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El esqueleto

 

Todas las partes del cuerpo humano son importantes para el individuo, pero la espalda ha llegado a configurarse como eje principal en la anatomía humana, sobre todo para las personas que practican actividad física o deporte.
Así, básicamente, esta parte del cuerpo tiene una gran funcionalidad para la vida cotidiana o deportiva y sirve para:

  • Sostener el cuerpo y permitir su movimiento.
  • Contribuir a mantener estable el centro de gravedad, tanto en reposo como, sobre todo, en movimiento.
  • Proteger la médula espinal en una envuelta de hueso.

Para poder sostener el peso del cuerpo, la espalda tiene que ser sólida. Está compuesta por huesos muy resistentes y músculos fuertes.
Para permitir el movimiento, la columna vertebral tiene que ser semiflexible, teniendo una serie de articulaciones anfiartrósicas. Por eso no está compuesta por un gran hueso, sino por 33 vértebras (aproximadamente) separadas, dispuestas una encima de otra y tienen entre si un cartílago intrarticular con movimiento limitado y sostenidas por un sistema de músculos y ligamentos.
Para contribuir a mantener estable el centro de gravedad, la contracción de la potente musculatura de la espalda actúa como un contrapeso que compensa los movimientos del resto el cuerpo.
Y, además, para proteger la médula espinal, las vértebras tienen una forma especial; un foramen o hueco en su centro por el que discurre la médula.
De forma general, podemos indicar que el esqueleto humano tiene entre 206 – 210 huesos, esta diferencia estriba en la zona distal de la columna (sacrocoxígea).
El esqueleto es el armazón de nuestro cuerpo, es el soporte para la inserción de músculos y tendones. También es el protector de los órganos más importantes.
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Atendiendo a su localización, distinguimos:

  • Esqueleto Axial: forma el eje corporal (80 huesos: cabeza – columna – tórax).
  • Esqueleto Apendicular: formado por los apéndices que salen del eje corporal (126 huesos pares).

En el esqueleto Axial se encuentra la columna vertebral, raquis o espina dorsal, y es un conjunto de huesos colocados en serie, muy parecidos entre sí, y distintos a los del resto del cuerpo. Como ya hemos dicho anteriormente cumplen la función de soporte al tronco y la cabeza, y de proteger a la médula espinal.
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RAQUIS
Estos huesos, llamados vértebras, tienen gran capacidad de movimiento en su conjunto, ya sea en su región cervical, dorsal y lumbar:

  • CERVICAL. Forma el cuello. La mayor movilidad de la columna. 7 vértebras.
  • DORSAL: de la 8ª a la 19ª vértebra.
  • LUMBAR: de la 20ª a la 24ª vértebra.

Las 7 cervicales, 12 dorsales y 5 lumbares están separadas por los 23 discos intervertebrales correspondientes. Las 5 sacras están fusionadas, al igual que las 4 coccígeas, formando los huesos sacro y cóccix.


Existen dos vértebras especialmente importantes, ya que son las que posibilitan el movimiento y giro de la cabeza con respecto al resto del cuerpo, y son:
Atlas (C1): es un anillo óseo sin apófisis. Es la primera vértebra, se articula con el cráneo a través del foramen mágnum.

Axis (C2): se articula y conecta con el atlas a través de una protuberancia llamada diente del axis.

La columna tiene una curvatura en su lado lateral, y otras curvaturas en el plano anteroposterior.

RAQUIS
La superior, en la zona cervical, y la inferior, en la lumbar, son cóncavas hacia atrás y se llaman lordosis -cervical y lumbar respectivamente-. La curva media es cóncava hacia adelante y se llama cifosis dorsal.
Esta disposición permite que la columna sea muy resistente a la carga aplicada en dirección vertical, puesto que sus curvaturas le dan flexibilidad. Si la carga es muy importante, las curvaturas pueden aumentar transitoriamente, amortiguando la presión que sufren las vértebras. Por eso, en algunos países era tradicional transportar la carga sobre la cabeza. Además, al hacerlo así se mantenía el centro de gravedad en el eje de la columna, por lo que la musculatura de la espalda apenas tenía que trabajar.
Cada vértebra se articula con la inferior por delante (mediante el disco intervertebral) y por detrás (a través de la articulación facetaria). Del mismo modo, el disco amortigua la presión entre los cuerpos vertebrales y en la articulación facetaria se encuentra un cartílago con la misma misión. En el cartílago no hay nervios, esto explica que cierto grado de desgaste del cartílago pueda ser indoloro, mientras no llegue a afectar al hueso que hay por debajo. Si esto ocurre, se activan los nervios y entonces sí se siente dolor.

