Meditación 18 |
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SOBRE LA MEDITACION
Durante el día está usted alerta, si está atento a todo el movimiento del pensar, a lo que usted dice, a sus gestos -cómo se sienta, cómo camina, cómo habla- si está atento a sus respuestas, entonces todas las cosas ocultas salen a la luz muy fácilmente. En ese estado de atención lúcida, despierta, todo es puesto al descubierto.
La mayoría de nosotros está inatenta. Darse cuenta de esa inatención, es atención.
La meditación no es una fragmentación de la vida; no consiste en retirarse a un monasterio o encerrarse en una habitación sentándose quietamente por diez minutos o una hora en un intento de concentrarse para aprender a meditar, mientras que por el resto del tiempo uno continúa siendo un feísimo, desagradable ser humano.
Para percibir la verdad, uno debe poseer una mente muy aguda, clara y precisa —no una mente astuta, torturada, sino una mente capaz de mirar sin distorsión alguna, una mente inocente y vulnerable. Tampoco puede percibir la verdad una mente llena de conocimientos; sólo puede hacerlo una mente que posee completa capacidad de aprender. Y también es necesario que la mente y el cuerpo sean altamente sensibles —con un cuerpo torpe, pesado, cargado de vino y comida, no se puede tratar de meditar. Por lo tanto, la mente debe estar muy despierta, sensible e inteligente.
Las necesidades básicas para descubrir aquello que está mas allá de la medida del pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido son tres: 1) se debe producir un estado de altísima sensibilidad e inteligencia en la mente; 2) ésta debe ser capaz de percibir con lógica y orden; 3) finalmente, la mente debe estar disciplinada en alto grado. § Una mente que ve las cosas con total claridad, sin distorsión alguna, sin prejuicios personales, ha comprendido el desorden y está libre de él; una mente así es virtuosa, ordenada. Sólo una mente muy ordenada puede ser sensible, inteligente.
Es preciso estar atento al desorden que hay dentro de uno mismo, atento a las contradicciones, a las luchas dualísticas, a los deseos opuestos, atento a las actividades ideológicas y a su irrealidad. Uno ha de observar "lo que es" sin condenar, sin juzgar, sin evaluar en absoluto.
La mayor parte del tiempo está uno inatento. Si usted sabe que está inatento, y presta atención en el momento de advertir la inatención, entonces ya está atento.
La percepción alerta, la comprensión, es un estado de la mente de completo silencio, silencio en el cual no existe opinión, juicio ni evaluación alguna. Es realmente un escuchar desde el silencio. Y es sólo entonces que comprendemos algo en lo cual no está en absoluto envuelto el pensamiento. Esa atención, ese silencio, es un estado de meditación.
Comprender el ahora es un inmenso problema de la meditación —ello es meditación. Comprender el pasado totalmente, ver dónde radica su importancia, ver la naturaleza del tiempo, todo eso forma parte de la meditación.
En la meditación existe una gran belleza. Es una cosa extraordinaria. La meditación, no "cómo meditar".
La meditación es la comprensión de uno mismo y, por lo tanto, significa echar los cimientos del orden —que es virtud— en el cual existe esa cualidad de disciplina que no es represión ni imitación ni control. Una mente así, se halla, entonces, en un estado de meditación.
Meditar implica ver muy claramente, y no es posible ver claramente ni estar por completo involucrado en lo que uno ve, cuando hay un espacio entre el observador y la cosa observada. Cuando no hay pensamiento, cuando no hay información sobre el objeto, cuando no hay agrado ni desagrado sino tan sólo atención completa, entonces el espacio desaparece y, por lo tanto, está uno en relación completa con esa flor, con ese pájaro que vuela, con la nube o con ese rostro.
Es sólo la mente inatenta que ha conocido lo que es estar atenta, la que dice: "¿Puedo estar atenta todo el tiempo?" A lo que uno debe estar atento, pues, es a la inatención. Estar alerta a la inatención, no a cómo mantener la atención. Cuando la mente se da cuenta de la inatención, ya está atenta —no hay que hacer nada más.
La meditación es algo que requiere una formidable base de rectitud, virtud y orden. No se trata de algún estado místico o visionario inducido por el pensamiento, sino de algo que adviene natural y fácilmente cuando uno ha establecido las bases de una recta conducta. Sin tales bases, la meditación se vuelve meramente un escape, una fantasía. De modo que uno ha de asentar esas bases; en realidad, esta misma manera de asentar las bases, es la meditación.
