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Taller de autoestima. Capítulos del 1 al 100 Taller de autoestima. Capítulos del 101 al 200 Taller de autoestima. Capítulos del 201 al 300 Taller de autoestima. Capítulos del 301 al 400

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¿Sirve?

  1. "¿Sirve la luz?" -preguntó el discípulo,
  2.  "Sólo si buscas algo" -respondió el maestro.

 

Algo sirve sólo si lo usas y te genera el resultado que esperabas, demostrándote así su beneficio. Pero absolutamente nada de lo que llegues a conocer para tu beneficio y desarrollo humano te va a servir, nada, sino sólo hasta que decidas usarlo y aplicarlo a tu propia y personalísima vida en verdad.

Si solo compras libros y no lees (este absurdo existe), si solo asistes a conferencias y no actúas, si solo escuchas audio-cintas motivacionales y no sigues sus sugerencias, si decidiste seguir éste taller de autoestima pero nunca decides llevar a cabo en tu propia y particular vida un cambio enteramente personal, haciendo uso de lo que recomiendo y sugiero para lograr una Nueva Conciencia, pues no, no va a servirte, tenlo por seguro.
Pero también ten por seguro que lo que falla no es éste taller de autoestima, sino tu falta de decisión por cambiar tú mismo. A estas alturas de mi vida, sé que el éxito de un motivador está 10% en su talento para despertar un deseo en quien lo escucha, y 90% en la acción de la otra persona quien lo escuchó. Por eso tantas veces he llegado a afirmar que la superación personal es precisamente así, “personal”, un fenómeno enteramente, dramáticamente, únicamente personal, personalísimo.
Nadie puede crecer sino hasta que llega su momento de despertar, es decir, hasta que lo decide y se lanza a la búsqueda del gran tesoro: su yo superior; y cuando esta poderosa decisión llega a la voluntad de alguien..., cualquier cosa, cualquier experiencia, la más mínima lección dada por cualquier persona, se convierte en auténtica y poderosa fuente de aprendizaje y en verdad sirve. El agua siempre está ahí, pero la disfrutas dándole un exquisito uso solo hasta que tienes sed.

Un día hace tiempo recibí el siguiente correo electrónico:
“Hola: Quiero que me aconseje qué debo hacer. Desde que me enteré de su taller de autoestima, decidí ir e invitar a mi esposo y a mis padres. He asistido a las últimas 3 sesiones con mi esposo y cada vez que cometo algún error me dice que no está sirviendo de nada ir a ese tipo de conferencias. Ya adquirí los 4 boletos porque quiero llevar a mi esposo y a mis papás aunque le tuve que mentir diciéndole que los boletos de mis papás eran cortesía, ya que él me dice que no podemos estar gastando en esto que al fin de nada sirve. El día de ayer, aun inventándole lo de los boletos de cortesía, él me dijo que no iría y que no quiere que yo vaya. Por favor, dime algunas palabras que debo emplear para que esto suceda. Me muero de ganas de ir. El próximo lunes me tengo que someter a una cirugía donde estaré casi un mes en cama y yo no quisiera estar en el hospital sin haber asistido a tu conferencia. Espero me contestes. Buen Día. – M.”.
Bueno, mucho que comentar aquí. Le respondí a esta amable señora lo siguiente: “M: Fácil..., si gustas ir a mi conferencia, ve y ya”. Eso fue todo lo que le dije. Un breve renglón previo a mi saludo de despedida fue que si su marido no deseaba ir, pues que no fuera. Esa era una decisión tan respetable como la de ella. Quizá “las palabras” que ella me pidió le aconsejara para que fuera a mi conferencia bien podrían haber sido las siguientes: Diga usted... “Voy a ir”. Y punto, se acabó. No hay palabras más fortalecedoras y vitalizantes que las que reflejan la verdad.
           