En una visión lateral, se puede observar que al ubicarse una vértebra sobre la otra forman un agujero, o agujero de conjunción, por el que pasan las raíces nerviosas que nacen de la médula espinal.
Entre las vértebras que no están unidas o soldadas existe un amortiguador, llamado disco intervertebral. Está compuesto por dos partes: la parte central de consistencia gelatinosa que se denomina núcleo pulposo, y una envuelta fibrosa que lo mantiene en su lugar y se denomina anillo o envuelta fibrosa.
El anillo fibroso es más grueso en la porción anterior del disco, por lo que la pared posterior es más frágil. Ese es el motivo por el que la mayoría de las veces en las que el anillo se rompe, causando una hernia discal, lo hace por detrás.

La presión en el núcleo pulposo es de 5 a 15 veces superior a la presión arterial, por lo que no puede llegar sangre a él. Por esta razón, tampoco hay nervios en el núcleo pulposo; sólo los hay en las capas más externas de la envuelta fibrosa. Eso explica que la degeneración del disco pueda ser indolora mientras no afecte a la capa más externa de la envuelta fibrosa; aunque el tejido se desgaste no hay nervios que puedan percibir y transmitir el dolor.

Vértebras, discos intervertebrales (el superior con una lesión) y nervios
A lo largo del tiempo, con el paso de éste, las cargas que soporta el disco intervertebral hacen que el núcleo pulposo se vaya desgastando; esto le hace perder altura. Ese proceso, conocido como artrosis vertebral, no se puede considerar como una enfermedad en sí misma, sino que la mayoría de las personas sanas, a partir de sobrepasar los 30 años, comienzan a tener cierto grado de desgaste. De hecho, por esta razón, los ancianos suelen perder altura porque el desgaste del núcleo pulposo, haciendo que el disco pierda espesor, por lo que las vértebras se acercan entre sí.
Por el contrario, cuando la carga disminuye, los discos dejan de estar comprimidos y se incrementa la separación entre las vértebras. Eso ocurre durante la noche, cuando al estar acostados desaparece la carga vertical. Se calcula que una persona de edad media puede aumentar hasta dos centímetros de altura durante la noche. También por el mismo motivo los astronautas aumentan de altura cuando están en condiciones de ingravidez. Otra razón por la que disminuye la carga en los discos es al hacer estiramientos adecuadamente, o algunas prácticas culturales, como es el caso de las llamadas mujeres jirafa, de la etnia Kayah, en Birmania y Tailandia; a las que las aplican una serie de anillos metálicos en el cuello, lo que hace que su cuello se alargue a lo largo de su proceso de crecimiento, con la consiguiente separación de las vértebras cervicales.

Mujer de la tribu Karen, en Tailandia.
En cuanto al sistema muscular que soporta la espalda, podemos indicar que Los músculos paravertebrales se coordinan con los abdominales y el músculo psoas iliaco para mantener la columna recta, de tal forma que se forma un conjunto de fuerzas opuestas, llegando a mantener en una posición adecuada el raquis con respecto a la espalda. Por último, los glúteos fijan la columna a la pelvis y dan estabilidad al sistema.
Por otra parte, si los músculos de la parte posterior del muslo, los isquiotibiales, están acortados, tienden a provocar posturas inadecuadas para la columna vertebral.
Los músculos poseen muchas terminaciones nerviosas, por lo que su lesión o sobrecarga puede ser muy dolorosa.

Vista lateral
1. Músculos abdominales
2. Músculos psoas
3. Músculo glúteos
4. Músculos paravertebrales
Los músculos abdominales se extienden desde la parte inferior de las costillas hasta la parte superior de la pelvis, protegiendo los órganos internos. Los que están en la parte anterior se denominan rectos anteriores. Al contraerse tienden a acercar las costillas a la pelvis frontalmente, doblando la columna hacia adelante, pero no poseen demasiada eficacia, en términos de movimiento (cuando están contraídos a su máxima capacidad curvan la columna vertebral hacia adelante unos 30 grados, solamente. El pecho puede acercarse más a la rodilla por la acción de otro músculo, el denominado psoas-iliaco).
Los abdominales que están en la parte lateral se denominan oblicuos y transversos. Al contraerse el transverso izquierdo acercan las costillas hacia la pelvis por el lado izquierdo, haciendo que en el lado derecho se separen las costillas de la pelvis. Al contraerse los oblicuos (mayor y menor) hacen girar las caderas sin provocar que se muevan los hombros. Si se contraen a la vez que los rectos anteriores, acercan las costillas a la pelvis de forma cruzada, acercando el hombro derecho hacia la cadera izquierda o al revés.
La contracción del transverso actúa de forma similar al de una faja, apretando las vísceras contra la columna vertebral.
Músculos del recto abdominal.
Por otro lado, los músculos paravertebrales se extienden por toda la parte posterior del tronco, desde la nuca hasta la pelvis, uniendo por detrás la parte inferior de las costillas con la pelvis y las vértebras con los omóplatos, y entre sí hasta la nuca.

