Esencias florales de Findhorn

 
 
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Elije tu esencia floral          

 

Esencias florales de Findhorn

Findhorn: Esta comunidad agrícola holística iniciada por Peter y Eileen Caddy logró el crecimiento de plantas enormes con métodos no convencionales. La fundación de la comunidad de Findhorn en Escocia en 1965 es un hito importante en el movimiento que se define como Nueva Era. De hecho, se consideró que Findhorn encarnaba sus principales ideales de transformación. La búsqueda de una conciencia universal, el ideal de la armonía con la naturaleza, la visión de un mundo transformado, y la práctica de la canalización, llegaron a ser todos ellos signos distintivos del movimiento de la Nueva Era, y se hallaban presentes en Findhorn desde su fundación. El éxito de esta comunidad la la llevó a transformarse en un modelo y una fuente de inspiración para otros grupos como Alternatives en Londres, Esalen en Big Sur, California, y el Open Center and Omega Institute en Nueva York

 

 Si curamos el estado de ánimo y no la enfermedad, estamos tratando la auténtica dimensión del hombre y estamos dando al paciente lo que realmente necesita para restablecer su salud.

Conecta con tu sabiduria interior, haz varias respiraciones lentas y profundas y por intuición o radiestesia elije una esencia floral de Bach para este momento, estudia su significado e intégralo en tu Esencia del Ser.

 

 

 

 

 

 

 

Es un método simple y natural de sanar a través de la utilización de ciertas  flores silvestres.
Los remedios, que tratan más los desórdenes de personalidad del  paciente que la condición física individual, fueron descubiertos por el Dr. Edward  Bach en los años 30.  
Tras muchos años de práctica en medicina convencional y en homeopatía,  Edward Bach llegó a tomar conciencia de que lo que caracteriza los problemas físicos de las distintas personas no es tanto los muchos tipos de enfermedad existentes, sino las condiciones psicológicas que la generan.   
Durante varios años Bach fue capaz de reconocer y encontrar un remedio apropiado en cada caso, y halló todos los remedios en flores de los campos  y en los árboles de los bosques, es decir, en el poder sanador otorgado a la  naturaleza.
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Elije tu esencia floral de Bach por la descripción emocional

Este documento ha sido creado para ayudar a difundir las enseñanzas
del doctor Edward Bach y su maravillosa medicina. Mi objetivo es dar a conocer
esta ciencia que tanto puede contribuir al bienestar físico, emocional, mental y
espiritual de todo aquél que se interese por ella.

Capítulo 2. La salud depende de que estemos en armonía con nuestra alma.
   
 Es de esencial importancia el que entendamos el verdadero significado de salud y enfermedad. La salud es nuestra herencia, nuestro derecho. Salud es la unidad completa del alma, cuerpo y   espíritu, y eso no es tan difícil de conseguir, ni tampoco es un ideal que nos quede tan lejos sino, más bien, algo que puede ser logrado sin mucho esfuerzo y de manera natural.
 Todos los objetos terrenales no son otra cosa que la interpretación de objetos espirituales. Incluso detrás del acontecimiento más insignificante se esconde una finalidad divina. Cada uno de nosotros tiene una misión divina en este mundo, y nuestras almas utilizan nuestro espíritu y nuestro cuerpo como instrumentos para poder llevar a cabo este objetivo, de tal manera que cuando estos tres aspectos funcionan en mutua armonía, la consecuencia es entonces la salud total y la felicidad absoluta.
 Una tarea divina no significa una víctima. No quiere decir que debamos retirarnos del mundo y apartar de nosotros la alegría de la belleza y la naturaleza. Todo lo contrario, significa que disfrutamos de todas estas cosas de manera todavía más amplia y plena. Señala, también que el trabajo que amamos lo hacemos con nuestro corazón y nuestra alma, indiferentemente de que se trate del trabajo de la casa, de la agricultura, pintura o escenificación, independientemente de que sirvamos a nuestros semejantes en una tienda o en el hogar. Si amamos ese trabajo sobre todo lo demás, sea lo que sea, entonces se trata del mandato concreto de nuestra alma, del trabajo que debemos desempeñar en este mundo, y es en este trabajo en el único que podremos desarrollar nuestro verdadero yo y podremos poner en práctica su mensaje de una manera material y habitual.
 Por lo tanto, a través de nuestra salud y nuestra fortuna podemos juzgar hasta qué punto interpretamos correctamente ese mensaje.
 En las personas están presentes todas las cualidades espirituales y nosotros venimos a este mundo para manifestar estas características una tras otra, para perfeccionarlas y fortalecerlas, de manera que ninguna experiencia ni dificultad puedan debilitarlas o llegue a apartarnos del cumplimiento de ese sentido de la vida. Nosotros elegimos nuestra ocupación terrenal y las condiciones de vida externa que nos brindan la mejor oportunidad para probarnos. Venimos al mundo con una completa consciencia de nuestra especial tarea. Nos sabemos nacidos con el inimaginable privilegio de que todas nuestras luchas han sido ganadas antes de que las hayamos comenzado, de que la victoria nos es cierta antes de que se haya establecido la prueba, porque sabemos que nosotros somos hijos de Dios y que, por lo tanto, somos divinos e invencibles. Con esta revelación, la vida es una pura alegría. Podemos considerar todas las duras y difíciles experiencias de la vida como una aventura, ya que no debemos hacer otra cosa que reconocer nuestro poder, defender sinceramente nuestra divinidad, y entonces las dificultades se esfumarán como la niebla ante los rayos del sol. De hecho, Dios da a sus hijos la soberanía sobre todas las cosas.
 Si sólo le prestamos atención a ellas, nuestras almas nos conducirán en cada ocasión y en cada situación difícil. Y cuando el espíritu y el cuerpo hayan sido guiados, marcharán por la vida irradiando felicidad y salud, tan libres de preocupaciones y responsabilidades como un pequeño y confiado niño. 

Capítulo 3. Nuestras almas son perfectas. Somos hijos de Dios, y todo lo que nuestra alma nos obliga                        a hacer es por nuestro bien.

 Por esta razón, la salud es el reconocimiento más cierto de lo que somos. Nosotros somos perfectos, somos los hijos de Dios. No tenemos que aspirar a lo que ya hemos alcanzado. Estamos en este mundo únicamente para manifestar la perfección en su forma material con la que estamos bendecidos desde el comienzo de los tiempos. Salud significa obedecer las órdenes de nuestra alma, ser confiados como un niño pequeño, mantener el intelecto a raya con sus argumentos lógicos (el árbol de la sabiduría de lo bueno y de lo malo), con sus pros y sus contras, con sus miedos preconcebidos. Salud significa ignorar lo convencional, las imaginaciones banales, así como las órdenes de otras personas con el fin de que podamos ir por la vida inalterados, indemnes y libres para poder así servir a nuestros semejantes.
 Podemos medir nuestra salud según nuestra felicidad, y nuestra felicidad refleja la obediencia a nuestra alma. No es necesario ser un monje o una monja, o aislarse del mundo. El mundo está ahí precisamente para que lo disfrutemos y para que le sirvamos. Y sólo sirviéndole motivados por el amor y la felicidad, podremos ser útiles de verdad y dar lo mejor de nosotros. Cuando se hace algo por obligación, quizás hasta con un sentimiento de enojo o de impaciencia, el trabajo realizado  no vale nada, siendo el despilfarro de un tiempo muy valioso que podríamos dedicar a uno de nuestros semejantes que realmente necesitase nuestra ayuda.
                                                                                                                                                                                             
 No es necesario analizar la verdad, ni justificarla o hablar demasiado sobre ella. Se la reconoce a la velocidad de un rayo. La verdad es parte de nuestro carácter. Solamente necesitamos una gran fuerza de convicción para las cosas insustanciales y complicadas de la vida que han conducido al desarrollo del intelecto. Las cosas que cuentan son las cosas simples: son aquellas en cuyo caso decimos: “¿Por qué? Es verdad. Parece que siempre lo he sabido.” Y así ocurre con la percepción de la felicidad que sentimos siempre que vivíamos en armonía con nuestro yo espiritual. Cuanto más estrecha es la relación, tanto mayor será la alegría. Piensen en lo radiante de felicidad que se encuentra una novia en la mañana del día de su boda, en el arrobamiento de una madre con su recién nacido y en el éxtasis de un artista en la culminación de su obra maestra. Ésos son los momentos en los que se extiende la unidad espiritual.
 Imagínense por un momento lo maravillosa que sería la vida si todos pudiéramos vivir con esa alegría. Y eso es posible si no perdemos la obra de nuestra vida.

