
RADIESTESIA Y ÉTICA
El camino de la Radiestesia es arduo como un calvario, lleno de trampas y sin
sabores, donde incluso los más aguerridos e intrépidos tienen posibilidades de
perderse; pero si perseveramos, lograremos éxitos íntimos tan profundos, que
ni las campanas de Jericó serian capaces de derrumbar todos los baluartes
conquistados.
Podemos asegurar, que buscar una vena de agua subterránea cómodamente
sentados en el sillón más confortable de nuestro hogar, es un acto sutil de
simplicidad profunda y naturalidad extrema.
Cuando con el péndulo en nuestra mano, buscamos aguas subterráneas en el
plano de un terreno, antes de formular la pregunta, una parte de nosotros ya
sabe donde se encuentra la respuesta (la conciencia), la otra no. (la razón)
¿Cómo puedo saber donde está el agua, si nunca he estado en la finca?
Esa es una muy buena pregunta y aunque no nos lo creamos, tiene una buena
respuesta: Todo está en todas partes, donde todo fue, todo es y lo que siempre
ha sido, siempre será. “El que tenga oídos para entender, que entienda”.
Somos redescubridores de verdades olvidadas. Desde Pitágoras:
¿Verdaderamente hemos avanzado en la construcción de un círculo?
Pobre Galileo Galilei, cuanto tuvo que sufrir, (EPUR SI MUOVE) por defender
las teorías de Copérnico, no obstante, la tierra sigue girando alrededor del Sol.
El Inspirado Leonardo da Vinci, descendió en paracaídas y se dio una vuelta
por la ciudad de Florencia en autogiro, para mas tarde, redescubrir las leyes de
la aerodinámica.
Que diremos de Isaac Newton, verdadero iluminado de la física, sin él, los
planetas hubieran caído por falta de gravedad, perdiéndose en lo insondable
del espacio. “Y todo se evitó, gracias a una hermosa manzana”.
El hombre fue a la luna; dio la vuelta al mundo, descendió al fondo de los
mares, en la mente intrépida y preclara del clarividente Julio Verne.
Tampoco debemos olvidar a Thomas Alba Edison, sin su maravilloso sueño
premonitorio, aún seguiríamos leyendo con velas...
“Toda estaba en otros mundos, en otras dimensiones y a la vez
dentro de ellos mismos. Solo fue cuestión de recordarlo”
Existen otras dimensiones, pero no están tan lejos como nos podamos llegar a
imaginar. Todo está dentro de nosotros mismos; tanto las preguntas, como las
respuestas: El secreto está en la quietud mental; más allá del pensamiento,
existe el silencio, que en el fondo no es más que la verdadera forma de pensar.
La radiestesia requiere una disciplina férrea y una conducta ética correcta. La
espantosa superficialidad mecanicista no puede, ni debe trabajar con péndulos
ni varillas. La conciencia serena, en la quietud y el silencio mental, si puede...
Os habéis preguntado alguna vez: ¿Para que sirve el subconsciente?
¿Por que algunas personas tienen tanta facilidad para aprender a buscar aguas
subterráneas, convirtiéndose en expertos en apenas unas semanas, mientras
otros sufren lo indecible para apenas progresar?
El Hombre busca la llave del conocimiento viajando por diferentes paisajes de
la existencia, escudriñando los diferentes sectores de la sociedad, en busca de
algo que no va encontrar fuera de si mismo. Las estrellas siguen ahí y siempre
seguirán, sin importarles la latitud del viajero buscador.
Podemos recorrer el oriente y el occidente, pero os puedo asegurar, que sólo
conseguiremos llenar la mente de recuerdos, que no son más que un nuevo
lastre que arrastrar en el peregrinar de la vida, hacia un conocimiento oculto
que se nos escapa de las manos, como el agua de entre los dedos.
“La radiestesia no es un camino espiritual de auto-realización,
pero si un atajo a utilizar en determinadas ocasiones”
Es indiscutible, que para practicar el arte-ciencia radiestésico no necesitamos
elucubrar complicadas teorías, ni tampoco comprender los mecanismos ocultos
que rigen su funcionamiento, pero ello no significa, que no debamos entender
en forma clara, sencilla y práctica, en que contexto opera y como la podemos
utilizar.
Todas las posibles explicaciones sobre el prodigio radiestésico, empiezan por
darnos cuenta, que no estamos gestionando algo abstracto, indeterminado, ni
insustancial, si no la realidad hermética y desconocida de nosotros mismos.
Como usualmente sucede con todas las técnicas que están relacionadas con
un trabajo espiritual, lo realmente importante es: El conocimiento interior de
nosotros mismos.
La radiestesia sólo nos funcionará de forma psíquicamente correcta, cuando
logremos alcanzar el estado de conciencia adecuado para ponerla en práctica.
