprensión humana. El poder de los EGREGORES actuales de carácter inferior, vienen
notablemente estimulados por la presencia en los ambientes psíquicos planetarios de aquellos
otros potentísimos EGREGORES del pasado, creados por las humanidades que realizaron su
evolución en las razas Atlante y Lemur y que -según decía un viejo Maestro de la Jerarquía-”...
impiden el desarrollo de las nobles cualidades espirituales de la Raza y constituyen el verdadero
KURUKSETRA, o campo de batalla del discípulo” en su empeño de establecer contacto con el
Angel Solar de su vida y recibir de Este la gloria de la inspiración causal. Sea como sea, el
proceso de exteriorización de la Jerarquía y el Retorno del Avatar, dependen única y
exclusivamente -en estas primeras fases del Gran Intento- de la capacidad de visión y del
determinismo espiritual de los discípulos mundiales que han de destruir dentro de sí mismos y a su
inmediato alrededor a todos los EGREGORES de carácter negativo que los devas inferiores man-
tienen substanciados y objetivamente corporizados en los bajos niveles del plano astral. Los
EGREGORES DE ESTE PLANO son los más vigorosos debido a que sobre sus siete subplanos
se proyecta muy potentemente la fuerza mística del Segundo Rayo, el del propio LOGOS de
nuestro Sistema Solar. De ahí que el plano astral constituya para la humanidad la línea de mínima
resistencia para la elaboración de sus estados de conciencia y, consiguientemente, para poder
invocar -utilizando aquí un término justo y adecuado- a los devas astrales cuya misión es
substanciar los estados de conciencia de los hombres y crear los ambientes psíquicos de la
humanidad.
Los lectores que hayan analizado el segundo volumen de este Tratado Esotérico sobre los
Angeles, recordarán sin duda cuanto allí fue dicho acerca de los EGREGORES existentes en
todos los planos o niveles de manifestación humana y tendrán quizás una certera noción de las
dificultades que ha de entrañar su destrucción, aún reconociendo que son de carácter negativo,
debido a que la conciencia de los seres humanos -salvo contadas excepciones- se halla
plenamente identificada con tales EGREGORES y le resulta tremendamente difícil y hasta penoso
luchar contra ellos ya que parecen formar parte del propio equipo individual y su destrucción
motiva a veces verdadera aflicción y dolor. La contraparte superior y sublime de ese estado de
tensión, dolor y lucha por destruir los EGREGORES se halla en el ARHAT, el Gran Iniciado, que
ha de destruir su Cuerpo causal o Cuerpo de Luz con el cual estuvo íntimamente vinculado
durante millones de años, antes de poder penetrar en el Misterio infinito de la Quinta Iniciación y
convertirse en un Adepto, Maestro de Compasión y Sabiduría.
Los distintos tipos de EGREGORES cualifican la vida de los individuos y de los grupos,
quienes han producido una gigantesca acumulación de energía por efecto de sus ordinarios y
habituales estados de conciencia y la forma de tales EGREGORES, construida por una
impresionante cantidad de devas afines, se convierte en el condicionamiento kármico que sofoca
las nobles cualidades espirituales de la humanidad. Hemos visto durante el curso de este Tratado
cómo la acumulación incesante de energía psíquica creaba una ingente cantidad de
EGREGORES los cuales, agrupados por orden de densidad o de cualidad vibratoria, se reunían
en dos grandes e incluyentes grupos constituyendo aquellas dos potentísimas y misteriosas
Entidades que esotéricamente definimos como el GUARDIAN DEL UMBRAL y el ANGEL DE LA
PRESENCIA, nefasta y altamente negativa la primera por ser el receptáculo de todas las
expresiones inferiores de la humanidad y apetecible y correcta la segunda, por cuanto encarna los
mejores anhelos y aspiraciones espirituales de los seres humanos. La lucha de los aspirantes
inteligentes y de buena voluntad y de los discípulos en entrenamiento espiritual se realiza en el
centro de estos dos potentísimos EGREGORES raciales, de ahí el principio místico de todas las
religiones que afanosamente predican la paz, el orden, la serenidad y el equilibrio, ya que es en el
centro mismo de toda dualidad o separatividad humana donde la lucha adquiere caracteres de
verdadera epopeya y el relato de esta lucha constituye, de una u otra manera, el Cuerpo de
Misterios de aquellas religiones o comunidades espirituales.