Capítulo 4. Si seguimos nuestros propios instintos, nuestros deseos, nuestros pensamientos, nuestras necesidades... entonces no deberíamos conocer otra cosa más que alegría y salud.

 Escuchar la voz de nuestra alma no es ningún objetivo imposible. Siempre que estemos dispuestos a reconocerlo, resultará muy fácil. La sencillez es la palabra clave de toda creación.
 Nuestra alma (suave y delicada voz, la propia voz de Dios), nos habla a través de nuestra intuición, nuestros instintos, nuestros deseos, ideales, nuestras preferencias y desafectos habituales. De cualquier manera, es más fácil para nosotros si nosotros mismos la oímos, ¿Cómo si no podría Él hablar con nosotros? Nuestros verdaderos instintos, deseos, preferencias o aversiones nos han sido otorgados para que podamos interpretar las órdenes espirituales de nuestra alma con la ayuda de nuestra limitada percepción física, ya que a muchos de nosotros no nos es posible todavía vivir en una compenetración directa con su yo espiritual. Estas órdenes deben ser acatadas sin rechistar, porque únicamente el alma sabe qué experiencias son necesarias para el desarrollo de nuestra personalidad individual. Sea cual sea el mandamiento –se haga patente de forma trivial o cautelosa, se manifieste como un deseo por una taza de té o como la necesidad de la transformación total de nuestro estilo de vida–, debe ser obedecido de manera complaciente. El alma sabe que el estar satisfecho es el único camino para la sanación de cualquier mal que en este mundo consideramos como pecado o error, ya que mientras la globalidad se revela en contra de una cierta manera de actuar, no se subsana el error, sino que seguirá existiendo latentemente. Es mucho más fácil y rápido seguir metiendo el dedo en la mermelada hasta que uno se ponga malo y ya no le queden más ganas de probarla. Nuestras verdaderas necesidades, los deseos de nuestro verdadero  “yo”, no deben ser confundidos con los deseos y las necesidades que tan a menudo nos meten otras personas en la cabeza o con la conciencia, que, al fin y al cabo, es lo mismo pero con otras palabras. No debemos hacer caso de cómo el mundo interpreta nuestra manera de actuar. Sólo nuestra alma es responsable de nuestro bienestar, nuestra buena reputación está en Sus Manos. Debemos tener la certeza de que únicamente existe un pecado: el pecado de no obedecer las órdenes de nuestra propia divinidad. Esto es un pecado frente a Dios y a nuestros semejantes. Estos deseos, inspiraciones y necesidades no son nunca egoístas, nos afectan únicamente a nosotros, son siempre adecuados y nos aportan salud mental y corporal.                                                                                                                                         
 La enfermedad es la consecuencia de la resistencia de la personalidad frente al liderazgo del alma que se manifiesta corporalmente. La enfermedad se presenta cuando hacemos oídos sordos a la voz  “suave y delicada” y olvidamos la divinidad que hay en nosotros, o cuando intentamos imponer a otros nuestros deseos o permitimos que sus propuestas, ideas y órdenes nos influyan.
 Cuanto más nos liberamos de influencias externas, de influencias de otras personas, tanto más nuestra alma puede servirse de nosotros para realizar la obra de Dios. Sólo cuando intentamos dominar a los otros o ejercer un control sobre ellos nos convertimos en egoístas: Pero el mundo pretende hacernos creer que es egoísta aquel que sigue sus propios deseos. El motivo para ello es que el mundo nos quiere esclavizar, ya que, en realidad, solamente podemos servir al bienestar de la humanidad si realizamos nuestro verdadero  “yo” y conseguimos expresarlo sin limitaciones. Shakespeare pronunció una gran verdad cuando dijo: “Si eres sincero contigo mismo, entonces necesariamente se desprenderá de ello que no puedes ser deshonesto frente a otras personas. Esto está tan claro como que la noche sigue al día.”
 La abeja que elige una determinada flor para recoger miel es el instrumento que servirá para diseminar el polen, que es imprescindible para las jóvenes plantas de la futura vida.

Capítulo 5. Si permitimos que otros se inmiscuyan en nuestra vida, entonces ya no podremos oír las órdenes de nuestra alma conduciéndonos a la desarmonía y a la enfermedad. El momento en que el pensamiento de otra persona irrumpe en nuestro espíritu nos desvía de nuestro verdadero rumbo.
          
 Con nuestro nacimiento, Dios nos otorgó el privilegio de una individualidad única. Nos confió una tarea especial que sólo cada uno de nosotros podemos hacer. Él indicó a cada persona el camino propio que debe seguir sin que haya nada que le obstaculice. Por lo tanto, queremos estar  pendientes para no permitir ninguna intromisión por parte de otros y, lo que quizás es aún más importante, que no nos inmiscuyamos bajo ningún concepto en la vida de los otros. Ahí reside la verdadera salud, el verdadero servicio al prójimo y la realización del sentido de nuestra vida.
 En la vida de todas las personas se producen intromisiones. Forman parte del plan divino, y son necesarias para que podamos aprender cómo resistirnos a ellas. De hecho, podemos considerarlas como contrincantes verdaderamente útiles, cuya existencia está únicamente justificada por la circunstancia de que nos ayuden a hacernos más fuertes y a reconocer nuestra divinidad e invencibilidad. También debemos saber que sólo cobran importancia e impiden nuestro progreso si permitimos que nos influyan. El ritmo de nuestro progreso depende únicamente de nosotros. Es nuestra decisión si permitimos que nuestra tarea divina sea obstaculizada o si aceptamos la manifestación de la intromisión (llamada enfermedad), lo que provocaría nuestra limitación corporal y nuestro sufrimiento. La alternativa es que nosotros, que somos los hijos de Dios, nos sirvamos de esta intromisión para reafirmarnos aún más en el sentido de nuestra vida.
 Cuantos más obstáculos haya en el camino de nuestra vida, tanto más seguros podremos estar del valor de nuestra tarea. Florence Nightingale logró su objetivo a pesar de la oposición de toda una nación. Galileo creía que la Tierra era redonda, aunque todo el mundo creía lo contrario, y el pequeño patito feo se convirtió en un cisne, aunque toda su familia se había burlado de él.
 No tenemos ningún derecho a inmiscuirnos, sea de la manera que sea, en la vida de cualquier otro hijo de Dios. Únicamente nosotros tenemos el poder y la sabiduría para culminar la tarea adjudicada a cada uno de nosotros. Solamente cuando hacemos caso omiso de este hecho e intentamos imponer nuestras tareas a otros o permitimos que otros se inmiscuyan en nuestro trabajo, entonces irrumpe la desarmonía y la tensión en nuestras vidas.
 Esta desarmonía y enfermedad se manifiesta en nuestro cuerpo y sirve únicamente para reflejar el funcionamiento de nuestra alma, de la misma manera que una sonrisa ilumina nuestros rostros o la ira los endurece. Esto mismo se puede aplicar a cosas mayores. El cuerpo refleja los verdaderos motivos de la enfermedad, tales como el miedo, indecisión, dudas, etc., a través del desorden de sus sistemas y tejidos.
 Por este motivo, la enfermedad es la consecuencia de distorsiones e intromisiones al irrumpir en la vida de otro o permitir que otros lo hagan en la nuestra.
                                                                                                                                                    
Capítulo 6. Todo lo que tenemos que hacer es salvaguardar nuestra personalidad, vivir nuestra propia vida, ser el capitán de nuestro propio barco, y así todo saldrá bien.

