División de los remedios según Bach
Bach clasificó los 38 remedios en 7 categorías:
1. Para los que tienen miedo
26.Rock Rose:miedo extremo, pánico.
20.Mimulus:miedo a algo concreto.
6.Cherry Plum:miedo a perder el control.
2.Aspen:miedo a lo desconocido.
25.Red Chestnut:miedo a lo que les pueda pasar a los demás.
2. Para la indecisión
5.Cerato:indecisión de las propias decisiones.
28.Scleranthus:indecisión por pensamiento pendular.
12.Gentian:ante cualquier obstáculo duda y se desalienta
pronto.
13.Gorse:pérdida total de la fe. Desaliento absoluto.
17.Hornbeam:se siente sin fuerzas para emprender algo.
36.Wild Oat:indecisión por descontento vocacional.
3. Para la falta de interés por las circunstancias actuales
9.Clematis:vive en un mundo de fantasía.
16.Honeysuckle:vive anclado en el pasado.
37.Wild Rose:apatía, falta de interés por la vida.
35.White Chestnut:constantemente proyectando una preocupación.
23.Olive:está exhausto, no piensa más que en descansar.
21.Mustard:desinterés por depresión sin causa aparente.
7.Chestnut Bud:no presta atención, proyectado en otra cosa.
4. Para la soledad
34.Water Violet:se aísla por orgullo.
18.Impatiens:se aísla porque ve lentos a los demás.
14.Heather:se hace pesado a los demás.
5. Para la sensibilidad excesiva a influencias y opiniones ajenas
1.Agrimony:sólo le interesa la paz exterior.
4.Centaury:se esclaviza a los demás con tal de agradar.
33.Walnut:los demás pueden frustrar su decisión.
15.Holly:celos, envidia, sospecha; odio.
6. Para los que están desesperados y abatidos
19.Larch:se siente inferior.
24.Pine:se siente culpable.
11.Elm:se siente sobrecargado de responsabilidades.
30.Sweet Chestnut:se siente al límite de sus fuerzas.
29.Star Of Bethlehem:tiene un shock no superado.
38.Willow:siente un gran rencor, se siente víctima.
22.Oak:cansado por el sobreesfuerzo.
10.Crab Apple:abatido por el más mínimo indicio de
imperfección.
7. Para los que tienen preocupación excesiva con el bienestar de los otros
8.Chicory:superprotector, no soporta la soledad.
31.Vervain:se esfuerza en que los otros piensen como él.
32.Vine:se impone a los demás “por su bien”.
3.Beech:ve a los demás inferiores.
27.Rock Water:ve imperfectos a los demás, los juzga con rigidez.
UN NUEVO MÉTODO CURATIVO
(Conferencia de Wallingford, con motivo del 50 aniversario del nacimiento de Bach, 24 de septiembre de 1936)
Desde los comienzos de la historia de la humanidad, sabemos que las plantas han tenido una función curativa y, tanto como alcanzamos a ver a través de la tradición, el hombre ha tenido siempre la confianza de que en las plantas medicinales de las praderas, valles y colinas permanecía escondido el poder capaz de sanar sus enfermedades. Siglos antes de Cristo, los antepasados indios, árabes, así como otras razas, fueron expertos en el empleo de los regalos de la naturaleza, al igual que los antiguos egipcios y, más tarde, los griegos y romanos y, en menor medida, los demás humanos hasta nuestros tiempos.
Por lo tanto, si tras ellas no se escondiese una gran verdad, no es probable que grandes naciones de diferentes creencias y distintos colores de piel hayan creído persistentemente durante milenios y estudiado de forma continua las plantas medicinales de la naturaleza, utilizándolas como medicamentos.
En los tiempos antiguos, los médicos de los diferentes países no eran los únicos que aprendían el empleo de las plantas medicinales, sino que las personas en sí mismas poseían una enorme sabiduría sobre su propia fuerza curativa, estando en muchos casos en situación de tratarse sus propios padecimientos corporales.
Este país, Inglaterra, no es ninguna excepción, aunque en la actualidad, el empleo de medios naturales de curación no está tan extendido, sin embargo, hasta hace una o dos generaciones, e incluso hoy en día, las gentes que viven en lugares recónditos del país poseen sus propias provisiones de plantas medicinales y conocen cómo se deben tratar las enfermedades.
Durante los últimos cuatro o cinco últimos siglos se han escrito en Inglaterra diferentes libros sobre las propiedades curativas de las plantas, entre los que destaca el escrito hace casi 300 años por Culpepper, como uno de los más famosos.
Este libro se encuentra todavía en numerosos hogares de las Islas Británicas, donde es estudiado, utilizado y altamente valorado. Aunque este libro contiene más de 300 plantas medicinales, lo que significa que se precisan unos conocimientos básicos, sin embargo, la gente se esfuerza por hacer suya esta sabiduría para poder tratar la mayoría de sus padecimientos.
En el curso de la historia hubo tiempos en los que la enfermedad prácticamente sólo podía ser tratada exitosamente con ayuda de las plantas medicinales. En otra épocas, el arte de la medicina natural se olvido en gran parte. En la actualidad, vivimos en esa época, pero la naturaleza posee tal poder que podemos estar seguros de que volverá a nosotros.
En los tiempos antiguos, cuando una gran nación desaparecía, se perdía con ella una gran parte de su sabiduría, pero, dado que hoy en día, los descubrimientos se convierten inmediatamente en universales, existe la esperanza de que la bendición que nos ha tocado en suerte a través del re–descubrimiento de las plantas medicinales, se extienda universalmente, conservándose de esta manera esos conocimientos en algún país del mundo. Las plantas medicinales de las que estoy hablando en este discurso son ya empleadas de forma frecuente en muchas partes del mundo, aun habiendo sido recientemente descubiertas.
