Estudio Radiestésico sobre los alimentos

 

 
 
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Alimentos y tratamiento de las enfermedades

Puesto que el péndulo, a través del sistema nervioso humano, es un excelente instrumento para medir y evaluar, su empleo no se limita al diagnóstico, sino que puede ampliarse a todas las for­mas de terapia en que es necesario seleccionar dosis, frecuencias y remedios.

El doctor Arnold Forster me llamó la atención sobre otro fac­tor muy interesante e importante sobre la dieta. Dos alimentos pueden ser beneficiosos para usted, pero comerlos en combinación será dañino, pues la energía de uno de ellos puede desequilibrar la del otro. O, como pasa con los ácidos y las féculas, un alimen­to puede retrasar u obstaculizar la digestión del otro, causando constipados intestinales.

Dieta

Según el doctor Alfred Pecora, notable especialista en nutri­ción, la mayoría de las enfermedades se deben a unos hábitos de alimentación inadecuados. La mayoría de la gente ignora las leyes dietéticas básicas del organismo humano. Peor aún, el papel de la nutrición en la salud apenas se tiene en cuenta por la profesión médica y el estilo de vida occidental.
Aparentemente somos más cuidadosos y científicos con la ali­mentación del ganado que con la propia, y muchas personas se preocupan más de seleccionar el combustible adecuado para sus máquinas, coches, aviones y botes que por la dieta de sus hijos. No sólo podrían prevenirse casi todas las enfermedades mediante unos hábitos dietéticos correctos, sino que también muchas de nues­tras dolencias podrían curarse cambiando a una dieta saludable, de productos no adulterados, y que se adapte a nuestras necesida­des corporales.
Según el doctor Pecora, la artritis es uno de los mejores ejem­plos. La ciencia médica dice que es una enfermedad «incurable», pero se dan muchos casos de curación gracias a un cambio de dieta.
Es también una de las enfermedades más fáciles de prevenir, si una persona come tantos alimentos crudos como sea posible y elimina el azúcar y la harina blancos.
El problema con la dieta, como con tantos otros aspectos de la vida, es que hay pocas reglas generales apropiadas para todo el mundo. La dieta adecuada para una persona parece ser algo tan único como el tamaño del cinturón y las huellas dactilares. Lo que funciona bien con una persona puede tener resultados de­sastrosos para otra. Por ello no es aconsejable seguir ciegamente toda dieta milagrosa que afirma ser aplicable a todos. Somos úni­cos, y también lo son nuestras necesidades dietéticas.
El péndulo nos proporciona a todos y a cada uno de nosotros un instrumento para crear nuestras propias y peculiares pautas dietéticas. No hay que leer muchos libros ni convertirse en un experto en nutrición. Todo lo que tiene que hacer es sostener el péndulo por encima de cualquier alimento que quiera comer, pre­guntando: «¿Es este alimento bueno para mí en este momento?» El péndulo le dará una respuesta exacta de los efectos de un deter­minado alimento en un momento dado.
Revelaré aquí algunos hechos interesantes sobre los alimentos que no figuran en la mayoría de los libros sobre el tema. Un alimento puede ser en general bueno para usted y malo en un momento dado debido a su estado de ánimo, nivel de energía o estado de salud. Y viceversa, un producto normalmente perjudi­cial puede resultar beneficioso en un momento dado, por ser lo que usted necesita entonces para satisfacer alguna carencia.
Sin el péndulo ignoramos la dinámica de la selección de comi­das. Estamos obligados a comer con arreglo a unos principios ge­nerales y teóricos en lugar de por lo que sabemos que es adecuado para nuestras peculiares estructuras corporales y modo de vida.
Los resultados de esta aplicación del péndulo para controlar su consumo de energías corporales le ahorrarán cientos de dólares en honorarios médicos, además de ganarle años de vida.

Las combinaciones de alimentos son otro aspecto a tener en cuenta, que con el péndulo pueden comprobarse de modo seguro y exacto. Manténgalo por encima de cualquier combinación de alimentos y pregunte: «¿Son compatibles estos dos productos?» El procedimiento es el mismo que se sigue al hacer análisis co­rrientes de compatibilidad

 

 

 

 

 

