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06. Avaricia

Una parábola acerca de la ambición y la prisa

Cuando la gente se vuelve avara, empieza a tener mucha prisa, y trata de encontrar el modo de hacer las cosas más rápido. Lo hacen todo corriendo porque piensan que la vida se les agota. Son las personas que dicen: «El tiempo es dinero». ¿El tiempo es dinero? El dinero es muy limitado; el tiempo es limitado. El tiempo no es dinero, el tiempo es eternidad; siempre ha estado ahí y siempre estará. Y tú siempre has estado aquí y siempre estarás. Por tanto, abandona la avaricia y no te preocupes por los resultados. A veces, por tu impaciencia, pierdes muchas cosas.

Os contaré una antigua parábola india...

Un gran santo, Narada, iba hacia el paraíso. Solía viajar entre la tierra y el paraíso. Era como el mensajero que unía ambos mundos; hacía de puente.

Se encontró con un anciano sabio, ya muy mayor, que sentado bajo un árbol repetía su mantra. Había estado repitiendo su mantra durante muchos años y muchas vidas. Narada le preguntó: —¿Te gustaría preguntar algo? ¿Quieres que le transmita algún mensaje tuyo al Señor?

El anciano abrió los ojos y dijo: —Pregúntale sólo una cosa: ¿cuánto más tendré que esperar? ¿Cuánto más? Dile que es demasiado. He estado repitiendo este mantra durante muchas vidas, ¿cuánto tiempo más tengo que seguir haciéndolo? Estoy cansado de él, estoy aburrido.

avaricia
Al lado del anciano sabio, debajo de otro árbol, había un joven con una ektara, un instrumento de una sola cuerda, tocándolo y bailando. Narada le preguntó en broma: —¿Te gustaría saber cuánto tiempo te queda para iluminarte? Pero el joven ni siquiera se molestó en responder. Siguió bailando. Narada volvió a preguntarle: —Voy a ver al Señor. ¿Tienes algún mensaje para él? Pero el joven se rió y siguió bailando.

Cuando Narada volvió unos días después, le dijo al anciano: —Dios ha dicho que tendrás que esperar al menos tres vidas más. El anciano se enfadó tanto que arrojó el rosario de cuentas lejos de sí. ¡Tenía ganas de pegar a Narada! Y dijo: —¡Esto no tiene ningún sentido! He estado esperando tanto tiempo, y he praticado todo tipo de austeridades: he cantado, he ayunado, he hecho todos los rituales. He cumplido todos los requisitos. Tres vidas; ¡es injusto!

El joven seguía bailando bajo su árbol y estaba muy contento. Narada tenía miedo, pero se le acercó y le dijo: —Aunque tú no hayas preguntado nada, yo inquirí por mi propia curiosidad. Cuando Dios dijo que al anciano le quedaban todavía tres vidas, pregunté por el joven que bailaba a su lado y tocaba la ektara. Y Dios dijo: «Ese joven tendrá que esperar tantas vidas como hojas hay en el árbol bajo el que baila».

Entonces el joven comenzó a bailar aún más deprisa y dijo: —¿Tantas vidas como hojas hay en este árbol? Entonces ya no estoy muy lejos, ¡es como si ya hubiera llegado!, piensa en todos los árboles que hay en la tierra. ¡Compara! Estoy muy cerca. Gracias por haber preguntado.

Y se puso a bailar otra vez. Y la historia cuenta que instantáneamente, en ese mismo momento, el joven se iluminó.