|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
9 “Es más hermosa la verdad Muchas veces no vemos lo más evidente. Irónico, pero así es, así lo elegimos. Y con esa optativa ceguera generamos nuestra propia frustración y por nuestro propio gusto. En miles de ocasiones he escuchado en mi consulta –y en mi vida también— frases como estas:
Y por querer encontrar la respuesta a estas preguntas, decidimos lanzarnos cual clavadista en alberca Olímpica, hacia donde creemos que está, en lo más profundo de la emociones y sentimientos de la otra persona, para averiguar, para esclarecer, para demostrar el injusto trato que creemos se nos da en virtud de como tratamos a aquella persona y que por justicia y equidad nuestro ego nos hace reclamar en merecimiento. ¡Cuánto dolor se genera en este juego psicológico y para colmo por propia voluntad!, por nuestro propio gusto!!. Queremos buscar la respuesta en lo profundo de la otra persona, cuando la respuesta resplandece en lo más superficial, en sus actos, donde lo que quieres saber ya te lo dijo con su forma de comportarse contigo. Cada vez que alguna amistad o algún paciente me pregunta qué hacer para llegar a la respuesta que buscan con sus preguntas, veo el enorme impacto que se suele manifestar en sus rostros cuando les digo: “Pero si ¡ya te lo dijo! ¿Qué más quieres saber si tus preguntas ha sido respondidas claramente aún desde antes de que las hubieras planteado? No hay nada oculto aquí, no mucho más que preguntar, la respuesta la tienes ante ti y de manera abrumadora. Ya te lo dijo con sus evidentes actos. Lo que pasa es que quizá no te guste esa respuesta, aunque sea la verdadera, y vas a buscar otras respuestas que se adapten a tu favor. Analizar los porqués nos da emocionalmente la oportunidad de que la situación cambie, ó al menos mejore a nuestro favor. Pero seamos honestos equivale a estar tirando los dados una y otra vez a ver si sale el número que deseamos. No hay peor ciego que el que no quiere ver”. El silencio consecuente ante toda confrontación no se hace esperar. El gesto manifestando el recuerdo de los hechos con lo claro de su mensaje se empieza a hacer manifiesto. Emerson dijo alguna ocasión: “Grita tan fuerte tu actitud que no escucho lo que me dices”, a lo que yo le agregaría: “...y aún así hay gente que prefiere sufrir escuchando lo que le dicen, incluso sabiendo que no es verdad ante lo apabullante de los actos”. Analicemos un vago y común ejemplo. Cuando queremos demasiado a alguien y se lo demostramos con hechos y con palabras, y ese alguien no nos llama ni nos procura en absoluto... ¿no está quedando claro ya el mensaje desde ahí? Por la necedad de nuestro ego en querer ver solo lo que queremos ver, de inmediato surge la necesidad de hablarle a esa persona para preguntarle si nos quiere o no, como si sólo las palabras comunicaran el mensaje. ¡Los actos comunican con más fuerza y con más veracidad! Pero no los queremos ver. Son muy dolorosos para observarlos. Rompen nuestra expectativa y en lugar de sanarnos con la verdad, elegimos seguir enfermando nuestra alma queriendo ver una ilusión de óptica fabricada por nosotros mismos. Esta es una de las razones por las cuales los terapeutas siguen teniendo mucho trabajo y materia prima para sufrir, sentirnos víctimas y comenzar una etapa digna de drama de telenovela. Si alguien a quien procuras con amor no te ha hablado en mucho tiempo y tu te preguntas si te quiere o no..., con sus actos ¡ya te lo dijo!, y quizá desde hace mucho tiempo. No hay mucho que investigar, pero no hay mucho que investigar tan solo si quieres vivir en la verdad. De lo contrario, habrá mucho que indagar, ya que en la mentira nunca se llega a nada que te de la sensación de haber concluido. Cuando se maneja la mentira, al final de la conversación siempre queda ese resquemor que nos hace sentir que algo falta por aclarar, y así, las conversaciones de un mismo punto pueden alargarse por años. Uno de los más grandes errores de relación en el ser humano es enamorarse de una ilusión, a tal grado, que nunca se ve la verdad por más evidente que esta sea. Y cuando llega el momento donde se alcanza a ver la enorme distancia que existe entre la ilusión y la verdad, entre lo falso y lo real, no se puede creer. Pero lo más increíble es que esa