Más adelante, basándose en sus conocimientos de ingeniería eléctrica y radio, Simonéton midió las radiaciones intrínsecas emi­tidas por distintos alimentos, determinando cuáles eran más nutri­tivos. Publicó sus hallazgos de muchos años de investigación en
1971, en Radiations des Ailments, Ondes Humaines et Santé.
Como medio para seleccionar la calidad de los alimentos, en manos de los padres y madres de familia, el péndulo puede con­vertir una dieta desequilibrada en una delicia nutritiva. La pobla­ción mundial aumenta geométricamente, en tando que la produc­ción de alimentos disminuye a una velocidad alarmante. En el futuro, una dieta bien medida puede ser cuestión de vida o muerte.
Los padres y madres de familia que usan el péndulo, con la práctica pueden determinar qué alimentos y bebidas serán más be­neficiosos para sí mismos y sus familias. Médicos, especialistas en dietética y nutrición y otros expertos han escrito muchísimos libros sobre dietas equilibradas. Desgraciadamente, sus sugeren­cias generales no tienen en cuenta las necesidades particulares y exclusivas de cada individuo. El péndulo puede resolver este pro­blema.
Hay cuatro métodos básicos para soleccionar la dieta adecua­da familiar, cada uno de los cuales ha demostrado ser enorme­mente acertado en la práctica. Después de dominar la técnica ele­mental del manejo del péndulo descrita en el Capítulo V, estará usted listo para elegir los alimentos beneficiosos para cada miem­bro de su familia.
El primer método consiste en escribir una larga lista de ali­mentos, generalmente en algún orden. Por ejemplo, pueden agru­parse en frutas, verduras, cereales, carnes y otras categorías, o en alcalinos o ácidos. Use cualquier método de clasificación que le interese y a la vez satisfaga sus necesidades. Tal vez le resulte más fácil ojear los muchos libros y folletos con listas exhaustivas bajo varias clasificaciones.
El segundo método consiste en hacer preguntas del tipo sí-no: «¿Es este alimento saludable para la dieta de fulano?» Nombre a cada miembro de la familia por orden y observe la respuesta positiva o negativa del péndulo escribiéndola en una tarjeta o cua­derno. Por lo general obtendrá una lista bastante variada para cada miembro, lo que creará ciertos problemas a la hora de pre­parar las comidas. La mayoría de las cocinas caseras no son res­ taurantes donde cada uno pueda pedir lo que quiera. Es fácil su­perar este problema con el péndulo. Basta con que escriba una segunda lista, la lista de la familia, con todos los alimentos comu­nes saludables para todos los miembros. Si alguien se desvía de la misma en medida notable, acaso sea necesario cocinar por se­parado para esa persona: la media hora diaria que le dedique po­dría ahorrarle cientos de horas en cuidados y cientos de pesetas en medicinas.
El tercer método consiste en hacer cálculos y medir la calidad con el péndulo encima de los productos mismos, en el supermer­cado, si no le importa que los otros compradores le miren con extrañeza o que el administrador le haga preguntas. Basta con que sostenga el péndulo por encima de las frutas, verduras, quesos y otros artículos mientras pregunta si serán saludables para cada miembro de la familia. También podrá usar el péndulo en el su­permercado para observar si le engañan como consumidor, en cues­tión de precios, preguntando si son razonables. Una respuesta ne­gativa indicaría un precio excesivo.
El cuarto método acaso sea más atractivo y natural. Con su intuición y conocimiento de los gustos de su familia, compre los productos y prepárelos. Después de servirlos en la mesa, comprué­belos con su péndulo, haciéndolo usted mismo o cada miembro de su familia.
La utilidad del péndulo para seleccionar alimentos ha sido con­firmada por muchos testimonios. A una señora inglesa, por ejem­plo, le encantaba el pescadito frito con patatas y mucho aceite. Desgraciadamente, este plato le causaba indigestiones. Preguntan­do a su péndulo durante apenas diez minutos descubrió que lo que le sentaba mal no era el pescado ni las patatas, sino la grasa. Ahora come lo que quiere siempre que el pescado no esté grasiento.
En su libro Dowsing, W. H. Trinder describe un caso narrado en una carta: «Una mujer que trabajaba sufría de dolores de ca­beza tres veces por semana, tan intensos que creyó que nunca se­ría capaz de conservar un empleo. Su médico le dijo que no había ningún tratamiento conocido para curar esa clase de dolores de cabeza. La mujer acudió a su demostración y luego intentó com­probar sus alimentos con el péndulo, con los siguientes resultados: en sentido de las agujas del reloj, pan moreno, huevos cocidos, etc.; en sentido contrario, pan blanco, huevos fritos, azúcar, etc.