Músculos intertransversos (parte de los paravertebrales)
Músculos paravertebrales
Además, hay que tener en cuenta otros músculos, como son el psoas, los glúteos y el piramidal. Así el psoas se extiende desde la última vértebra dorsal y las cinco lumbares hasta el muslo, atravesando la pelvis. Al contraerse, aproxima el muslo y las vértebras por delante, hasta hacer que se toquen el pecho y la rodilla.

El músculo psoas
Los glúteos se extienden desde la pelvis hasta el fémur por detrás, formando las nalgas. Al contraerse tienden a llevar la pierna hacia atrás y hacia afuera. Al erguir la espalda hacia atrás.
Y los isquiotibiales se extienden por la parte posterior del muslo, dirigiéndose por detrás desde la pelvis hasta la rodilla. En la extensión de la espalda, los glúteos e isquiotibiales colaboran con los paravertebrales.
Vista la anatomía básica del raquis, ya sea ósea o muscular, hemos de indicar que cualquier herida, contusión, fractura, luxación o golpe puede causar un detrimento corporal, en su pérdida de sensibilidad o movilidad, llegando a considerarse una lesión. Mientras que una patología es un conjunto de síntomas de la enfermedad que sufre un paciente.
Las lesiones pueden hacer aparecer el dolor de espalda, que se manifiesta por un mecanismo neurológico, usualmente de origen desconocido, que causa dolor, inflamación y contractura muscular. Los principales métodos de diagnóstico son la historia clínica y la exploración física, y sólo en contadas ocasiones son útiles pruebas como la radiografía (RX) o el análisis de sangre, la resonancia magnética (RM) y pruebas neurofisiológicas.
Existen unas escalas evaluadas científicamente para valorar de forma objetiva la intensidad del dolor y el grado de incapacidad que ocasiona el dolor de espalda. Para evitar y tratar el dolor de espalda se debe mantener el mayor grado de actividad posible y evitar el reposo en cama. La mayoría de los casos se trata satisfactoriamente con medicamentos, intervención neurorreflejoterápica u otros tratamientos no quirúrgicos. La cirugía está indicada en un reducidísimo número de casos y sólo cuando hay signos claros que garantizan su éxito.
Antiguamente se creía que el dolor aparecía porque existía alguna alteración de la estructura de la columna vertebral, como la escoliosis o la hernia discal, pero hoy en día se sabe que es un error.
El dolor aparece por un mecanismo neurológico que implica la activación de los nervios que transmiten el dolor y el desencadenamiento de la contractura muscular y la inflamación. Es posible, y sólo en algunas ocasiones, que también pueda conllevar la compresión de la raíz nerviosa.
Ese mecanismo puede desencadenarse por una alteración de la estructura de la columna vertebral, como la hernia discal o la degeneración importante de la articulación facetaria, pero en la mayoría de los casos no se puede llegar a averiguar la causa inicial que lo desencadena, y se atribuye a dolor por contractura o sobrecarga muscular.
El mecanismo neurológico que hace aparecer y mantener el dolor de espalda es el siguiente:

  • Se activan unas fibras nerviosas concretas sensibles a la capsaicina o nervios del dolor.
  • Su activación causa dolor y desencadena inflamación y contractura muscular.
  • Se constituye un círculo vicioso porque la inflamación y la contractura muscular mantienen activados los nervios del dolor.
  • Existen estudios científicos que demuestran que si la activación de estas fibras dura el tiempo suficiente, se ponen en marcha mecanismos bioquímicos que pueden perpetuar su activación indefinidamente. En esa situación, el dolor se mantiene aunque desaparezca la causa que inicialmente lo desencadenó.