Podemos partir con toda seguridad de la idea de que, en los tiempos en los que se conocía y empleaba correctamente las propiedades de las plantas medicinales, eran habituales los procesos exitosos de curación, y de que los hombres de aquella época debieron poseer una gran confianza en ellas. Si no hubiera sido este el caso, entonces la fama, la confianza y la creencia en la fuerza curativa de las plantas no habrían sobrevivido el ascenso y declive de las culturas, y no habrían permanecido durante cientos y miles de años en la memoria de los hombres.
La curación a través de métodos naturales puros y maravillosos es seguramente el método medicinal que más nos interesa a la mayoría de nosotros, y, en lo más profundo de nuestro ser, experimentamos que, de hecho, existe algo de verdad en todo ello; algo que nos dice que esa forma de sanar que tiene la naturaleza es el camino correcto.
Llenos de confianza, buscamos en la naturaleza todo aquello que necesitamos para mantenernos con vida: aire, luz, alimentos, etc. Es altamente improbable que en este enorme sistema que nos proporciona todo no se haya tenido en cuenta la curación de nuestras enfermedades y de nuestros padecimientos.
Por lo tanto, vemos que la ciencia que estudia las propiedades curativas de las plantas se remonta a los tiempos más antiguos, de donde el hombre ha podido conocer que su empleo fama han perdurado durante siglos, siendo en muchas épocas de la historia el principal método curativo y prácticamente el único.
Este método curativo, sobre el que esta tarde estoy hablando, presenta las siguientes ventajas frente a otros métodos:
- Todos los medicamentos son producidos a partir de flores, plantas y árboles de la naturaleza. Ninguno de ellos es tóxico ni puede ocasionar daños, indiferentemente de la cantidad que de ellos se tome.
- Existen sólo 38 remedios medicinales, lo que significa que es más fácil encontrar la planta correcta que cuando contamos con numerosos medicamentos diferentes.
- El método de elección del medicamento es tan sencillo que puede ser comprendido por la mayoría de las personas.
- Las curaciones que se han conseguido son tan maravillosas que superan incluso las expectativas de aquellos que han utilizado este método y las de los pacientes que se han beneficiado de él.
Estas plantas medicinales han continuado teniendo éxito donde otros tratamientos han fracasado. Y ahora que ustedes ya tienen una idea de lo antiguo y reconocido que es el arte de la curación a través de las plantas medicinales, vamos a pasar al tema principal de esta tarde.
Esta conferencia se ocupa de dos temas centrales:
- Me gustaría presentarles un nuevo método de curación por medio de la plantas medicinales.
- Quisiera apartar lo más posible el miedo que ustedes puedan tener ante la enfermedad.
Aunque, comparativamente, sólo han transcurrido unos pocos años desde que el primer grupo de las 38 plantas medicinales fue descubierto –que es el tema que hoy nos ocupa–, sin embargo, en ese breve período de tiempo, estas plantas han tenido ocasión de demostrar las más fantásticas propiedades curativas. Estas pruebas no sólo han sido observadas en nuestro país, ni únicamente en nuestro continente, sino también en países tan lejanos como la India, Australia, Nueva Zelandia, América, etcétera.
En lo que se refiere a un tratamiento con plantas medicinales, son de gran importancia los siguientes puntos:
- Los medicamentos se obtienen a partir de plantas y árboles de la naturaleza, no siendo ninguno de ellos perjudicial.
- Su forma de empleo puede ser comprendida sin esfuerzo por personas que no poseen conocimientos médicos, de tal forma que pueden estar presentes en cualquier hogar.
Reflexionen un momento acerca de lo que eso significa. Entre nosotros, existen personas que experimentan, en mayor o menor grado, el deseo de poder ser útiles en casos de enfermedad, de estar en situación de poder liberar al enfermo de su padecimiento y sanarlo, pero las circunstancias de la vida les han impedido que se pudieran convertir en médicos o enfermeras y creen que nunca podrán realizar ese sueño. Estas plantas medicinales les ofrecen la oportunidad de sanar a miembros de su familia o de sus círculos de amistades o a conocidos.
Junto a su ocupación habitual, pueden prestar una gran ayuda en su tiempo libre al poner en práctica muchas de sus capacidades curativas. Hay incluso personas que han dejado su profesión para poder dedicar todo su tiempo a esta forma de medicina.
Para aquellos que siempre han soñado con el ideal de liberar a la humanidad de su padecimiento, todo esto significa el poder hacer realidad su sueño, ya sea dentro de su propia familia o a una escala mayor.
Quisiera indicar de nuevo expresamente que no es necesario disponer de conocimientos científicos cuando se utilizan estas plantas medicinales, ni siquiera es necesario conocer en nombre de l enfermedad. No se trata de la enfermedad, sino de los pacientes. Para el tratamiento, no es importante lo que el paciente tenga, ya que una misma enfermedad arroja diferentes resultados en los distintos pacientes.
Si las repercusiones fueran las mismas en todas las personas, entonces sería fácil conocer el nombre de la enfermedad,
pero ése no es el caso, y es precisamente ése el motivo por el que en la ciencia moderna resulta a menudo tan difícil denominar la enfermedad concreta que padece un paciente.
La enfermedad carece de importancia, lo realmente importante es el paciente; la manera en que él o ella se siente afectado. Ésa será la verdadera guía que conduce a la curación.
En la vida diaria, cada uno de nosotros posee su propio carácter, que es el resultado de nuestras preferencias, inclinaciones, imaginaciones, pensamientos, deseos, objetivos y la manera en la que tratamos a nuestros semejantes. Este carácter no reside en nuestro cuerpo, sino en nuestro espíritu, y el espíritu es la parte más sensible de cada uno de nosotros. ¿Cómo nos puede, entonces, extrañar que sea precisamente el espíritu el que, con sus diferentes estados de ánimo, sea el primero en mostrar los síntomas de una enfermedad? Siendo tan sensible, representará para nosotros, en relación a la enfermedad, una guía mucho más eficaz, que si nos dejamos llevar por el cuerpo.
