Taller de autoestima. Capítulos del 1 al 100 Taller de autoestima. Capítulos del 101 al 200 Taller de autoestima. Capítulos del 201 al 300 Taller de autoestima. Capítulos del 301 al 400

99
Dinero, dinero dinero
Ley de Atracción

Algunas veces vivimos nuestras vidas encadenados,
 sin saber que nosotros tenemos la llave.
H. W. Arnold

Por lo regular los buscadores de temas de autoayuda buscan mejorar un aspecto de su vida, algo que sienten que no camina bien: amor, trabajo, familia, salud, espiritualidad y/o principalmente dinero. Este capítulo esta dedicado a la conexión de Dinero con la Ley de Atracción, muy bien, vayamos a eso... ¡DINERO! Dinero, dinero, di­nero. Suena bien, El titulo del capítulo atrae ¿verdad? ¿O no? Pongámoslo de otro modo. ¿Cómo te hace sentir esa palabra, este tema? ¡Sinceramente!

Cada palabra que pronunciamos, lleva consigo su propio sello de vibración peculiar acerca de lo que estamos hablan­do. Dependiendo de cómo nos educaron, y de la perspectiva de la vida que hayamos adquirido individualmente, cargamos cada palabra que decimos con una vibración exclusiva y per­sonal. La palabra "Dios", por ejemplo, puede provocar una respuesta de vibraciones intensamente positivas o profundamente negativas, dependiendo de quién la diga -y quién la escuche-, del ambiente en el que se diga y de aquello con lo que la asociemos.

Tenemos una enorme carga de esas asociaciones de pala­bras en nuestro lenguaje, pero sólo hay una palabra que pue­de reclamar el derecho de ser consistentemente merecedora del Premio a la Palabra más Negativa del Mundo. Esa pala­bra es "dinero". La palabra dinero es la más cargada de emo­ción, en cualquier idioma que se utilice. De verdad ya no se que es más un tabú en nuestra sociedad: El sexo ó el dinero.

Para la mayoría de nosotros, las creencias relacionadas con la palabra dinero son tan increíblemente intensas, que en el momento en que la decimos, pensamos o escuchamos, envia­mos un cúmulo de vibraciones negativas por todo el lugar. Desde luego, lo único que logramos con ello es crear un muro impe­netrable a nuestro alrededor, que garantiza que bloqueemos la más buscada comodidad que con tanto ahínco hemos queri­do tener en nuestra vida. Tan sólo al pronunciar ese tonto conjun­to de sonidos, estamos alejando la cosa que más deseamos.

Pero, ¿cómo es eso? Después de todo, es un asunto muy cla­ro, ¿no? Oro, plata, monedas, billetes, documentos, ¿a qué sue­nan, entonces? Más que a otra cosa, a algo como a "toda esa miseria". Desde que éramos niños, la mayoría de nosotros aprendimos que la palabra dinero equivale a lucha: "deberías", "tienes que", "tengo que", "debo".

Aprendimos lo importante que era el tema para mamá y papá, los tíos y las tías, así como para los amigos adultos de la familia.
Aprendimos también a sentir la ansiedad que rodea a la palabra, así como la angustia que provoca.

Aprendimos, la mayoría de nosotros, que era el principio y el fin de lo que creemos que es la vida; así que lo mejor era ase­gurarnos de tenerlo, ¿o no?

En realidad, ese aprendizaje comenzó antes de que siquie­ra empezáremos a caminar, desde los días en los que nos en­contrábamos en el útero materno, desde donde absorbimos todas las vibraciones que producían las luchas y los temores de nuestros padres. Así, fuimos arrojados a este mundo, como Don Quijote, con esa descabellada programación innata que dice que el más poderoso adversario al que nos enfrentare­mos en la vida es eso que llamamos dinero, el dragón contra el cual tenemos que luchar hasta la muerte. ¡Y la mayor parte de nosotros lo hace!

Debido a que nunca aprendimos acerca del flujo de ener­gía y del tener vibraciones negativas, pasamos la vida con vál­vulas herméticamente cerradas sobre ese tema, sosteniendo una batalla que nunca podemos ganar, hasta que nos senti­mos tan cansados, tan desalentados, tan deprimidos, que nuestro cuerpo finalmente responde al eterno negativismo y morimos. ¡Vaya dulce vida!

Viejas creencias tergiversadas
Desde que se creó el primer dinero legal, nadie ha tenido su­ficiente de él. Así es que cuando pensamos en dinero, inme­diatamente agregamos "no hay suficiente", ¿empiezas a tener una idea clara del problema? Dinero equivale a no suficien­te..., lo que equivale, a la vez, a carencia..., lo cual significa vibraciones de "sentirte mal", lo que, por supuesto, nos pro­porciona una buena cantidad de lo que menos queremos: ¡ca­rencia!

La buena noticia es que no tenemos que quedarnos ahí, y que podemos desenterrar todas esas viejas creencias, ya ca­ducas, para permitimos que fluya la abundancia; por fortu­na, simplemente tenemos que contrarrestar el cúmulo de ideas negativas acerca del dinero que durante décadas la sociedad ha creado y respaldado; creencias tan injustas como:

"Necesitas trabajar arduamente para conseguirlo".
"El dinero debe ganarse."
"N o obtienes algo por nada."
"El dinero llega con dificultad."
"Es difícil ahorrar dinero."
"Nunca tengo lo suficiente."
"Sale con más rapidez que con la que entra."
"El dinero es la raíz de todos los males."
"Necesitamos ahorrar para el retiro."
"Seré feliz cuando lo tenga" (lo que sigi1ifica: "No puedo ser feliz ahora").
"Uno debe trabajar duro para obtener verdaderas recom­pensas. "
"El dinero no crece en los árboles."
Repite cualquiera de estas frases en voz alta, y observa cómo te sientes. ¡Nada bien! y; sin embargo, ésas son las ideas que nos enseñaron, con las que crecimos, con vibraciones tan arrai­gadas en nosotros, que hemos llegado a creer que el dinero es nuestra única llave hacia la libertad. Y; bueno, no quiero de­cir nada más acerca de eso.

Lo que nos confunde es que pensamos que el dinero tiene que ganarse, que se tiene que luchar por él y que se tiene que trabajar arduamente para obtenerlo. Y; sin embargo, el dine­ro, como todo lo demás, no es más que energía. Y atraerlo, como sucede con todo lo demás, sólo requiere de un proceso de flu­jo de energía. ¡Ha llegado el momento de escribir un nuevo guión!

Escribir un nuevo guión
Digamos que quisieras construir un nuevo patio en tu casa, que te costaría alrededor de 25,000 dólares, y digamos que piensas en ese costo de 25,000 dólares, una y otra vez, sin la más remota idea de cómo conseguirlos. Finalmente, deprimi­do y frustrado, exclamas: "iOh, al diablo, olvídalo!".

Estás actuando como el resto de nosotros, batallando con­tra esas viejas creencias limitantes que han estado cerrando tus válvulas toda la vida, que te desesperan, y que acabas de cerrar definitivamente. Tu deseo de tener dinero para cons­truir el patio te hace sentir tan mal, que dejas de pensar en el asunto.

No necesito decirlo, esto fue antes de que supieras acerca del flujo de energía. Así que digamos qué piensas en ese nue­vo patio, ¡ahora! Con seguridad, todavía te quedan algunos sentimientos de energía negativa de los de antes; sólo que en este momento puedes detectarlos porque estás prestando atención a cómo te hacen sentir tus pensamientos.

Esta vez, en lugar de estancarte en ese viejo pensamiento de "¡olvídalo!", crea un nuevo guión con vibraciones renova­das y positivas para suplir el anterior.

Crear un nuevo guión no es sino hacer realidad un pequeño "sueño", que a la vez es grandioso, e introducirse en él emo­cionalmente. Sin embargo, lo importante es que emocionalmente te induzca en tu sueño, o sólo estarás perdiendo el tiempo.

Estás confeccionando en tiempo presente una narración enigmática acerca de lo que quieres, expresada en voz alta (y después por escrito) como si charlaras con un amigo. Nunca, jamás, debe ser sobre lo que va a suceder..., sólo sobre lo que ha ocurrido o está ocurriendo ahora. Y haz tu historia lo su­ficientemente real como para que puedas probar la satisfac­ción, el placer, la plenitud y la alegría en todos y cada uno de sus matices mientras la relatas.

Sólo recuerda que debes seeentirla pasión que hay detrás de cada palabra. Si no la sientes, no obtendrás lo que deseas porque sin esos nuevos sentimientos, no habrá un cambio en tus vibraciones. Son esas enriquecedoras, excitantes, embria­gantes emociones que hay detrás de tus palabras, las que causan las vibraciones positivas, necesarias para permitirte lograr lo que anhelas. Aunque-tú-no-lo-creas, estás creando un nuevo remolino magnético dentro de ti, con nuevas imágenes y sen­timientos apasionados. Simplemente, no escribas tu guión de forma tan rebuscada que no seas capaz de sentirlo, o le ha­brás dado al traste a tu propósito.
Cuando el tornado empieza a crecer después de los dieciséis segundos de feliz relato, de los siguientes dieciséis segundos y de los que siguen, las vibraciones elevadas que fluyan de ti, comenzarán a eliminar las vibraciones negativas que han es­tado fluyendo, para contrarrestar completamente tus actua­les "qué es". Cuando se realice ese cambio a una frecuencia más alta, que es todo lo que necesitas para traer a la realidad ese pequeño sueño que habías estado contando -incluso a ti mismo- éste será atraído entonces hacia el nuevo tornado.

Por supuesto, al principio tal vez te sientas un poco loco al hablar en voz alta con una persona imaginaria -contigo mis­mo- sobre la fantasía que estás viviendo, pero ése es sólo un pequeño precio que tienes que pagar por los grandes dividen­dos que recibirás.

Sólo empieza a hablar, y describe todas las satisfacciones y alegrías que te han traído esos 25,000 dólares. Hazlo con len­titud, dándote el tiempo suficiente para seeentir las palabras y las imágenes conforme vayas avanzando, y date tiempo,- tam­bién, para permitir que surjan más ideas sobre cómo aprove­char el dinero. Aunque todo esto es "pretende-como-si" por el momento, si tu narración es tan real como para saborearla, oler­la, sentirla, tocarla y vivirla, muy pronto será una realidad.

Hay dos formas para hablar de tu enorme fantasía. La pri­mera es similar a conversar con un amigo, y la segunda es una suerte de susurro para ti mismo. Así, una conversación sobre los 25,000 dólares podría parecerse a una plática con un amigo mientras toman una taza de café (en voz alta, pero suave). "Tú sabes, mi esposa y yo estamos encantados con el patio que acabamos de terminar. Teníamos años de estarlo deseando, aunque nunca habíamos considerado que debíamos gastar ese dinero. Pero, bueno, decidimos que ya era tiempo de darnos ese gusto, y tan pronto como tomamos esa decisión, el dinero llegó como por arte de magia."