A lo largo de los últimos 18 años de mi vida como conferenciante inspiracional, agente generador de cambio, terapeuta, líder de opinión, y “emotional & spiritual coach” de miles de personas, se me ha usado en más de una ocasión para “demostrar” que lograr “Nueva Conciencia” formada en una alta autoestima... no sirve. ¡Como si yo tuviera la culpa! Hoy ya solo me río. El argumento de personas como el marido de la señora que me escribió es: “...no sirve porque no se ven cambios de inmediato, y además sigues cometiendo errores”. Siempre me ha dado curiosidad saber si ese tipo de personas que emiten un juicio tan tremendamente temerario creerán que yo soy un brujo o un mago o algo por el estilo, algo así como que con una barita mágica o con mi sola presencia en sus vidas por dos horas, ó estos escritos compartidos todo va a cambiar radicalmente.
¡IMPOSIBLE si la persona no lo desea en sí misma!!  Yo no puedo hacer que nadie cambie y creo que nadie en el planeta lo puede lograr. Yo solo invito a que las personas encuentren una Nueva Conciencia en ellas mismas, yo solo funjo como un guía. Un querido amigo que tengo en EUA, me suele llamar “Way-Shower” (muestra-caminos), y me gustó el mote que me dijo aquella vez porque quizá eso hago en Nueva Conciencia, solo te muestro un camino como opción, pero tú decides si quieres caminarlo o no. Yo no lo puedo caminar por ti. Yo ya estoy caminando el mío propio, con Nueva Conciencia, y la verdad estoy extraordinariamente bien. Comprende algo: si cambias, el único que te cambió fuiste tú mismo.

            El marido de la señora que me escribió ha de ser de esos sujetos míticos y legendarios que existen en toda buena familia (en la mía también hay) que, por ejemplo, piensan que con ir al gimnasio un día y hacer ejercicio dos horas, sin duda algo debe de estar fallando en las instalaciones del gimnasio porque al día siguiente no están con todos los músculos hipertrofiados. Esa fue la primera imagen que vino a mi mente cuando le dijo a su esposa que ya van tres conferencias y sigue cometiendo errores. Incluso, con todo respeto, hasta solté la carcajada tan solo con imaginar la escena toda seria y formal. Comprende algo más: nadie cambia de la noche a la mañana. El deseo de cambiar sí puede suceder en un solo instante, en un relámpago de claridad, pero luego hay que trabajar en él por años, por siempre. Hay que mantenerse cambiando en esta mágica espiral ascendente donde cada vez se descubre más y más. Y ese auto-mantenimiento es fuente de gran emoción por existir.

            Ayer platicaba con mi entrenador del gimnasio que asisto y le comentaba lo extraordinario de su sistema, pero que me llamaba la atención que a algunas personas no les servía, y me respondió: “Sí, así es, efectivamente a algunas personas no les sirve mi método para bajar de peso”. Le pregunté: “¿A quienes y por qué?”. Y me dijo: “A los que no hacen lo que les digo”. Punto, no hubo más que cuestionar. Sin embargo, él prosiguió: “...y lo que más me impresiona es que esas mismas personas que no hacen lo que yo les digo, que no siguen mi esquema de alimentación y ejercicio, me han llegado a escribir correos para reclamarme del por qué no les funciona y siguen sin bajar de peso... increíble”. Increíble que pregunten, pensé. Y le comentaba que exactamente lo mismo me pasa a mí. Así como él es entrenador físico, me sucede como entrenador de personas y recibo las mismas preguntas de reclamo muy ocasionalmente. Increíble que pregunten. Pero luego me dejó de ser increíble cuando observé el estado de conciencia desde el cual me planteaban la pregunta, el estado de conciencia desde el cual se hace un reclamo o afirmación de que algo no sirve, y ahí, hasta es lógico y natural que piensen que no sirve. No más comentarios aquí.

            Un maestro de psicoanálisis que tuve en mi carrera dijo sabias palabras que nunca he olvidado: “Cuando un paciente no quiera cambiar, ni tu mayor talento por ayudarlo lo logrará. Pero cuando un paciente desee cambiar en verdad, hasta un leve soplo del aire emitido por tus palabras y aliento logrará cambiarlo”. Estoy de acuerdo, me consta. Si cambias, cambias tú; si te gustó el cambio y mucho, en vez de obligar o invitar a que tus seres queridos cambien también, si en serio te gustó tanto el cambio, pues mejor sigue cambiando tú y ya (si al que le gustó es a ti). Es de las posturas más sensatas, pacifistas e inteligentes que puedes tomar. Ya llegará el momento en que la otra persona te vea tan en paz, tan feliz y tan emocionado por existir que se acerque a preguntarte cómo lo has logrado. Y solo hasta entonces podrás recomendar Nueva Conciencia, no sugiero antes. E incluso ahí, tu recomendación deberá estar desapegada de que sea seguida o no.