Modificaciones en nuestro espíritu nos conducirán, de manera inequívoca, al remedio que necesitamos, aun cuando al principio nuestro cuerpo apenas se haga eco de esos cambios. Ahora queremos desviar nuestra atención hacía algunas de las diferentes posibilidades que existen acerca de cómo un determinado padecimiento puede repercutir en el individuo.
Todos nosotros sabemos que una misma enfermedad nos puede afectar a cada uno de nosotros de manera totalmente diferente. Así, por ejemplo, cuando Tommy tuvo el sarampión, estaba totalmente nervioso; Sissy, por el contrario, tranquila y obnubilada; Johnny quería que le mimaran continuamente; el pequeño Peter estaba sobre excitado y miedoso; Bobby quería que le dejasen en paz, etcétera.
Si la enfermedad tiene repercusiones tan diferentes, tiene poco sentido el querer tratarla aisladamente. Es mejor tratar a Tommy, Sissy, Johnny, Peter y Bobby, sanar a cada uno individualmente y, con ello, el sarampión.
Es importante que a ustedes les quede claro que no se deben guiar por el sarampión para encontrar el tratamiento correcto, sino que el punto de referencia debe ser los efectos que la enfermedad tiene en el pequeño paciente. El estado anímico del niño es el indicador más sensible para averiguar que es lo que ese paciente en particular necesita.
De la misma manera que el estado de ánimo nos ayuda a encontrar el tratamiento correcto de a enfermedad, así también no puede poner en sobre aviso antes de que el sufrimiento se manifieste, haciendo de esta manera posible que éste no avance más.
Al igual que el estado de ánimo durante la enfermedad nos conduce al tratamiento adecuado, así también nos puede advertir antes de que el padecimiento se manifieste ofreciéndonos la oportunidad de poder detener el avance de la enfermedad.
El pequeño Tommy regresa de la escuela a casa extraordinariamente cansado, obnubilado o nervioso, necesita atención o quiere que lo dejen en paz, etc. No es “el mismo”, como se suele decir. Vecinos amistosos pasan por casa y opinan que Tommy está incubando alguna enfermedad y deben esperar a que se manifieste. Pero, ¿por qué esperar? Si Tommy es tratado de acuerdo con su estado de ánimo, podrá recuperarse rápidamente, y si amenaza con manifestarse cualquier enfermedad, la mayoría de las veces no se producirá, pero, en caso de que eso ocurriese, se trataría de una manifestación tan débil que apenas se podría notar.
Esto se puede aplicar a todos nosotros. Antes de que se manifieste una enfermedad se da normalmente una temporada en la que uno no se encuentra especialmente bien o en la que se ésta un poco cansado. Ese es el momento en el que debemos tratarnos, ponernos en forma y acabar con el empeoramiento de nuestro estado.
Prevenir es mejor que curar. Estas plantas medicinales no ayudan de manera maravillosa en el mantenimiento de nuestro bienestar, protegiéndonos del ataque de agentes desagradables.
Bueno, ya hemos hablado suficientemente de los primeros estadios de la enfermedad. Ahora nos queremos dirigir a aquellos que se encuentran enfermos desde hace algún tiempo atrás. También en este punto existen motivos suficientes para tener la esperanza de que se produzca una mejoría del estado general, o bien de una curación total. Nadie debería perder jamás la esperanza de sanar. Además, nunca deberíamos tener miedo del nombre con el que se denomina a una enfermedad. En última instancia, se trata sólo de un nombre. No existe ninguna enfermedad que, por sí misma, sea incurable. Esto se puede afirmar con todo derecho, porque se han recuperado personas que padecían una enfermedad cuyo nombre nos asusta a la mayoría de nosotros. Si esto ha sido posible en el caso de ciertos pacientes, también lo puede ser para nosotros. A veces se necesita menos tiempo para que algunas personas se recuperen de una de esas terribles enfermedades que para que otras se recuperen de una enfermedad no tan grave. Todo depende en mayor medida del individuo que de la enfermedad en sí.
En el caso de enfermedades prolongadas, se aplica el mismo principio de tratamiento que para afecciones más pasajeras o no tan graves, ya que, también en el caso de padecimientos que se sufren desde hace mucho tiempo, la persona afectada sigue poseyendo su carácter, sus deseos, esperanzas, imaginaciones, preferencias, antipatías, etcétera.
Repitiéndolo una vez más. Todo lo que se debe de hacer es prestar atención a los efectos que la enfermedad tiene sobre el paciente: si está deprimido, si no posee esperanzas de recuperarse, si tiene miedo de un empeoramiento de su estado, si está nervioso, si desea compañía o si prefiere tener su propia tranquilidad y estar solo, etcétera, para poder buscar el remedio o los remedios apropiados según los diferentes estados de ánimo.
También aquí es maravilloso el hecho de que en el caso de una enfermedad que amenaza con manifestarse, no lo haga cuando se ha podido restablecer el estado anímico del paciente. Por lo tanto, en estos casos, en los que el paciente está enfermo desde hace mucho tiempo, se produce una notable mejoría y se recupera el carácter propio, logrando que, también así, desaparezca la enfermedad, una vez que se ha logrado superar esos estados anímicos antinaturales como la depresión, el miedo, etc., sin importar la enfermedad de que se trate.
Existe todavía otro tipo de persona. En este caso, se trata de aquellas que, en el sentido normal de la palabra, no están real mente enfermos pero que, sin embargo, siempre andan quejándose de ésta o aquella molestia. Estas molestias, seguramente, no son tan graves pero bastan para hacer que, a ratos, la vida sea un continuo y difícil examen hasta que se convierte en una carga. Estas personas quedarían profundamente agradecidas si se las libera de sus padecimientos. La mayoría de ellos han probado ya miles de remedios para acabar con estos problemas, sin haber encontrado la solución definitiva.