"Ya está completamente construido y, ¡oh!, de verdad que nos fascina. Nos encanta disfrutarlo después de cenar. Nos sentamos ahí afuera los dos solos (tú estás... sintieeendo cada frase..., saboreando cada detalle, mientras... lo... vas... di­ciendo...) bajo las estrellas. ¿Y sabes que esto nos ha hecho sentir más cerca uno al otro? ¡Oh!, fue un desastre al princi­pio, pero ahora hasta los niños lo están usando después de la escuela. Les compramos su propia mesa y sus sillas, así que se sientan afuera a hacer su tarea. Te aseguro que ese patio es lo mejor que hemos hecho en muchos años". Y así..., una y otra vez, sintiendo leeentamente cada nuevo detalle del mismo tema, que revele cada delicioso momento de tus descripciones.

Si quieres cambiar el guión, aunque no el enfoque, di en voz alta, para ti mismo: "Estoy ansioso de que llegar a casa esta noche. Mi esposa tendrá lista su cena favorita para que coma­mos en el nuevo patio. ¡Vaya!, estoy taaan feliz de cómo disfrutamos convivir en familia ó con amigos reuniones en el patio.  Adoro en especial las magníficas losetas que en­contramos para el piso. Y mañana, por fin, voy a salir a bus­car las nuevas plantas... Creo que iré a..." (sí, estás describiendo algo nuevo que vas a hacer, pero que está dentro y forma parte de tu fantasía completa -el patio terminado- que estás viendo ahora, en este momento).

Tienes que dirigir ese dinero a algún lugar hacia donde fluir, así que mañana habla sobre cómo te sientes cuando es­tás sumergida en la bañera, y al día siguiente, habla sobre las nuevas plantas que acabas de comprar, etcétera. Deléitate y disfruta de cada nuevo detalle del que hablas y sieeente, ha­bla y siente

Has tomado el antiguo guión de "sentirte mal", los 25,000 dólares requeridos para tu patio, y has creado una flamante y nueva historia acerca de donde colocarlos, una auténticamente inundada con toda clase de creencias de "sentirte bien", aun cuando todavía sea sólo una fantasía.

Sí, puedes jugar este juego con tu pareja, siempre y cuando ambos estén sintonizados en la misma frecuencia, deseando el mismo tipo de cosas. El que ambos estén haciendo eso, mul­tiplicará diez veces la energía y hará brotar muchas nuevas ideas de las cuales hablar, en todas las formas posibles, para lograr tus propósitos.

Desde luego, elaborar guiones no se limita a escribir de co­sas materiales. Tú puedes crear una historia acerca de cual­quier cosa, desde una relación amorosa que necesita mejorarse, hasta cómo deshacerse de una plaga que ha invadido tu jardín.

Mi perra Lucy me estaba volviendo loco, subía y bajaba a todo correr la larga barda del frente y ladraba a cuanta cosa se movía. Era irritante para mí, molesto para las personas que pasaban junto a mi casa y crispante para mis vecinos. Probé cuanta maniobra sugería el instructivo para educar pe­rros, pero nada parecía funcionar. Finalmente, cansada y real­mente preocupada (lo cual sólo causaba más ladridos) decidí cambiar mi forma de hablar al respecto:

"Me encanta ver la libertad de espíritu con la que esa pe­rra corre, desenfrenada como el viento, cómo sube y baja por la cerca del frente. Y casi no puedo creer cuando parece que pisa el freno y se sienta en la orilla de la barda, muy quietecita, viendo pasar a la gente, callada, atenta, bien portada. Fran­camente, me asombra, después de la forma en que solía ac­tuar. Lo mejor del asunto es que puedo ver que Lucy todavía se encarga de cuidar la casa, y eso es lo que hace ahora, sentada, vigilando todo en silencio. ¡Caramba, cómo me gusta eso!".

Repetir eso se convirtió en mi rutina de todos los días, me seeentía alabando realmente a Lucy por subir y bajar corriendo por la barda para detenerse bruscamente cuando veía algo en la calle, y después sentarse para contemplar en silencio lo que ocurría.

Transcurrieron cinco semanas antes de que viera la pri­mera señal. ¡Lucy no corría! Estaba sentada en el sendero de la entrada, contemplando en silencio a una persona que pa­saba trotando. ¡Se quedó sentada ahí, sin moverse! En total, el proceso tomó aproximadamente tres meses, lo que demuestra lo arraigadas que estaban mis viejas creencias de que no po­dría reeducar a aquella perrita testaruda. Pero no me di por vencida, insistí, y hasta este momento al menos, somos dos seres muy felices.

Sin embargo, en lo que se refiere al dinero, mis primeros intentos por reescribir el guión no tuvieron, ni remotamen­te, ese éxito. Intentaba con tal intensidad obtenerlo a través de imágenes surrealistas acerca de proyectos que producirían muchísimos dólares, que me encontraba hundida bajo una mon­taña de historias totalmente increíbles. Podía sentir a mis viejos sistemas de creencias asomar sus vacilantes cabezas con argu­mentos como: "¿Me puedes decir cómo vas a lograr eso? ¿De dónde vas a sacar el tiempo que se necesita? ¡Ni en sueños, olvídalo!". Dudas y más dudas, dudas.

Gradualmente me di cuenta de que no necesitaba crear una súper producción multimillonaria, al estilo de Steven Spielberg, sino sólo una pequeña historia, moderadamente creíble, de la que pudiera hablar conmigo misma, o quizá con algún "ami­go". Así que empecé de nuevo, con una narración mucho más modesta, menos ambiciosa y mucho más creíble para mí. En lugar de hablar del dinero que debía llegar, lo coloqué en un sitio hacia el cual fluyera. Hablé sobre lo fácil que era para mí pagar mis cuentas, lo maravillosamente bien que estaban marchando mis proyectos y la excelente acogida que habían tenido mis programas de hipotecas en el mercado. Eso sí que me hacía sentir bien.

Me conté a mí misma nuevos giros de las mismas histo­rias, durante semanas enteras, creando nuevos personajes y nuevas circunstancias para mantener vivos los relatos. Cuando nada de lo que deseaba parecía estar sucediendo, me sentí desalentada..., me pregunté qué era lo que me había ocurri­do..., comprendí que estaba de regreso a lo negativo..., suspiré profundamente..., y comencé a escribir una nueva historia.

De repente irrumpieron algunas asombrosas -de hecho, revolucionarias- nuevas ideas para cuadruplicar mi nego­cio, con la mitad del esfuerzo acostumbrado. Surgieron nue­vas personas para ayudarme, y en aproximadamente seis meses estaba de nuevo en el buen camino, ganando una cantidad ra­zonable de dinero. En año y medio, mi ingreso pasó de cómo­do a estratosférico, aumentando un increíble ¡830 por ciento! Los viejos sentimientos habituales son difíciles de eliminar, pero, ¡oh, día feliz!, ¡los liquidé!

Así que si tienes la inquietud de viajar, no te preocupes sobre cómo vas a obtener el dinero para hacerlo; sólo empie­za a hablar (o a escribir) sobre tu fantasía y a lanzar corrien­tes de energía de "sentirte bien" hacia el lugar al que quieres ir, como si ya estuvieras ahí ahora. Siente la brisa, saborea la comida, siente tu nuevo bronceado. Si siempre deseaste te­ner un caballo de carreras, no te preocupes de cómo vas a conseguir el dinero para comprarlo. Empieza a hablar en voz alta de tu historia (la del caballo) y a fluir energía de "sentir­te bien" hacia el tipo de caballo que quieres..., como si ya lo tuvieras ahora, junto con el entrenador, el lugar donde vas a tenerlo y los aplausos del público que te verá correr. Siente su crin, el olor del caballo mismo, ponte la corona de laureles.

Si tú y tu cónyuge siempre han deseado llevar una vida más sencilla, administrando un hotelito de "cama y desayu­no" en el campo, entonces sueña con el lugar perfecto, reco­rre los caminos vecinales, maravíllate del aire fresco, habla con el contratista que los está ayudando a remodelar la casa, selecciona el lindo papel tapiz, busca antigüedades, disfruta a tus felices huéspedes, prepara para todos un regio almuerzo.

Eso es todo lo que tienes que hacer. Sustituye las viejas vibraciones negativas de tu guión de: "No puedo, no sé cómo, estoy en la ruina", con las de una nueva y positiva historia que te lance al disfrute de tenerla ya. Ahora.

Habla de ello y siéeentelo, tal como quisieras que sucedie­ra si estuvieras viviendo tu fantasía en este mismo momento, desarrollando una aún más amplia variedad de la historia, saboreando nuevas descripciones hasta que sientas que todo el asunto hace una especie de click y se vuelve real. Te has in­volucrado tanto en tu fantasía, en tu ensueño, que es como si lo estuvieras viviendo ya, en este momento. Has dejado de reaccionar sólo a las condiciones que se te presentan; te has convertido en creador de condiciones.

De no hacer negocios, a crear grandes negocios
Un buen amigo mío es dueño de una compañía independien­te de bienes raíces, bastante grande, en el Estado de Washing­ton. Siempre ha sido un hombre muy trabajador, trata en forma justa a sus empleados y apoya a sus agentes, pero estaba te­niendo problemas financieros y no parecía encontrar la sali­da para ellos.

Mientras estábamos almorzando un día, Chuck empezó a hablar. Todo el mercado se encontraba en una prolongada etapa de crisis y las ventas de toda su gente andaban por los suelos. Hasta sus mejores agentes estaban hablando de dejar los bie­nes raíces para buscar mejor suerte en otros campos de los negocios. Todos sabían que el mercado mejoraría, tarde o tem­prano, pero en tanto eso sucedía, había bocas que alimentar. Mi amigo no buscaba soluciones porque le parecía que no había ninguna. De acuerdo con su modo de pensar, había sido víctima de las circunstancias económicas. Él y su equipo ha­bían agotado todos los recursos promociónales conocidos y habían recorrido asimismo todos los caminos posibles, sólo para encontrarse con que las ventas seguían cuesta abajo. Aun­que nunca había hablado con Chuck de la Ley de la Atrac­ción, decidí que aquella era una buena oportunidad para hacerlo, tan buena como cualquier otra. Lo conocía lo suficientemen­te bien como para saber que, cuando menos, me escucharía con amabilidad y atención, aunque sólo lo hiciera por buena educación.