misma distancia la haya generado ella (o él) misma(o). Así de fantasiosa es la mente humana en muchas ocasiones. Y la única solución para salir de este maléfico encanto autoprovocado es decidir enamorarse de la verdad. Cuando uno logra este mágico encuentro, todo se ve claro. Ahí no hay mucho que preguntar, ¿para qué?, si ya te lo dijo. “Si no te quieren como tú quieres que te quieran, Si algo me ha impresionado grandemente en mi vida, en mi carrera como terapeuta donde Dios me ha permitido alcanzar a ver tantas cosas, es el grado de disposición a sufrir que elige la gente. En mi consulta, ha llegado el momento donde a los dos, tanto a mi paciente como para mí, nos queda extremadamente claro que la otra persona no le quiere. Y aún así, mi paciente elige seguir tolerando la relación. Esto nunca lo voy a entender, salvo en la patología mental del masoquismo, pero fuera de ella me cuesta mucho trabajo. Si en este taller de Autoestima se trata de mejorar nuestra calidad de vida compartiendo opciones de crecimiento y desarrollo humano, este es un tema crucial: despierta, date cuenta, ya te lo dijo. Con los comportamientos de alguien se abre majestuoso un canal de comunicación de los más claros y llenos de verdad. ¿Qué más necesitas para tomar una decisión? Si lo que quieres es información veraz que ayude a tu determinación, pues ahí la tienes, con sus actos, ya te lo dijo. No hay nada de qué hablar. Sin embargo, existe la otra opción. La opción de sufrir queriendo que la otra persona sea como nosotros queremos que sea y hablar y hablar y hablar para intentar lograrlo. Si algo he aprendido en mi propia vida con sangre, dolor y lágrimas de hace muchos años, fue esto: la gente es como es porque así es. Punto final. Y si intentamos cambiarla, hay dos opciones: que no lo haga y aumente nuestra frustración al tiempo de sentirnos los más tontos por intentarlo; o que logre cambiar pero siendo ese cambio en la enorme mayoría de los casos, un cambio falso y pasajero. La identidad tiene residencia. Tú eliges. Cuando aunque ya te lo dijo, tú insistes en querer conversar con la persona para “aclarar las cosas” (aún cuando más claras ya no pueden estar), muchos han (hemos) desarrollado un talento para esgrimir los más afilados argumentos en pos de un acuerdo, de una negociación, y en varias ocasiones se logra dicho acuerdo. Ahí, todo parece haber terminado en un final feliz con aparente paz. Y sí, puede ser un final feliz, pero... falso, y como todo lo falso, no dura. Aprende algo: cuando alguien te diga: “...está bien. Tienes razón. Haré un esfuerzo por cambiar y haré lo que tú quieres”. Yo te pregunto: ¿Qué caso tiene ese cambio si no es natural, si no surgió “auténticamente” de esa persona, si está haciendo un esfuerzo porque va en contra de su naturaleza? Está actuando por darte gusto y cuándo puede durar una acción fingida ó forzada. Muy valioso de su parte el que quiera darte gusto, pero... está actuando en contra de sí mismo y así no puede durar mucho tiempo. No es él, no es ella. Tú sigues teniendo el poder para elegir: o te quedas con la verdad, o te quedas con la falsedad pero que tanto te acomoda. Al principio, esto puede sonar muy fuerte y confrontante, pero con el paso del tiempo, con tu evolución espiritual, esto mismo resulta tan extraordinariamente liberador. Saber la verdad libera, quererla saber dignifica. “La serpiente puede cambiar de piel, El comportamiento más natural es aquel que se hace sin el más mínimo esfuerzo, es el más veraz, el más auténtico. Por ello, nunca le digas a una persona que haga un gran esfuerzo por cambiar ya que entonces ese cambio corre el riesgo de ser falso; mejor analiza si así como es la persona, tal cual, se acopla a tus necesidades de afecto y amor. Si no, hay millones de seres humanos allá afuera donde la posibilidad de que alguno empate contigo, existe formalmente. La mayor limitante para lograr esto es que creas en aquel dicho de que “es mejor viejo conocido que nuevo por conocer”. Creer en este dicho ha generado grandes males en la sociedad. En los más recientes años de mi vida he desarrollado la siguiente idea de la pareja perfecta (yo sé que sí hay): aquellos que son totalmente naturales en su comportamiento y así es como uno deseaba al otro. Así de simple, así de difícil. Esto es perfección