La naturaleza, calidad y fiabilidad de nuestro trabajo radiestésico, irán siempre
íntimamente relacionados, con nuestro trabajo personal y desarrollo espiritual.
Están de forma inequívoca, indisolublemente unidos...
El radiestesista debe mantener una elevada espiritualidad y un estricto
sentido ético de lo correcto en la aplicación de su labor, dada la inmensa
responsabilidad moral que radiestésicamente tiene en la toma final de
decisiones y en sus posibles consecuencias kármicas.
Es por ello que no existen criterios fijos, ni pautas mecánicas en la práctica
radiestésica. Cada mortal tiene su propia sensibilidad y apreciación última de la
”realidad”. Lo que ahora funciona correctamente para ti o para mí, no tiene
porque ser así para otras personas, ni incluso nos llegará a funcionar igual
dentro de unos meses y no digamos en unos cuantos años. Todos cambiamos,
nos transformamos, evolucionamos hacia la perfección o bien involucionamos
hacia la mediocridad.
Todo a nuestro alrededor se mueve, vibra y palpita. En el universo no hay nada
estático, todo fluye y refluye, permaneciendo en constante movimiento, en un
infinito y eterno mar, de inexploradas vibraciones cosmo-telúricas.
Así pues, hemos de adaptarnos, y crecer conscientemente en el desarrollo de
nuestras percepciones, al unísono con los cambios y transformaciones en
nosotros mismos, y en el vertiginoso mundo que nos rodea.
“Lo exterior conocido, sólo es un fiel reflejo de lo interior oculto”
No debemos olvidar en ningún caso, que los péndulos y las varillas no tienen
vida propia, son simples amplificadores de nuestros imperceptibles reflejos
neuromusculares. Esta es la realidad fisiológica más evidente en radiestesia.
Pero es el propio radiestesista, con su convención mental previa, quien activa
los mecanismos decodificadores de la respuesta, que súbitamente brota de
del subconsciente.
No debemos pretender teorizar y especular sobre cuales son las causas
ocultas y profundas del funcionalismo radiestésico. Más allá de estas fronteras
inhóspitas, no lograremos avanzar; complicándonos la vida inexorablemente,
dado el profundo desconocimiento que tenemos de las leyes que rigen nuestro
insondable universo interior.
“Las verdaderas claves de la verdad radiestésica,
residen en el interior de nosotros mismos”
Algunas preguntas sin respuesta: ¿Cómo consigue el radiestesista captar la
información? ¿Cuales son los mecanismos cognoscitivos que se activan?
“La información no viene de ninguna parte, no va a ningún sitio. La
información siempre está, siempre es; siempre ha sido y siempre será”
Como en toda vivencia genuina y profunda del camino del conocimiento, ni la
persona se transporta mentalmente hasta el supuesto lugar dónde se sospecha
se halla la anhelada información, ni ésta viene de dónde quiera que sea, hasta
la mente del radiestesista, aunque a uno mismo, seguramente le pudiera
parecer todo lo contrario. La información, el conocimiento buscado, siempre ha
estado dentro de nosotros mismos.
Solo a través de un determinado estado de receptividad cognoscitiva, se puede
acceder a la respuesta. Es la voluntad basada en la intención consciente y el
estado mental del radiestesista-receptor, lo que permite develar la información.
La respuesta siempre es consustancial, con el espacio-tiempo de la psiquis del
prospector. ¡La eternidad también se reside dentro de nosotros..!
“El tiempo y el espacio, se reúnen en el aquí y el ahora, dentro
de la conciencia-eternidad del radiestesista-prospector”
Fisiología oculta del incomprendido cerebro.
Hay una función electro-fisiológica cerebral muy importante en la comprensión
de la voluntad cognoscitiva del radiestesista.
Ritmo gamma: 21 a 60 Hz.
En estados de alerta y tensión, agresividad y estrés, podemos llegar hasta los
60 ciclos por segundo.
Ritmo beta: 14 a 21 Hz.
El estado normal de atención, actividad y vigilia, se mueve entre los 14 a los 21
ciclos.
Estado alfa: 7 a 14 Hz.
Reduciendo la frecuencia nos acercamos a la relajación profunda, la
ensoñación, la meditación, la regresión hipnótica, llegando a alcanzar de 7 a 14
ciclos por segundo.
Estado zeta: 3.6 a 7 Hz.
Hipnosis clínica, reelaboración de experiencias psíquicas, meditación profunda.
Estado delta: 0.5 a 3.6 Hz.
Finalmente el estado de sueño profundo, la regeneración corporal y el
descanso muscular, necesarios para recargar el cuerpo mientras dormimos
durante la noche.
El estado receptivo que propicia la manifestación radiestésica, es aquel que
conjuga una intensa claridad psíquica, con una profunda relajación mental:

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