Al parecer, el principal problema no era tanto que no estu­vieran funcionando las ventas, sino que sus vendedores tampo­co parecían estar funcionando. Estaban sumidos en una coladera en algún lugar, con las válvulas completamente cerradas, sin­tiendo profunda compasión por ellos mismos. Culpaban a la economía de lo que sucedía y creaban enormes agujeros ne­gros grupales de carencia, lo que significaba una garantía ab­soluta de que la compañía seguiría su descenso hacia la ruina, hasta que llegara a su total desaparición. Así que sugerí a Chuck que volviera a reunir a su gente para hacerles notar que, pues­to que nada hasta entonces les había funcionado, no tenían mucho que perder si probaban este nuevo proyecto que se les iba a sugerir.

Tocando sólo superficialmente el aspecto físico de la Ley de la Atracción, lo miré directamente a los ojos y le hablé des­de el fondo de mi alma, con la esperanza de que la seriedad con que lo hacía, nada característica en mí, atrajera su atención. "Chuck, si sólo logras que tu gente haga esto, tu negocio dará un giro completo."

¡Funcionó! Debo admitir que me sentí un poco inflada mi vanidad mientras lo escuchaba responder anhelante: "Continúa...".
Le sugerí que hiciera que cada uno de sus vendedores eli­giera la cantidad de dólares que le gustaría ganar en los si­guientes tres meses, y que después la triplicara. (Chuck gimió: "¡Oh, Dios, vamos a lo mismo otra vez!", pero yo no hice caso). Entonces, le recomendé que cuando ya todos tuvieran esa cifra en la mente, preguntara a cada uno por qué quería el dinero. Debía hacerlo de uno en uno, trabajar con una sola persona a la vez hasta terminar el proceso, porque una vez que el pri­mer vendedor aprendiera la rutina, el resto sabría cómo con­tinuarla. (Su expresión de dolor cambió a un gesto a más suave que parecía decir: "¡Humm, suena interesante!").

Sin entrar en detalles, le expliqué que la primera res­puesta de sus vendedores probablemente sería de varios "no quiero", procedentes de su sentido de carencia, y que decla­raciones como: "Quiero el dinero para poder pagar mis cuen­tas", sólo lograrían atraer más de lo mismo: falta de dinero y más deudas.

Chuck no estaba entendiendo muy bien la idea, así que lo hice hablar preguntándole el porqué.
-Muy bien, amigo mío, ¿dime qué quieres, en este momento?.
-Quiero pagar mis cuentas.
-¿Por qué?
-Para sentirme mejor.
-¿Por qué?
--Porque detesto estar "apretado" de dinero.,
-¿Por qué?
-Porque eso me hace sentir mal (nos estamos acercando).
-¿Y cómo preferirías sentirte?
-¡Libre! ¡Quiero sentirme libre! ¡EUREKA! ¡Ya lo tenemos! -Muy bien. Afírmalo así.
-Quiero tener 60,000 dólares para poder sentirme libre. -¡Maravilloso! Ahora, ¿cómo te             sientes?
-¡Oh!, muy bien por un momento, pero, ¡cielos! ¿De dón­de vaya sacar ese dinero, con la situación como está?
-Olvida el dinero. Es sólo un sucio montón de papeles. Háblame de lo que harás con el dinero, una vez que hayas pagado las cuentas.

Poco a poco una colección de sueños, por largo tiempo es­condidos, salió a relucir: él y su esposa, Sara, deseaban ir a las Bermudas, donde siempre habían querido investigar la posibi­lidad de establecerse cuando se jubilaran. Llevarían a sus nie­tos en un crucero, a alguna parte. Convertirían el sótano de su casa en un salón para oír música estereofónica. Y así, una cosa tras otra.

Pero noté que lo que más le entusiasmaba era pensar en las Bermudas, así que le pedí que se concentrara en eso. Puse la cara más seria que pude, me incliné a lo largo de la mesa y dije: "Cuéntame detalladamente lo que piensas de eso, Chuck. Cuéntame cualquier detalle por pequeño que sea sobre los sueños que Sara y tú tienen de irse a las Bermudas."

Fue impresionante. La habitación entera pareció iluminarse mientras la energía de Chuck subía hasta el cielo. Era como si nunca antes se hubiera atrevido a abrir su corazón sobre el tema, así que cuantas más palabras y sentimientos salían a la superficie, más se abría su válvula. Chuck no sólo estaba ha­ciendo fluir su energía hacia este "quiero", sino que parecía a punto de explotar con ella.

Exactamente en medio de esa fantasía, le dije: "¡Espera! Precisamente a ese lugar del sentimiento donde estás ahora es al que quiero que lleves a cada uno de tus vendedores. Diles que se olviden de los billetes de papel que han especificado, y que en cambio, empiecen a enfocarse en las cosas que esos dólares les proporcionarían. Enseguida, sugiéreles que dejen que su energía fluya hacia esas cosas, hasta que lleguen al estado de pasión que tú estás experimentando. De esta for­ma los estarás ayudando a escabullirse por la puerta trase­ra, para llegar a 'sentirse bien'. Al evitar cualquiera de las connotaciones negativas usualmente asociadas con el dinero (especialmente cuando no lo tienen) inconscientemente per­mitirán que las ganancias sean atraídas hacia ellos.

"Tu gente quiere lo que todos queremos, Chuck: no los tontos pedazos de papel que llamamos dinero, sino las experiencias que trae consigo tenerlo. Hazlos prometerte que pensarán en esto durante treinta días, cuando menos una vez al día, todos los días, de diez a quince minutos."

Para mi total agrado, Chuck me llamó unas seis semanas después con las primeras buenas noticias. Su gente estaba tan desesperada, que no tuvo ningún problema en conven­cerlos de que participaran en su pequeño experimento.

Pero eso no me sorprendió demasiado, porque le había en­señado a Chuck cómo preparar bien el terreno. Le dije que visualizara esa junta inicial con sus vendedores, primero en su mente, tal como quería que fuera -incluyendo que todos estuvieran abiertos y bien dispuestos- y que hiciera fluir esa energía elevada hacia la reunión. Así lo hizo y cuando por fin se realizó la junta, no se mostraron tan resistentes a la idea como lo hubieran estado si Chuck no los hubiera ayuda­do con vibraciones.

Todos, excepto uno, cumplieron fielmente su promesa e hicieron fluir energía de "sentirse bien" hacia sus "quiero", mientras escribían nuevas historias para su vida. Se entrega­ron realmente al ritmo de ese ejercicio y empezaron a sentir mucho más entusiasmo por la vida, aunque sin saber todavía por qué. Se sentían mejor, así que a quién le importaba la razón.

Aproximadamente diez semanas después de iniciada la aven­tura, empezaron a realizarse ventas, aunque de nuevas fuen­tes totalmente inesperadas. Una muchacha tenía una tía en Illinois que de pronto había decidido cambiarse a Washing­ton. Otro vendedor tenía un hijo en el ejército y sus amigos, que habían sido transferidos a la base local de Fort Lewis, habían pedido a sus madres que les buscaran casa en el área. Otro recibió dos recomendados de una persona que creía que no volvería a hablarle. Y todavía uno más había tenido gran éxito con una idea de mercadeo que le había permitido po­nerse en contacto con un grupo selecto de compradores.

Todos habían tenido algún tipo de cambio, suficiente como para que no hubiera modo de pensar que se trataba de meras coincidencias. En medio de una de las peores crisis que el ne­gocio de bienes raíces había experimentado en su historia, estos vendedores encontraron que podían sortear las condiciones y responsabilizarse de su propio destino.

Todos los días, este grupo se había conectado con su Ser interno/Ser expandido y se habían sentido inspirados por pri­mera vez después de muchos meses. Estaban enviando olea­das bien cargadas de energía positiva al universo con sus listas individuales de pedidos, y el universo les había respondido con circunstancias, incidentes, ideas y motivaciones que es­taban de acuerdo con sus grados de intensidad. Lo mejor de to­do es que eso se volvió contagioso, y al parecer todavía lo es.  (La persona a la que no le interesó participar en el experi­mento terminó por retirarse del negoció. Lo último que supi­mos de él era que vivía de la pensión de jubilación de su esposa).

El truco de los cien dólares

Una vieja creencia -o cualquier creencia- no es otra cosa que un hábito de vibraciones al que respondemos como focas amaestradas. Dicho de otro modo, nuestros encantadores y fuertes ape­gos (creencias) nos fueron transmitidos y son más fuertes de lo que nos imaginamos. Sin embargo, estas viejas creencias a las que tanto nos aferramos, y a las que respondemos con tan­ta facilidad, no son más que la forma en la que estamos acos­tumbrados a pensar que funciona la vida como, por ejemplo, el tener que luchar.

Por ejemplo, algo surge en nuestro mundo, evoca una vie­ja creencia, y empezamos a vibrar negativamente sobre lo su­cedido por simple hábito. ¡Sólo por hábito! Así que nuestra meta debe ser encontrar cualquier cosa que nos permita romper esos viejos patrones de pensamien­to, los cuales se convierten en vibraciones habituales. He aquí una pista: se agrupa en la misma categoría de necesitar un buen número de salidas por las que fluya el dinero, lo que significa que debemos dar a la energía del dinero diversas sa­lidas por las cuales fluya, antes de que pueda empezar a fluir a nuestro alrededor. A juzgar por mi propia experiencia, así como la de mis amigos, ésta es una forma segura de ganar.

Consigue un billete de cien dólares -o el billete de mayor denominación que puedas (no escatimes)- y pégalo en tu car­tera. Ahora, vete de compras. Si puedes ingeniártelas para pasar el día completo, mara­villoso. Si no, ve a almorzar en el centro comercial más cerca­no, o en algún lugar donde haya muchas tiendas. Estás en busca de todo lo que quisieras comprar con esos cien dólares. Puede ser un walkman, unos pantalones, un balón de fútbol, un nuevo vestido, algunas herramientas, o una colcha; cual­quier cosa que se te ocurra que te gustaría poseer.

Todavía tienes esos cien dólares en el bolsillo, así que repítete a ti mismo (mientras sieeentes ese deleite): "¡Guau, podría com­prarme eso con mis cien dólares, sin problema!". "¡Oh, sensacional, podría comprar esto otro!". "¡Caramba, eso es justo lo que siempre he deseado y tengo el dinero para comprarlo!".

No tienes que buscar cosas y sumarIas hasta hacer el total de los cien dólares. Debes buscar cosas individuales que cues­ten esa cantidad y que a ti te gustaría tener, si lo quisieras. Para cuando hayas encontrado alrededor de mil cosas que podrías comprar, observa lo que ha pasado. Has gastado emo­cionalmente cien mil dólares que recorrerán un largo cami­no para ayudarte a seeentir próspero, contrarrestando un montón de esos viejos modelos de pensamiento en los que exis­ten vibraciones de carencia.