¿Como identificar a un EGREGOR?
Tal como hemos dicho en otras varias ocasiones, un EGREGOR es una masa de energía
psíquica dotada de una forma objetiva en el plano donde habitualmente se manifiesta. Esta forma
ofrece la particularidad de adaptarse a las expresiones de la personalidad psicológica humana,
cuando ésta experimenta ciertos estados de conciencia, tales como el odio, la envidia, el miedo o
la desesperación o, por el contrario, la benevolencia, el afecto, la compasión, la decisión o el valor.
La acumulación de las energías psíquicas exigiendo una forma -he ahí una locución que merece
un cuidadoso estudio- halla en los distintos éteres del espacio cualificado que rodea y compenetra
a nuestro planeta, la respuesta justa y adecuada. La actividad de ciertos devas constructores en
los distintos niveles de expresión psíquica, produce y determina aquellas formas y una vez
creadas se introducen en las mismas constituyendo lo que podríamos denominar esotéricamente
un centro de conciencia. Vemos, por tanto, que cualquier tipo de EGREGOR es una acumulación
de energía psíquica en algún definido nivel, dotada de una forma distintiva y cualificada y
mantenida coherentemente en el éter por la voluntad instintiva de un centro de conciencia dévico.
La utilización correcta del principio de analogía, la verdadera piedra filosofal en el estudio
esotérico, permitirá profundizar todavía más el significado íntimo de esta relación, resaltando
principalmente el hecho de que la construcción de formas psíquicas -que más tarde se convertirán
en EGREGORES- constituye el sendero evolutivo para ese tipo de devas que en nuestro estudio
llamamos los agentes substanciadores del éter. Su evolución particular se realiza en el centro
mágico de aquella actividad alquímica que convierte el defecto en una cualidad o el vicio en una
virtud. Esta voluntad dévica de evolución -si podemos llamarla así- se halla sometida al espíritu del
hombre y a sus correctos o incorrectos propósitos de vida. De ahí que desde el ángulo esotérico la
actividad de tales devas es absolutamente impersonal, siendo siempre los seres humanos los que
en definitiva construyen sus buenos o malos ambientes. Hay en estas últimas palabras dos
principales significados a tener en cuenta; primero, que el hombre es el único y verdadero
promotor de su destino psicológico y kármico y segundo, que como ser inteligente, como aspirante
espiritual o como discípulo en entrenamiento esotérico, tiene el deber de mejorar la condición
evolutiva de aquellos devas que son sus servidores en la tarea de construir los EGREGORES que
han de condicionar los ambientes individuales, familiares, comunales y sociales de la humanidad y
canalizar las tendencias naturales, instintivas o inteligentes de la raza humana.
Hemos hecho referencia a las tendencias naturales de la raza humana, porque en esta
frase se halla implícito el valor de los términos historia, civilización y cultura con su inmenso caudal
de conocimiento y riqueza de experiencia. Los EGREGORES construidos por las distintas
humanidades deberían lógicamente ser destruidos una vez cumplida su finalidad de abrir o cerrar
ciclos evolutivos y liberar así a la ingente cantidad de devas substanciadores que los
estructuraron. Sin embargo, y por desdicha de la humanidad, no sucede así y los viejos
EGREGORES continúan activos y pletóricos de poder en los niveles psíquicos, impidiendo la
marcha natural de la evolución. Una de las razones principales por la que fue escrito este Tratado
fue el intento jerárquico de presentar un cuadro lo más completo posible de las condiciones
positivas o negativas del espacio planetario, surcado por una inmensa e increíble hueste de
EGREGORES, correctos unos porque constituyen proyecciones de energía espiritual, incorrectos
otros por encarnar tendencias egoístas de la humanidad y constituyendo centros nefastos de
energía material que atrae las voluntades humanas a los aspectos negativos de la existencia.
De ahí, por tanto, las disposiciones jerárquicas al analizar el estado actual de la
humanidad, de entrenar a los discípulos mundiales en los distintos ASHRAMAS de los Maestros,
en la tarea de identificar a los EGREGORES responsables del malestar mundial, con sus
tensiones y conflictos, y de crear, mediante el estímulo espiritual de sus enaltecidos estados de
conciencia, los nuevos EGREGORES que han de reorientar el curso de la historia, imprimir un
nuevo aliento a la civilización actual y abrir los cauces espirituales de la nueva cultura de la Raza.