A este grupo de personas pertenecen aquellos individuos que, a menudo, padecen de dolores de cabeza, algunos son víctimas cada año de fuertes resfriados, otros padecen reuma, digestiones pesadas u ojos irritados, asma o ligeros trastornos cardíacos, insomnio, etcétera.
Supone también una gran alegría el poder ayudar a estas personas que, a menudo, han creído tener que soportar durante toda su vida estas molestias. Y, entre todas ellas, particularmente, las que han temido que, con la edad, esos síntomas empeoren aún más. Casos semejantes pueden ser sanados y, con frecuencia, se produce ya una mejoría poco tiempo después del comienzo del tratamiento.
Para terminar, existe todavía otro grupo. Personas que se encuentran realmente bien, que son fuertes y sanas pero que, sin embargo, tienen sus dificultades. Estas personas comprueban que su trabajo o su tiempo libre se ven dificultados por los siguientes factores: tienen un deseo exagerado de hacer todo correctamente; son excesivamente entusiastas y agotan todas sus fuerzas; tienen miedo de fracasar, no se creen tan inteligentes como otras personas o bien, no pueden decidir lo que realmente quieren. A este grupo pertenecen aquellas personas que tienen miedo de que le ocurra algo a la persona que tienen a su lado, que siempre temen lo peor aun cuando no exista motivo para ello. Entre ellos se encuentran aquellos que son hiperactivos y están desorientados y que, parecen no encontrar nunca la tranquilidad. También se incluyen aquellas personas que son demasiado sensibles, tímidas y nerviosas, etcétera. Todos estos padecimientos causan pesar y preocupación aun cuando no pueden ser definidos como enfermedades, pudiendo ser restablecidos de nuevo cuando esas personas recobran la alegría de vivir.
Vemos, por lo tanto, la gran fuerza curativa que posee el remedio correcto, no sólo en lo referente a mantenernos sanos y protegernos de enfermedades, no únicamente en lo que atañe a detener una enfermedad amenazante, a liberarnos y sanarnos cuando padecemos y estamos enfermos, sino también en lo que se refiere a recuperar la paz mental, el sentimiento de felicidad y alegría cuando nuestra salud es la correcta.
De nuevo, queremos asegurar lo siguiente: ya se trate de que se esté agotado o simplemente un poco cansado, de evitar una enfermedad o de tratar una enfermedad más o menos larga, el principio a aplicar es siempre el mismo: Se debe tratar al paciente. Y se le debe tratar según su estado de ánimo, su carácter, su individualidad y así nunca se podrán equivocar.
Piensen de nuevo la alegría que le depara a una persona que quiere encontrarse en situación de hacer algo bueno por los enfermos, e incluso ayudar a aquellos por los cuales la medicina ya no puede hacer nada más. El convertirse en un sanador entre sus semejantes le confiere poder.
Reflexionen también nuevamente sobre el hecho de que esto nos proporciona una postura totalmente nueva ante la vida, ya que perdemos el miedo y crece nuestra esperanza.
Este arte de la curación ha sido puesto en práctica, publicado, y cedido generosamente a otras personas para que, de esta manera, individuos como ustedes puedan ayudarse a sí mismos en caso de enfermedad o, puedan mantenerse sanos y fuertes. No es necesario poseer conocimientos científicos, sólo se ha de estar en posesión de un poco de conocimiento, comprensión y sensibilidad para con la naturaleza, lo cual es totalmente natural para la mayoría de nosotros.
La tarde del día de hoy no basta para que les pueda dar una descripción detallada de todos los 38 remedios. Y tampoco es realmente importante, ya que con conocer cómo se utilizan tres o cuatro de estos medicamentos se conoce el principio común aplicable a todos los demás.
Por este motivo, queremos ocuparnos de los medicamentos que se prescriben en el caso del miedo. No es importante q se
trate de una accidente, de una enfermedad repentina o duradera o, incluso, de personas a las que no le falta nada especialmente, si existe miedo, se debe prescribir uno de los remedios contra el miedo.
Naturalmente, puede que sea necesario el empleo simultáneo de varios medicamentos, ya que se pueden dar diferentes estados. En estos casos, se deben suministrar adicionalmente otros medicamentos, pero dependiendo de cada caso en particular.
El miedo, en cualesquiera de sus aspectos, está muy extendido, no únicamente entre los enfermos, sino que también nos afecta a nosotros que, normalmente, nos sentimos perfectamente bien. Pero, sea lo que sea, estos medicamentos nos ayudarán siempre a liberarnos de esa pesada carga que denominamos miedo.
Existen cinco tipos de miedo y, por ello, cinco medicamentos: uno para cada una de las manifestaciones del miedo.
El primer medicamento está indicado para casos en los que el miedo es enorme, desembocando en temor o pánico. En estos casos, o bien el miedo está enraizado en el paciente, o bien es provocado por el hecho de que el estado es tan grave que incluso despierta un profundo terror entre otras personas. Este tipo puede aparecer con una enfermedad repentina o con un accidente, pero siempre, cuando ha tenido lugar una emergencia o un gran peligro. En este caso, el remedio es el Heliántemo, que se obtiene a partir de una pequeña planta de nombre “heliántemo común”.
El heliántemo común es una preciosa planta de flores amarillas que crece en las laderas de las montañas, con frecuencia allí donde el terreno es pedregoso o rocoso. Como planta cultivada se encuentra en jardines que poseen adornos con piedras, aunque para emplearla como remedio curativo siempre se debe de escoger la variedad silvestre.
Este remedio ha logrado ya maravillosos efectos y, en muchos casos alarmantes, proporciona una mejoría tan sólo unos minutos u horas después de su toma.