Los meditadores profesionales nos dicen que es necesario ejercer el control. Cuando prestamos atención a la mente, vemos que el pensamiento vaga sin rumbo, por lo que tiramos de él hacia atrás tratando de sujetarlo; entonces el pensamiento vuelve a descarriarse y nosotros volvemos a sujetarlo, Y de ese modo el juego continúa interminablemente. Y si podemos llegar a controlar la mente de manera tan completa que ya no divague en absoluto, entonces —se dice— habremos alcanzado el más extraordinario de los estados. Pero en realidad, es todo lo contrario: no habremos alcanzado absolutamente nada. El control implica resistencia. La concentración es una forma de resistencia que consiste en reducir el pensamiento a un punto en particular. Y cuando la mente se adiestra para concentrarse por completo en una sola cosa, pierde su elasticidad, su sensibilidad, y se vuelve incapaz de captar el campo total de la vida.
El principio de la meditación es el conocimiento de uno mismo, y esto significa darse cuenta de todo movimiento del pensar y del sentir, conocer todas las capas de la conciencia, no sólo las superficiales sino las ocultas, las actividades profundas. Para ello, la mente consciente debe estar serena, calma, a fin de recibir la proyección del inconsciente. La mente superficial sólo puede lograr tranquilidad, paz y serenidad, comprendiendo sus propias actividades, observándolas, dándose cuenta de ellas; cuando la mente se da plena cuenta de todas sus actividades, mediante esa comprensión se queda en silencio espontáneamente; entonces el inconsciente puede proyectarse y aflorar. Cuando la totalidad de la conciencia se ha liberado, sólo entonces está en condiciones de recibir lo eterno.
Entre dos pensamientos hay un periodo de silencio que no está relacionado con el proceso del pensamiento. Si observas, verás que ese período de silencio, ese intervalo, no es de tiempo, y el descubrimiento de ese intervalo, la total experimentación del mismo, te libera del condicionamiento.
La meditación no es un medio para algo. Descubrir en todos los momentos de la vida cotidiana qué es verdadero y qué es falso, es meditación. La meditación no es algo por cuyo medio escapáis. Algo en lo que conseguís visiones y toda clase de grandes emociones. Mas el vigilar todos los momentos del día, ver cómo opera vuestro pensamiento, ver funcionar el mecanismo de la defensa, ver los temores, las ambiciones, las codicias y envidias, vigilar todo esto, indagarlo todo el tiempo, eso es meditación, o parte de la meditación. No tenéis que acudir a nadie para que os diga qué es meditación o para que os dé un método. Lo puedo descubrir muy sencillamente vigilándome. No me lo tiene que decir otro; lo sé. Queremos llegar muy lejos sin dar el primer paso. Y hallaréis que si dais el primer paso, ese es el último. No hay otro paso.
LA IMPORTANCIA DE LA MEDITACIÓN1. Establece contacto egoico y alineamiento. ... Esta mañana expondré algunas ideas más sobre el tema de la meditación, ... Fundamentalmente, la meditación consiste en ayudar al alineamiento, permitiendo hacer contacto con el Yo superior, y con ese fin ha sido instituida. Con el objeto de dilucidarlo debidamente, encararé el estudio de este tema bajo los siguientes encabezamientos: .. La importancia de la Meditación. ... Hoy trataré el primer punto: ¿Por qué es importante la meditación? ... El énfasis puesto sobre la importancia de la meditación, es consecuencia lógica de la absoluta convicción, por parte del estudiante, de la necesidad imperiosa de que el Ego domine a la Personalidad. ... El hombre, en la actualidad, está dedicado a muchas actividades y, por fuerza de las circunstancias, polarizado totalmente en el yo inferior, ya sea en el cuerpo emocional o en el mental. Quisiera hacer resaltar algo de interés. Mientras la polarización sea o puramente física o emocional, nunca se sentirá la necesidad de meditar. Aunque el cuerpo mental esté activo, no se siente la necesidad de meditar hasta que el hombre haya sufrido muchos cambios y pasado muchas vidas; apurado la copa del placer y del dolor en el transcurso de innumerables encarnaciones; sondeado las profundidades de la vida, vivida totalmente para el yo inferior, hallando que todo eso no satisface. Entonces comienza a dirigir su pensamiento a otras cosas: aspirar a lo desconocido, comprender y sentir dentro de sí los pares de opuestos y percibir en su conciencia posibilidades e ideales nunca soñados. Ha llegado así a un punto donde el éxito, la popularidad y los diversos dones son suyos, sin embargo, no extrae de ellos ninguna satisfacción, persistiendo siempre el anhelo interno, hasta que el dolor es tan agudo, que el deseo de exteriorizarse y elevarse, para llegar a alguien o a algo que está más allá, vence todos los obstáculos. El hombre comienza a dirigirse internamente y a buscar la fuente de su origen. Entonces empieza a meditar, a reflexionar e intensificar la vibración, hasta que, en el transcurso del tiempo, recoge los frutos de la meditación.