Mi amiga Joselyn estaba peligrosamente al borde de la ban­carrota, se encontraba en serios problemas financieros y es­taba pasando por uno de esos frustrantes periodos de "no sucede con suficiente rapidez". Aun cuando sabía perfectamente bien que esa actitud estaba contribuyendo a que continuara el pa­trón de vibraciones negativas en el que se había hundido, no podía hacer nada. Entonces, un buen día, recordó el truco de los cien dólares. Casi en ese mismo instante, subió a su auto­móvil, y se dirigió al centro comercial más grande del área, que por cierto estaba muy alejado de su propia casa.

Joselyn pasó casi todo el día entusiasmadísima con este simple juego. Se obligó a sí misma a enfrascarse realmen­te en él, a relajarse, a divertirse ya" gastar, gastar, gastar" emo­cionalmente. Finalmente, exhausta pero llena de las vibraciones de una válvula abierta por la emoción de buscar cosas que comprar, al volver a casa se encontró con (¡lo juro..., es una historia real!) un mensaje de su hermano ofreciéndole ayuda finan­ciera; otro mensaje de una amiga ofreciéndole lo mismo, y uno más en el que le avisaban que el préstamo que había pedido sobre su casa -y que le habían negado dos veces por el tipo de casa poco común en que vivía- ya había sido aprobado y recibiría el dinero en unos cuantos días. Además, mientras volvía a casa había tenido una idea para dar un nuevo enfo­que a su negocio, y hacer que empezara a dar dinero. No era un mal resultado para las horas de juego que había invertido.

Prepavimentar (el camino corto)

Si realmente deseas un camino menos accidentado en tu vida diaria, tienes que proporcionar más salidas a tu energía, más vías hacia donde pueda fluir para mantenerla en movimiento. Una manera sensacional de hacer esto es acondicionándola. Con acondicionamiento no estoy haciendo referencia alguna a cruceros, castillos, autos de lujo, sino a cosas tangibles y coti­dianas que permitan crear un ambiente o una atmósfera ade­cuada para que el evento, o el suceso en particular que estamos esperando, se manifieste. Es más una energía de: "ésta es la forma en la que quiero que suceda" que fluye hacia una co­rriente de decisiones y acontecimientos cotidianos, como:
            "Me propongo encontrar un lugar cerca para estacionar el auto cuando vaya al concierto de esta noche."
            "Me propongo terminar el informe que tengo que hacer, con facilidad y a tiempo."
            "Me propongo disfrutar de este día."
            "Me propongo que la junta que vamos a tener sea favorable para ambas partes. ¡y agradable!"
            "Me propongo que la desavenencia entre nosotros se re­suelva y muy pronto."

Esto es acondicionar, enviar la intención de tus vibracio­nes por adelantado (con sentimiento) para arreglar tu día y tus circunstancias como deseas que sean.

Este sistema es muy similar al de escribir un nuevo guión, sólo que menos complicado. Es una estrategia breve y rápi­da. Cuando te acostumbres a "acondicionar" detalles peque­ños o de manera cotidiana, comenzarás a aplicar las técnicas en asuntos más importantes en tu trabajo (como con un cliente con el que tengas dificultades, o con una venta que no logre realizarse). Invierte un poco de tiempo visualizando y sintieeen­do la forma en la que quieres que se desarrolle la junta o se firme el contrato; visualizando y sintieeendo, visualizando y sintieeendo, en una serie de rápidos chispazos a lo largo del día.

Un amigo mío puso a prueba la técnica con un caso judi­cial al que se estaba enfrentando, y el cual estaba seguro de que perdería. En lugar de verse a sí mismo ganando el caso, cosa que no podía imaginar (con mucha razón), vio y sintió a todos con­virtiéndose en ganadores, estrechándose las manos, dándose palmaditas en la espalda, etcétera. Por supuesto, el asunto se arregló a satisfacción de todos unos días antes de que se presentara ante el tribunal.

Otra amiga -muy joven por cierto- tenía un jefe que la criticaba mucho por su modo de vestir. Aparentemente al jefe no le gustaban las minifaldas y mi amiga tuvo la "mala pata" de ser una de las primeras en usarlas. Realmente fastidiada por la actitud de su jefe, finalmente usó la técnica de acondi­cionar, y obtuvo un resultado muy gracioso. En lugar de que su jefe dejara de observar su atuendo, tal como mi joven amiga estaba visualizando y sintiendo, él cambió por completo su actitud acerca de la indumentaria cuando otras tres jóvenes de la misma empresa llegaron con atuendos similares. ¡Vaya!, de cualquier modo, resultó.

¿Tienes un escritorio lleno de trabajo pendiente? ¿O estás abrumado por pequeños detalles? Prepárate un día tranqui­lo antes de llegar ahí. Mírate a ti mismo disfrutando con tran­quilidad de tu trabajo. Habla con tu interior y dile al universo lo que quieres. Pero, no te atrevas a levantar un solo pedazo de papel hasta que fluyan carretadas de energía positiva, hasta que se abra tu válvula; de no hacerlo así, te dirigirás directa­mente a una "zona de desastre".

Acondicionar es, simplemente, enviar tu energía por ade­lantado, estando ésta programada con la frecuencia de tu de­seo. Algunas veces la enviarás a un lugar específico; otras, la esparcirás a tu alrededor, y en otros casos la mandarás a otra persona. Cierto, no puedes cambiar la mente de nadie, ni obligar a nadie a actuar contra su voluntad o a hacer algo que va contra su naturaleza. Pero en las situaciones de tensión puedes pre­pararte para crear una atmósfera de confianza y apertura, que facilitará mucho las cosas. La visualización está hecha; el resto depende de ti -y de tu guía- cuando llegues ahí.

Dile al universo lo que quieres, derrama auténtico estre­mecimiento positivo, sieeente lo que te gustaría que llegara; entonces, sabrás lo que va a suceder. Eso es acondicionar.

El universo como gerente de ventas

Los negocios van lentos y te gustaría generar más ganancias. Tal vez estás pensando en que deberías aumentar las ventas, asociarte con otra empresa, conseguir un mayor presupues­to para publicidad, y todas las otras viejas alternativas de siem­pre para resolver el mismo viejo problema: cómo generar más dinero.

Aquí está una sugerencia: obtén un poco de energía de grupo y ponla a funcionar. A diferencia de los vendedores de Chuck que se enfocaron en resultados individuales, tu grupo deberá elaborar un guión, o una historia, acerca de tus deseos para la compañía (los cuales finalmente también serán para ellos mismos).

Lo que pretendes conseguir es magnetismo grupal. La ener­gía enfocada de cualquier grupo se multiplica a sí misma en energía, ya sea positiva o negativa; así que en este caso se podría hablar de una dinámica increíble de sinergia. Si tienes sólo dos personas con su energía enfocada en una meta, esa energía se multiplicará por dos, así es que se vuelve el equivalente a cuatro. Por tanto, si tienes a un grupo de personas concen­tradas en una sola meta, tendrás también una gran fuerza magnética y un enorme potencial para el cambio, siempre y cuando la mayoría no vuelva al viejo modo de pensar de: "no se puede hacer".

Contrariamente a la muy extendida creencia surgida de la Revolución Industrial, generar más dólares que el promedio no requiere de contratar más vendedores; se trata de lograr que los vendedores con los que cuentas adquieran el hábito de tener expectativas más elevadas, mental y emocionalmente, escribiendo nuevos guiones para la empresa. Toda compañía de éxito ha hecho precisamente eso, sin importar cómo lo hayan llamado en cada caso: contratos brillantes, sensacional cam­paña de publicidad, buenos precios, producto extraordinario, personal de ventas bien motivado. Si la mayoría de los em­pleados no espera que suceda, no sucederá.

Así, pues, si puedes lograr que todos y cada uno de los miem­bros de tu grupo sientan el deseo de obtener un buen contra­to, que se sientan orgullosos por haber conseguido una firma, que vean/sientan a un número considerable de clientes en la tienda, que vean cómo llega el éxito mientras sienten el valor que ha significado su propia contribución a ese éxito, la fuer­za expuesta a este tipo de magnetismo será colosal. Cambia­rá para siempre la forma en la que hagas negocios.

Sólo recuerda...
1. No se trata de dinero, sino de ver cómo estás haciendo fluir tu energía. El dinero llegará cuando dejes de pen­sar en lo que te falta. No puedes pensar en: "no tengo dinero suficiente" y sentir otra cosa que no sea una emo­ción negativa que interrumpe el flujo. Así que busca más maneras de abrir tu válvula.

2, Los instructivos siempre acompañan a la inspiración. Así que olvídate de pensar en cómo hacer las cosas. Las ins­trucciones para hacerlas aparecerán de algún modo.

3. Gasta emocionalmente todo el dinero que quieras, una y otra vez, para dar a tu energía nuevas salidas. No pue­des decir: "Denme una cantidad de dinero y entonces de­cidiré qué hacer con el". Decide primero lo que vas a hacer con él; esto último es lo que permite que la energía se mueva. La energía del dinero necesita salidas. Si no hay salidas, no hay dinero.

4. Créate el hábito de gastar dinero emocionalmente. Ob­serva todas las cosas que se ofrecen en los aparadores y di: "¡Me gustaría eso!" "¡Oh, me gustaría eso, también!" "¡Oh, miren eso, es ideal para mí!" ..., y así sucesivamen­te, mientras te introduces en el sentimiento de tenerlo. De esa manera, tendrás funcionando a toda velocidad el impulso de "quiero". Te encontrarás inmerso en circuns­tancias que atraerán el más intenso de esos deseos a tu realidad, o que abrirán las puertas a nuevas posibilida­des.

5. ¡Ábrete para recibir! Coloca letreros como éste en toda tu casa: "¡ABIERTO PARA RECIBIR!" Coloca tu intención de que vas a eliminar todos los "deberías" y "no deberías" y de que vas a aprender cómo recibir. Conviértelo en un "quiero". "Quiero aprender a recibir". Entonces sobre­ponte al sentimiento de culpa y al de ser víctima, que dicen que tú sólo eres buena persona cuando das, y des­cártalos como la basura dogmática que son.

 6. No evalúes los resultados demasiado pronto. No se puede escribir un guión o una historia el día de hoy, y pre­guntar mañana: "¿Dónde están?". Analiza tus disculpas. Jamás atraerás el dinero si cie­rras tus válvulas con disculpas como: "No tengo suficiente preparación" o "Sólo contratan a los parientes de los pro­pios empleados", "Me entrevistó un inepto", "Llegué en un momento inoportuno", etcétera. Aun cuando hayas "acondicionado" o visualizado perfectamente la situa­ción y cuentes con todos los requisitos necesarios, nada de eso te servirá si permites que las disculpas se inter­pongan en tu camino.

7. Si tienes demasiada gente negativa en tu vida que en es­tos momentos está hundida profundamente en el sentido de carencia, eso indica claramente en qué frecuencia es­tás aún sintonizado. Será mejor que revises tu situación.