 En nosotros existen importantes características, a través de las que nos vamos perfeccionando poco a poco, concentrándonos posiblemente en una o dos a la vez. Son aquellas características que en la vida terrenal de todos los grandes maestros que ha habido de tiempo en tiempo se han puesto de manifiesto para enseñarnos y ayudarnos a reconocer lo sencillo que es superar todas nuestras dificultades.
   Éstas son las siguientes posibilidades:   Amor.          Indulgencia.       Sabiduría.
                                                                   Simpatía.     Fuerza.               Perdón.
                                                                   Paz.             Comprensión.    Valor.
                                                                   Firmeza.      Tolerancia.        Alegría.

 Al perfeccionar en nosotros mismos estas cualidades, cada uno se hace que el mundo se aproxime un poco más a su definitiva e inimaginablemente gloriosa meta. Cuando reconocemos que no aspiramos a un beneficio egoísta o a ventajas personales, sino a que cada individuo –sea rico o pobre, sea de un elevado o bajo nivel social– tenga la misma importancia dentro del proyecto divino y cuente con los mismos poderosos privilegios para convertirse simplemente en el salvador del mundo a través del conocimiento de que es una criatura del Creador. Y al igual que existen esas cualidades, esos pasos hacia la perfección, también se dan obstáculos o impedimentos que tienen la finalidad de fortalecernos en nuestro destino y en nuestra constancia.
Las siguientes son las verdaderas causas de la enfermedad:
                                                Inhibición.           Indiferencia.                       Ignorancia.
                                                Miedo.                 Debilidad                           Impaciencia.
                                                Intranquilidad.     Duda.                                 Temor.
                                                Indecisión.           Entusiasmo exagerado.     Aflicción.

 Si permitimos el libre acceso a todos esos impedimentos, éstos se reflejarán en nuestro cuerpo, originando lo que llamamos enfermedad. Al no entender las verdaderas causas de la enfermedad, hemos atribuido esta desarmonía a influencias externas, a agentes desencadenantes de enfermedades, al frío o al calor, y a los resultados los hemos denominado artritis, cáncer, asma, etc. Se suele creer que la enfermedad tiene su origen en el cuerpo.
 Además, existen determinados grupos de individuos, cada uno con su propia función, es decir, muestran en el mundo material una determinada lección que han aprendido. Cada uno tiene en ese grupo una personalidad determinada e individual una labor precisa y una forma propia de llevarlo a cabo. Éstas son también causas de las desarmonías, que se pueden poner de manifiesto en forma de enfermedad si no permanecemos fieles a nuestra personalidad individual y a nuestra labor.
 La verdadera salud es felicidad, una felicidad que es muy fácil de conseguir porque está origina da por pequeñas cosas, como puede ser hacer aquello que hacemos con gusto como, por ejemplo pasar nuestro tiempo con aquellas personas que realmente queremos. En esas situaciones no existe tensión, ni esfuerzo, ni ambición por lo inalcanzable. La salud está ahí para nosotros, y podemos aceptarla en cualquier momento, a voluntad. Se trata de averiguar la labor para la que somos aptos y dedicarnos por entero a ella. Ay tantas personas que suprimen sus verdaderas necesidades y se convierten en personas que se desarrollan en el sitio equivocado. Como consecuencia de los deseos de su padre o de su madre, un hijo se convierte en abogado, soldado u hombre de negocios, cuando lo que en realidad quería ser era carpintero. O quizás el mundo pierda a otra Florence Nightingale por la ambición de una madre que quiere ver a su hija bien casada. Este sentido del deber es un sentimiento falso y, por eso, no brinda ningún servicio al mundo. Trae consigo desgracia, y probablemente se despilfarrará gran parte de la vida antes de que se pueda subsanar este error.
 Érase una vez un maestro que dijo: “¿No sabéis que tengo que obedecer la voluntad de mi padre?”  Lo cual significaba que debía obedecer su divinidad y no la voluntad de sus padres terrenales.
 Queremos encontrar y realizar aquella cosa de la vida que realmente nos gusta. Deseamos convertir esa cosa en una parte tan importante de nuestra vida para que se convierta en algo tan natural como nuestra respiración, de la misma manera que para una abeja el recoger miel forma parte de ella, o para un árbol el  perder sus hojas en otoño y volver a echar otras nuevas en primavera. Cuando investigamos la naturaleza, comprobamos que cada animal, cada pájaro, cada árbol y cada flor desempeña un papel determinado, ocupa un sitio propio, determinado y particular a través del cual enriquece el mundo aportando su granito de arena.
 Cada gusano que cumple con su trabajo diario contribuye al riego y la limpieza de la tierra. La tierra proporciona las sustancias alimenticias para todas las plantas. Y por otro lado, la vegetación cuida de los hombres y de cada ser vivo, haciendo crecer las plantas en la secuencia adecua da para mantener el suelo fértil. Viven para la belleza y su sentido, y su labor es tan natural para ellas como la vida misma.
 Y, cuando encontramos el trabajo para el que estamos hechos,  si forma parte de nosotros, su realización entonces resulta muy fácil y hacerlo se convierte en una alegría. Nunca nos cansaremos de hacerlo, es nuestro “hobby”. A través de ello se ponen de manifiesto todos nuestros talentos y capacidades que están a la espera de ser desvelados. Haciendo ese trabajo nos encontramos como en casa y podemos sacar lo mejor del mismo si somos felices, lo que significa obedecer las órdenes de nuestra alma.
 A lo mejor ya hemos encontrado el trabajo idóneo. ¡Qué vida más maravillosa! Algunos saben ya desde su niñez cuál será su vocación, dedicándose durante toda su vida a esta tarea. Otros, aun sabiendo desde niños lo que quieren, cambian de opinión debido a otras propuestas y a determinadas circunstancias de su vida, o bien son desilusionados por otras personas. Sin embargo, todos nosotros podemos recuperar nuestro ideal y, aun cuando no lo podamos reconocer inmediatamente, podemos ponernos en camino para aspirar a él, ya que únicamente el ponernos un objetivo nos aportará consuelo porque nuestras almas tienen paciencia con nosotros. El verdadero deseo, el verdadero motivo, es lo que cuenta, es el verdadero éxito, sea cual sea el resultado.
 Por tanto, siga las órdenes de su  “yo” espiritual.

Capítulo 7. Una vez que hayamos reconocido nuestra divinidad, se hace todo mucho más sencillo.
                     
 Al comienzo, Dios dio al hombre el dominio sobre todas las cosas. El hombre, la criatura del Creador, tiene un motivo tan profundo para su desarmonía como la ráfaga del aire que entra por una ventana abierta,  “Nuestros errores no se fundamentan en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos”, y qué agradecidos y llenos de esperanza estaremos cuando seamos capaces de reconocer que la curación también se encuentra en nosotros mismos. Cuando apartemos de nosotros la desarmonía, el miedo, el temor o la indecisión, se restablecerá la armonía entre el alma y el espíritu, y el cuerpo recuperará la perfección en todas sus partes.
 Independientemente de la enfermedad que padezcamos, sea cual sea el resultado de esa desarmonía, podemos estar seguros de que la sanación reside en el ámbito de nuestras posibilidades, ya que nuestra alma nunca exige de nosotros más de lo que podemos realizar sin esfuerzo.
 Cada uno de nosotros es un sanador, porque cada uno experimenta en su corazón amor por alguna cosa: por nuestros semejantes, por los animales, la naturaleza o la belleza en alguna de sus manifestaciones. Y cualquiera de nosotros quiere conservar ese amor y contribuir a que sea cada vez mayor. Cada uno de nosotros también siente compasión por aquellos que sufren. Esta compasión es totalmente natural porque todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos padecido. Por este motivo, no sólo nos podemos sanar a nosotros mismos, sino que también tenemos el privilegio de encontrarnos en situación de ayudar a sanar a nuestros semejantes, siendo los únicos requisitos para todo esto el amor y la compasión.
 Nosotros, como hijos del Creador, llevamos la perfección en nosotros mismos y venimos al mundo con el fin de reconocer nuestra divinidad. Por esta razón, todos los exámenes y experiencias de la vida no pueden hacer nada contra nosotros, ya que con la ayuda de este poder divino todo es posible.   
                                                                                                                                    
Capítulo 8. Las plantas medicinales son aquellas cuyo poder les ha sido otorgado para ayudarnos a conservar nuestra personalidad.