para mí y afortunadamente lo he podido vivir. Esto existe, no es una fantasía. Sin embargo, mediante la creencia de que la otra persona vaya a cambiar algún día, es que los humanos nos esperamos tanto y tanto tiempo viviendo en amargura y frustración. La misma que generamos nosotros mismos por elegir esperar un imposible. Aquí quiero ser dramáticamente tajante en algo: con el análisis que presento en esta ocasión, no estoy negando la auténtica capacidad de cambio en alguien, ¡no en absoluto!, eso sería negar el mismísimo sentido de mi vida y de mi empresa, Nueva Conciencia. Yo creo en la capacidad de cambio de las personas. ¡Claro que creo! Sin embargo, también sé, y bien lo sé, que existen personas que nunca van a cambiar. De ellas estoy hablando en este análisis. En mi experiencia profesional, han desfilado célebres personajes que nunca pudieron cambiar su naturaleza. Cuando la propia naturaleza es el impulso más lógico que brilla en el comportamiento de alguien, toda otra opción de mejora se ve opacada. Con esto te digo que me consta la incapacidad de cientos de personas para cambiar. No hay mala voluntad, no hay malos sentimientos, no hay absurda resistencia al cambio, no. Simple y llanamente no pueden. No tienen la capacidad. Quizá por ello la misma Biblia es tan gráfica cuando afirma en algún pasaje: “...no les des de comer miel a los cerdos”, o algo similar. Yo he tenido que aprender esto habiendo quien me aventara en la cara el frasco de miel que tan bondadosamente ofrecí. En mi adolescencia tuve un comportamiento digno para ser un excelente candidato para que me atendiera el mejor terapeuta. Qué ironía, al tiempo que me enorgullezco de mi crecimiento y despertar; en aquella época yo no tenía Internet ni había alguien que escribiera estos escritos para que yo los leyera y me dieran luz. Yo no tuve esta ventaja que hoy muchos tienen, y aún así pude despertar. Entonces, cualquiera puede. Es cuestión de elegir la luz y quererse en verdad. Mis sugerencias para que vivas una autentica autoestima de auténtico amor en tus relaciones de pareja, de amistad, familiares y/o laborales son las siguientes: 1. Aprende a querer a la gente tal como es. Esta es una de las opciones más sanas que he conocido en mi vida. Aceptar a la gente tal como es. Lo importante aquí es distinguir que eso no implica que las quieras. Aceptar no es lo mismo que querer. Yo acepto que en mi ciudad haya ladrones y criminales y no por eso los quiero. Sé que existen, lo acepto, pero inmediatamente luego de aceptar que la gente sea tal como es, se abren otras dos opciones: querer a esa persona aunque me haga sufrir (opción que no recomiendo mucho), o dejar a esa persona en su propio camino y yo seguir por el mío (¡opción propia de una Nueva Conciencia que tanto hemos tratado en este taller!). Aquí no hay resentimientos, ni maltratos, ni cuentas por cobrar, ni nada por el estilo. Es un sano acuerdo contigo mismo de dejar a la otra persona por motivos más que evidentes. Por dignidad. Por salud. Por amor. Y para lograr esto... 2. Analiza qué es lo que quieres realmente, vivir en lo falso o en la verdad. Sin duda hay gente que elige lo primero y es tan respetable como lo segundo. Lo falso puede ser hermoso y por un buen lapso de tiempo, pero llega el día en que esa hermosura se desvanece, llega el momento en que te das cuenta de que fue un embuste. Mientras más tarde elijas darte cuenta, más grande será tu dolor. Apúrate a elegir darte cuenta de que ya te lo dijo y actúa en consecuencia. Por algo cité como epígrafe de mi columna a Emerson cuando dijo: “Es más hermosa la verdad que el fingimiento del amor”, a lo que yo le agregaría por lo que he visto: “...aunque el mismo fingimiento del amor sea una dulce y bella fantasía”. En otras palabras, tú decides seguir jugando o salir del juego. Ya que decidas, ahora... 3. Actúa en consecuencia. Cuando uno descubre la verdad, no es recomendable seguir creyendo en la fantasía (aunque se puede por necedad). Eso genera enfermedad física y mental. Para mí, el actuar en consecuencia significa ya no esperar, liberarte, ser tú sin pena ni gloria. Aquí una gran pregunta: ¿Qué caso tiene querer a alguien que de antemano y con toda certeza ya sabes que no te quiere, ya te lo dijo? Esta pregunta me la he hecho tantas veces. Sé que podría ser un amor muy sublimado a platónico, pero en esta ocasión estoy hablando en la simple dimensión de una vida de pareja o amistad en el común de los mortales. Aquí no aplica el querer a alguien que sabes que no te quiere. Eso es sufrir por elección propia. Una vez que actúas en consecuencia a lo que descubriste... 