8. ¿Quieres evaluar cuánta negatividad hay en tu vida? Ve­rifica cuánto dinero estás recibiendo. Para aquellos de nosotros que hemos tenido que luchar por el dinero la mayor parte de nuestra vida, la salida de tan considera­ble cantidad de energía negativa significa la entrada de muy pocos dólares. Para nosotros, el dinero viene, o se mantiene lejos en proporción directa a la energía nega­tiva que estamos o no emitiendo.

9. Y; finalmente, recuerda siempre que lo que has sido hasta ahora ¡no tiene nada que ver con lo que puedes ser! Si has tenido tiempos difíciles toda tu vida, ahora tienes las herramientas para transformar por completo la si­tuación. Si no has logrado cerrar las ventas que querías, si no has recibido salario, el reconocimiento, el éxito, la paz, la felicidad y la prosperidad total que te hubiera gus­tado tener, todo está listo para que lo cambies.

¿Qué tan rápido? Sólo tienes que empezar a fluir de manera diferente y con regularidad, y un nuevo mundo te seguirá tan certeramente como la noche sigue al día. Tienes que hacerlo. Es una ley cósmica, la física del universo.

 

P100
Relaciones y Otros Tesoros

Quien conoce a los demás posee inteligencia;
 quien se conoce a si mismo posee clarividencia.
 Quien vence a los demás posee fuerza;
 quien se vence a si mismo es fuerte.
-Lao zi

Mi experiencia y conocimiento de relaciones en la primera mitad de mi vida, proviene de la época anterior a cuando oí ha­blar del flujo de energía..., ¡y se nota! Era una víctima perfec­ta, una romántica idealista, un codependiente de primera, un resentido perfecto

Sea como sea, a continuación presento las reglas básicas para crear relaciones importantes mediante el flujo de ener­gía, ya que el proceso no difiere del de crear cualquier otra cosa en cualquier momento en el que tenemos una alianza, sin im­portar qué tan estrecha sea, con alguien o con algo. Eso cons­tituye una relación. Así que aquí vamos.

No son los malos hábitos.

Las relaciones de cualquier tipo, con amigos, la pareja, cónyuge ó socio de negocio, han sido, como todo lo demás en este mundo de acuerdo a como estemos vibrando. Proviene de cómo nos estemos sintiendo. ¡Punto!

Esto es así, y no se necesita ser un genio para descubrir que si estamos sintiendo cualquier cosa que no sea paz con nosotros mismos, así como absoluta aceptación y aprecio por nuestra pareja (¡buena suerte!), nuestras vibraciones van a empezar a destruir esa relación, aunque estemos absoluta­mente convencidos de que, puesto que no hay nada malo en nosotros, la culpa debe ser de la otra parte. Si estamos, ver­bal o mentalmente, acusando, menospreciando o desaprobando cualquier cosa, estamos vibrando de forma negativa.

Si nos sentimos atrapados, ignorados o descuidados, inse­guros, incomprendidos o defraudados, estamos vibrando ne­gativamente.
Si nos apresuramos a complacer, rescatar, o aplacar, estamos vibrando negativamente.
Y casi puedo oír los “Si, pero……”
“¡Sí pero…., no conoces a mi pareja!”.
“¡Si pero…., ¿cómo te sentirías si tuvieras que vivir con éste o trabajar con aquél?”.

Dalo por hecho. Cuando dos personas están involucradas ambas están vibrando, y pocas veces éstas coinciden. De todas maneras, nosotros somos únicos y exclusivos creadores de nuestras experiencias; no lo son nuestra pareja, ni nuestros padres, ni siquiera el jefe que acaba de despedirnos.

Así que, aunque parezca muy difícil de asimilar, estamos hablando de que se trata de un asunto de mirar hacia nuestra propia válvula, nuestras propias reacciones, nuestro propio enfoque, nuestro flujo de energía, porque mientras estemos mirando insistentemente hacia alguna otra parte, sea del pasado o presente, sobre todo lo que no nos gusta, no sólo recibiremos más de lo mismo, sino que estaremos bloqueando todas las cosas buenas que nos gustaría ver en su lugar.

El asunto es que si nuestra pareja o cualquier otra perso­na con la que tengamos una relación, tiene ciertos hábitos que nos disgustan ("no quiero") y nos enfocamos en ellos, incluso con válvulas moderadamente cerradas, todo lo que estamos haciendo es perpetuar esos hábitos que nos gustaría borrar, porque los estamos reteniendo en nuestra vibración.

Por tanto, la causa de toda la espiral descendente que se produce en cualquier relación que haya existido y que se haya deteriorado, es la insistente atención -aunque seguramen­te inocente- que prestamos a las situaciones desagradables, sin importar lo insignificantes que éstas puedan parecer. Así es como cualquier agravio pequeño, sin importancia, empie­za a rodar como una bola de nieve y poco a poco se convierte en algo mucho más importante, debido a nuestro enfoque per­sistente y al flujo de energía negativa lanzado hacia él; el resultado es que comenzamos a atraer otras cosas negativas en esa misma dirección, además de agrandar el pequeño pro­blema original del que nos estábamos quejando.

Eso significa no sólo que esa infame tapa de la pasta den­tal nunca volverá a quedarle al tubo, sino que el enojo tiene el potencial suficiente, debido a nuestro constante enfoque negativo, para aumentar hasta convertirse en un indeseable romance extra marital, una defensa abollada, un despido o has­ta un divorcio.

"Cuanto peor es, peor se vuelve”, ¿recuerdas? Un constante flujo de disgusto acerca de cualquier cosa, tarde o temprano se volverá muy desagradable. Y tiene que ser así, porque lo semejante atrae a lo semejante.

Con toda seguridad, cuando alguien "aprieta nuestras tuer­cas", cada gramo de nosotros desea apretar las suyas como revancha. Pero no se trata de que lo que hacemos en una relación equivalga a lo que recibimos. ¡Nunca! Ni siquiera de cómo está fluyendo la energía de nuestra pareja. Como todo lo demás en nuestro mundo, sea lo que sea que tengamos frente a nosotros, ha llegado directamente de cómo nosotros mis­mos hemos estado sintiendo, fluyendo y vibrando. No hay otra forma de decirlo: si quieres cambiar las condi­ciones de tu relación, vas a tener que cambiar tus vibraciones.

“No existe la buena o la mala suerte;
 simplemente la inventamos para justificar
 el resultado de nuestras acciones”.
- Jose Alberto Navarro.

El acusado es el culpable

La mayoría de nosotros pensamos en la culpabilidad como un largo y retorcido dedo que apunta en forma melodramática hacia alguien que ha cometido un error descomunal. Sin em­bargo, estamos realmente sumergidos en la culpabilidad casi en todo momento del día que pasamos despiertos. Del clima, a los conductores groseros o la tapa del dentífrico, estamos echando la culpa a otros desde que amanece hasta que anochece y nun­ca nos detenemos a pensar en lo que estamos haciendo.

¡Oh, seguro, la mayor parte de las veces probablemente nuestras acusaciones estén justificadas! ¿y qué? No hay un ápice de bienestar que pueda introducirse a través de la baja y gruesa vibración de la culpabilidad, lo mismo si está justifi­cada o no. De hecho, la energía electromagnética de la culpa­bilidad está cargada en forma tan potente, que fluye de nosotros hacia otras personas, de modo que puede hacer que quienes suelen ser generalmente muy seguros, se confundan, lo re­vuelvan todo y lo pongan de cabeza. Y; desde luego, enviar energía de culpabilidad a alguien que está siendo grosero, tonto, abusivo o borracho, sólo aumenta la condición que a ti te gustaría cambiar.

Unos amigos, cuyo equipaje se envió en un vuelo equivo­cado, estuvieron renegando furiosos durante horas enteras en su hotel por la ineficiencia de la línea aérea. Su importante equipaje, el cual había sido registrado, pero se hallaba des­aparecido, estaba tan completamente perdido que nadie sabía siquiera por dónde empezar a buscar. Finalmente, mis amigos se dieron cuenta de lo que estaban haciendo y cambiaron de actitud.

            Reivindicaron a los empleados, usualmente competen­tes, a los que habían estado criticando. En cuestión de minu­tos -¡minutos!- recibieron una llamada telefónica diciéndoles que el equipaje había sido localizado, y que les sería entregado en el lapso de una hora. Antes de su cambio de actitud, las can­tidades de energía violenta, llena de culpabilidad, que estaban enviando, habían causado que los trabajadores de la línea aérea convirtieran un incidente menor en un tremendo lío.

Un prestamista, al que yo había enviado una solicitud de préstamo, me llamó para decirme que no podían encontrar un importante documento original que yo sabía que les había enviado. Mientras yo protestaba por la incompetencia de su personal, empezaron a llegar llamadas telefónicas que empeo­raron las cosas. Había más documentos desaparecidos, más hechos que no se habían documentado adecuadamente, pro­blemas y más problemas.

Mientras más entrechocaba las ro­dillas con llameante furia, más cosas se desmoronaban ante mis ojos. Entonces, comprendí lo que estaba haciendo y cam­bié mi actitud hasta sentir aprecio por el personal normal­mente eficiente con el que estaba tratando, y en menos de ¡quince minutos! me llamaron para pedirme disculpas. Todo estaba ahí; el préstamo había sido aprobado.

Una amiga que conozco, no podía dejar de culpar a su esposo por lo que ella percibía como la causa de que sus gemelas tartamudearan. Después de que aceptó de mala gana asistir a un programa sobre '”aprecio al marido" que se impartía diariamente durante unas horas. Me llamó aproximadamente seis meses más tarde para con­tarme lo difícil que había sido para ella al principio, y cómo poco a poco empezó a incorporarse al espíritu del programa y aprendió a detenerse cuando se iniciaba dentro de ella un ataque de culpabilidad, y a abrir su válvula lo suficientemente para que fluyera algo de aprecio tanto hacia las niñas, como hacia el marido. En su última llamada, me comentó que las niñas ya casi habían vuelto a hablar normalmente, pero nunca supe qué pasó con el pobre marido.

El asunto es que la energía de la culpa siempre provoca que una mala situación empeore. ¡Siempre!

Digamos que hay una serie de cosas en la relación de pareja que no nos gustan; algunas de ellas son graves y otras más son pequeñeces, trivialidades que tal vez pensemos que estamos pasando por alto. Pero las "pequeñeces" no existen, y muchas veces constituyen los problemas más grandes. Lo mismo si alguna cosa es lo bastante grande como para que la etiquetemos como tal, que si la calificamos como una pequeñez, sin haber forma de decir si la estamos "pasando por alto" o la estamos acep­tando, nos enfocamos en esa maldita cosa de manera tan evi­dente, que hacemos fluir energía hacia ella y la agrandamos.