Así como Dios Misericordioso nos ha proporcionado alimento, también Él deja crecer entre las hierbas de las praderas plantas maravillosas que nos deben sanar cuando estamos enfermos. Ellas están ahí, para ofrecer al hombre una mano amiga cuando éste ha olvidado su divinidad y permite que el miedo o el dolor impida su visión.
Éstas son las plantas medicinales:
                                                                  Achicoria (Cichorium intybus).
                                                                  Mímulo (Mimulus guttatus).
                                                                  Agrimonia (Agrimonia eupatoria).
                                                                  Scleranthus (Scleranthus annuus).
                                                                  Clemátide (Clematis vitalba).
                                                                  Centaura ( Centaurium umbellatum).
                                                                  Genciana (Gentiana amarella).
                                                                  Verbena (Verbena officinalis).
                                                                  Ceratostigma (Cerastostigma willmottiana).
                                                                  Impaciencia (Impatiens glandulifera).
                                                                  Heliántemo (Helianthemun nummularium).
                                                                  Violeta de agua (Hottonia palustris).

 Cada planta medicinal se corresponde con una de las cualidades humanas, y su finalidad consiste en fortalecer esa cualidad, de tal forma que la personalidad pueda alzarse sobre los errores que representan a la correspondiente piedra que se nos cruza en el camino.
 En la siguiente tabla están representados las cualidades , los errores y el remedio correspondiente que ayuda a la personalidad a superar esos fallos.

            ERROR                                   REMEDIO                       VIRTUD
       Bloqueo emocional                       Achicoria                          Amor
       Miedo                                            Mímulo                             Compasión
       Intranquilidad                                Agrimonia                        Paz
       Indecisión                                      Scleranthus                       Estabilidad
       Indiferencia                                   Clemátide                         Benevolencia
       Debilidad                                       Centaura                           Fuerza
       Duda exagerada                             Genciana                          Entendimiento
       Entusiasmo exagerado                   Verbena                            Tolerancia
       Ignorancia                                      Ceratostigma                    Sabiduría
       Impaciencia                                    Impaciencia                     Perdón
       Temor                                             Heliántemo                      Valor
       Aflicción                                        Violeta de agua                Alegría

 Los remedios contienen una fuerza curativa concreta que no tiene nada que ver con el creer a ciegas, ni su efecto depende de aquel que la proporciona, al igual que un somnífero hace que el paciente duerma, independientemente de que lo haya proporcionado el médico o la enfermera.

 

LOS REMEDIOS FLORALES Y SUS INDICADORES.

(Publicado en Epsom*, 1933) *Este artículo apareció probablemente en The Neuropathic Journal.

 Seguramente, la fuerza curativa de estas plantas nos resulta familiar a muchos de nosotros que ya hemos empleado los siguientes remedios. Los resultados que se han alcanzado con ellos ha superado ampliamente nuestras expectativas. Cientos de esos llamados casos incurables han sanado y han recuperado la felicidad.
 Estos remedios se prescriben en función del estado anímico del paciente, ignorándose por completo la enfermedad física que padece el cuerpo.
                                       
Los doce indicadores son los siguientes:
 
    1.   Atormentado    Agrimonia                     7.   El entusiasta                        Verbena
    2.   Temor               Heliántemo                   8.   Falta de valor                       Genciana
    3.   Miedo               Mímulo                         9.   El que es pisado por todos   Centaura
    4.   Indiferencia      Clemátide                    10.   El loco                                 Cerostigma
    5.   Dolor                Impaciencia                 11.   Aflicción                             Violeta de agua
    6.   Indecisión         Scleranthus                 12.    Bloqueo                              Achicoria

 Esencialmente existen 12 tipos principales de personalidad, de las cuales cada una puede manifestarse de manera positiva o negativa.
 Estos tipos diferentes de personalidad nos indicarán el signo del Zodiaco en el que se encontraba la Luna en el momento del nacimiento. Un estudio de estos signos zodiacales nos aporta los siguientes conocimientos:

  1. Tipo de personalidad.
  2. El objetivo y la obra de su vida.
  3. El (los) remedio(s) que le apoyarán en la realización del trabajo de su vida.

 Como sanadores, nos ocupamos únicamente de las manifestaciones negativas de estos doce tipos de personalidad.
 El secreto de la vida reside en ser honrados y sinceros en relación con nuestra personalidad y en no sufrir la intromisión de influencias externas.
 Averiguamos nuestra personalidad en función de la posición de la Luna en el momento de nuestro nacimiento, pero los astrólogos le otorgan un valor exagerado a los planetas, ya que, si podemos ser fieles a nuestra personalidad y honrados frente a nosotros mismos, no tenemos que temer influencia planetaria o externa alguna. Los remedios nos apoyan a mantener nuestra personalidad.
 Sólo en los estadios más tempranos del desarrollo resultamos influenciados o dominados directamente por uno o más planetas. Si logramos desarrollar por una vez el amor y, más concretamente, el profundo amor al prójimo, entonces nos liberamos de la influencia de nuestras estrellas, perdemos los hilos del destino, convirtiéndonos en el capitán de nuestro propio barco, sea para mejor o para peor.
 Lo que Hahnemann, Culpepper y otros grandes buscadores querían encontrar es la reacción mundial, espiritual, la que muestran esos doce tipos de personalidad, así como los remedios que pertenecen a cada tipo.
 Tenemos doce remedios. Qué sencillo es entonces ordenarlos con gran exactitud y explicarles a nuestros pacientes el motivo de su desarmonía, de su discordia interior, de su enfermedad, para poder ponerlos de nuevo en armonía con lo infinito de su alma y restablecer su salud corporal e intelectual.
 La sanación se completa en siete pasos,
que se desarrollan en el siguiente orden:
 - Paz. - Esperanza. - Alegría. - Confianza. - Seguridad. - Sabiduría. - Amor.  
 
 Cuando el paciente se encuentre lleno de amor, no de amor por sí mismo, sino de amor por el universo, entonces habrá dado la espalda a lo que llamamos enfermedad.                                                                                                                                           
 Las personas clemátida son indiferentes y no poseen un interés especial en la vida: son apáticas y no se esfuerzan realmente por recuperarse de la enfermedad o por concentrarse en el trabajo  diario. A menudo les gusta dormir mucho y poseen una mirada hasta cierto punto ajena al mundo.
 Las personas agrimonia están atormentadas internamente por la preocupación y el miedo, aun cuando externamente se comportan valerosamente para ocultar su tensión. Con frecuencia beben bastante o tomen drogas para poder soportar el estrés.
 Las persona scleranthus están invadidas por la indecisión. En su vida diaria les resulta muy difícil el poder tomar una decisión y, en caso de enfermedad, no están seguras de lo que quieren, considerando que algo es correcto por un momento y al instante siguiente opinan lo contrario.
 Los ceratostigma son los locos. Deberían ser profesores inteligentes, pero parece que prestan demasiada atención a las opiniones de los otros, dejándose influenciar fácilmente por circunstancias externas.
 Impaciencia es el dolor de un tipo de personalidad que viene provocado porque un canal por el que normalmente circulan la luz y la verdad espiritual está bloqueado. En el origen de este estado se observa a menudo una cierta dosis de crueldad.
 Los centaura son los que se dejan pisar por los demás. Parece que les falta cualquier poder de individualidad o de capacidad para negarse a ser utilizados por todos. No luchan por recuperar su libertad.
 La violeta de agua es el padecimiento, concretamente la aflicción, que sufren las grandes almas, que llevan valientemente y sin rechistar la carga de este sufrimiento con valor y resignación, sin molestar a los otros con ello y sin permitir que influya en la obra de su vida.                                                                                                                                                                      
 El mímulo es el miedo total. Estas personas hacen el débil intento de enfrentarse a sus perseguidores pero parecen estar como hipnotizadas soportando su miedo con calma y sin oponer resistencia. En general, siempre encuentran alguna disculpa para su comportamiento.
 La verbena es el entusiasta. Aquí nos encontramos con aquellas que se esfuerzan demasiado por alcanzar sus ideales, hiriéndose ellas mismas en ese intento. Se trata de personas que poseen elevadas metas, pero que, en lugar de ejercitar la paciencia y la benevolencia, lo hacen con energía y prisas. Son personas que han hecho ya suficientes progresos como para poder reconocer que los grandes ideales sólo se alcanzan sin estrés y sin prisas.
 La achicoria son las personas que quieren servir y en las cuales el amor ya se encuentra bien desarrollado, permitiendo que las influencias externas impidan la evolución libre de su amor, por lo que se encuentran paralizadas tanto espiritual como físicamente.
 La genciana es el desánimo. Aquí se trata de nuevo de personas a las que les gusta hacer muchas cosas pero que, sin embargo, permiten que la duda o la depresión les influya cuando aparecen las dificultades. A menudo desean fervientemente salirse con la suya en lugar de considerar las cosa desde una perspectiva más amplia.
 El heliántemo es el temor. El temor frente a algo más grande que las cosas materiales. El temor frente a la muerte, el propio suicidio o las fuerzas sobrenaturales. Aquí se trata de personas que luchan por su propia libertad espiritual.
 