La lucha contra las tendencias ancestrales, la capacidad de discernimiento y la persistencia en la
actitud firme al enfrentar las erróneas condiciones de vida, han de cualificar los nobles intereses
jerárquicos en las individualidades avanzadas de la humanidad, constituyendo el más formidable
reto del discípulo y de los aspirantes espirituales del mundo ante la avasalladora afluencia de
energía cósmica proveniente de la Constelación de Acuario.
¿Cómo destruir los EGREGORES negativos?
La respuesta dada por un Maestro de la Jerarquía a la pregunta de un discípulo de Su
Ashrama de cómo podría la humanidad librarse del mal fue clara y contundente “. . .practicando el
bien!”. La misma respuesta puede ser aplicada a la pregunta de cómo destruir los EGREGORES
negativos que gravitan sobre los ambientes sociales del mundo, es decir, creando EGREGORES
nobles y correctos, insuflados de amor al bien y constituyendo verdaderos transmisores de luz
causal. La lucha deberá circunscribirse entonces al terreno de las relaciones humanas, que es
donde mayormente se aprecia la actividad psíquica de los EGREGORES y en la manera de vivir y
de comportarse de los ciudadanos de todas las naciones ya que, tal como hemos dicho en otras
partes de este Tratado, “... la civilización y la cultura de los pueblos, expresiones de su grado
particular de evolución espiritual, dependen de la actividad de los EGREGORES creados por la
humanidad y por los misteriosos agentes dévicos del éter a través de las edades”. Aun cuando
esotéricamente se acepte como correcto que las formas psíquicas de tales EGREGORES son
construidas por los devas substanciadores del éter, no es menos cierto -y ahí reside la dificultad y
la responsabilidad de los hombres y mujeres inteligentes y de buena voluntad del mundo- de que
la motivación íntima de los mismos se halla en los estados de conciencia elaborados consciente o
inconscientemente por la humanidad en cualquier momento cíclico de su historia.
Existe, por tanto, una prodigiosa vastedad de EGREGORES negativos, los cuales ocupan
zonas definidas en el aura magnética planetaria, constituyendo centros receptores y al propio
tiempo proyectores de aquellas energías que en términos esotéricos llamamos lunares y están en
sintonía con las cualidades negativas desarrolladas por los seres humanos en el devenir de sus
vidas kármicas. Tal como tuvimos ocasión de estudiar en capítulos específicos de este Tratado,
las virtudes y los defectos humanos estaban convenientemente ordenados y clasificados de
acuerdo con dos grupos principales; aquellos que en mística cristiana son denominados los siete
pecados y las siete virtudes capitales. Los pecados capitales son poderosas entidades psíquicas o
EGREGORES dotados de una gran consistencia objetiva y substancial, capaces de impresionar la
visión del clarividente astral y atormentar frecuentemente con sus nocivas influencias a las
personas sensitivas o sujetas a trastornos nerviosos, al paso que galvanizan los éteres planetarios
con sus densas radiaciones produciendo lo que corrientemente llamamos malos ambientes. Las
siete virtudes espirituales, o las llaves del Espíritu Santo para abrir las puertas del Alma, tal como
las denomina asimismo la tradición mística, constituyen las fuerzas del equilibrio al contrarrestar
las energías de los EGREGORES negativos con las de los EGREGORES positivos creados por
las buenas intenciones y recta conducta de los hombres y promotores por ello de los buenos
ambientes sociales.