La cuestión principal es que si algo nos está molestando, tanto si esa molestia es justificada como si no, estamos vi­brando negativamente, ¡así son las cosas! Puede parecer sólo un leve desacuerdo sobre la forma de colgar la ropa. O puede ser algo tan terrible como el temor al maltrato. Pero sin im­portar la intensidad emocional que tenga, esa atención nega­tiva a "lo que sea", siempre causará problemas más grandes, porque así es el guió no la historia que estamos escribiendo.

Cierto, no podemos pintar en el lienzo de otra persona si ella no quiere que lo hagamos. Si alguien no quiere cambiar, escribir un nuevo guión o apreciar algo, probablemente no lograremos demasiado, a menos que nuestra propia válvula se abra. De hecho, una vez que emitimos energía positiva, existe una enorme posibilidad de que la otra persona reaccione como un potrillo enojado y no quiera tomar parte en lo que le ofre­cemos, lo cual podría muy bien significar que estamos bus­cando una forma de separarnos.

Eso es magnetismo. Si estás con alguien que no está dis­puesto a cambiar, y tú sí deseas hacerlo, probablemente la física universal los separará y los mantendrá así. Sí, eso pue­de parecer terrible, pero pregúntate a ti mismo por qué ibas a querer permanecer con alguien que crea su vida a través de un flujo de energía negativa.

Así que no te preocupes por la válvula de tu pareja. De he­cho, ¡nunca te preocupes por tu pareja! Dirige tu enfoque ha­cia lo que está ocurriendo a tu alrededor, e insiste contigo mismo en que lograrás abrir tu propia válvula, de cualquier forma que puedas, sin importar cómo. ¡SIN IMPORTAR CÓMO!

La única forma en la que puedes tener una relación como a ti te gustaría que fuera, es escribiendo tu historia o guión de ese modo y cumplirlo fielmente, hasta que se desarrolle tal como lo quieres, ya sea con tu pareja actual o con otra con la que tengas mayor armonía de vibraciones (lo que significa, si es que todavía no lo adivinas, ser mucho más feliz).

Hay que escoger

Si eres alguien que sufre en silencio, como lo era yo, ¡buena suerte! Sin importar cuál sea la razón por la que estás sufriendo, ésta crecerá como una mala hierba bien alimentada. Lo mis­mo ocurrirá si eres una persona controladora, regañona, preo­cupona o alguien que disfruta complaciendo a la gente. Tienes que desconectar tu enfoque destructor de la relación, sea lo que sea que esté cerrando tu válvula, y conectarlo a lo que deseas en la vida.
En otras palabras, desvía la atención de tus "no quiero", ponla en tus "quiero" y mantente ahí.
            Si tienes un borracho a tu lado, abre tu válvula y escribe tu nuevo libreto.
            Si tienes una pareja desempleada a tu lado, abre tu válvula y escribe una nueva historia.
            Si tu pareja y tú pelean por dinero, abre tu válvula y escri­be una nueva historia.

Empieza hablando con tu pareja sobre lo que quieres y por qué, no de lo que no quieres y por qué. Ya sé, estoy sonando muy condescendiente al respecto, como si fuera cualquier cosa este asunto de ignorar las acciones de un necio, el cual tú estás convencida de que es el responsable de tu vida miserable. La culpabilidad es nuestro juego, y se­ñalar con dedo acusador a alguien, o a nosotros mismos, siempre ha resultado inútil.

Cuando iba a la mitad de la redacción de este capítulo, de­cidí tomarme un descanso para hacer algunas compras de co­mestibles y tal vez ir al sauna para aclarar mis ideas. Quería olvidarme del tema durante un tiempo para asegurarme de que estaba hablando de lo más esencial ¿Olvidarlo? ¡Sí, claro!. Mientras me dirigía en mi automóvil hacia la tienda, em­pecé un monólogo interior muy desagradable con la gente a la que rentaba la casita que había dentro de mi propiedad. No habían podido pagarme la renta en los últimos dos meses, y mi atención estaba centrada en esa falta de pago. Era un pensamiento recurrente que en el mejor de los casos se esta­ba volviendo abrumador. De cualquier modo, el automóvil era un lugar ideal para enfurecerme, así que eso estaba haciendo con todos los falsos tonos de compasión y comprensión acos­tumbrados. Con franqueza, hervía de coraje, olvidando por completo lo que estaba provocando con mis vibraciones, y que estaba escribiendo precisamente sobre eso, ¡por amor a Dios!

Afortunadamente, fue mi mal estado de ánimo, ya en el su­permercado, lo que me hizo reaccionar. Mientras trataba de alcanzar la comida de mi perra, me percate de lo molesta que me sentía. Me pregunté a mí misma: "¿Qué es lo que me está moles­tando?" y me di cuenta, en forma instantánea, que me estaba enfocando en las circunstancias desfavorables de mis inquilinos.

Al principio me sentí molesta conmigo misma, entonces me enojé todavía más porque no lograba salir de mi mal esta­do de ánimo. Terminé mis compras y me dirigí hacia el baño de vapor con la esperanza de que eso mejorara mi estado de ánimo. Mientras seguía conduciendo mi auto, me sentí lista para escribir un nuevo guión.

Lo primero que hice fue sentir un poco de aprecio por ellos: "Son buenos muchachos y es agradable tenerlos, cerca". No era exactamente un ¡hurra!, pero eso era mejor que nada. Podía sentir cómo mi resistencia se iba reduciendo... un poco.

"Gracias a Dios, estaban ahí para cuidar de los perros, mien­tras yo me ausentaba. Ninguno de mis otros inquilinos había he­cho eso nunca. Y ninguno de 'mis otros inquilinos me había ofrecido ayuda para darle la retocada anual a la pintura de mi casa, como ellos lo habían hecho." Eso se sentía mejor.

"Y realmente adoran su hogar, y yo lo he arreglado lo me­jor posible." Para entonces, mi válvula estaba lo bastante abierta como para iniciar el nuevo guión, así que me dirigí a la alber­ca vacía, donde podía hablar en voz alta, tranquilamente, sin que nadie me sorprendiera.  "¿Ambos consiguieron nuevos empleos? iGuau! ¡Eso es fantástico! Me siento realmente feliz por ustedes. Yo sé que han deseado comprar algunos muebles, así que ahora po­drán hacerlo”.

Continué así, visualizando la imagen que quería, apoyan­do mi idea tan lejos como pude y hasta donde me sentí cómo­da. Presionaba y avanzaba conforme me iba sintiendo bien. No habían pasado más de diez minutos de haber llegado a casa cuando los muchachos se  acercaron a mí, sonriendo de oreja a oreja. No tenían todavía un nuevo empleo permanen­te, pero habían encontrado una forma de pagarme e iban a empezar a hacerlo inmediatamente. ¡Acción rápida, por decir lo menos!

Aun cuando estaban conscientes de su incapacidad para pagarme, su enfoque principal estaba centrado en lo mucho que les gustaba el lugar, y todo lo que intentaban hacer para arreglarlo, no en su falta de dinero, así que habíamos coincidi­do en nuestras vibraciones. Si se hubieran enfocado en su te­mor, ni todo el aprecio del mundo habría logrado el menor cambio.

El ping-pong vibratorio

Uno de mis primeros empleos después de que salí de la uni­versidad fue en trabajando en una grande empresa del mundo de fotografías para catálogos. Ahí se tomaban todas las fotos del mundo de la moda y la mayoría de las fotos fijas para tiendas importantes de ropa y departamentales. La mejor parte de mi trabajo era con las estilistas, las mu­chachas que tenían que asegurarse de que la ropa quedara perfectamente, de arreglar todo, desde los pasadores para el cabello hasta las latas de cerveza, y que todo quedara en su lugar.
Día tras día, los modelos más famosos del momento, hombres y mujeres, pasaban por nuestros estudios. Yo no les prestaba mucha atención, pero había una pelirroja, extraor­dinariamente alta y delgada, que parecía ser el blanco cons­tante de los chistes y bromas de todos los demás. Cada vez que llegaba, desde que entraba hasta que estaba lista para irse, una nueva tanda de chistes circulaba por la oficina, an­tes de que ella cruzara siquiera la puerta.

Parece que esta chica cambiaba de novio constantemente, tanto que cada vez que se presentaba a una sesión de fotos, cosa que sucedía varias veces a la semana, se lamentaba del último que había tenido, o hablaba maravillas del nuevo. Era como una pelota de ping-pong que quedaba en cada ocasión en diferente lado de la red.

"¡Ese infeliz! No ha devuelto ninguna de mis llamadas tele­fónicas. Es como todos los demás, tan enfrascado en su mundito, que no tiene tiempo para el mío. Eso sí, siempre tiene tiempo para sus otras chicas." Todo lo que sabía hacer era culpar, culpar, culpar, y atraer así mucho más clones tan rápidamente, que se convirtió en el chiste permanente de toda la compañía. Alguna que otra vez, alguien sentía una leve compasión y decía algo así como: "¿Cómo es posible que una chica tan hermosa como ella tenga una ca­dena tan larga de mala suerte? Con todo lo que ella tiene que ofrecer, ¿cómo es posible que eso suceda?".

¿Larga cadena de mala suerte? No. La muchacha, joven y hermosa, estaba atrayendo, a partir de su antiguo guión vi­bratorio, su vieja forma habitual de ver a los hombres. Su li­breto nunca cambió. Ella sabía que podía atraerlos como la miel a las abejas, y lo hacía, pero todos terminaban siendo de la misma clase: hombres seducidos por las vibraciones que ella emitía continuamente.

Ninguno de estos pobres clones tardaba mucho tiempo en extinguirse, mientras ella atraía a otro, como si fuera una letanía de negativos "no quiero" que atrapaban al siguiente. Puesto que su vibración dominante respecto de sus ex novios era siempre de ese "tipo podrido", todo lo que atraía era otra réplica de un "tipo podrido". La culpabilidad que ella mantenía en sus recuerdos enviaba vi­braciones tan poderosamente imantadas, que nunca había una oportunidad de activar un tipo diferente de relación.
Perdonar es... ¿qué?
Primero viene la culpabilidad y después viene ¿qué?... ¿El perdón? Tal vez sí, tal vez no.

No se necesita decir que la elegante actitud del perdón sólo se produce después de haber culpado a alguien o a algo. Lo cual significa que la forma en que la vemos al perdón no es muy diferente de la forma en que vemos a la culpabilidad. Por tanto, muy raras veces perdonamos sinceramente.

Algo sucede, alguien dice algo y entonces, como las focas entrenadas que somos, respondemos agresivamente con vi­braciones. Si dejáramos las cosas en ese punto, estaríamos en paz. Pero continuamos permitiendo que nuestras emociones se esparzan por todas partes y ¡PUM!, nuevamente caemos en el sentimiento de culpabilidad.