 Si ahora pensamos en las doce cualidades de Cristo que aspiramos a conseguir y que él nos quiere enseñar, encontraremos las doce grandes lecciones de la vida.

 Aunque debemos aprender todas esas lecciones, concentrémonos en una determinada. Esta lección viene fijada por la posición de la Luna en el momento de nuestro nacimiento, indicándonos cuál es la meta principal de nuestra vida.

       Remedio                  Cualidad a desarrollar                   Error

     Agrimonia                         Tranquilidad                              Atormentado
     Scleranthus                        Perseverancia                            Indecisión
     Verbena                             Tolerancia                                 El entusiasta
     Clemátide                          Bondad                                      Indiferencia
     Achicoria                           Amor                                         Estancamiento
     Genciana                           Comprensión                             Ausencia de valor
     Violeta de agua                 Alegría                                       Padecimiento
     Centaura                            Poder                                         Se deja pisar por todos
     Impaciencia                       Perdón                                       Dolor
     Cerostigma                        Sabiduría                                   El loco
     Heliántemo                        Valor                                         Temor
     Mímulo                              Compasión                                Miedo

 Frascos con estos remedios pueden obtenerse de los antiguos fabricantes de productos homeopáticos, aunque también pueden ser elaborados por uno mismo, tal y como se describe a continuación.
 Coja un delgado recipiente de cristal y llénelo de agua clara de un río o, preferentemente, de una fuente. Deposite suficientes unidades florales de la planta en cuestión hasta que la superficie del agua quede totalmente cubierta. Deje el recipiente en un lugar soleado hasta que las flores comiencen a marchitarse. A continuación extraiga cuidadosamente las flores del agua añadiendo la misma cantidad de coñac para su conservación.                                                                                                                         
 Una única gota basta para preparar una botella de 0,2 litros de agua (200 mililitros), de la cual se tomará la dosis necesaria usando como dosificador una cucharilla.
 La dosis debe ser medida teniendo en cuenta las necesidades del paciente; en casos agudos, hay que suministrarlas cada hora; en casos crónicos, tres o cuatro veces al día hasta que se observe una mejora y el paciente pueda seguir adelante sin el remedio.
 La clemátide, la alegría del caminante, decora nuestros setos allí donde el suelo es calizo. La agrimonia y la verbena las encontramos en los bordes de los caminos. La achicoria y el scleranthus en los campos de cereal. La centaura, genciana y el heliántemo en las praderas. El mímulo y la impaciencia crecen en las proximidades de Crichowell, en una cuantas millas más allá de Abergavenny, aunque también se encuentran en otros condados de Inglaterra. La cerastostigma no crece silvestre en Gran Bretaña, pero existen estas plantas en los jardines de Pleasaunce, Overstrand, Norfolk y en el Kew Gardens. La violeta de agua se encuentra en nuestros claros y maravillosos ríos.
 Queremos glorificar siempre a Dios por haber hecho crecer en las praderas todas esa plantas medicinales que posibilitan nuestra curación.
                                                                                                                                                                                                                                            

LOS DOCE GRANDES REMEDIOS Y ALGUNOS EJEMPLOS DE SU USO Y PRESCRIPCIÓN 

(Febrero 1933).

 Los doce remedios con los que he trabajado en los últimos cinco años han revelado éxitos curativos tan prodigiosos y logrado curar tantas enfermedades de las denominadas incurables, incluso en casos en los que ha fracasado el tratamiento homeopático, que me preocupa explicar su aplicación de la forma más sencilla posible, de manera que incluso un laico en la materia pueda aplicarlos. Los remedios nunca desencadenan por sí mismos reacciones fuertes, ya que jamás provocan daños, independientemente de las cantidades en que se ingieran; y tampoco se producen efectos negativos cuando se administra el remedio correcto sí se consigue un efecto curativo
Ninguna de las plantas de las que he extraído estos remedios es venenosa. Todas son benefactoras; por eso no hay que tener ningún miedo a utilizarlas.
 El principio es el siguiente: hay doce estados espirituales, y cada uno de esos estados se corresponde con una planta curativa. Da lo mismo si la enfermedad es extremadamente grave o si se trata sólo de un ligero resfriado; el hecho de que dure unas cuantas horas o muchos años no juega ningún papel. Lo único decisivo para la selección del remedio adecuado es el estado espiritual.
 Los estados espirituales y los remedios correspondientes son los siguientes:

  1. En casos de emergencia, de gran peligro, ante el terror, el miedo o las depresiones, así como en todos los casos de emergencia en que la situación parece desesperada, adminístrese heliántemo.
  2. Para el miedo que no sea tan fuerte como el terror, adminístrese mímulo.
  3. Cuando el paciente esté intranquilo, medroso y atormentado, déle agrimonia-
  4. Cuando el paciente esté indeciso, cuando nada parezca lo adecuado, cuando parece que unas veces necesita una cosa y otras la otra, déle scleranthus.
  5. Si el paciente está soñoliento, obnubilado, desganado, ausente, indiferente, y no hace ningún esfuerzo por recuperar la salud, no mostrando la menor alegría por la vida, e incluso en determinados casos anhelando la muerte, adminístrese clemátide.
  6. Para la autocompasión, cuando el paciente se siente maltratado y tiene la sensación de no merecer su padecimiento, adminístrese achicoria.                                                                                                     
  7. El paciente al que le gustaría hacer tonterías, que no tiene la suficiente confianza en sí mismo para decidirse y escucha por ello el consejo de cualquiera, que prueba cualquier tratamiento posible que le proponen, necesita ceratostigma.
  8. Aquel paciente que está desalentado, que tiene éxito pero que siempre ve únicamente el la do negativo de las cosas y está deprimido, necesita genciana.
  9. Las voluntades fuertes que son difíciles de tratar porque siempre saben todo mejor y actúan según sus propias ideas, necesitan verbena.
  10. Para dolores fuertes, para el impulso de sanar lo más deprisa posible y para la impaciencia con los congéneres, adminístrese impaciencia.
  11. A los pacientes tranquilos y valientes, que no se quejan nunca, que no quieren intranquilizar a los demás por su enfermedad e intentan recuperar la salud por sus propias fuerzas, puede ayudarles la violeta de agua.
  12. A aquellos que están débiles, pálidos y sin vigor, que se sienten totalmente agotados y cansados, puede ayudarles la centaura.