            Hace algunas semanas me escribía un asistente a un evento de desarrollo humano y en sus propias palabras la información que éste taller comparte le había servido enormemente, donde según sus propias palabras, le ha cambiado la vida. Sin embargo también me decía con cierta aflicción: “...el problema es mi esposa, carambas. Incluso la llevé a una de tus conferencias y sigue igual, incluso ahora me ataca...., y si te soy sincero, también a ti te ataca y hasta te ofende cuando se refiere a ti”. Cosa que me tuvo sin el más mínimo cuidado, por supuesto. Ya son muchos, pero muchos años en estos menesteres de la superación personal, y llega un momento, un hermoso estado del luz interior, donde te das cuenta de que lo que opinen los demás de ti, es algo totalmente independiente de ti. La opinión de alguien es mera medición refleja de su estado de conciencia para valorar algo o alguien, y esa medición es un parámetro totalmente independiente del objeto a juzgar donde nunca revela las características del objeto juzgado, sino manifiesta las características del estado de conciencia de donde emana dicho juicio. Esto mismo le expliqué al gran empresario y cuando lo comprendió sintió liberación, la liberación y respeto que te da comprender con Nueva Conciencia.

Muchas veces, en el sano impulso por compartir los maravillosos hallazgos que uno encuentra y que nos generan tanto beneficio, nos aventuramos a compartirlos con nuestros seres queridos para sólo toparnos con la sorpresa de que lo que tanto nos emocionó a nosotros no causa el más mínimo atractivo o interés en ellos. Y pues.... ¡lógico! Se tratan de dos personas en momentos evolutivos de la conciencia humana totalmente distintos. Lo que le emociona a uno nunca será garantía de que le emocione al otro. Y ambas posturas son respetabilísimas. Ni uno está bien, ni el otro está mal. Simplemente están cada quien en su momento evolutivo con su muy particular y respetable perspectiva. Cuando tú le muestras a alguien una rosa, puede percibir una flor, mientras que otra persona a quien le muestras la misma rosa, puede percibir un milagro.
Afirmo que gran parte del éxito en la vida de pareja es que dos personas decidan unir sus vidas partiendo de la base de que alcanzan a observar prácticamente lo mismo, y si uno crece, el otro igual, para que con el tiempo no se disparen las perspectivas y luego ya no haya nada que compartir. Pero, siguiendo con el ejemplo de la rosa, algo hermoso es que las distintas opiniones que varias personas tengan de la rosa, no modifica en su más mínima magnitud a la rosa misma. Una esmeralda no pierde su valor por alguien que opina sin conocer de piedras preciosas. Un diamante no se agrieta ni se ensucia por alguien que opine que no sirve para nada. El valor del diamante sólo y exclusivamente lo percibirá quien encuentre su uso y ahí perciba la hermosura del beneficio que le brinda tenerlo.

            De tal suerte que si una conferencia sirve o si un material de autoestima compartido por Internet sirve o si un libro sirve, la respuesta es enteramente personal. Depende si resuena en ti o no. De hecho, me atrevo a decirte que no existen conferencias extraordinarias, ni libros extraordinarios, ni páginas extraordinarias, ni guías espirituales extraordinarios..., sino que lo único extraordinario en verdad eres tú, lo extraordinario es tu divino momento donde resuenan dentro de ti, como verdades, lo expresado en una conferencia; tu muy personal y extraordinario momento de vida donde resuenan como verdad ciertos libros, donde te resuenan como sensatas y amorosas las sugerencias de tu guía espiritual, tu extraordinario momento evolutivo donde te cautivan y atrapan ciertos escritos que lees y los calificas como extraordinarios, pero recuerda..., el extraordinario es “tu” momento. Y es hasta entonces, y solo hasta entonces, que empiezas a creer. Es hasta entonces que empiezas a constatar que creer es crear.

Es entonces, y solo hasta entonces, que decides entrar a una dimensión donde los milagros son los sucesos más cotidianos. Es entonces cuando la información de cambio te sirve. Es entonces cuando mis palabras te acompañan como guía. Solo hasta que tú decides crecer -buscando- es cuando encuentras, antes nunca.