Ahora, digamos que hemos decidido perdonar a alguien. Muy bien. Esto es lo que ocurrirá: el perdón significa liberar nuestra resistencia a la energía positiva, no a la del trasgresor a quien estamos dirigiendo tan benevolentemente nues­tra sonrisa de perdón. El perdón consiste  en olvidar lo que sucedió en aquel fatídico lugar. ¡Jaja!

Por lo general, cuando perdonamos, reconocemos que la persona a la que estamos perdonando ha hecho algo malo, lo cual probablemente es cierto. Entonces, aunque digamos que perdonamos, secretamente conservamos el nefasto recuerdo de la ofensa. Por tanto, el verdadero perdón significa ya no estar más enojado (no enfocarse en ello), porque, para empe­zar, aquello que nos enfureció se ha olvidado ya. Y esto es cierto lo mismo si lo sucedido ha tenido lugar hace cinco minutos o cincuenta años. ¿Por qué? Porque a menos que lo dejemos ir, estaremos recibiendo más de ello, lo que explica por qué su­cede así. Si nos aferramos a ello, se introduce en nuestra vi­bración. Y si está en nuestra vibración, vamos a atraerlo o a atraer algo de vibración similar. Una y otra y otra vez.

Si hay necesidad de perdonar, tiene que haber' un juicio o una culpabilidad que preceda a esa necesidad, porque de otra manera no habría razón para perdonar. Y el juicio o la culpa­bilidad significan que estamos enfocándonos en un "no quie­ro". Así que el primer paso para el perdón (y esto probable­mente no te va a gustar) es exonerar el sentimiento de culpa, lo que significa la capacidad para decir... y decido con since­ridad: "¿A quién le importa? ¿A quién le importa un bledo? Tal vez el idiota hizo algo terrible, algo realmente de mal gusto. ¿Y qué?".

De lo que estamos hablando es de un amor incondicional, totalmente sincero, algo de lo que, estoy segura, nadie de no­sotros ha entendido nunca. Yo no lo entendí. Siempre pensé que el amor incondicional equivalía a amar a alguien por más degenerado que fuera, lo cual significaba, desde luego, que me estaba enfocando en su degeneración y llevándola a mis propias vibraciones.

Lo que el amor incondicional realmente significa es: "Man­tendré mi válvula abierta al bienestar, sin importar las cosas descabelladas que hayas hecho". (Recuerda: no tienes que cam­biar eso, ni siquiera tiene que gustarte; lo único que tienes que hacer es... ¡no enfocarte en ello!).

Significa: "No necesito condiciones para ser feliz. No voy a prestar atención a tus malos hábitos, porque no necesito que todo sea perfecto para que fluya más amor hacia ti".

"Puedes ser grosero, puedes decir cosas horribles que las­timan mucho, pero tu elección no afecta mi elección, la cual es mantener mi válvula abierta y sentirme bien. Ya no culpo a ninguna circunstancia negativa, ni a tus hábitos negativos por la forma en que me siento". Seguro, yo sé que eso suena casi imposible, pero ¿y qué, si eso es precisamente lo que nos va a llevar a permitirnos ser felices? Lo mejor de alcanzar ese espacio de: "Me importa un bledo lo que haces o lo que hiciste, mi válvula permanece abierta de cualquier modo", es que automáticamente permites que llegue la clase de circunstancias que tú quieres (definitiva­mente, el objetivo del juego) y dejas de experimentar la vida en función de las acciones de los demás.

¿Estoy diciendo que debe perdonarse a una persona que maltrata? No, no en el antiguo sentido, nunca. Perdonar como antes lo hacías significa que estás todavía reteniendo la ofen­sa en tu vibración, e invitando a tener más de lo mismo. Es­toy diciendo que lo olvides, que tengas abierta tu propia válvula, que escribas un nuevo guión y que vibres de tal modo que puedas salirte de ese lío.

¿Estoy diciendo que debe perdonarse a un adúltero? No, no como antes. Si el acuerdo entre ustedes dos fue de mo­nogamia, estoy diciendo que lo olvides y abras tu válvula si no quieres que el problema se repita en esta relación, no en la siguiente. Tú tienes que atraer las vibraciones de tu deseo, en armonía, o en una nueva pareja.

¿Así que estoy diciendo: "no perdones"? Por supuesto que no, al contrario, estoy señalando que perdones lo antes que pue­das. "¿Lo perdono? Por supuesto, ¿ahora qué sigue?". Eso está muy, muy lejos de: "Bueno, no sé, cariño, eso que hiciste fue una cosa horrible".

Incluso un pequeño grado de perdón funcionará en cierto momento; luego un poco más y un poco más todavía, si es la única forma como puedes hacerlo. Pero de una cosa estoy se­gura: a menos de que quieras más de lo mismo, perdonar, a fin de cuentas, significa olvidar. El hecho cierto es que si te enfocas en lo que no quieres que suceda en una relación, nunca vas a lograr lo que sí quie­res.

Nunca, ni en un millón de años, porque para que una relación cambie a tu gusto, necesitas:
Enfocarte fuera de la situación.
Enfocarte en abrir la válvula, la tuya.
Ésa es la única forma como las circunstancias no deseadas cambiarán, y la única forma como tu relación sobrevivirá.

"¿Cómo puedo ayudar?"
"Tengo una pareja discapacitada. ¿Cómo puedo ayudarle?".
"Tengo una pareja sin trabajo. ¿Qué puedo hacer para ayu­darle?
"Tengo un hermano que está enojado con el mundo. ¿Hay algo que yo pueda hacer?".
“Todos deseamos ayudar. Queremos dar, hacer o decir algo que haga sentir mejor a alguien.
            Pero ten cuidado: una mano que ayuda no siempre es lo que parece ser.

Si reflexionas en esas preguntas durante un minuto, ve­rás que el enfoque está directamente puesto en la otra perso­na. Y cuando el enfoque es en el dolor de otro, automáticamen­te te unes a esa vibración, que se unirá a la tuya hasta que tu válvula se cierre tanto como está cerrada la del otro. Tu en­foque está en situación negativa, lo cuál producirá más sen­timientos negativos de los que tenías al principio. Y; lo que es peor, estás contribuyendo a que tu amigo tenga mayor canti­dad de negatividad de la que tenías antes de que te unieras a él con tus vibraciones.

Así que, ¿cómo ayudar? El primer paso es colocarte en un sitio que te haga sentir bien, y lograr así que tu propia válvula se abra antes de poder pensar siquiera en la otra persona. En­tonces, puedes inspirar -no asegures, sólo inspira- esa mis­ma apertura de tu válvula en la persona en la que estás pensando. Ya no estás intentando pintar en el lienzo del otro, sino que sinceramente estás ofreciéndole  pinturas y pinceles.

Por otra parte, si sigues pensando en lo terrible que es que alguno de tus conocidos tenga cáncer, esté sin trabajo o que su casa se haya incendiado, esa terrible vibración permanecerá para reforzar las malas vibraciones en las que él se encontraba.

En lugar de eso, mientras piensas en ellos, visualízalos en la forma en que desearías que estuvieran. Si hay algo dentro de su ser que desea ir a hacia delante, tus impulsos de ener­gía positiva, amorosa, tendrán una poderosa influencia en su pensar, sentir y ser. Es por eso que las oraciones para los enfermos raramente funcionan. Cuando vemos a aquel por quien se ofrece la ora­ción como a alguien necesitado en alguna forma, partimos de un estado de carencia. Estamos viendo a esas personas como discapacitadas, cuando de hecho tienen tanto poder como cual­quier ser en el universo. Simplemente lo han olvidado tem­poralmente, igual que los que están rezando por ellos.

Tengo una amiga cuyo padre estaba muriéndose comple­tamente solo, a 3,000 kilómetros de distancia, en la costa opues­ta. Todas las noches, cuando se iba a dormir, ella enviaba a su padre pensamientos de sanación con la esperanza de ayudar­lo a reaccionar. Pero en su propio estado de tristeza, le envia­ba la propia soledad de él, la imagen patética de un hombre sin amigos, sin familiares, sin voluntad de vivir, y el hombre seguía empeorando.

Entonces ella recordó la Ley de la Atracción y comprendió que estaba haciendo exactamente lo contrario de lo que de­seaba lograr. Después de eso, antes de acostarse por las no­ches, visualizaba a su padre como solía ser: un hombre vital, divertido, entusiasta y sociable. Volvía a sentir los maravillo­sos momentos que pasaron juntos jugando tenis, y la alegría de toda la familia cuando iban a patinar sobre hielo en el es­tanque del pueblo. Podía sentir cómo se fundía dentro de la alegría de esos sentimientos y de esos momentos. En cues­tión de tres días -¡tres días!- su padre la llamó por teléfono para decirle que se sentía mejor de lo que se había sentido en años, y que si estaría bien que fuera a visitarla.

¿Ella era responsable de ese cambio? Sólo de proporcionar a su padre la oportunidad de recoger esas nuevas pinturas y pinceles. Le dio un impulso vibrátil, semejante al de arrojar un salvavidas a alguien que puede tomado o no, pero cuya decisión es suya y sólo suya.

El rompimiento

"¿Debería-no debería?", "¿debería-no debería?". Todos hemos pasado por eso. Por ese perturbador periodo cuando sabe­mos que es tiempo de hacer algo, pero las respuestas simplemen­te parecen no llegar. O no queremos aceptarlas.

Si tú has explorado los "dentro" y "fuera" de la creación reflexiva con la Ley de la Atracción, y tu pareja no, tal vez se aparten un poco, a menos que tu buena y vieja pareja se enca­rrile. Si le has ofrecido pinturas y pinceles hasta ponerte mo­rado, sin obtener respuesta, entonces podría estar queriendo separarse un poco. O tal vez están listos para separarse total­mente. En una u otra manera, demos una mirada a algunas nuevas formas de considerar ese tipo de rompimiento.

Primero que nada, tenemos aquí una más de esas palabras emocionalmente cargadas con la que es preciso lidiar. Esta vez es "relación". Sin duda, no ocupa uno de los primeros lugares en la lista de "sentirse bien" para la mayor parte de la gente. Sólo piensa que esa palabra ejerce casi tanta fuerza negativa como "dinero". Tal vez se inició con nuestra propia familia, o quizá lo hizo con nuestra conflictiva relación de pareja, o con ambas co­sas. No importa. La misma palabra "relación" evoca un puñado de anhelos y estremecimientos mezclados en el mismo suspiro.

Así que es razonable (antes de volvemos creadores reflexivos) que cuando tenemos un rompimiento, nos enfrentemos a esa posibilidad, o incluso si ya hemos pasado por una, la idea de involucrarnos en otra nueva enredada telaraña no siempre nos resulte atractiva. Y sin embargo, eso es lo que hacemos, nos lanzamos de nuevo a formar otro dueto con el mismo patrón, u otro peor. Sólo cambian los actores.