Los conceptos claves para este remedio son: pánico, temor, una gran e imprevista situación de emergencia o peligro.
El segundo tipo de miedo es más frecuente: es el miedo con el que nos encontramos en nuestra vida diaria.
Los miedos normales de los que somos víctimas muchos de nosotros son: miedo de sufrir accidentes, miedo ante enfermedades, miedo de que empeore el estado de una enfermedad, miedo de la oscuridad, miedo a quedarse solo, miedo a que irrumpan en la casa para robar, miedo a que se produzca fuego, miedo de la pobreza, miedo de los animales, de otras personas, etc. En general, miedo de cosas concretas, sin importar si existe motivo o no para ello.
El remedio para este tipo de miedo es una preciosa planta de nombre Mímulo (mímulo jaspeado). Esta planta tiene bastan te parecido con el azmizcle, crece en aguas claras y en las orillas de los ríos.
El tercer tipo de miedo es el miedo frente a cosas confusas, imprevisibles, que no pueden ser explicadas. Algo así como si fuera a ocurrir algo espantoso sin poder tener una idea de lo que pueda ser.
Todos estos miedos, para los que no se puede aportar un motivo pero que, sin embargo, son muy reales y excitante, requieren el remedio que se extrae del Álamo temblón. El alivio que este remedio ha proporcionado a muchas personas es algo realmente maravilloso.
El cuarto tipo de miedo reside en el hecho de que se sobrecoge al espíritu, no pudiendo este resistir la tensión. Surge cuando en nosotros aparece el impulso de hacer cosas en las que normalmente no deberíamos pensar o que sólo deberíamos tomar en consideración durante un momento.
El remedio para este estado de miedo se extrae de una cereza (Cherry plum) que en las zonas rurales crece junto a los setos. Esta planta expulsa todas las ideas falsas, proporcionándole al paciente la fuerza y confianza necesaria.
Finalmente, el quinto tipo de miedo, es el temor pro los otros, principalmente por aquellas personas que están a nuestro lado.
Cuando llegan demasiado tarde, se cree que ha tenido que ocurrir un accidente, cuando se van de vacaciones, se teme que les sobrevenga una desgracia. Algunas enfermedades se hacen muy graves, e incluso aquellos que no están realmente enfermos padecen un miedo enorme. Temen siempre lo peor y esperan una gran desgracia.
El remedio para estas personas es la flor del Castaño rojo que todos conocemos tan bien. Esta flor aparta estos miedos rápidamente y nos ayuda a volver a pensar de forma normal.
Estas cinco diferentes formas de miedo no pueden confundirse entre sí fácilmente, ya que están suficientemente diferenciadas. Aunque sea el miedo el estado de ánimo que más frecuentemente debemos tratar, son necesarios uno o más de los cinco remedios para poder luchar contra todas sus diferentes manifestaciones.
Entre los otros remedios, ustedes encontrarán aquellos que son usados para todos los estados diferentes que puedan poner se de manifiesto, como, por ejemplo, remedios para aquellos que sufren de inseguridad, que nunca saben lo que quieren o lo que es correcto para ellos. Algunos remedios para la soledad, otros para aquellos que son hipersensibles, otros para la depresión, etcétera.
Con muy poco esfuerzo se puede encontrar el remedio o los remedios que un paciente necesita. Una vez más, el punto más importante es el siguiente: por más fantástico que esto pueda sonar, liberen al paciente de ése o esos estados anímicos que se describen en este método de curación, para lograr así la recuperación del mismo.
CONFERENCIA MASÓNICA SOBRE LOS PRINCIPIOS CURATIVOS
(Conferencia ante una asamblea de masones, Octubre 1936)
Esta tarde os comunico una noticia maravillosa que, quizás, parezca casi increíble, pero que, sin embargo, es la verdad y que debe proporcionar muchísima esperanza y consuelo.
La noticia es la siguiente: La enfermedad es curable.
Con la ayuda de las plantas medicinales de las que hoy quiero hablar, no hay ya lugar para esas enfermedades normales que se conocen en este país y que, hasta ahora, no han podido ser curadas.
Cientos y miles de personas que padecen enfermedades, que tienen molestias, y que creen que tendrán que vivir con ellas el resto de sus días, pueden sanarse.
Introducción
Esta tarde no quiero intentar comunicarles detalles sobre las maravillosas plantas medicinales, que son el tema de esta conferencia. Toda esa información la pueden extraer del libro.
Los principios básicos son los siguientes:
- No es imprescindible en absoluto el poseer conocimientos médicos.
- La enfermedad en sí no tiene ningún significado.
- El espíritu es la parte más sensible de nuestro cuerpo y, por eso, el mejor indicador para averiguar cuál es el remedio que se precisa.
- Por eso, sólo se tiene en cuenta la manera de reaccionar ante la enfermedad por parte del paciente, y no la enfermedad misma.
- Por este motivo, el miedo, la depresión, la duda, la desesperación, la excitación, el deseo de estar en compañía o de estar solo, así como la imposibilidad de tomar una decisión, constituyen el verdadero guía que nos aporta la información sobre la manera en que el enfermo está influenciado por su enfermedad, así como sobre el remedio a emplear.
No hay necesidad de informarles más acerca de las maravillosas propiedades curativas de estos remedios, basta con decir les que miles de personas han sanado cuando ya no esperaban nada más que una enfermedad que duraría toda su vida. Interminables casos han sanado rápidamente de una enfermedad normal, y otros tanto han evitado una enfermedad ya en sus primeros estadios.
Además, estas plantas medicinales son tan famosas que no solamente se emplean en Gran Bretaña, sino también en la mayoría de los países del mundo.
El principio de la curación empleando este método es tan sencillo que casi todo el mundo puede comprenderlo, e incluso las plantas pueden ser recolectadas y preparadas por uno mismo.