4. Alégrate inmensamente por el hallazgo. Cuando descubres la verdad, cuando te elevas por sobre el fingimiento, hay dos opciones: deprimirte amargamente porque las cosas no fueron como tú pensabas que eran, o alegrarte inmensamente por el hallazgo y saber que a partir de ese instante ya conoces lo que tu corazón verdaderamente necesitaba para seguir su pacífico camino de crecimiento y amor. Te juro que esta diferencia radica en una mera elección. ¡Tienes el poder para elegir! Por más doloroso que sea el desengaño, así mismo es de fortalecedor el saber que a partir de hoy puedes caminar por la verdad. Créeme en esto por favor, es motivo de una inmensa alegría, más de la que te imaginas, el desengañarte y así recobrar las fuerzas para seguir por tu camino. Saber la verdad libera, elegir verla dignifica. Y así, alegremente... 5. Sigue tu propio camino. Sin la menor duda ¡algo bueno te espera! Alguien siendo natural te espera allá afuera con una forma de ser que empatará perfecto con lo que buscas y crees merecer. El tiempo que llevo en este planeta ha sido ya el suficiente para percatarme de una dichosa verdad en la que están envueltos los humanos y te la diré: cada vez que creas haber perdido algo es porque en verdad se te ascendió hacia algo superior y tuvo que suceder un lógico desprendimiento. No se suele ascender en bloque, la evolución es personal. ¡Siempre pasa así! ¡Siempre! Si me quieres creer, me alegro, si no, más tarde el tiempo te dirá lo mismo que yo aquí. Lo que sigue en tu vida, luego de conocer la verdad y actuar en consecuencia siguiendo alegremente por tu propio camino, siempre es dicha y fortuna. ¡Siempre! Lo mejor que podemos hacer por aquella persona que ya te lo dijo, es enviarle nuestro amor “mentalmente” y en forma amable cada quien seguir con su propia leyenda personal no intercalable. La tentación de regresar al tormentoso camino conjunto estará por todo el tiempo que tú decidas, el mismo tiempo que decidas ir caminando hacia delante pero viendo para atrás. Por eso es tan metafóricamente poderosa aquella historia bíblica donde se les advirtió a quienes serían liberados que no voltearan hacia atrás, de lo contrario quedarían convertidos en estatuas de arena. Así, viendo hacia atrás, se detiene de inmediato el avance, se suspende la liberación, se paraliza el progreso, se elimina el movimiento que es la esencia de la vida. ¿Ahora entiendes por qué se transforman en estatuas los que miran hacia atrás cuando van hacia delante? Es una metáfora muy esclarecedora. Pero si eliges caminar hacia delante viendo en esa misma dirección (sin duda otra elección que puedes hacer en cualquier momento) verás que todo desengaño resulta en un hermoso proceso de purificación que ayuda a tu alma a seguir avanzando. Decide seguir avanzando dejando atrás lo que precisamente detrás debe quedar para así dar espacio en tu corazón hacia lo que viene. Aunque parezca increíble para muchos, vivimos en un mundo perfecto donde las imperfecciones en la vida de relación, son parte del plan perfecto que hay para nuestra evolución, siempre y cuando aprendamos a dejar ir para poder tomar la siguiente prueba que nos lleva al siguiente nivel. Saber lo que hemos compartido hoy, alegra el corazón frente a cualquier desdicha. Saber que no hay gran necesidad de hablar para saber algo cuando alguien ya te lo dijo con sus actos, nos ahorra el desgaste de una fútil conversación. Salir de las tinieblas de la incertidumbre es una opción que podemos elegir y que nos dirige siempre hacia la luz, donde la alegría del hallazgo de la verdad siempre termina su historia en una gran... ¡Emoción por Existir! El origen de todo sufrimiento Hace un par de días fui invitado a una cena en donde por cierto me la pasé muy bien. Quien me invitó es un directivo de una de las empresas en donde he dictado mis conferencias; ahí nos conocimos. Su esposa y él resultaron ser un par de excelentes anfitriones y me sentí muy a gusto platicando