¡Tenemos que transformar el libreto! Si queremos que sea diferente, lo mismo ahora que con la próxima relación, tene­mos que verlo y sentirlo de manera diferente. Si queremos algo diferente, tenemos que cambiar el libreto.

Digamos que tú te has salido de eso y ahora estás viviendo solo. Estás disfrutando de esa rutina que creaste deliberada­mente y, por tanto, has decidido que estás listo para una nue­va aventura, con una nueva pareja. Pero, ¿qué es en lo primero que piensas? ¡En la anterior! Y nueve de cada diez veces, ese pensamiento viene saturado de pesadas vibraciones negati­vas. Igual que la atractiva modelo que no podía conseguir el tipo de pareja que quería, quedas atrapado de nuevo al estar atrayendo un clon de tu relación anterior, o algo peor.

Tienes que cambiar el libreto y enviar esas vibraciones a las que te has aferrado... ¡Fuera! Tienes que fabricar, de al­gún modo, un sentimiento distinto acerca de tu ex. Si no lo haces, si sigues aferrado, como si en ello te fuera la vida, a los resentimientos, las furias y los enojos, tu próxima rela­ción no podrá ayudarte, sino que será del mismo tipo que las anteriores o incluso peor, porque ésa es la vibración que estás produciendo: resentimientos, furias y enojos. Lo que tú vibras es lo que recibes. No puedes vibrar con pensamientos de regreso a "otra vez lo mismo" y esperar obtener algo to­talmente diferente, "mucho mejor".

Esto podría no ser una buena noticia para ti; pero las rela­ciones nunca mueren. Nunca cesan. En virtud de que los dos (o los tres, o los veinte) han estado juntos en una casa, en una oficina, en un club, tienen una conexión vibrátil que nunca cesa. Así que si dejas que uno de esos lazos siga siendo nega­tivo... bueno, ya sabes el resto. Esa vibración irradiará por siempre de ti buscando otras semejantes.             Tal vez viviste con un golpeador, o con un simple chiflado; si no quieres más de lo mismo, tienes que encontrar algo que te guste de ese tipo, algo que puedas apreciar, para que rom­pas la conexión con sus vibraciones negativas.

De otro modo, sin importar qué tanto esperes entre una pareja y otra, sin importar qué grado de "curación" pienses que has logrado, atraerás las mismas cosas desagradables que no te gustaban de tu ex, porque sigues enfocado en ellas, protestando por ellas, hablando con tus amigas de cuánto te alegra haberte libera­do de ellas, sin mencionar el hecho de que todavía estás furio­so contigo mismo por haberlas soportado tanto tiempo. Si estás pensando en eso, y sintiéndolo, estás vibrando todavía con ello, así que eso es lo que vas a atraer.

Lo mismo sucede cuando nos concentramos en culpar a nuestros padres. Obtenemos aquello en lo que nos enfocamos, así de sencillo. Por tanto, es un hecho que si la pasaste mal en tu infancia y sigues aferrado a esos recuerdos, atraerás algo similar en algún tipo de relación: en el matrimonio, con tus vecinos o en el trabajo.

Pero, volvamos a tu actual situación, digamos que estás todavía involucrado en la relación, que sigues viviendo o tra­bajando con un interrogante: si debes seguir ahí o no. Ahora es el momento de desviar tu enfoque de las condiciones, pre­guntarte a ti mismo qué te ha estado molestando y empezar a revertir esas vibraciones negativas. Eso puede o no modi­ficar tu actual relación, pero definitivamente desviará tu En­foque del problema, de modo que podrás obtener algunas respuestas, porque sólo puedes obtener respuestas (inspira­ción, ideas, etcétera) cuando desvíes tu enfoque del proble­ma y te muevas hacia una frecuencia más alta.

Así que ámalas, lo mismo si merecen tu amor o no; apré­cialas, sin importar qué tan justificado pueda estar .clavar alfileres en la muñeca de vudú que las representa. Rompe la cadena de atracción negativa, y entonces podrás encontrar tus respuestas a si debes irte o quedarte así. Y si te vas, no atraerás un clon en la misma frecuencia negativa.

Cadena de dolor

Tenía una amiga que solía hablarme, más o menos un mes sí y otro 110, desde diferentes Estados del país, para descargar en mí sus problemas, que eran muy graves. La mayor parte de esto sucedió antes de que supiera algo sobre absorber -y ser atraído por-las vibraciones negativas de otra persona. Esta rutina continuó durante años, una interminable su­cesión de los mismos viejos problemas que se hacían cada vez más grandes a medida que pasaba el tiempo.

Con cada llamada telefónica me apresuraba a unirme a sus sentimientos negativos, pensando que con eso la estaba ayu­dando. Le mostraba mi empatía, mi conmiseración, simpati­zaba con ella, hasta que me sentía tan mal, que tenía que salir a caminar y ponerme en contacto con la naturaleza, para equi­librarme un poco después de colgar.

Sin saberlo, no sólo estaba fomentando su negatividad, sino que la estaba enganchando energéticamente alrededor de mí. Era horrible y no sabía cómo detenerla; mucho menos decir­le que ya no me llamara más, pues no tenía el corazón para hacerlo. Para empeorar las cosas, incluso cuando no estaba hablando con ella por teléfono, la imaginaba en medio de sus desastres, rodeada de carencias, una bomba de tiempo cami­nando en espera de explotar en otro enredado predicamento.

Cuando finalmente tuve la imagen de lo que estaba haciendo en el ámbito de las vibraciones para las dos, empecé a enviar­le pensamientos diferentes, imaginándola con prosperidad, felicidad, alegría, etcétera, aunque, con franqueza, no fue fácil. Ella no quería salir de su desventura y, seguramente, no que­ría tener nada que ver con mis pinturas y mis pinceles.

Finalmente, un día me llamó, me saltó un rosario de quejas por estar en desacuerdo con ella, me llamó cruel, despiadada, egoísta y unas cuantas coloridas joyitas más, que no me mo­lestaré en repetir. En cierta manera, tenía razón, ya que yo no estaba dispuesta a unirme más a su cadena de dolor. Te­nía que dejar que se hundiera o me hundiría con ella de nue­vo, algo que yo ya no estaba dispuesta a hacer. No he vuelto a saber de ella desde entonces, pero continúo viéndola den­tro del mejor libreto que puedo imaginar. Tal vez algún día.

Por más que lo intentemos, los paquetes de "arréglalo" no funcionan. Cuando decidimos que alguien necesita "arreglo" (como lo. estaba haciendo con mi amiga), todo lo que estamos haciendo es verlos como "mal", transmitiéndoles más ener­gía negativa.

En cambio, si podemos encontrar algo -cualquier cosa ­que apreciar en ellos y plantamos las semillas para que -ger­mine en ellos un nuevo y potencial crecimiento con nuestras vibraciones positivas, abriremos la posibilidad de un cambio.

Si quieres ayudar a alguien a salir de su sufrimiento, en­viarle un sencillo: "Todo va a estar bien", generalmente lo tranquilizará y le dará la posibilidad de "sentirse bien" un momento. Aunque suene excesivamente optimista, es un ali­vio para ellos y a ti te da un respiro. Ahora están en un lugar donde puede no aceptar tus pinturas y pinceles. Si eligen no hacerlo, que así sea. Pero unirse a ellos, incluso con com­pasión y de todo corazón, sólo contribuirá a su desdicha al magnificar las vibraciones negativas: las de ellos y las tuyas.

Toda persona en este planeta tiene en su interior su pro­pia guía para encontrar su propio camino, si así lo elige. Pero algunas veces tenemos que dejar que se hundan si ésa es su decisión, o nos hundiremos con ellos también, conectados por medio de vibraciones a su cadena de dolor.

¿Familia y armonía?

Si alguien de tu familia te está volviendo loco, tu enfoque no sólo está empeorando el asunto, sino que está afectando to­das y cada una de las demás áreas de tu vida. Una válvula cerrada por un problema con un jovencito es una válvula ce­rrada a todo en la vida. Una válvula cerrada por una pareja es una válvula cerrada a la vida. Así que, ¿cómo podemos conseguir que la gente que vive bajo un mismo techo vaya en la misma dirección, incluso por caminos diferentes? He aquí lo que una amiga cercana hizo con asombroso éxito.

Sin entrar en detalles, su adolescente actuaba como cata­lizador de los sentimientos negativos de todos los demás. La familia entera se estaba desintegrando dolorosamente, por sus problemas relacionados con las drogas.

Conforme Peg, su madre y amiga mía, empezó a involucrarse más en la Ley de la Atracción, intentó que todos unieran su intención individual hacia una dirección más enfocada, en lugar de esparcirla por todos lados. Al principio, a todos les resultó muy difícil porque mantenían sus "no quiero" enfocados en el hijo, en lugar de en su propia válvula.

De todos modos, empezaron a realizar reuniones familia­res para hablar de sus "quiero". Como era de esperarse, mu­chos de los primeros intentos emergieron como una larga lista de "no quiero" de todos, especialmente del hijo. Pero después -mucho tiempo después- todos empezaron a contestar sus "quiero" abierta y entusiastamente.

El siguiente paso era llegar a los "por qué". ¡Bravo! En cuanto lo hicieron, los verdaderos colores del deseo empezaron a volar. Todos querían sentirse mejor de lo que se estaban sintiendo, así que eso se convirtió en su intento conjunto. A partir de ahí, los milagros empezaron a brotar.

Por primera vez, como nunca antes, todos querían real­mente estar juntos, hacer cosas juntos, ir a lugares juntos,   que sé que cualquier cosa que pase será buena". Si alguna vez hubo un tiempo y un lugar para trabajar en aspectos po­sitivos, ¡es con la familia!

Y hay otra ganancia extra en valorar a los familiares: una vez que tu válvula se haya abierto, permanecerá abierta a todo, no sólo a la familia. Puedes estar con tu pareja, presente o pasada y, de pronto, ¡obtienes un nuevo empleo! Puedes ser un padre soltero que valora a sus hijos, y de repente, ¡una nueva pareja, aparece!, puedes estar valorando tu hogar, ¡tus hijos problemáticos cambian su actitud!

Todo es energía, todo es vibración que parte de cómo te es­tás sintiendo. Así que escribe tu nuevo guión, no te preocupes de los “cuándo” o los “cómo”, no importa si todavía no ha sucedi­do, mantén tus ojos lejos de la válvula cerrada ajena, y encuentra formas de abrir la tuya. Antes de que lo sepas, sin importar qué esté haciendo cualquiera en su casa o en el planeta, tú ya no responderás. Ahora serás un creador consciente.

Sólo abre tu válvula, ¡NO IMPORTA A QUÉ! El resto vendrá por sí solo. Te lo garantizo.