Vitaminas Estudio sobre las vitaminas

 

 
 
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VITAMINAS

Hace unos cinco años, atravesaba un mal momento debido a la enfermedad y la muerte de un familiar cercano. La enfermedad había durado dos años y, al terminar, yo mismo caí enfermo. Mi médico de cabecera me hizo todo tipo de análisis, y después de analizar la sangre, me dijo que padecía mononucleosis y que tenía que pasar de seis a ocho semanas en el hospital.
Después de haber estado dos años entrando y saliendo de va­rios hospitales, no tenía ningún deseo de volver, ni siquiera de verlos otra vez. Casi prefería correr el riesgo y permanecer en casa, aunque supusiera retrasar mi recuperación.
Al contarle mi problema a un amigo, me presentó a un exper­to en el manejo del péndulo. Me habló por teléfono y me dijo que yo tenía un serio problema de falta de vitaminas. Sugirió una larga lista de vitaminas que debía tomar y hasta me indicó la can­tidad y frecuencia necesarias. Seguí sus consejos y tres días más tarde había recobrado mi energía. Al ir a ver a mi médico, me ordenó otro análisis de sangre. Dos días más tarde, al estudiarlo, dijo -sorprendido- que todos los rastros de la enfermedad ha­bían desaparecido por completo y que estaba completamente cura­do. No comprendía por qué, pero afirmó que podía volver a lle­var una vida normal.

Esta fue mi introducción a los efectos beneficiosos de las vitaminas. Desde entonces las tomo periódicamente y no he tenido ningún problema grave de salud. Siempre he tenido una inclina ción a sufrir resfriados y dolores de garganta, que han disminuido drásticamente tanto en gravedad como en frecuencia. Conozco a muchas otras personas a las que ha sucedido algo parecido.
Uno de los problemas con las vitaminas es saber la clase exac­ta y cantidad necesarias, así como la frecuencia. Puesto que cada persona está en continuo cambio, también cambian las presiones que sufre y sus niveles de energía; los delicados equilibrios quími­cos dentro del organismo están transformándose continuamente, de lo que se deduce que sus necesidades vitamínicas también cam­biarán. No es posible controlar estos cambios por lo que diga un libro que sólo menciona las dosis recomendadas estándar.
Tampoco se deje engañar por las dosis «mínimas diarias re­queridas» que publica el gobierno. Los análisis radiestésicos han demostrado que son lamentablemente insuficientes para muchas personas.
Si se siente usted bien, siga estándolo comprobando cada se­mana o cada mes sus necesidades vitamínicas. Escriba una lista de las principales, como las Vitaminas A, C, D, E y las varieda­des de vitamina B, así como de los principales minerales y enzimas.
Basta con preguntar al péndulo si necesita una determinada vitamina, y luego cuál es la dosis necesaria. Por ejemplo, si el péndulo indica que necesita vitamina E, pregunte: «¿Debo tomar 100 Unidades Internacionales al día?» Si necesita usted más, el péndulo oscilará positivamente; si necesita menos, lo hará en sen­tido negativo. Esa es su dosis. El proceso es casi como leer un contador eléctrico. El péndulo oscilará en una dirección hasta iden­tificar la dosificación adecuada.
Muchos fabricantes de vitaminas ofrecen fórmulas combinadas o cápsulas multivitamínicas. Algunas son buenas y otras no. Si no le apetece tomar demasiadas pastillas, sino una cápsula que contenga todas las necesarias, compruebe la fórmula con el péndulo.
Cuando sepa la dosificación, o la cantidad de una determinada vitamina que necesita al día, puede preguntar si debe tomarla una vez al día, dos o tres veces. Haga una sola pregunta por vez, de modo que admita una respuesta del tipo sí o no. Por un proce­so de eliminación, llegará a dar con la respuesta.
Muy frecuentemente, cuando una persona está enferma, el pén­dulo indica dosis muy altas de vitaminas. No se alarme por ello, pues es lo normal. En algunos casos, el péndulo ha indicado de 12.000 a 30.000 U.I. de vitamina E al día y de 10.000 a 15.000 mg. de Vitamina C. Obviamente, el cuerpo necesita unas cantida­des tremendas de ciertas sustancias para llevar a cabo el proceso de curación y también para contrarrestar los efectos de la conta­minación en nuestros cuerpos.
Lo importante es desarrollar la necesaria destreza y aptitud con el péndulo para poder confiar en él implícitamente. Si tiene dudas en una cuestión de salud sobre sus lecturas, conviene que consulte con otra persona también experta en el uso del péndulo, que comprobará sus resultados de manera objetiva.