El camino del héroe se transita solo..., y así cada héroe. Se trata del héroe de sí mismo que cada uno llevamos dentro. Si para buscar prendes la luz, llegarás a darte cuenta que la luz sirve, pero si la prendes cuando no buscas nada, quizá llegues a decir que la luz no sirve. Sólo hasta que llegue tu momento donde decides preguntarte si hay algo más, las respuestas se empiezan a aparecer frente a ti con frecuentes y deslumbrantes: ¡Sí!, ¡Sí! Pero esto sucederá solo hasta que tú decides emprender tu viaje de auto descubrimiento, tu búsqueda. El divino y solitario viaje de un ser donde el objetivo es descubrir quién es realmente. Tan solo te puedo decir que el viaje vale la pena. Es más allá de lo más hermoso que hayas conocido jamás nunca. Es cuando sirve Nueva Conciencia, cuando tú mismo has decidido elegir para ti la

¡Emoción por Existir!

 

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Horizontes

Es una peculiaridad del hombre que sólo
puede vivir proyectándose en el
futuro, y ésa es su salvación.
- VICTOR FRANKL
Psiquiatra y escritor.

Un día tuve una cita a la cual llegué un poco tar­de, y le dije a la persona que me estaba esperan­do: "Lo siento por mi retraso, pero fui a recoger mi pasaporte y me hicieron esperar demasiado..." Recuerdo que me impactó su comentario: "Ya me imagino, yo por eso prefiero no sacar ningún pasaporte, además, no lo necesito. La distancia que mayormente recorro no rebasa los límites de esta ciudad...: La persona que me lo dijo tiene aproximadamente 50 años y le confieso que to­davía sigo impactado por la parsimonia con que me lo comentó. ¡No tenía el más mínimo interés en tener un pasaporte porque no le interesaba sa­lir de este país nunca!

Este breve encuentro me hizo pensar en el vasto número de personas que han de pensar de manera similar. ¿Cuánta gente vivirá dentro de sus propios límites? No lo sé. Pero sí sé que la gente es la que se pone limita­ciones. Cuando una persona no busca un hori­zonte más lejano del que perciben sus ojos, cree firmemente que el límite es tan sólo su línea de horizonte porque no ve más allá. Ahora bien, lo impresionante es que muchas personas no quie­ren ver más allá, son seres sumergidos en su có­moda quietud.

¿Usted se ha preguntado cuál es su horizonte? Recuerde que por horizonte quiero decir la línea que limita la parte de superficie terrestre visible desde un punto. Entonces, metafóricamente ha­blando, su horizonte bien podría ser el límite de sus capacidades y potencialidades visibles desde donde está ahora. Bien se podría preguntar: ¿A qué capacidades me refiero? Pues a todo lo que usted pueda soñar de sí mismo. Muy pocas per­sonas llegan a destacar en sus ámbitos porque nunca se han imaginado a sí mismas haciendo al­go superior, siendo algo mucho mejor, estando aún más arriba.

De paso está decir que me impresionó un bre­ve fragmento del más reciente libro de Douglas Coupland, La vida después de Dios, que me re­comendó un buen amigo. De inmediato adquirí el libro. Es muy interesante el planteamiento que hace este autor quien también escribió La gene­ración x, en su nueva obra, donde escribe lo si­guiente:

A veces pienso que las personas que más pena me dan son aquellas incapaces de relacionarse con lo que es profundo; seres como mi aburrido cuñado, un tipo campechano tan interesado por la normali­dad y por integrarse que se ruega a sí mismo y a su personalidad todo asomo de singularidad. Me pre­gunto si algún día, cuando sea mayor, despertará y la parte más profunda de su ser se percatará de que nunca se permitió existir de verdad, y llorará de arrepentimiento, vergüenza y pesar.

¿Qué le parece? ¿Conoce gente como él? Yo sí. Sin embargo, no soy tan dramático como Dou­glas Coupland al pensar que cuando una persona despierte llorará de arrepentimiento, mejor plan­teo la posibilidad de que las personas despierten antes de que hayan dormido "demasiado". Todos necesitamos un momento para crecer, un mo­mento para reflexionar y optar por un nuevo ho­rizonte más lejano y noble. Sólo que, ese horizonte nunca va a llegar solo. El éxito, el triunfo, la plenitud y la realización no llegan por sí solas, hay que salir a su encuentro, hay que ver más allá de lo evidente y emocionamos ante la desafiante conquista de un porvenir más sobresa­liente. Todo depende de nuestro interés por cono­cer más y adquirir mejores opciones de vida para mejorar la calidad de la misma.