Al llegar a esta fase de nuestro estudio, hacemos hincapié en el hecho de que el
EGREGOR, siendo básicamente una creación mental -ya sea en un sentido positivo o negativo, ya
que es una creación del alma humana- ofrece la particularidad de estar dotado de conciencia, una
conciencia embrionaria o instintiva, pero con capacidades de acción y de reacción, así como de un
alto espíritu de supervivencia. Debido a estas circunstancias, el EGREGOR tiene capacidades de
absorción de las energías y también de expansión de las mismas, oponiendo una feroz resistencia
-si podemos decirlo así- a todas las fuerzas y voluntades que tratan de destruirle. Se alimenta -
utilizando aquí el término correcto y adecuado- de las buenas o malas voluntades de los hombres,
ofreciendo una dura y enconada resistencia a las primeras y absorbiendo las energías de las
segundas, cuando se trata de EGREGORES que podemos clasificar de negativos. Por el contrario,
los EGREGORES positivos, también altamente cohesivos e influyentes, utilizan para su
supervivencia las energías que surgen de las cualidades positivas o superiores de los seres
humanos y luchan denodadamente contra las que vienen impregnadas de cualidades inferiores. La
resolución psicológica del problema del bien y del mal, así como del equilibrio estable en la vida
del hombre aquí en la Tierra, depende únicamente de saber crear buenos EGREGORES. Tal es el
problema que enfrentan hoy día los discípulos mundiales. Les ha sido permitido en ciertos
momentos clave de sus vidas desarrollar la visión del mundo psíquico o astral para que
reconozcan e identifiquen a los EGREGORES o formas psíquicas que originan los ambientes
planetarios, a fin de que adopten en todos momentos la actitud correcta, sabiendo que tal actitud
es la base creadora de los estados positivos de conciencia que darán lugar a los brillantes e
inspirativos EGREGORES que han de destruir las nefastas formas psíquicas segregadas por la
humanidad a través de las edades.
Cómo actúan los Angeles superiores sobre los EGREGORES
Pese a que desde el limitado ángulo de visión de los seres humanos aparecen los Angeles
bajo un carácter típicamente religioso y místico, lo cierto es que su actividad en la vida de la
Naturaleza es netamente científica, utilizando para ello un extraordinario dinamismo que está más
allá de nuestra comprensión y unos incomprensibles métodos que podríamos calificar, sin
embargo, de rigurosamente científicos y profundamente técnicos. Algunos cualificados
investigadores del mundo oculto -dentro de los cuales nos incluimos humildemente nosotros- han
llegado a la conclusión, después de unos previos contactos con ciertos excelsos moradores del
reino dévico, que lo que en términos corrientes llamamos ciencia de los hombres con sus
prodigiosas conquistas en el aspecto técnico, no es sino un pálido reflejo de la actividad de los
Angeles en la vida de la Naturaleza. Ellos utilizan los verdaderos cauces científicos para producir
todos los fenómenos llamados naturales, sean acuosos, geológicos, eléctricos, psíquicos, etc., en
la extensión de la vida planetaria. La explicación correcta de tales fenómenos, pese a su aparente
simplicidad, constituye un secreto iniciático, reservado inicialmente a los investigadores del mundo
oculto, pero que irá siendo revelado gradualmente en forma de ciencia natural en las Escuelas
superiores y en las Universidades de todos los países realmente cultos y civilizados. Se nos dice
esotéricamente que al final de este siglo XX, serán muchos los seres humanos que habrán logrado
participar conscientemente de este legado tradicional iniciático, estableciendo contacto consciente
con diversas jerarquías dévicas de las cuales recibirán instrucción superior. Estos seres humanos
serán las simientes de la Nueva Era, la sal de la tierra a la que se refirió Cristo y la levadura de la
nueva humanidad. Serán auténticamente mentales, pero su corazón amoroso rebosará una
perfecta comprensión de las necesidades humanas y de los métodos correctos de solucionarlas.
No poseerán orgullo espiritual, muy propio de los discípulos de la Era de Piscis, sino que sus
conocimientos esotéricos vendrán impregnados de verdadera sabiduría, constituyendo desde el
ángulo espiritual el camino de Luz que recorrerá el Avatar para introducirse en el aura de la Tierra.
Estos esforzados paladines del bien universal crearán en el éter lo que podríamos calificar
de EGREGORES de la Nueva Era. -dados por una gran cantidad de hombres y mujeres de buena
voluntad del mundo, mantendrán en sus mentes y corazones las luminosas imágenes del ideal
redentor y permitirán que Devas constructores de elevada jerarquía espiritual los substancien en el
éter y den progresivamente forma a los luminosos y vibrantes EGREGORES que deberán presidir
el nuevo ciclo de ordenación espiritual del mundo. Los grandes Angeles de los planos superiores
del Sistema hallarán en estos EGREGORES los adecuados cauces de proyección de la energía
cósmica procedente de las poderosas estrellas de la Constelación de Acuario, cuya actividad
empieza a manifestarse ya en ciertas regiones psíquicas de la humanidad. La realidad de tales
hechos es tan profunda y significativa que difícilmente podrá alcanzar la mente del hombre
corriente hasta pasados lo menos tres siglos dentro de la ordenación cíclica de la Era de Acuario.