Inmediatamente cambió su dieta. En uno o dos días cesaron sus dolores de cabeza y no volvió a sufrirlos. Encantada, le contó el caso a su médico, que mostró curiosidad, pero sin interesarse demasiado, y le ofreció su péndulo para que probara. El médico lo sostuvo sobre su palma y comenzó a girar casi tan rápidamente como giraba el suyo en la demostración. Alarmado, preguntó: «¿Qué hace? No soy yo quien lo mueve». La paciente le dijo que evidentemente tenía muy buenas cualidades para manejar el pén­dulo, y que si lo usaba con los alimentos podría hacer ciertos descubrimientos interesantes. Así que puede usted apuntarse el mé­rito de la curación de esta mujer que estaba convencida de que tendría que abandonar su trabajo y ahora se encuentra perfecta­mente».
El péndulo también puede usarse para determinar la cantidad exacta que conviene comer en un momento dado. Coloque en el plato una pequeña cantidad y pregunte: «¿Esta porción es adecua­da para mí?» Aumente la cantidad hasta que gire en sentido posi­tivo. Por lo general, dos o tres adiciones son suficientes para lle­gar a la porción adecuada. Asegúrese de usar el péndulo antes de servirse por segunda vez. No es saludable comer excesivamente. Acaso sean suficientes unos minutos de descanso antes de servirse una nueva porción, pero en esto, como en lo demás, consulte al péndulo. Respecto al agua y otras bebidas como refrescos, zumos de fruta, cerveza y vino, basta con sostener el péndulo encima de la bebida deseada y consultar su calidad y cantidad.
El Abate Mermet realizó investigaciones amplias y fructíferas sobre el agua. Usando el péndulo puedo detectar agua contamina­da por materia orgánica o microbios e inadecuada para el consu­mo humano. En Berna, Suiza, durante la década de 1920, le encargaron que averiguara por qué cierto manantial se volvía amarillo y tenía un extraño gusto y sabor cada vez que llovía. El movi­miento del péndulo reveló que la fuente era una granja situada a dos millas del manantial. Se cercó la granja con un «perímetro de protección», terminando con la contaminación del agua. Esta historia no es sino uno de los cientos de casos que Mermet resol­vió con éxito, localizando fuentes de contaminación.
Los radiestesistas han trabajado también en el alcoholismo, determinando la cantidad de bebida que es excesiva para ciertos individuos. Escribiendo una lista de bebidas alcohólicas y el de la persona indicada a continuación de cada una y preguntando al péndulo si son adecuadas para ella, se puede saber qué licor conduciría a beber en exceso. Todavía ha de dedicarse mucho es­fuerzo en este sentido.
También puede usarse el péndulo como instrumento para me­dir la cantidad justa de ingredientes a la hora de preparar comi­das. Cierto investigador descubrió que las verduras cocidas juntas sin agua -colocando las que contenían más agua por debajo de las otras- provocan una oscilación más positiva que las mismas verduras hervidas por separado. Los especialistas saben muy bien que las verduras cocidas a fuego lento tienen más sabor, y que así se destruyen menos vitaminas que al hervirlas.
La radiestesia también puede servir para determinar el contenido químico de distintos alimentos. Piense en el tremendo ahorro en tér­minos de dinero y horas de análisis químicos en los modernos laboratorios. Sólo con preguntar al péndulo podemos saber en unos segundos las cantidades de calcio, hierro, yodo, fósforo y otros elementos de cada alimento. Recientemente los especialistas han advertido al público sobre la necesidad de consumir cantidades adecuadas de estos minerales. El péndulo podrá proporcionar in­formación sin necesidad de complicadas etiquetas científicas.
No hace falta decir que los restaurantes, cafeterías y mercados se beneficiarán tanto o más que las familias del uso del péndulo. Servir sólo los mejores productos es una inversión segura y signi­fica clientes satisfechos. Acaso algún día a todos los futuros «chefs» se les enseñe a manejar el péndulo además de los cuchillos para pelar. Y no habrá casos de envenenamiento ni adulteración, y las papilas gustativas de la gente disfrutarán como nunca.
El maestro de la radiestesia, el Abate Mermet, hizo algunos experimentos divertidos para detectar el contenido alcohólico del vino. Péndulo en mano, preguntaba por el porcentaje de alcohol. Cuenta una interesante anécdota al respecto. En cierta ocasión, asistió a un festejo en una pintoresca ciudad suiza, y, cuando es­taba a punto de beber su vaso de vino observó que tenía un color algo más pálido que el de sus vecinos. Sacó el péndulo del bolsi­llo, procurando no llamar la atención, y descubrió que su vaso tenía un 9 por 100 de alcohol, en tanto que el de su vecino. de mesa tenía un 11 por 100. Llamó a la camarera y le explicó la diferencia, pero ésta lo negó tajantemente. Al terminar la cena, Mermet habló con el director del hotel y volvió a explicar que el vino que le habían servido no era como el de los demás comen­sales. El director contestó: «Eso es imposible, pues todo el vino procedía del mismo barril».
Mermet insistió, seguro de que las interpretaciones de su pén­dulo eran casi siempre correctas. Llamaron a la camarera para salir de dudas. Esta se ruborizó, avergonzada, y confesó que para no tener que volver a la bodega a por otra botella, había rellenado la última con un poco de agua, y de ahí era de donde se había servido a Mermet.