Segunda parte
Hermanos, nos han enseñado que en nosotros vive un principio vivo e inmortal.
Durante todos los siglos de la historia de la humanidad, el hombre ha creído que en él mismo existe algo más grande y más maravilloso que el propio cuerpo, que va más allá de la muerte. Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha tenido eso en su mente.
Todos nosotros somos conscientes de que no solamente nuestro cuerpo es el causante de nuestras dificultades. Nosotros no decimos: “Mi cuerpo está preocupado, o tiene miedo o está deprimido” sino más bien: “Estoy preocupado, o tengo miedo, o estoy deprimido” Igualmente, no decimos: “Mi mano tiene dolor”, sino más bien: “Mi mano me duele.”
Si únicamente fuésemos nuestro cuerpo, nuestra vida no consistiría en otra cosa más que en satisfacer nuestros propios intereses y en aspirar a nuestro propio beneficio. Únicamente estaríamos preocupados por nuestro propio bienestar y por la satisfacción de nuestras necesidades.
Todo esto no es el caso. Cada sonrisa amistosa, cada pensamiento bien intencionado y cada actitud positiva, cada hecho que se deriva del amor o compasión con los otros, demuestra que en nosotros existe algo más grande que no podemos captar con la vista. Llevamos dentro una llama de divinidad, y en nosotros vive un principio vivo e inmortal.
Y cuanto más brille esa llama divina dentro de nosotros, tanto más irradia nuestra vida su compasión y su amor, tanto más seremos amados por nuestros semejantes que extenderán su dedo hacia nosotros diciendo: “Por ahí va un hombre casi divino.”
Además, la cantidad de paz, de fortuna, de alegría, de salud y de bienestar que experimentamos en nuestra vida depende de la medida en la que la llama divina pueda entrar y brillar en nuestra existencia.
Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha dedicado especial atención a dos grandes fuentes de la sanación: su Creador y las plantas medicinales de la naturaleza que su Creador ha puesto ahí para proporcionar alivio al que padece.
Sin embargo, por lo menos una verdad fue olvidada, la verdad de que las plantas medicinales de la naturaleza que han sido creadas para sanar trayéndonos el consuelo, calmándonos, llevándose nuestras preocupaciones y nuestros miedos, nos acercan a divinidad a nuestro interior y, al residir ese aumento de la divinidad en nosotros nos sanan.
Es un pensamiento maravillosos, pero es la absoluta realidad el que determinadas plantas medicinales, al expandir el consuelo en nosotros, nos acercan a la divinidad. Eso se manifiesta siempre de nuevo al comprobar que los enfermos no sólo son sanados de su enfermedad, sino que con esta recuperación también recobran paz, esperanza, alegría y compasión en su vida. O, si esas cualidades ya estaban presentes, se fortalecen muchísimo más.
Por eso, durante la curación con estas plantas medicinales, en el cuerpo se observa, en pequeños pasos, que la ayuda que ellas nos proporcionan no sólo logran curar el cuerpo, sino que también aportan las características de la divinidad a nuestra vida y a nuestro carácter.
De aquí que durante este tratamiento con las plantas medicinales se puede observar lo que en nuestro cuerpo nunca ha estado en orden, ya que todo lo que buscamos son aquellas características del que padece, que se encuentran en desarmonía con la fuente de la paz en su alma.
Es por este motivo por lo que se ignoran los síntomas habituales del padecimiento, concentrándonos, exclusivamente, en otros aspectos, tales como depresión, impaciencia, preocupación, temor, incapacidad de tomar una decisión, miedo, duda, intolerancia, desprecio, etcétera. Todas estas características que no se encuentran en la calma, la seguridad y la compasión de nuestro yo interno.
Y así como todas esas características negativas desaparecen a través del tratamiento con estas plantas medicinales divinas, el cuerpo se recupera de nuevo con su desaparición, independientemente de la enfermedad de que se trate.
Parece ser así, como si en esta gigantesca civilización de hoy en día, una civilización con grandes dosis de estrés y de tensión, la perturbación interna se hubiera hecho tan fuerte que nos encontramos muy alejados de la verdadera fuente de la sanación , de nuestra divinidad. Sin embargo, nuestro Creador, que conoce todas estas cosas, tuvo compasión de nosotros y, en su eterna bondad, nos proporcionó un medio para sanar nuestras enfermedades hasta que vuelva el tiempo o sean restablecidas las circunstancias que hagan posible la restauración de los verdaderos y directos remedios curativos.
Sin embargo, estos remedios de sustitución representan una ayuda maravillosa, ya que cuando se observa la alegría, la fortuna y la bondad que se incorporan de nuevo a una vida tras otra cuando éstas han sido sanadas con plantas medicinales, se demuestra, sin lugar a dudas que no sólo al cuerpo le fue otorgada la bendición.
Además, está demostrado que la armonía fortalecida entre el yo más elevado en nuestro interior y nuestro cuerpo exterior ha proporcionado la curación.
No se hace necesario volver a repasar más detalladamente los 38 remedios curativos. Los detalles sobre estas plantas medicinales pueden extraerse del libro. Basta con decir que existe una planta medicinal para cada estado de ánimo que se encuentre en oposición con nuestro yo afortunado y alegre. Pero sí que es necesario conocer el estado anímico en el que se encuentra el paciente para poder proporcionarle el remedio o los remedios que lo ayudarán a apartarlo de sí.
No juega ningún papel relevante el hecho de que la enfermedad se mantenga durante unos minutos o muchos años, el principio es el mismo para ambos casos.
Además, deberían reflexionar una vez más acerca de lo que eso representa para nuestra vida cotidiana. Casi cada uno de nosotros posee algún rasgo del carácter que se desvía de la armonía, como, por ejemplo, a depresión, la preocupación, el temor, etc. Estas plantas medicinales apartan estos estados e impiden el desarrollo de la enfermedad no sólo prohibiéndole el acceso, sino que convierten nuestra vida en una existencia más afortunada alegre y llena de sentido.