La Magia de los 4 Elementos y la Meditaciòn. Relajación y equilibrio con Delfines, Meditación guiada
“MEDITACION GUIADA DE FEBRERO” Ésta es la meditación del mes utilizada en el servicio de oración de Te invitamos a unirte a nosotros en este tiempo de oración al leer la siguiente meditación en voz alta o en silencio. No soy yo, sino el Cristo en mí quien hace la obra. “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios Dios es amor.” El amor de Dios nos une de alma a alma, unos con otros y con las personas alrededor del mundo. Nuestra conciencia de este vínculo sagrado se profundiza cada vez que unimos nuestros corazones para orar. Al unir nuestras oraciones con personas en todas partes del mundo, nos centramos en el amor divino y nos volvemos receptivos a las bendiciones que reciben todas las personas por quienes oramos. Al establecer este vínculo de corazón a corazón, nos unimos en la presencia de Dios y nos preparamos para ser nuevas expresiones de Su amor. Hagamos ahora una pausa y reflexionemos en las bendiciones que el amor de Dios tiene para cada uno de nosotros. En la seguridad del amor de Dios, siento tranquilidad y paz. Siento agradecimiento por estos momentos callados en los que puedo respirar profunda y lentamente. Permito que cada aliento me calme y me llene de un sentimiento profundo de la presencia amorosa de Dios en mí. Al exhalar, dejo ir cualquier negatividad o tensión, y descanso desde la cabeza hasta los pies. Con el corazón abierto al amor de Dios, me sereno. Tengo la certeza de que todo está bien conmigo y con las personas que amo. Inmerso en el amor de Dios, continúo respirando profundamente y con facilidad. Este amor me arrulla, allana el camino que tengo ante mí y me llena de satisfacción. Me siento seguro y a salvo… El amor divino me guía en todas mis decisiones. Tengo sabiduría y confianza.. Al permanecer en el amor divino, centro mi atención en Dios y abro mi corazón a Su sabiduría. Confío en Dios para que me guíe por el camino correcto, para que me llene de nueva comprensión y para que me inspire a desarrollar mi potencial en pleno. Con el corazón inmerso en el amor divino, hago una pausa ahora para escuchar atentamente el silbo apacible y delicado en mí. Con confianza en que veré claramente el camino ante mí, alineo mi mente con Dios y descanso… El amor de Dios fluye en mí ahora, revitalizándome y renovándome. Con profunda seguridad en el amor y la sabiduría de Dios, sé que la curación se está llevando a cabo. Nueva vida fluye en cada átomo y célula de mí ser, llenándome con renovada energía. Con mayor vitalidad en cada tejido y órgano, me fortalezco. Vivo con facilidad y entusiasmo, y siento gratitud. Hago una pausa durante este momento callado para dar gracias a Dios por el amor que me hace perfecto y completo en cuerpo, mente y espíritu. Espero vivir una vida saludable cada día. Con la certeza de que expresiones nuevas de vida se hacen más evidentes a cada momento, descanso El amor de Dios me prospera y me bendice con bien abundante. Soy bendecido verdaderamente de tantas maneras. Una palabra amable en el momento correcto, una mano tendida cuando más se necesita, un corazón amoroso en un momento difícil, la belleza de la naturaleza que aprecio como nunca antes. Estas expresiones de abundancia me recuerdan que la prosperidad está siempre disponible para mí. Al abrir mi mente a Dios, me lleno de agradecimiento por las bendiciones que sé que están en camino. Muestro receptividad a las ideas creativas que me guían a una provisión abundante . Sé que al utilizar estas ideas, poseo riquezas inimaginables. El amor nos ha acercado más a Dios y los unos a los otros durante estos momentos sagrados de oración, y este amor irradiará de nosotros a las personas con quienes tendremos contacto al regresar a nuestras actividades diarias. Suavemente y con agradecimiento, nos volvemos conscientes de este día glorioso que Dios ha creado para nosotros a medida que traemos nuestros pensamientos de nuevo a este momento y a este lugar. La paz que hemos obtenido por medio de la oración permanecerá en nuestros corazones. Concluyamos afirmando la “Oración de protección”: La luz de Dios me rodea;
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