Sin embargo, los aspirantes de cierta elevación espiritual y los cualificados discípulos mundiales
SON YA CONSCIENTES de tales hechos y colaboran -más o menos eficientemente- con los gran-
des Angeles en la elaboración de los nuevos EGREGORES cíclicos. Una nueva ordenación o ciclo
de vida está siendo planificada desde los niveles jerárquicos con destino a la humanidad para que
sirva de apertura para los nuevos tiempos.
Si hemos seguido atentamente el proceso de expansión cíclica de los EGREGORES
planetarios de acuerdo con el sentido normal y natural de la evolución, veremos que consta de tres
etapas principales:
1. Destrucción de los viejos EGREGORES del pasado, nocivos, dañinos y negativos
frente al devenir de los nuevos acontecimientos cíclicos, de los cuales los Angeles
superiores del sistema retiraron Su atención.
2. Creación de los nuevos EGREGORES por parte de la humanidad evolucionada de la
Era presente y su materialización en el éter, a través de la actividad de los devas
constructores correspondientes al nuevo ciclo.
3. La tercera y última etapa corresponde a los Angeles superiores, los Cuales utilizarán
dichos EGREGORES como canales de distribución de las nuevas y poderosísimas
energías entrantes.
Estas etapas son actualizadas corrientemente cuando hay necesidad de cambios
drásticos en las condiciones planetarias o cuando los ambientes sociales del mundo exijan un
nuevo y más eficaz replanteamiento, pero actúan de manera mucho más potente y dinámica
durante los cambios cíclicos de Eras, tal como ocurre actualmente, en que, en virtud del
movimiento precesional de los equinoccios o de retrogradación cíclica, nuestro planeta va aleján-
dose de las zonas siderales impregnadas de las radiaciones psíquicas de la Constelación de
Piscis y penetra progresivamente en las zonas espaciales del Universo dinamizadas por la
Constelación de Acuario. Viendo el fin desde el principio, démonos cuenta de que en el desarrollo
de esta Voluntad cíclica de acercamiento sideral intervienen muy activa y mancomunadamente los
hombres y los devas, creando los primeros y construyendo substancialmente los segundos las
bases científicas de todos los EGREGORES que flotan o gravitan sobre los ambientes planetarios.
Como siempre, el proceso de substanciación de EGREGORES y de todas las formas psíquicas
capaces de afectar de una u otra manera los sentidos físicos o astrales de los seres humanos, es
una expresión natural del conocido axioma esotérico la energía sigue al pensamiento, habiéndole
sido añadido únicamente la actividad prodigiosa de los excelsos Angeles que desde más allá y
muy por encima de nuestro más elevado entendimiento, dirigen las poderosísimas corrientes de
energía universal y cósmica sobre nuestro pequeño planeta...
Otras Consideraciones Ocultas Acerca de los Egregores
El tema de los EGREGORES es muy importante por cuanto trata muy directamente de las
creaciones humanas en el mundo oculto, así como de la importancia de las mismas en lo que se
refiere a la estructura de los ambientes psíquicos de la humanidad que determinan el grado de
civilización y cultura de los pueblos de la Tierra y escriben las páginas de su historia. Sin embargo,
coexistiendo con los EGREGORES existen también en los mundos invisibles o niveles ocultos de
la Naturaleza otras formas psíquicas no creadas por la humanidad, pero que en su conjunto
contribuyen a fomentar los buenos o malos ambientes y son, por tanto, elementos subjetivos que
colorean con sus particulares influencias la evolución espiritual de los seres humanos. Algunas de
tales formas fueron estudiadas anteriormente en otras páginas de este Tratado, pero conviene
insistir sobre las mismas, por cuanto su identificación y la distinción que logremos establecer entre
ellas y las formas psíquicas de los EGREGORES, nos ayudarán en gran manera cuando tratemos
de contactar conscientemente a las Entidades angélicas que pueblan los distintos éteres
planetarios y muy especialmente a nuestro Angel Solar o Yo espiritual. Veamos algunas de las
formas psíquicas no creadas por la humanidad.