 Los remedios se dosifican de la siguiente manera: tómense dos o tres gotas de la farmacia de remedios y échense en un frasquito de boticario normal, rellénese con agua, agítese bien y adminístrese el remedio en cucharaditas de té hasta la dosis requerida. En casos muy graves, cada cuarto de hora; en casos graves, cada hora, y en casos normales, tres o cuatro veces al día. En casos de pérdida de la conciencia, pueden humedecerse los labios del paciente con el remedio.
 Si el estado del paciente mejora, con frecuencia es necesario cambiar de remedio, al igual que cambia su estado espiritual. En algunos casos pueden llegar a ser necesarias hasta media docena de diferentes plantas curativas.
 Tomemos un ejemplo:
 Un hombre de 35 años lleva cinco semanas afectado de reumatismo fuerte. Cuando lo examiné por primera vez, casi todas las articulaciones de su cuerpo estaban inflamadas e hinchadas. Sufría grandes dolores y tenía un gran miedo. El paciente estaba muy enfermo y parecía estar cercano al límite en que no podría soportar el dolor.
 En las primeras veinte horas ingirió agrimonia cada hora, hasta que se apreció una notable mejoría y desaparecieron el dolor y la inflamación en todas las articulaciones, excepto en una articulación del hombro. El paciente se tranquilizó y su preocupación fue mucho menor. Continuó tomando agrimonia seis horas más hasta que pudo conciliar el sueño durante 4 horas seguidas. Cuando despertó, los dolores habían cesado. La siguiente etapa estuvo caracterizada por el miedo, miedo de que retornase el dolor, miedo de moverse para evitar que los dolores se instalasen de nuevo en sus articulaciones. En este estadio se prescribió mímulo, y al día siguiente el paciente pudo incorporarse, vestirse y afeitarse solo. A pesar del éxito curativo, el paciente se sentía sin ánimo y derrotado. Tomó genciana, y al tercer día volvía a estar completamente recuperado, yendo al cine y a la cantina del pueblo.
 En otros casos sólo se necesita un único remedio, como en el ejemplo siguiente:
 A una joven de 18 años se le habían extirpado seis meses antes algunos quistes de gran tamaño en la glándula tiroides. Los quistes se regeneraron, y se le explicó que tenía que esperar hasta  que fueran lo suficientemente grandes para operar de nuevo. Se trataba de una mujer delicada y menuda del tipo soñador, que no se preocupaba demasiado de su estado. Le prescribí clemátide, 3 veces al día durante una semana, con lo que los quistes desaparecieron completamente, y hasta la fecha, tres meses después, no existe ningún indicio de que se hayan regenerado, no siendo necesario seguir tomando el remedio.
 Una paciente sufría reumatismo agudo desde hacía dos años. Durante ese tiempo estuvo constantemente ingresada en clínicas. Cuando la examiné por primera vez, tenía las manos rígidas y grandes dolores, los tobillos eran de un tamaño doble del normal y la paciente apenas podía andar. Además, tenía dolores en los hombros, en la nuca y en la espalda. La paciente era una mujer marcadamente afable, tranquila y valiente, que había soportado su enfermedad con una admirable paciencia y valentía. En este caso, lo más indicado era a todas luces la violeta de agua, y la paciente estuvo tomando el remedio durante 2 semanas, tiempo durante el cual pudo constatarse una lenta mejoría. Después, vino una gran fase de ligera auto–compasión, que pudo superarse utilizando achicoria. Al cabo de 4 semanas, la paciente podía andar dos millas pero se sentía cada vez más insegura, por lo que se prescribió esclerantus. Más tarde, siguió una fase de ligera impaciencia, en la que deseaba poder volver a hacer todo lo que hacía antes, por lo que resultaba indicada la impaciencia. Al cabo de 8 semanas, la paciente era capaz de andar 4 millas y utilizar normalmente sus manos. Ya no tenía dolores y, excepción hecha de una insignificante rigidez e hinchazón del tobillo derecho, se hallaba completamente curada.
 Una paciente de unos 40 años sufrió durante tres semanas dolores poco localizados en el vientre. Las glándulas situadas en la región inguinal, bajo las axilas y en la nuca, se habían hinchado rápidamente. El reconocimiento registró una fuerte hinchazón de las glándulas del vientre, y el análisis de sangre indicó una leucemia linfática aguda. Naturalmente, el pronóstico era extremadamente grave. La paciente se daba cuenta de que tenía una enfermedad maligna. Le entró el pánico y secretamente pensó que lo más sencillo sería cometer un suicidio. Estuvo tomando heliántemo unos días, lo que hizo que remitieran los dolores del vientre y la inflamación de las glándulas. Acto seguido cambió la postura vital de la paciente y la mejoría le dio nuevos ánimos. El miedo a la muerte había desaparecido, si bien secretamente temía que su estado era demasiado bueno para ser cierto, de ahí que estuviera 2 semanas tomando mímulo. Posteriormente, el estado de la paciente fue normal, y desde hace seis meses vuelve a sentirse completamente restablecida.
 Un campesino sufría parálisis cervical que hacía que llevara la cabeza siempre inclinada hacia delante. Además, tenía debilitados los músculos oculares y los de la boca. Como era un hombre marcadamente voluntarioso, continuó asistiendo a su trabajo como de costumbre, negándose durante meses a someterse a un tratamiento. La verbena produjo su total curación en aproximadamente dos semanas.
 Una paciente de unos 40 años sufrió asma en su infancia. Todos los inviernos se veía obligada a guardar cama aproximadamente 4 meses. Le habían puesto ya una cantidad increíble de inyecciones de adrenalina y se había sometido a todos los tratamientos de asma imaginables, sin conseguir una mejoría. Como muchos asmáticos, sufría la tos ferina y otras enfermedades de las vías respiratorias. Su enfermedad era un terrible tormento. La reconocí en diciembre de 1930 por primera vez, y a finales de enero de 1931 la enfermedad se había curado totalmente con ayuda de la agrimonia. El invierno de 1933 sufrió una ligera recaída, que pudo controlarse fácilmente. La paciente no tuvo que guardar cama. Desde entonces no se ha constatado ningún otro indicio de la enfermedad.
                                                                                                                                                           

LOS DOCE REMEDIOS Y CUATRO REMEDIOS MENORES

(1933)

 A todos los que están enfermos les diría lo siguiente: la enfermedad no habría podido conseguir nunca el poder que posee hoy día si el hombre no hubiera olvidado la protección natural contra la enfermedad, las plantas medicinales de las praderas. Además no hay ninguna enfermedad que pueda resistir el poder curativo de la planta adecuada si el paciente tiene el deseo sincero de sanar de nuevo. Realmente, la enfermedad no puede resistir a la planta medicinal correcta, como no puede hacerlo la oscuridad cuando las ventanas están abiertas de par en par y la luz del sol entra a raudales.
 Hemos pagado un alto precio por haber olvidado la ciencia curativa de la naturaleza, y lo hemos pagado en forma de infinidad de enfermedades que existen hoy día. Pero la naturaleza aguarda con paciencia, y lo único que necesitamos es volver a ella para encontrar el alivio a nuestros males.
 Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha sabido que las plantas de la naturaleza podían curar sus enfermedades, y a través de los siglos hemos guardado en la memoria los nombres de quienes disponían de la verdadera ciencia de la curación por las plantas.
 Hemos tenido que padecer sólo porque hemos sustituido la ciencia curativa de la naturaleza por la del hombre, y ahora debemos regresar a ella para vernos libres de nuestras pesadas tareas. En presencia del saber curativo de la naturaleza, la enfermedad no tiene poder alguno. Todo miedo, toda depresión y toda desesperanza pueden eliminarse. No existe ninguna enfermedad que no pueda curarse.
 En este capítulo se describirán las doce plantas medicinales que poseen el poder de curar toda clase de enfermedades.                             
 Como plantas curativas de la naturaleza que son, tratan nuestra naturaleza. No importa que esté enferma nuestra mano, nuestro pie, nuestra cabeza o cualquier otra parte de nuestro cuerpo, ni tampoco importa la enfermedad que padezcamos. La enfermedad sólo nos puede afectar cuando en nuestra naturaleza hay algún desarreglo. Y esa discordancia es corregida por la planta medicinal, por lo que no sólo cura nuestro cuerpo, sino que nos hace más sanos y felices en todos los sentidos y traen la alegría a nuestras vidas.
 Para encontrar las plantas medicinales que necesitamos, no tenemos que pensar ni un solo instante en la enfermedad que padecemos, ni siquiera en si es grave o leve, o si nos afecta desde hace unas horas o desde hace muchos años. Todo lo que tenemos que hacer es detectar qué es lo que no funciona en nuestra naturaleza y tomar la planta medicinal que se corresponde con ese estado de ánimo.
 Nuestros desarreglos se manifiestan en uno o varios de los doce estados de ánimo, y, de acuerdo con el estado de ánimo instantáneo, podremos elegir el remedio necesario.
 No podemos estar enfermos sin perder la armonía con nuestra auténtica naturaleza. Pero sea cual sea el estado que se oculta tras nuestro problema, sea cual sea el error que se esconde en nuestro ser, carece de importancia. Porque estos remedios nos ayudarán a corregir el error, y de esta manera no curarán sólo la causa de nuestra enfermedad, sino que también nos prestarán su ayuda para restablecer nuestra salud física y mental.
 Estos remedios hacen brotar un estado de conjunto armónico, y a menudo nos hacen recuperar la alegría vital, nos liberan de nuestras preocupaciones y nuestros miedos: un estado que nunca antes habíamos conocido.
 Como ya se han mencionado, los errores de nuestro ser se expresan mediante doce estados de ánimo diferentes, existiendo para cada uno de ellos la correspondiente planta curativa que puede restablecer nuestra salud.
 Los doce estados de ánimo son los siguientes:
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 
                          Debilidad                    Indecisión                     Desaliento
                          Desesperación          Indiferencia                   Entusiasmo
                          Miedo                      Desasosiego                  Impaciencia
                          Tormento                  Duda de sí mismo         Distanciamiento