Por favor, haga un alto en su vida y dése tiem­po para pensar -como diría el eslogan publicita­rio de Microsoft-, ¿hasta dónde quiere llegar hoy?, ¿cuál es su horizonte de vida? Si usted es de las afortunadas personas a las que normal­mente todo les sale bien, casi siempre están de buen humor, comúnmente gozan de buena salud, pues imagínese si se planteara un horizonte aún más alto y lejano. Le garantizo que su vida se transformaría en una apasionante experiencia día con día. Ahora bien, si por el contrario usted es de esas personas con "tendencia a la baja", a las que comúnmente todo les sale regular, sienten te­mores y desesperación y se deprimen con facili­dad; pues con más razón plantéese un horizonte mucho más lejano y mucho más emocionante.

Recuerde que los problemas nos parecen grandes no por su magnitud, sino por la cercanía que te­nemos con ellos. Es una ilusión de óptica psico­lógica. Por ejemplo, ahora mismo mientras lee, le preguntara el tamaño del monitor de su com­putadora, me podría responder determinada me­dida o dimensión, pero si le pido que me vuelva a decir la medida del mismo, pero ahora aleján­dose de él 20 metros, ¿cómo lo vería? Le puedo garantizar que un poco más chico. ¿Lo ve? Creo que una buena observación para esta ocasión en la cual me permite comunicarme con usted por medio de su lectura, es la siguiente: "Usted es ca­paz de mover su horizonte a voluntad" y así po­der ver las cosas desde una perspectiva diferente. Le garantizo que bien vale la pena mover nuestro punto de vista ante cualquier problema y dificul­tad, manteniendo un "distanciamiento estratégi­co" entre usted y el problema, de tal forma que usted siempre sea más grande que sus problemas y tenga así la fortificante sensación de dominio de los mismos.

Una ventaja más de detenerse a pensar en su horizonte es preguntarse: ¿hasta dónde quiero llegar?, y es la poderosísima respuesta que usted podría encontrar en ese momento para crecer. Créamelo, vale la pena hacerse ese tipo de preguntas, ya que al hacerlo se corre el maravilloso riesgo de encontrar una gran respuesta y, así, emocionarse por emprender la acción. Cuando algunos pacientes jóvenes me dicen que están un poco desmotivados, les garantizo que están en un gran error, ya que la desmotivación no existe.

Todo ser humano encuentra razones para su comportamiento. Ahora bien, lo que sí pueden existir son motivos tan mediocres, comunes y co­rrientes que no son suficientes para generar la chispa de la acción. Son personas con un hori­zonte tan corto que no justifican "moverse", por­ que casi no encuentran diferencia entre su horizonte y el sitio donde están. Algo que los ha­rá "moverse" es tener la visión de su futuro, pero un futuro convincente, emocionante y apasionante.

Sólo si usted mueve su horizonte a límites ja­más imaginados, a lugares antes insospechados y llenos de emoción, sólo en ese momento justifi­cará moverse y actuar en pos de la conquista de su sueño. En su nuevo horizonte imagine el cuer­po que puede llegar a tener, la posición económi­ca que puede alcanzar, la paz y armonía con las que puede convivir, la gran calidad humana que puede lograr y así ser cada vez más humano. Ha­ga, la prueba y verá lo motivante que resulta ac­tuar persiguiendo un ideal. No tan sólo lo invito a que obtenga su pasaporte para viajar y conocer nuevos horizontes y lugares que explorar, sino también lo exhorto a que obtenga un "pasaporte emocional", permitiéndose imaginar hasta dónde puede llegar como ser humano. Verá que muy pronto llegará a afirmar -como Wayne Dyer lo hace- "El cielo es el límite".

Para obtener su pasaporte emocional basta con darse tiempo para pensar y entrar en contacto con lo profundo de su ser. Una estrategia útil podría ser preguntarse: ¿Los mejores momentos de, mi vida ya pasaron, o están aún por venir? Si su respuesta es que ya pasaron usted entonces solo esta a la espera de que le llegue el final y no espera nada ni del ahora, ni del futuro; si su respuesta es que lo mejor de su vida está aún por venir, pues lo felicito por el emocionante horizonte que se plantea usted mismo. Visualizar un horizonte así, imaginarse un ideal por alcan­zar, le aseguro que le conferirá una gran...

¡Emo­ción por existir!