a. Los Cascarones Astrales, pertenecientes a cadáveres de hombres y animales y
vivificados por devas inferiores. Tales cascarones aparecen bajo la forma de las
personas o animales fallecidos y parecen dotados de vida. Una de las experiencias a
la que debe sujetarse el discípulo en entrenamiento iniciático, es aprender a
diferenciar entre el cascarón astral de una persona que dejó el cuerpo sin vida y la
forma astral de una persona que todavía vive en el plano físico. La distinción es muy
difícil de establecer debido a la extrema sagacidad de los devas vivificadores de las
formas astrales de los seres fallecidos, ya que aprovechan la impronta o el sello
característico y particular dejado por ellos en cada una de las partículas atómicas que
constituyen aquella forma psíquica.
b. Las formas astrales creadas por arte de Magia por personas viviendo en el plano
físico, utilizando el poder de la voluntad y la capacidad imaginativa sobre las entidades
dévicas de escasa evolución que pueblan el aura etérica del planeta. Estas formas
psíquicas suelen desvanecerse pronto, aunque pueden persistir durante largos
períodos de tiempo, lógicamente en tanto perdure el lazo magnético establecido entre
el poder mental de la persona creadora de aquellas formas y la vida de los devas que
ayudaron a construirlas.
c. Las formas psíquicas de ciertos elementales inferiores que se alimentan de los
residuos etéricos de densa vibración que se desprende de los reinos animal y
humano. Hay que distinguir muy especialmente las formas psíquicas que adoptan en
el éter estos desperdicios astrales, groseros y bestiales una vez han sido manipulados
por estos devas inferiores de la Naturaleza. Se confunden muy fácilmente con los
EGREGORES psíquicos creados por las pasiones humanas. Sin embargo, no son lo
que técnicamente definimos como EGREGORES en nuestro Tratado, sino una
acumulación de residuos kármicos -si podemos decirlo así- segregados por la
actividad inconsciente de los animales y por la de los seres humanos incapaces
todavía de razonar debidamente.
d. Todas las formas psíquicas construidas por ciertas devas de mayor evolución
con capacidades de adoptar en el éter la figura humana o la de cualquier animal.
Estas formas varían en orden al mayor o menor desarrollo de la voluntad ejecutora de
tales formas, a menudo de carácter instintivo, cuya evolución dévica de tipo bastante
primario se realiza a través de esta facultad natural de imitación o de asimilación de
cualquier tipo de forma en la vida de la Naturaleza.
e. Las formas psíquicas de otras entidades dévicas de expresión semietérica, cuya
evolución se realiza en ciertas capas geológicas del planeta. Tienen figura muy
parecida a la humana. Algunas de sus especies son las entidades dévicas que hemos
denominado ASURAS en algunas partes de este Tratado. Su color es terroso, propio
del suelo que habitan y su expresión si bien muy parecida a la humana es muy tosca.
Suelen aparecer en lugares solitarios, pero el hecho de que posean una cierta
naturaleza astral hace que puedan hacerse visibles a los humanos muy sensibles o
durante el sueño. Son extremadamente huraños y sólo establecen contacto con los
devas de su misma especie o familia y rehuyen sistemáticamente el contacto con los
seres humanos.
La distinción entre este grupo de formas psíquicas que acabamos de clasificar en orden a
nuestro trabajo de investigación esotérica y las formas psíquicas de los EGREGORES, no es en
ninguna manera fácil; por el contrario, es singularmente difícil y, tal como hemos dicho
anteriormente, constituye un campo de prueba para la habilidad de los discípulos sujetos a
entrenamiento iniciático. Las formas de los elementales constructores o devas de las formas, tales
como los gnomos o espíritus de la tierra, los silfos, las ondinas, las hadas, etc., en su multiplicidad
de especies, grupos y familias constituyen un campo apasionante de estudio para el investigador
esotérico, el cual debe aprender a distinguir sus formas etéricas de entre la gran profusión de
EGREGORES psíquicos que moran en los varios niveles del espacio etérico del planeta, debiendo
ser advertido que algunos de tales EGREGORES, nacidos del contacto de los seres humanos de
refinada evolución con Angeles superiores, aparecen a la vista del observador bajo la forma de
resplandecientes Devas, siendo verdaderamente difícil distinguir unas formas de otras,
constituyendo precisamente esta dificultad una prueba definitiva para el aspirante a la Iniciación.
