Colores

 

 
 
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La terapia del color o cromoterapia, como se la llama a menu­do, es uno de los campos más interesantes de investigación de
la terapéutica moderna. Algunos de los recientes estudiosos de es­te campo son el doctor Max Luscher, Christopher Hills, George De La Warr, Rudolph Steiner, e Isidore Friedman. Por supuesto, no se trata realmente de nada nuevo.
Los usos terapéuticos del color se han conocido durante miles de años, pero su conocimiento se limitaba por lo general a grupos esotéricos y de artistas. Algo se ha filtrado y transmitido al len­guaje corriente, y así hablamos de estar «verde» de envidia, po­nerse «morado», y otras frases similares. Le ha tocado a la cien­cia moderna proporcionar la base científica y prueba empírica de estos conceptos intuitivos.
El color es una energía con una longitud de onda y frecuencia definidas. Esta energía puede afectar el organismo humano. Mu­chas enfermedades nerviosas se han curado para siempre por un simple cambio del color del dormitorio del paciente.
Los colores pueden inducir serenidad o estimular la actividad; evocar un estado de confianza o desconfianza; estimular la activi­dad mental o causar crisis emocionales. Estos hechos se usan por los psicólogos conductistas en los diseños de color de los bancos, oficinas y fábricas.
Además de todo esto, los colores también pueden curar. El primer paso de la terapia del color consiste en hallar su color básico o resonante. Escriba en una tarjeta lo siguiente, si es posi­ble con tinta de color para cada uno:
Su nombre/rojo    Su nombre/azul
Su nombre/naranja              Su nombre/índigo
Su nombre/amarillo             Su nombre/violeta Su nombre/verde
A continuación, declare a su subconsciente que está buscando su color básico. Sostenga el péndulo sobre su nombre y cada uno de los colores, por turno. El color resonante será el que provoque la oscilación más fuerte y uniforme.
Podrá informarse de lo que significa psicológicamente o tera­péuticamente cada color en las muchas obras excelentes escritas sobre el tema, en especial The Luscher Colour Test, por el doctor Max Luscher; Colour Healig, por Mary Anderson; Nuclear Evolu­tion, Por Christopher Hills.
Después que haya averiguado cuál es su color resonante, co­
mience a usarlo en sus ropas tanto como pueda, dentro de los límites del buen gusto, evidentemente. Descubrirá que se siente más enérgico y menos propenso a contraer enfermedades. Siempre que se encuentre cansado, sostenga algunas cintas o lazos de ter­ciopelo de ese color y mírelas fijamente. Pinte su dormitorio de ese color, para que sus rayos le bañen mientras duerma.
Nuestras auras están compuestas de todos los colores del es­pectro en diferentes proporciones. El cuerpo astral mantiene un delicado equilibrio de color, y, cuando este equilibrio se altera, tenemos el principio de la enfermedad. Siempre que se sienta fati­gado o enfermo, o simplemente deprimido, es una buena idea com­probar las deficiencias de color de su aura. Escriba en una tarjeta lo siguiente:
Rojo Naranja Amarillo Verde
Azul índigo Violeta
Sostenga el péndulo por encima de cada color y pregunte: «¿Soy deficiente en rojo? ¿Soy deficiente en anaranjado?» y continúe hasta completar la lista. Si el péndulo oscila positivamente sobre alguno de los colores, haga una marca a continuación y siga pre­guntando.
Cuando termine, probablemente descubrirá que tiene una insu­ficiencia en dos o tres colores. Es lo normal. En muy pocos casos, especialmente después de una violenta crisis emocional, las perso­nas necesitan más de tres, a veces todo el espectro. Sean cuales sean, tiene que recuperarlos. Esto se logra de diversos modos. Al­gunas personas usan lámparas de colores y hacen que el paciente se siente bajo determinado color por cierto tiempo. Si usa este método puede emplear el péndulo para saber cuánto tiempo debe permanecer bajo la lámpara. Otros hacen beber al paciente vasos de agua coloreados. Para ello se coloca un filtro de color encima de un vaso lleno de agua y se le expone al sol duran­te cierto tiempo. La energía procedente del sol, al atravesar el filtro, descarga el color en el agua. Puede comprobar el tiempo necesario para ello mediante el péndulo, y también averiguar cuántos vasos de agua necesita en un momento dado.
Otro método sencillo y más fácil de absorber colores es mdiante el pensamiento. Al pensar intensamente en algo -cualquier cosa- uno empieza a resonar o a sintonizar con esto. Este méto­do ha demostrado ser el más sencillo. Puede hacerse rápidamente, en cualquier lugar donde se encuentre, y no es preciso un equipo caro. Supongamos que a usted le hace falta el color rojo. Sosten­ga el péndulo sobre su máno izquierda (si es zurdo sobre la mano derecha) y visualice el color rojo penetrando en su mano y desde ella al resto de su cuerpo. Al hacerlo, observará que el péndulo empieza a oscilar en una dirección positiva de modo muy intenso. La intensidad de la oscilación estará en proporción directa con el poder y la intensidad de su pensamiento. Si el péndulo gira débil o perezosamente quiere decir que su concentración es escasa y le llevará más tiempo realizar el proceso. Acaso necesite descan­sar e intentarlo más tarde cuando se sienta más fuerte; o inténtelo junto con otra persona. De este modo el poder de su pensamiento se combinará con el suyo propio. Si el péndulo gira intensamente, significa que el color está incorporándose a su organismo de mo­do adecuado, con poca resistencia. Siga visualizándolo hasta que el péndulo se pare y deje de oscilar. Cuando esto ocurra, quiere decir que ha absorbido la cantidad de color que su cuerpo puede admitir en ese momento. Repita el proceso con cada color en que tenga una carencia. Después podrá comprobar los resultados reali­zando nuevamente la prueba de los colores. Pregunte «¿Todavía me hace falta el color rojo? ¿El color naranja» y así sucesivamente.
Si tiene dificultades para visualizar colores mire una cinta o lazo, lo que le ayudará a hacerse una idea clara del mismo.
En el tratamiendo de toda enfermedad, el color debiera jugar un papel importante. Reforzará todo lo demás de un modo bene­ficioso.
Hablando en términos generales, los colores cálidos, como ro­jo, anaranjado, amarillo, estimulan y dan energías. Si una perso­na es letárgica o hipoactiva, necesitará normalmente una buena dosis de alguno de los colores cálidos. Los tonos fríos, como el azul, índigo y violeta, calman y tranquilizan y son un bien antído­to contra la hiperactividad. También son convenientes para bajar las inflamaciones y la fiebre.
He visto curar muchos dolores de garganta con colores fríos, y cómo se curaba una glándula próstata solamente por la terapia del color. Un amigo mío estaba en el hospital, donde le hicierovarios análisis. Los urólogos le dijeron que su próstata había aumen­tado de tamaño y obstaculizaba el flujo urinario -trastorno co­rriente en los hombres mayores-. El procedimiento corriente en tales casos es la cirugía, aunque no se considera una operación importante. Comprobamos sus carencias de color con el péndulo y descubrimos que necesitaba azul, índigo y violeta, para reducir la próstata hasta su tamaño normal. Dos veces al día, durante tres días, le transmitimos estos colores en su cama del hospital, estando nosotros en casa. Además de esto, concentró su pensa­miento en ellos todo el tiempo posible. Tres días después, el urólo­go descubrió que la próstata se había curado. Mi amigo fue dado de alta unos pocos días después.
Estos casos de curación total exclusivamente por el color son raros, pero, como hemos mencionado, es un recurso poderoso si se usa en combinación con otras terapias.