Este proceso que causa el dolor, la inflamación y la contractura muscular:

  • Puede ser desencadenado por alguna lesión estructural. Por ejemplo, cuando se produce una hernia discal se activan los nervios del dolor que están en las capas externas del disco al entrar en contacto con las sustancias que están en su interior. En este caso, una Resonancia Magnética permitiría ver la rotura de la envuelta fibrosa y precisar la causa del dolor.
  • Pero también pueden desencadenarse sin lesión estructural. Por ejemplo, el mantenimiento de una postura incorrecta puede sobrecargar un grupo muscular y provocar su contractura, excitando los nervios del dolor que lo inervan. Si la musculatura del paciente es insuficiente o asimétrica, la sobrecarga puede mantenerse mucho tiempo o repetirse periódicamente. En este caso, ninguna exploración radiológica permitiría ver la lesión que causa el dolor.

Normalmente son causas de dolor de espalda aceptadas:

  • Las fisuras, protusiones o hernias discales cuando permiten el contacto del núcleo pulposo con los nervios del dolor situados en la envuelta fibrosa
  • Las degeneraciones importantes de la articulación facetaria.
  • Las contracturas musculares, desencadenadas por sobrecargas posturales, esfuerzos o alteraciones de la forma de la columna vertebral. En este último supuesto se incluye la escoliosis de más de 60 grados.
  • La compresión de una raíz nerviosa, por ejemplo por una hernia discal, una estenosis espinal o una espondiolistesis de III o IV grado.


Comprensión de la raíz nerviosa
Una de las lesiones más habituales son las contracturas musculares en la espalda. La contractura muscular consiste en la contracción persistente e involuntaria de un músculo. Puede ser consecuencia suficiente y directa del dolor de espalda.
La contractura puede aparecer como causa del dolor de espalda, así pues, en estos casos, la contractura aparece esencialmente cuando se exige al músculo (o los músculos) un trabajo superior al que puede realizar, ya sea intenso y puntual, (por ejemplo, un esfuerzo excesivo) o mantenido y menos intenso (por ejemplo, mantener unas horas una postura incorrecta o inadecuada). Por otra parte, algunas anomalías del raquis o desequilibrios de la musculatura favorecen que unos grupos musculares estén trabajando constantemente más de lo necesario, lo que, en principio, les predispone a contracturarse.
Esto mismo ocurre cuando falta fuerza o potencia a la musculatura y se le exige que realice esfuerzos que exceden su capacidad, (por ejemplo, algunos estudios científicos han demostrado que la musculatura paravertebral es simétrica; la del lado izquierdo y derecho tiende a ser similar con independencia de que el individuo sea diestro o zurdo). En pacientes que han sido operados de la espalda, o que han padecido dolores de espalda de forma crónica, la musculatura paravertebral puede atrofiarse hasta en un 80% con respecto a la del lado sano, facilitando un reparto asimétrico de las cargas, la sobrecarga muscular o discal y la aparición de nuevos episodios dolorosos.
En ese tipo de situaciones es fundamental hacer el ejercicio adecuado para cada caso específico, con el fin de contrarrestar esa tendencia y evitar la repetición de estas crisis.
La contractura muscular causa dolor de espalda por muy diversos mecanismos:

  • La contractura de un músculo activa directamente los nervios del dolor que están en él, desencadenando dolor de espalda.
  • Además, el músculo contracturado puede comprimir la arteria, disminuyendo su riego sanguíneo. En esa situación se forma un círculo vicioso porque el músculo con menos riego tiende a contracturarse más fácilmente y, además, la falta de sangre activa más los nervios del dolor.
  • Si esa situación se mantiene un período prolongado o se repite con frecuencia, el músculo se contractura cada vez con mayor facilidad. En esa situación, hacer el ejercicio físico adecuado es fundamental para romper esa tendencia.

Por otro lado, la contractura muscular puede ser consecuencia del dolor de espalda, por lo que con independencia de cuál sea su motivo, el propio dolor de espalda puede causar la contractura muscular por un mecanismo reflejo.
En estos casos, la contractura no es la causa prístina del dolor, pero sí un factor añadido que puede agravarlo, y esto puede aumentar algunas de sus causas. Por ejemplo, en una hernia discal dolorosa, la contractura muscular puede aumentar la fuerza de compresión sobre el disco y facilitar más la salida del núcleo pulposo.
Otro síntoma es la inflamación, que consiste esencialmente en una gran dilatación de los vasos sanguíneos junto con una gran apertura de sus poros, permitiendo el paso de líquido, sustancias y células desde el torrente sanguíneo al resto de los tejidos, por lo que éstos aumentan de volumen y temperatura.