Otra habilidad o destreza de observación que ha de desarrollar el investigador de los
niveles ocultos de la Naturaleza, es la de poder diferenciar correctamente una forma real, es decir,
la que corresponde a algún vehículo definido de manifestación humana, astral o física, de la forma
psíquica del EGREGOR que una persona o un grupo más o menos numeroso de personas han
construido con la participación de los devas constructores, utilizando el poder psíquico que emana
de sus conciencias. Un ejemplo muy concreto ayudará a clarificar esta idea. En ciertos niveles muy
elevados de nuestro planeta hay una imagen real y verdadera de CRISTO, el Avatar del Amor y
Guía espiritual de la humanidad, es decir, una imagen que responde perfectamente a Su propia y
radiante Vida. Sin embargo, en los niveles psíquicos y creada por la actividad emocional de los
seres humanos, hay otra imagen de CRISTO la cual sintetiza la aspiración espiritual y sentimientos
de amor y devoción de todos los fieles y creyentes del mundo, siendo esta forma psíquica el
EGREGOR de CRISTO, pero no el resplandeciente vehículo de forma que utiliza el CRISTO. La
primera imagen obedece a una REALIDAD, la otra indica el grado de ilusión o de espejismo
psíquico a que ha llegado un sector numerosísimo de la humanidad en su incesante empeño de
captar aquella trascendente Realidad. He ahí la distinción perfecta entre una forma adaptada a las
necesidades evolutivas de un Ser espiritual y el EGREGOR construido con materia Kama-
manásica en los niveles psíquicos. Igual distinción puede ser establecida en todos los niveles en
donde actúe el poder psíquico, potentemente emocional, de los seres humanos, como por ejemplo
en el caso de los EGREGORES construidos en torno a una imagen física considerada como
milagrosa o de la que se esperan favores de orden sobrenatural. Tal es el caso de las Vírgenes de
Lourdes o de Fátima -sólo por citar dos ejemplos alrededor de las cuales la mente, la ilusión, la
acendrada devoción, el ferviente deseo o simplemente la ciega superstición, han construido unos
potentísimos EGREGORES o Formas psíquicas tan tremendamente importantes y poderosas que
han atraído la atención de ciertos exaltados Angeles superiores, Quienes las utilizan como
vehículo transmisor de energías curativas y de exaltación espiritual. Veamos, por tanto, que en
definitiva siempre nos hallamos en el devenir de nuestras investigaciones esotéricas sobre el
mundo oculto con esta íntima y estrecha vinculación humano dévica que origina todos los
ambientes etéricos y psíquicos planetarios. Apliquemos ahora estos ejemplos al campo de la
política, de la religión, del arte, de la educación, etc., y tendremos en nuestro haber una idea muy
elaborada del significado íntimo del término carisma, un efecto angélico que puede ser fácilmente
incorporado al campo de la investigación psicológica, pues el magnetismo carismático que ejercen
ciertas personas en los ambientes sociales donde desarrollan sus actividades humanas, es un
resultado de la presión dévica en sus vidas, determinada la mayoría de las veces por las
reacciones psíquicas de un considerable número de personas sobre una sola, la cual, sin
esforzarse y sin tener cualidades humanas verdaderamente relevantes, se ve elevada al pináculo
de la fama, del éxito o de la admiración multitudinaria. El caso de la exaltación producida por el
fervor populachero sobre músicos, cantantes o artistas, la mayoría de las veces realmente
mediocres, es un claro ejemplo de ello. Y, no obstante, en el fondo de tales impresionantes éxitos,
merecidos o inmerecidos, se halla subjetivamente la fuerza de un EGREGOR creado por el
vibrante entusiasmo, la ciega admiración o el interés colectivo hacia ciertas personas
exageradamente idealizadas, que han culminado en una forma psíquica de carácter irreal, pero
que actúa definidamente en los ambientes sociales del mundo. Esperamos haya sido
convenientemente comprendida la idea de los EGREGORES, la cual, incorporada al conjunto de
estas investigaciones esotéricas, permita introducir más luz en el devenir de los estudios
efectuados sobre el mundo oculto y hacer más comprensibles las razones por las cuales en los
tratados filosóficos más profundos se le asigna al ser humano el carácter de un creador, de un
experto en el arte mágico de la construcción de formas. |