¿Y qué arte, dentro de todas las artes nobles, es más grandiosa que la de sanar? ¿Y qué es más conveniente para la Humanidad que proporcionar alivio al que sufre y consuelo y esperanza a todos aquellos que se encuentran frente a una difícil prueba que son víctimas de la preocupación o que sufren?
Estos remedios nos otorgan a cada uno de nosotros el poder de realizar estos actos maravillosos, no a través de su propia fuerza, sino con la ayuda de la fuerza que el gran Creador ha puesto en cada una de esas plantas medicinales.
Filosofía de Edward Bach
La gran diferencia entre la medicina del Dr. Bach y el resto de
medicinas estriba en su filosofía, la cual juega un papel importantísimo. La
terapia floral pierde toda su autenticidad si se le suprime dicha filosofía. En ella,
la espiritualidad juega un importante papel en la curación de la enfermedad. Es
esa gran visión de lo espiritual lo que convierte a la terapia floral de Bach en
una medicina absolutamente holística y natural, pues abarca todos los
aspectos del ser humano de una manera absolutamente simple y de acuerdo a
las leyes de la naturaleza, sin artificios, manipulaciones ni agresiones de
ningún tipo, respetando absolutamente toda ley y todo proceso natural.
Para ilustrar un poco la filosofía de Bach, resumiré la conferencia que
dio el año 1931 en Southport ante un auditorio de médicos homeópatas.
Empezó Bach diciendo que si nuestros aspectos mental y espiritual se
encuentran en armonía, la enfermedad no existe.
Diferenció entre los remedios que resisten el mal (medicinas que
mitigan y apagan los síntomas de una enfermedad) y aquellos queb uscan el
bien (los que buscan la curación, o desaparición de las causas primeras que
producen la enfermedad). De este modo, no es la enfermedad lo que hay que
combatir, sino la causa que la produce. Se debe buscar esa causa y eliminarla.
Una vez eliminada, los síntomas o enfermedad (efectos) acaban
desapareciendo por la ausencia de causante. Explicó Bach: "…el odio puede
ser vencido por un odio mayor, pero sólo podrá ser curado por el amor…".
Según dijo Bach, la terapia floral es la continuación de las valiosas
investigaciones de Hahnemann, es decir, la homeopatía. En cuanto al origen
de la enfermedad, dijo:
"Las enfermedades orgánicas, tales como nosotros las conocemos, son
un resultado y un producto final; son la última etapa de algo mucho más
profundo. La enfermedad se origina por encima del nivel físico, más cerca
del plano mental, y es enteramente el resultado de un conflicto entre nuestro
Yo espiritual y nuestro Yo mortal. En la medida en que éstos se encuentren en
armonía, gozamos de perfecta salud, pero tan pronto como entran en discordia,
surge lo que conocemos por enfermedad.
La enfermedad es pura y exclusivamente correctiva; no es vengativa ni
cruel, sino el medio adoptado por nuestras propias Almas para señalarnos
nuestras fallas; para evitar que cometamos más errores; para encauzarnos de
vuelta por el sendero de la Verdad y la Luz, del que nunca deberíamos
habernos apartado.
La enfermedad es, en realidad para nuestro propio bien, y es
beneficiosa, aunque podamos evitarla si tenemos una buena comprensión de
ella, combinada con el deseo de hacer el bien."
Haciendo caso de estos síntomas, o indicaciones del Alma, es decir,
armonizándonos con nuestra Alma, la salud se restaura por completo. Por lo
tanto, toda enfermedad es debida a algún error psicológico que nuestra
parte espiritual quiere que enmendemos.
Después de esto, Bach dio una explicación de lo que debería ser un
hospital ideal: "…un santuario de paz, esperanza y alegría. Sin apuros; sin
ruidos; completamente desprovisto de todos esos aterradores instrumentos y
aparatos actuales; libre de olor de antisépticos y anestésicos; libre de todo
aquello que sugiera enfermedad y sufrimiento".
Añadió después:
"El médico del mañana comprenderá que él, por sí mismo, no tiene
poder para curar, pero que si dedica su vida a servir a sus hermanos, a
estudiar la naturaleza humana, y así comprender en parte su significado, a
desear de todo corazón aliviar el sufrimiento, y a renunciar a todo para ayudar
a los enfermos, entonces podrá canalizar a través de él el conocimiento que los
guíe y la fuerza curativa que alivie sus dolores. Y aún así, su poder y su
capacidad de curar estarán en proporción a la intensidad de su deseo y de su
voluntad de servir. Entonces comprenderá que la salud, al igual que la vida,
pertenece a Dios, y solamente a Dios; que él y los remedios que usa son
meros instrumentos y agentes del Plan Divino para ayudar a los que sufren a
regresar a la senda de la Ley Divina.
El médico ya no tendrá interés en la patología, o la anatomía
patológica, ya que sus estudios se centrarán en la salud. No le importará, por
ejemplo, si una deficiencia respiratoria está provocada por el bacilo de la
tuberculosis, el estreptococo o cualquier otro organismo; pero sí se preocupará
intensamente por saber si el paciente está desarrollando equivocadamente su
aspecto afectivo. Ya no se utilizarán los Rayos X para examinar una
articulación artrítica, sino que se investigará la personalidad del paciente para
descubrir la rigidez de su mente.