 A continuación sigue una explicación algo más detallada de estos estados de ánimo y su relación con los nombres de los distintos remedios.

CENTAURA  - - - - - Debilidad.     (Erythraea centaurium).
 Da fuerza. La debilidad después de la enfermedad: pálido, laso, cansado, sin energías, desmadejado, extenuado. La vitalidad está agotada. Aquellos que anhelan la paz a cualquier precio. Incluso cuando están enfermos, muestran una excesiva disposición a ayudar a los demás, y en su esfuerzo se agotan y se gastan. A menudo poseen un espíritu despierto, pero el cuerpo es débil, demasiado débil para realizar grandes esfuerzos. Debido a su carácter bondadoso, son modestos, sumisos y fácilmente impresionables.

HELIANTEMO - - - - - Desesperación.     (Helianthemum vulgaris).
 Es el remedio de los casos de emergencia. En casos de emergencia y ante peligros, así como en todas las situaciones desesperadas. Siempre que en la vida acecha algún peligro. Cuando el paciente tiene miedo o es presa del pánico. En casos en los que parece no haber esperanza alguna. Cuando nuestro espíritu se ve acechado por el peligro o cuando el paciente juega con la idea del suicidio o cuando amenaza volverse loco; o en una crisis nerviosa, ante el miedo a la muerte o en caso de depresión profunda.
                                                                                                                                                   
MÍMULO - - - - - Miedo.     (Mimulus luteus).
 El medio para vencer cualquier miedo. El miedo a la enfermedad, a los accidentes o a los peligros desconocidos. El miedo a las personas, a los familiares, a los extraños, a las multitudes, al ruido, a la murmuración o a la desconfianza de los demás o a la soledad. Miedo a la humedad, al frío, al calor o a la oscuridad. Estas personas tienen miedo de que su enfermedad conlleve complicaciones o de que sea incurable.

AGRIMONIA - - - - -Tormento.     (Agrimonia eupatoria).
 Este remedio aporta alivio a todo aquel que padece tormentos físicos o espirituales. Les da paz. El remedio para los desasosegados, los cargados de preocupaciones, los medrosos y los atormentados por una inquietud interna. Para todos aquellos que no pueden encontrar la tranquilidad y la paz espiritual. Existe una pléyade de personas que padecen estos males, que a menudo ocultan su tormento interior tras una falsa sonrisa y una serenidad fingida. Con frecuencia, de puertas afuera parecen ser los hombres más felices y contentos del mundo. Muchos de ellos se refugian en el alcohol o las drogas, estimulantes que les ayudan a seguir luchando. Hacen todo lo posible por evitar cargar a los demás con problemas. Enmascaran sus problemas incluso ante una enfermedad grave. Son personas valientes, y la agrimonia les ayudará.

SCLERANTHUS - - - - -Indecisión.     (Scleranthus annuus).
 Para quienes no pueden decidir qué es lo que quieren. Primero les parece correcta una cosa y luego otra. Sus deseos y sus síntomas corporales parecen desaparecer con tanta rapidez como habían aparecido. Cuando tienen fiebre, la temperatura les fluctúa mucho. Son indecisos y no pueden adoptar decisiones rápidas o concretas, y las que se adoptan cambian a toda velocidad. Sus movimientos son inseguros e incontrolados, así como su paso. Sus estados de ánimo fluctúan desde dar saltos de júbilo hasta el desconsuelo más fatal. En la conversación, saltan rápidamente de un tema a otro.         
                                                                                                                                                                                              
CLEMÁTIDE - - - - -Indiferencia.     (Clematis vitalba).
 El remedio contra todos los estados de somnolencia, obnubilación y desgana. Cuando el paciente pierde el interés y no hace ningún esfuerzo para volver a sanar. Parece indiferente a todo lo que pasa. Ya no puede entusiasmarse por nada. Cuando se habla con estas personas, sólo escuchan a medias. A menudo son personas absortas en meditaciones, ausentes, apáticas y abismadas en sus ideas. Tal vez piensen demasiado en una persona que han perdido o sueñan con objetivos que, sin embargo, no llegan a realizar. Parecen contentos, pero no despiertos del todo, y viven felices en sus sueños e ideales. En general, son tranquilos y delicados, pero en su vida no pueden encontrar suficiente alegría. No viven en el presente. Se desmayan con frecuencia y, cuando están inconscientes, es suficiente con humedecerles los labios con el remedio.

ACHICORIA - - - - -Desasosiego.     (Cichorium intybus).
 Cuando estas personas están enfermas, se preocupan mucho por los demás, por sus hijos, amigos y familiares. Se preocupan de si los demás tienen demasiado calor, demasiado frío, de si los demás no son felices y no disfrutan la vida. Son exagerados en sus esfuerzos por satisfacer a los demás. Les preguntan por sus deseos y necesidades. Este estado inhibe la paz interna del paciente y le pone constantemente en tensión. A veces, los pacientes se compadecen de sí mismos. Tienen la sensación de no haberse ganado su enfermedad. Se sienten desatendidos y víctimas del abuso de los demás. Con frecuencia, tienen un buen semblante, aunque estén enfermos. Pertenecen a la clase de personas cuya apariencia externa sana impide que se les tenga compasión.
                                                                                                                                              
CERATOSTIGMA - - - - -Duda de sí mismo.     (Ceratostigma willmottiana).
 El remedio para quienes se dejan influir con mucha facilidad. Para los que no tienen confianza en sí mismos y se confían demasiado al consejo ajeno. Escuchan primero un consejo y acto seguido prestan oídos al siguiente. La consecuencia de la falta de auto estima es que admiran demasiado a quienes defienden opiniones fijas, y confían demasiado en él. Esto les lleva a meterse con facilidad en dificultades. Cuando están enfermos, se encuentran bastantes seguros de que un tratamiento les va a ayudar, hasta que tienen noticias de otro distinto. Se someten a un tratamiento tras otro, dependiendo de quién les haya dado el último consejo. Hacen casi todo, sin pensar que sea bueno o malo par ellos, sólo con que el argumento sea un poco convincente. No confían en su propia capacidad de juicio. En vez de seguir sus propios deseos y necesidades, la mayoría de las veces se orientan por lo que otros piensan o por lo que otros les han aconsejado. Las ideas y opiniones de los demás son para ellos exageradamente importantes, lo que les hurta su propia personalidad. Siempre encuentran algún tipo de excusa para todo lo que hacen.

GENCIANA  - - - - -Desaliento.     (Gentiana amarella).
 El remedio para quienes están vacilantes o desalentados. Ven siempre el lado negro de la vida y son pesimistas en la re convalecencia, cuando creen que su enfermedad se ha estacionado. Son personas con éxito, pero tienden al desaliento y dudan de sus progresos. Este remedio ayuda a quienes tienen la sensación de que las dificultades que se les avecinan son insuperables, y pierden temporalmente el valor. En ese estado, lo único que necesitan es un poco de aliento, y este remedio puede ofrecérselo, ayudándoles a estar mejor.  