y cenando con ellos. Percibí que se generó, en los primeros minutos, un ambiente de gran confianza y me empezaron a comentar muchas cosas de su vida, desde cómo se conocieron, cuándo se casaron, cómo va su matrimonio, etcétera. Ya sabe, los temas que se antojan en circunstancias como ésa. Sin embargo, me llamó la atención uno en particular, aquel cuando mi anfitrión me platicó el cómo había llegado a la empresa donde hoy trabaja. Compartió conmigo varias anécdotas de tres empresas en las que había trabajado antes, aprendí cómo muchas empresas a sus más altos ejecutivos (como fue él) los invitaban a viajar por todo el mundo, claro, no precisamente de vacaciones, sino para que cumplieran su trabajo. Obviamente se trataban de empresas transnacionales y requerían de que sus directivos viajaran con mucha frecuencia. Me comentó cómo en la última empresa en la que trabajó, le ofrecieron ser un expatriado. Cuando dijo la palabra "expatriado" yo puse cara de como que lo estaba entendiendo, sin embargo, no tenía ni idea a lo que se refería. Entonces, opté por preguntar. Le comento esto porque siento orgullo de poder hacer preguntas; lo que pasa es que mucha gente por no "quedar mal" en alguna reunión, por tener miedo a que opinen nefasto de ellos o por una dramática falta de interés en lo que comenta su interlocutor, no preguntan. Pues bien, yo sí me atreví y con humildad por aprender (aunque no me lo crea) le dije: "¿A qué te refieres con "expatriado" como puesto de una empresa?" Me explicó que así se le dice a los puestos directivos en donde la empresa les propone a esos ejecutivos que para desarrollar su trabajo no podrán tener un lugar fijo de residencia, para así poder viajar por todo el mundo, disponiendo la empresa de sus vidas Y mandándolos a vivir, por ejemplo, un par de años a Francia, luego unos meses a Bueno Aires, luego dos años y medio a Japón, etcétera. Cuando entendí el concepto de expatriado se me figuró algo así como "nómada". Me comentó que ese tipo de ejecutivos son los que más dinero ganan en una empresa y por mucho. Le confieso que me llamó la atención cuando me platicó que a él le ofrecieron un puesto así y estuvo a punto de aceptarlo. Sin embargo, ¿qué pasó? -me pregunté- ¿Por qué seguía aquí en México en una empresa que no es transnacional y ganando mucho menos dinero del que le prometían en la previa? Cuando le hice esa pregunta me contestó tajantemente: "es que me casé y tuve a mis hijos..., ahí la vida te cambia, lo libre que te llegas a sentir de soltero y la única responsabilidad que tienes tan sólo sobre ti mismo, se transforma, por amor, en compartir la perspectiva de vida con alguien. Ya no eres tú sólo. Fue entonces cuando mi esposa me dijo: '...mi amor, estando tú y yo solos te acompaño a donde quieras, pero cuando tengamos hijos, necesitamos tener un lugar fijo de residencia, es por el bien de ellos'. Fue así -comentó- que necesité decidirme por otra empresa que me diera un lugar fijo para vivir y aquí me tienes. Cambié la opción de tener un gran curriculum transnacional y mucho más dinero, por la paz y armonía de mi familia, por la oportunidad de venir a comer con mis hijos diariamente." Eso fue lo que me respondió. Me dio mucho gusto ver la congruencia en su manejo de prioridades. Sin embargo, durante la plática, terció su esposa con un sutil comentario: "Mi amor, además si yo no te pongo un "hasta aquí" tu seguirías viajando y viajando y no te hubiéramos importado ni yo ni tus hijos. Desde que te conocí tal parecía que nada te ataba a ningún lado. Ni siquiera te ataba el cariño de estar cerca de tus papás. Yo ¡sí tengo! una madre a quien querer y por quien sentirme querida" ¡Uf!, cuando escuché opté por hacer un comentario que disminuyera la leve tensión del momento, pero antes de que abriera, mi boquita, él se me adelantó y le contestó a su esposa: "Mira, yo también tengo progenitores, la única diferencia que hay entre tú y yo es que yo sí aprendí a emanciparme". De pronto, él se dirigió a mí, me clavó la mirada y me hizo una pregunta (en ese momento me sentía el juez de una corte en donde se esperaba un veredicto de vida o muerte): "¿acaso no tengo razón si afirmo que gran parte de la madurez del ser humano se obtiene cuando se logra la emancipación emocional?". Bueno, excuso decide qué cara