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04. Sinceridad

La Búsqueda de Bodhidharma por un Discípulo

Sólo hay que recordar una cosa: sé auténtico, sé sincero contigo mismo. Declara tu verdad al precio que sea. Aunque tengas que arriesgar la vida, arriésgala, porque la verdad es mucho más valiosa que ninguna otra cosa, porque la verdad es verdadera vida.

Esto me recuerda a Bodhidharma, que introdujo el zen en China... El emperador salió a recibirle a la frontera; y si hubiera sido cualquier otro que Bodhidharma, el emperador le habría cortado la cabeza inmediatamente porque se estaba comportando de una manera muy impertinente. El emperador había construido miles de templos, había alzado miles de estatuas de Buda. Había mil estudiosos traduciendo continuamente las palabras de Buda del Pali al chino, y diez mil monjes eran alimentados por la tesorería imperial. El emperador había hecho mucho para que China fuera budista. Obviamente, pensaba que sus actos serían valorados, por eso dijo, "He hecho todo esto. ¿Qué piensas? ¿Cuál es la virtud alcanzada con todo ello?"
Bodhidharma dijo, "¿Virtud? ¡Idiota!" —y lo dijo enfrente de toda la corte que acompañaba al emperador.

El emperador no podía entenderlo. El dijo, "No entiendo por qué te enfadas tanto."
Bodhidharma replicó, "Estás destruyendo la palabra viva y estás alimentando a esos eruditos que en nada contribuyen a la conciencia de la gente. ¿Y todavía tienes el valor de preguntar si estás acumulando grandes virtudes? ¡Irás directo al infierno!" El emperador pensó, «¿Cómo puedo salir de la trampa que me pone este hombre? Estoy en la jaula del león y no puedo salir...» Poco después, el emperador regresó a palacio y Bodhidharma se quedó en las colinas que rodean la frontera china. Se quedó sentado en un templo mirando a la pared durante nueve años y declaró: «Hablar con gente que no entiende es como hablarle a la pared. Pero hablando a la pared al menos uno tiene el consuelo de que es una pared. Sólo giraré el rostro cuando se presente alguien digno de escuchar la palabra viva».
Nueve años es mucho tiempo, pero, finalmente, una mañana el hombre se presentó. Dijo a Bodhidharma, Escucha, creo que soy la persona que has estado esperando. Para probarlo, se cortó una mano con su espada, la echó en el regazo de Bodhidharma y dijo, "¡Gírate hacia mí o me corto la cabeza aquí mismo y tú serás el responsable!"
Bodhidharma se dio la vuelta inmediatamente y dijo, "Es suficiente. ¡Ésta es la prueba de que estás tan loco como yo quiero! Siéntate. No hace falta que te cortes la cabeza, tenemos que hacer uso de ella; vas a ser mi sucesor."
Un hombre que se corta la mano para probar la sinceridad de su búsqueda... y Bodhidharma no duda ni por un momento de que se hubiera cortado la cabeza si no se hubiese vuelto. Se habría cargado innecesariamente con la responsabilidad de haber matado a un hombre, y además un hombre tan hermoso, tan valiente. Ciertamente aquel hombre fue el sucesor de Bodhidharma.
Pero nadie sabe lo que ocurrió entre ellos. No se pronunció ni una palabra; Bodhidharma simplemente se volvió hacia él, le dijo que se sentara, le miró a los ojos... caía nieve y alrededor había un silencio inmenso. No se planteó ninguna pregunta ni se dio ninguna respuesta. Pero algo debe haber ocurrido porque de otro modo Bodhidharma no lo hubiera elegido como discípulo.