El pronóstico de la enfermedad ya no dependerá de signos y síntomas
físicos, sino de la habilidad del paciente para corregir sus defectos y
armonizarse con su vida espiritual…"
Así, el médico, según Bach, deberá ayudar al paciente a armonizarse
con su parte divinal. De esta manera, no se tratará la enfermedad, sino al
paciente mismo. Para esto, pueden ser de gran ayuda los remedios
descubiertos por el mismo Bach:
"La acción de estos remedios se basa en elevar nuestras vibraciones,
hacernos conocer los canales de recepción de nuestro Yo espiritual, colmar
nuestras naturalezas con las virtudes que necesitamos, y hacer desaparecer de
nosotros el defecto que nos está perjudicando…"
Más adelante expresó algunas de las principales causas de
desarmonía en el hombre: la codicia y la idolatría.
No se refiere a la codicia de bienes materiales, sino a la codicia de
poseer la voluntad de otras personas: el hecho de controlar, subyugar o influir
sobre algún ser es un hecho muy negativo, pues cada hombre debe seguir
solamente los dictados de su alma, de su Yo espiritual. Si interferimos en
esa relación, en la conducta o manera de pensar de alguien, le estamos
apartando de los dictados de su alma, estamos haciendo que se adapte a
nuestros propios dictados, y por lo tanto, estamos colaborando en la gestación
de una posible enfermedad en esa persona.
En cuanto a la idolatría se refiere al hecho contrario: dejarse llevar por
el pensamiento o la voluntad de alguien, actuar de acuerdo a cómo otra
persona querría que nosotros actuáramos. De esta manera nos apartamos de
los mensajes de nuestra divinidad, y estamos en realidad atrayendo a la
enfermedad. Debemos tener en cuenta que sólo nosotros mismos somos
responsables de nuestras acciones ante Dios, y que por lo tanto no debemos
buscar sino nuestro propio camino en la vida. También dijo Bach que para ser
realmente libres y poder desenvolvernos plenamente según nuestra propia
divinidad, debemos dejar libres a todos aquellos a quien tengamos tiranizados:
sólo obtendremos la libertad cuando no se la quitemos a nadie.
Este es, a grandes rasgos el contenido de la conferencia de Southport.
Su obra “Libérese Usted Mismo” resulta también muy interesante.
Los títulos de algunos capítulos de esta obra nos pueden servir para hacernos
una idea del contenido de la misma:
“La salud depende de la armonía con nuestras propias almas”
“Nuestras almas son perfectas por ser hijas del Creador, y todo lo que nos
indiquen que debemos hacer, es por nuestro propio bien“
“Si seguimos nuestros propios instintos, nuestros propios deseos, nuestros
propios pensamientos y nuestras propias aspiraciones, jamás conoceremos
otra cosa que la felicidad y la salud”
“Permitir que otras personas nos impidan escuchar los dictados de nuestra
alma, nos provoca falta de armonía y enfermedad. Desde el momento mismo
en que el pensamiento de otra persona entra en nuestra mente, nos desvía de
nuestro verdadero camino”
“Todo lo que tenemos que hacer es preservar nuestra personalidad, vivir
nuestra propia vida, ser capitanes de nuestro propio barco, y todo estará bien”
“Una vez que nos damos cuenta de nuestra propia Divinidad, el resto es
sencillo”
“Las hierbas curativas son aquéllas a las que les ha sido dado el poder de
ayudarnos a preservar nuestra personalidad”
“Para ganar la libertad, demos la libertad”
Hasta aquí, a grandes rasgos, la filosofía del Dr. Bach. Existen más
obras escritas por él que nos pueden dar más luz en nuestro camino interior y
en el camino de la curación. Para profundizar más en la obra de Bach, ver [6].
Conclusiones personales
Evidentemente, cuando Bach nos habla de seguir esos dictados o
impulsos, se está refiriendo a los impulsos divinos del Alma, y no a los
impulsos bajos del Yo, del Ego. Personalmente, pienso que actualmente la
dificultad de seguir los dictados del alma está en saber oírlos. Incluso así,
difícilmente podemos estar seguros de la procedencia del dictado. Existen
demasiadas cosas que se interponen entre nuestra Alma y nuestra
personalidad: en primer lugar están las interferencias externas, como decía
Bach: la tiranización de los demás hacia nosotros, que nos impiden escuchar a
nuestro Yo superior. En segundo lugar, y de forma mucho más peligrosa,
existen las innumerables interferencias interiores: nuestros defectos, nuestro
ego, nuestras preocupaciones, falsos sentimentalismos, bajas pasiones,
intelectualizaciones, mentiras, envidias, iras, miedos, perezas, orgullos, críticas,
lujurias, fantasías, proyecciones mentales, crueldades, y miles y miles de
obstáculos más.
Ahí es donde yo veo que la aplicación de las flores es útil, pues nos
ayudan a escuchar ese dictado, esa virtud que está bloqueada por un defecto
determinado. De todas maneras, han existido, afortunadamente, otros grandes
Maestros que nos han mostrado parte del camino a seguir para llegar a
fusionarnos con nuestra Alma y poder oír plena y claramente sus dictados. Es
el camino del autoconocimiento interior, que todos los grandes iniciados de
la Historia nos han indicado de forma simbólica u oculta, y que hoy en día ha
sido ya desvelado para la Humanidad a través de algunos Maestros enviados
por la Divinidad.
Cabe considerar que cuando una persona no quiere cambiar (es decir,
no se quiere curar), cuando se siente perfecta, y ni por asomo quiere oír hablar
de que tiene defectos, la terapia floral de Bach es absolutamente ineficaz.
En el otro extremo está la persona que está permanentemente
observando sus pensamientos, sentimientos y acciones, alerta a cualquier
defecto, sin autoengaños ni autojustificaciones, con el permanente afán de
descubrir sus defectos. En esa persona cuyo anhelo es el cambio radical (sin
fanatismos) que le lleve a la perfección, la terapia floral puede resultar
innecesaria, pues el efecto de las flores es substituido por ese trabajo interior
de acercamiento al Padre. Las flores, no obstante pueden ser una ayuda para
esa persona.
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