tenía yo cuando después de esa preguntita (que por cierto no entendí bien) se me quedaron mirando los dos. Sonreí y luego agregué: "Pudiera ser, aunque pudiera no ser; todo depende de la referencia, el enfoque y la intención por parte de la persona, y también depende de la circunstancia y contexto en donde se tome la decisión." ¿Qué le parece mi respuesta? ¿Le recuerda a algún político dictando un discurso? Pues sí, efectivamente no dije nada con toda esa palabrería. Aunque me dio risa que luego de que dije eso, su esposa se dirigió a él y expresó con fuerza: "¡Claro!, ya ves, tiene razón." Ya no profundizamos en el tema y ella se fue a la cocina por algunas bebidas como muy contenta de haber "ganado el punto". Cuando me quedé unos momentos charlando solo con su esposo, le dije: "Oye, ¿a qué te refieres con emancipación emocional?" Me dijo que era un término que leyó en algún libro de psicología hace muchos años y en donde se expresaba que cuando logremos la emancipación de nuestro padre y la emancipación del niño que llevamos dentro, empezaríamos a madurar como personas, empezaríamos a ser los únicos responsables de nosotros mismos. Me llamó muchísimo la atención esa reflexión y lo primero que hice al regresar a mi casa, fue buscar en el diccionario el significado de la palabra emancipación, del acto de emancipar. Encontré dos acepciones, la primera como verbo transitivo: "Librar de algún impedimento", y la segunda como verbo pronominal: "Salir de la sujeción en que se estaba". ¡Me encantó! Una vez que entendí la definición de emancipación como una actitud de liberarse, me impactó la propuesta de emancipación emocional. Si lo tradujera podría significar: "Diga no al chantaje emocional que lo ata". Creo que eso era a lo que se refería mi amigo. Donde la fuerza oprime, ¿Le ha sucedido a usted que alguna vez se siente coaccionado en su vida por otra persona? ¿Le han chantajeado con el método del "te doy te quito, depende de ti"? ¿Alguna vez se ha sentido atado a alguien y no sabe cómo quitarse esa atadura? O peor aún, ¿Se ha sentido sujetado, amarrado, encadenado o cohibido por alguien y aunque se dé cuenta de ello prefiere no soltarse por temor a algo peor? Pues bien, si su respuesta es afirmativa sea usted bienvenido al mundo de los interminables conflictos de relación sustentados en el sufrimiento. No piense que mi postura en este capítulo es dramática. No. Es cierta. Cuando usted se siente "obligado" a permanecer en algún lugar, cuando usted se siente 'forzado" a estar con alguien o a permanecer con alguna postura y actitud determinada, esa "obligación" hace desaparecer toda espontaneidad y franca autenticidad de sentimientos. Así, esa falta de sinceridad empieza a distanciar a grandes amigos, separa a muchas parejas, aleja a varios empleados de sus jefes. Esa falta de sinceridad es la lógica consecuencia de perder nuestra libertad, que es inherente al género humano, al "obligamos" a actuar de determinada manera, y esto a su vez, resulta por la falta de una emancipación emocional. . Temor al "qué dirán" y así no poder ser auténticos de identidad. Creo que usted ya sabe a qué me refiero. Mire, todas las situaciones arriba mencionadas tienen un común denominador: impiden el crecimiento de la persona. Ésa fue la gran lección que aprendí aquella noche. Incluso hoy en día sigo consternado por esa dura lección en mi vida, y digo dura porque me ha hecho pensar no solamente en que yo sea limitado por alguien mediante mi falta de emancipación emocional, sino peor aún, a cuántas personas podré estar limitando yo mismo ahora. Le confieso que tan sólo de pensarlo me siento mal conmigo mismo. Sobre todo porque ya me lo han hecho ver y no lo había querido aceptar. Los líderes corremos este riesgo. Si nos molesta que alguien nos ponga límites a través de sus chantajes, también hay que tener mucho cuidado de no convertimos nosotros mismos a la vez, en un límite para el crecimiento de otra persona (¡y sin damos cuenta!). Todo acto forzoso, se vuelve desagradable Pienso que con esta perspectiva se puede afirmar que resulta ser un verdadero arte el ser padre o madre. Los papás, por amor, no llegan a darse cuenta de hasta dónde hay que dirigir Y hasta cuándo. Hace algunos días leí una frase que ahora viene a mi mente y creo que aplica