VERBENA - - -  - -Entusiasmo.     (Verbena officinalis).
 El remedio para los fuertes de voluntad. Para quienes son fuertes de espíritu y tienden a agotarse tanto física como espiritualmente. Se niegan a encajar una derrota, y siguen luchando cuando los demás hace ya tiempo que han abandonado. Siguen su propio camino. Tienen ideas fijas, y están muy seguros de saber qué es lo que está bien. Pueden negarse casi como posesos a seguir un tratamiento hasta que su estado les obligue a ello. Se dejan arrastrar por su entusiasmo, causándose a sí mismos un gran estrés. Tienden en todos los terrenos a la seriedad exagerada y a la tensión. Para ellos, la vida es un asunto penoso. Tienen sus propias opiniones fijas, y a veces pueden convencer a otros de su punto de vista, no estando abiertos a las opiniones de los demás.                                                                                                                                                    
Les disgusta tener que escuchar el consejo de los demás. Con mucha frecuencia, tienen grandes ideales y metas para el bien de la humanidad.

IMPACIENCIA - - - - -Impaciencia.     (Impatiens royalei).
 El remedio para todos los casos en que está presente la impaciencia. La impaciencia consigo mismo, el deseo de precipitar las cosas, de arreglarlas con rapidez, de hacer todo a la vez y volver a estar de nuevo arriba. La impaciencia con los demás, la irritabilidad por las pequeñeces. A estas personas les resulta difícil refrenar su temperamento. No saben esperar. Este estado de ánimo se haya muy extendido, y a menudo es un buen síntoma durante la convalecencia. La tranquilidad que aporta este remedio acelera el proceso de curación. En caso de dolores fuertes, es frecuente que se presente una gran impaciencia, por lo que el remedio ‘impaciencia’ es de gran valor en estos casos, en que se trata de aliviar los dolores y tranquilizar al paciente.

VIOLETA DE AGUA - - - - -Distanciamiento.     (Hottonia palustris).
 A menudo, estas personas poseen una gran belleza física y espiritual. Son afables, tranquilos y muy cultivados; controlan con maestría su destino y viven con serena resolución y seguridad. Les gusta estar solos. Cuando están enfermos son un poco orgullosos y distantes, lo que repercute sobre ellos mismos. Incluso en este caso son muy valientes e intentan luchar por salir adelante por sí solos, de conseguirlo sin ayuda de nadie, y no tratan de atemorizar o suponer una carga para los demás. De hecho, son almas valientes que parecen conocer cuál es su misión en la vida y que la cumplen con serena y decidida voluntad. No es frecuente que establezcan fuertes vínculos ni siquiera con las personas más cercanas. Los infortunios y la enfermedad la sopor tan con tranquilidad y valentía, sin quejarse.

 

LA HISTORIA DEL CAMINANTE. UNA ALEGORÍA DE LOS REMEDIOS

(1934).

 Érase una vez hace ya mucho tiempo que dieciséis caminantes se dispusieron a hacer un viaje a través del bosque.
 Al principio iba todo bien, pero después de que hubieran recorrido un buen trayecto comenzó uno de ellos, la agrimonia, a preocuparse de si habían escogido el camino correcto o no. Más tarde, después de comer, cuando iba oscureciendo cada vez más, el mímulo tuvo miedo de que hubieran perdido el camino. Cuando se puso el sol y la oscuridad era cada vez mayor, comenzando ya a oírse los ruidos nocturnos del bosque, tuvo el heliántemo miedo y fue presa del pánico. En medio de la noche, cuando todo se había vuelto totalmente oscuro, la aulaga perdió todas sus esperanzas y dijo: “No puedo seguir. Continuad vosotros, yo prefiero quedarme aquí, donde estoy hasta que la muerte me libere de mi padecimiento.”
 Por otra parte, el roble, aun habiendo perdido todas las esperanzas y creyendo no volver a ver más la luz del sol, manifestó: “Lucharé hasta el último momento”, y continuó luchando denodadamente.
 El scleranthus poseía todavía una ligera esperanza pero, a veces, era presa de una inseguridad e indecisión tan grande que en un momento quería tomar un camino y, al mismo tiempo también deseaba tomar otro diferente. La clemátide común caminaba despacio y pacientemente, sin preocuparse demasiado sobre si caería en el sueño eterno o lograría salir del bosque. A veces, la genciana animaba un poco a los otros pero, en otras ocasiones, volvía a ser presa de la desesperación y de la depresión.
 Los otros caminantes no tuvieron jamás miedo de no lograrlo y quisieron ayudar a su manera a sus acompañantes.
 El brezo estaba totalmente seguro de conocer el camino y quiso que todos los demás le siguieran a él. A la achicoria no le preocupaba el final que pudiera tener esa excursión, pero sí el estado en que se encontraban sus acompañantes: si les dolían los pies, si estaban cansados o si tenían comida suficiente. La ceratostigma no tenía especialmente una gran confianza en su capacidad de enjuiciamiento y quería probar cada camino para poder estar segura de no ir en la dirección falsa. La humilde y pequeña centaura quería aligerar tanto la carga que estaba dispuesta a llevar el equipaje de los otros. Desgraciadamente, y por regla general, se suele llevar la carga de aquellos que se encuentran en la mejor situación para llevarla ellos mismos, ya que éstos son siempre los que más se quejan.
El agua de roca estaba totalmente entusiasmada por ayudar, pero deprimía un poco al grupo porque criticaba todo lo que ellos hacían mal y conocían el camino. La verbena también conocía el camino muy bien, aunque estaba un poco confusa y se explayó en detalles acerca de cuál era el único camino correcto que conducía fuera del bosque. También la impaciencia conocía muy bien el camino de regreso a casa, lo conocía tan bien que era muy impaciente con aquellos que caminaban más despacio que ella. La violeta de agua ya había recorrido el trayecto una vez y conocía el camino correcto, adoptando una actitud orgullosa y altanera porque los otros no lo conocían. Para ella, los otros eran inferiores.
 Finalmente, todos lograron salir ilesos del bosque. Ahora viven como guían para todos aquellos caminantes que nunca han hecho ese viaje y, como conocen la oscuridad y el camino a través del bosque, acompañan a los caminantes en calidad de  “valientes caballeros”. Cada uno de los 16 acompañantes aporta los ejemplos necesarios enseñando, al mismo tiempo y a su manera, la lección correspondiente que de ello se deriva. 
 La agrimonia camina totalmente despreocupada y hace chistes sobre cualquier cosa. El mímulo jaspeado ya no conoce el miedo. El heliántemo común mismo es un ejemplo de serenidad en la más plena oscuridad. La aulaga relata a los caminantes durante la noche los progresos que harán cuando el sol se levante de nuevo la mañana siguiente.                                                                                         
 El roble permanece inamovible en medio de la tormenta más fuerte. Los ojos de la clemátide están radiantes de alegría al acercarse el final del viaje. Ya no hay dificultad o revés que pueda desanimar a la genciana.
 El brezo ha comprobado que cada caminante debe recorrer su propio camino y marchar tranquilamente por delante para mostrar que eso es posible. La achicoria, que siempre ha esperado poder tender una mano a aquel que lo necesita, lo hace ahora sólo cuando se lo piden y de forma sosegada. La ceratostigma conoce perfectamente los estrechos senderos que no conducen a ninguna parte, y la centaura menor sigue buscando al más débil, que lleva la carga más pesada.
 El agua de roca ha olvidado hacer reproches a los demás y ahora ocupa todo su tiempo en darles ánimos. La verbena ya no echa sermones, sino que indica tranquilamente el camino. La impaciencia ya no conoce la prisa, sino que camina lentamente tras el último para mantener con él el ritmo. Y la violeta de agua, más ángel que persona, roza como un cálido soplo de viento o un fabuloso rayo de sol a todo el grupo, bendiciendo a cada uno de ellos.

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