muy bien con lo que estoy compartiendo con usted en este momento: "Ser padre es un arte y dejar de serio también." ¿Hasta dónde debe llegar la autoridad bien encausada? ¿Hasta cuándo se le puede dirigir a alguien para no dañar su autoestima y autosuficiencia? Si usted tiene la respuesta, le suplico que me escriba y nos la comparta. A mí, de momento, me es muy difícil responder. De hecho, me acuerdo de una pregunta que se me quedó muy grabada en mi mente de un maestro de la escuela, nos lanzó la siguiente interrogante (a manera de broma): "¿Qué tanto es tantito?" Por otra parte, pero en la misma línea de pensamiento que estamos estudiando en esta ocasión, podemos ir más allá y se me antoja otra pregunta: ¿La desintegración familiar no se estará viendo favorecida por la mega tendencia mundial de la globalización? Los universitarios de hoy que deseen triunfar en su desempeño como profesionales en el siglo XXI tendrán que viajar por todo el mundo. Eso es definitivo. Eso es una mega tendencia de los mercados que ya está aquí. ¿Qué les espera a los nuevos profesionistas si no logran una emancipación emocional de sus padres, amigos, novia o patria? Conflictos es la respuesta. Cuando un ser humano vive bajo chantaje emocional con frases como: "Te vamos a extrañar mucho, ojalá decidieras no irte..., no tienes necesidad de viajar tan lejos, aquí te apoyamos..., sin ti me muero..., no te alejes de tu familia, recuerda que la familia es lo más importante..., que hicimos mal para que te quieras ir lejos…., etcétera." ¿Cómo cree que se va a sentir un joven así, una persona así? Por eso me hago la reflexión de que tal parece que la globalización tiende a desintegrar el valor unión de la familia. Sobre todo, esto afecta en la cultura de nosotros los latinos, en donde hay familias estilo "pegamento". Familias en donde les cuesta mucho trabajo distanciarse (físicamente hablando) y todos quieren vivir en una misma colonia, en la misma cuadra o en el mismo fraccionamiento. Familias, amigos o costumbres de las que no se ha logrado una sana emancipación emocional. Para la gran mayoría de las personas sensibles y románticas nos es enormemente difícil lograr la emancipación. Creo que deberíamos aprender algo de aquellas personas "frías", centradas en sí mismas, aquellas a las que yo he llegado a llamar "egoístas", ya que he visto que son aquellas que no se tientan el corazón y, si les conviene y el cambio les genera un bien tan sólo a ellos, simplemente se van. Aunque también quiero proponer otra lección, pero ahora para ellos. Así como podríamos los sensibles aprender algo de los egoístas, también ellos podrían aprender de nosotros, los de "calidez humana", un poco de nuestra paz y alegría al experimentar el sublime sentido de pertenencia que da el amor de una familia. Es una dicha tener una familia y saberse perteneciente e importante para ella. Esa fortuna sólo la puede entender quien tiene una familia. Son lecciones para ambos, pero lecciones en donde queda aún la famosa interrogante: ¿Qué tanto es tantito? Estoy seguro que detenemos un momento a pensar en nuestra dificultad para lograr emancipamos emocionalmente de algo o alguien, o para confrontamos ante la posibilidad de que nosotros mismos obstaculicemos la emancipación de otro y así limitemos su crecimiento, es un buen momento para crecer, literalmente hablando. Sé muy bien, por propia experiencia, que la separación de alguien a quien amamos es uno de los más grandes desafíos que podemos afrontar. Y más aún si esa separación es para el bien de quien amamos, para que pueda continuar su crecimiento en la lógica evolución de su ser y su quehacer. En estos momentos, como por los que estoy pasando en estos días de mi vida, no me queda más que apoyarme en una sabia frase de Robert Southey, célebre escritor británico: "No hay distancia en el espacio ni lapso en el tiempo que pueda disminuir la amistad de aquellos cuya convicción en el mutuo valor es total". Saber que la más profunda identidad del ser humano está en su pensamiento y rebasa los límites del tiempo y el espacio de nuestra materia, saber que la fuerza de un recuerdo puede mantener la emoción del hoy, ayudándonos a soportar la nostalgia de un distanciamiento, es una razón más para lograr conservar nuestra. . . ¡Emoción por Existir!
|