Trabajo de los neurotransmisores
Esto ocurre porque la activación de los nervios del dolor provoca la liberación de varios neurotransmisores, que dilatan los vasos y abren sus poros, desencadenando la inflamación del tejido en cuestión. Esta es la llamada inflamación neurógena, y algunos de los neurotransmisores y neuromoduladores implicados son el CGRP (calcitonin-gene-related-peptide), la NKA (neuroquinina A) y, sobre todo, la Sustancia P (SP).
Además, algunas células de la sangre se activan en determinadas circunstancias, fundamentalmente cuando detectan la presencia de microbios, liberando sustancias que atraen a otras células de defensa del cuerpo, dilatan los vasos, abren sus poros y permiten el paso de esas células a los tejidos. Esa es la conocida como inflamación humoral y algunas de las sustancias liberadas son las prostaglandinas y los leucotrienos.
Se ha demostrado que la inflamación neurógena y humoral se potencian entre sí y que ambos procesos están implicados en los dolores de espalda. Eso explica la eficacia de los antiinflamatorios para su tratamiento, puesto que dificultan la fabricación de prostaglandinas e impiden la potenciación de la inflamación humoral y neurógena.
En el dolor de espalda, la inflamación es esencialmente consecuencia de la liberación de neurotransmisores que conlleva la activación de los nervios del dolor y, secundariamente, de la puesta en marcha del proceso de la inflamación humoral. No obstante, una vez que existe inflamación, ésta se convierte en un factor agravante añadido:

  • Por una parte, porque las sustancias liberadas en la puesta en marcha de la inflamación humoral son capaces de activar los nervios del dolor y aumentarlo. A su vez, el dolor conlleva la liberación de los neurotransmisores implicados en la inflamación neurógena, lo que aumenta la inflamación y constituye un círculo vicioso.
  • Por otra parte, porque al aumentar el volumen de los tejidos aumentan el riesgo de compresión nerviosa y pueden agravar la eventual lesión causante. Por ejemplo, en una hernia discal, la inflamación puede aumentar el volumen del material pulposo destruido, o disminuir la luz de la fisura de la envuelta fibrosa por la que salió.

Hasta ahora hemos visto diversas lesiones y sus consecuencias; a continuación pasamos a ver diversas patologías del raquis o malformaciones de la columna vertebral, siendo las más importantes:

  • La escoliosis, que consiste en la desviación lateral de la columna vertebral. En más del 85% de los casos su causa es desconocida, y se pueden considerar como patología mecánica del raquis. En el resto de los casos se debe a defectos de la formación de la columna vertebral durante la vida embrionaria o es un signo que acompaña otras enfermedades generales, como la distrofia muscular o el Síndrome de Marfan.

 

  • La hipercifosis, que consiste en el aumento de la concavidad anterior de la columna dorsal. En la mayoría de los casos se debe a la adopción prolongada de posturas inadecuadas o a que falta fuerza en la musculatura paravertebral.

En una pequeña proporción de los adolescentes con hipercifosis, la deformación no se debe a los vicios posturales, ni a la falta de musculatura, sino a una anomalía en el proceso de osificación de las vértebras dorsales, conocida como enfermedad de Scheuermann. Aunque realmente no es una enfermedad, sino sólo una variante de la normalidad; antiguamente se creía que causaba dolor de espalda, pero se ha demostrado que no es así. Ni lo causa en el adolescente, ni aumenta el riesgo de padecerlo en el futuro.
Por último, existen otras causas de hipercifosis que no son realmente patologías mecánicas del raquis, como infecciones tuberculosas de la vértebra, o aplastamientos vertebrales por osteoporosis.

  • La hiperlordosis, que es el aumento de la concavidad posterior de la columna vertebral, habitualmente en la zona lumbar aunque también puede darse en la cervical. En la mayoría de los casos, su causa es desconocida y aparece desde que se forma el esqueleto. Estadísticamente es más frecuente en algunas razas.

En algunos casos, el acortamiento de la musculatura isquiotibial puede facilitar la adopción de posturas hiperlordóticas.

  • La espina bífida, que es una malformación congénita o anomalía de nacimiento en el que la columna vertebral y el canal medular no se cierran antes del nacimiento. El paciente presenta al nacer una protuberancia en la espalda.


Esta patología se puede presentar tres tipos diferentes:

  • Espina bífida oculta: que afecta a la estructura ósea del arco anterior y posterior vertebral.
  • Espina bífida con meningocele: en el cual en la protuberancia hay meninges y líquidos cefalorraquídeos, como se puede ver en la parte inferior de la imagen anterior.
  • Espina bífida con mielomeningocele: cuando en la protuberancia hay médula, líquido cefalorraquídeo y meninges, como se puede apreciar en la imagen, en la parte superior derecha.
  • La espondilolisis, que consiste en la rotura de la lámina de la vértebra, de forma que la articulación facetaria queda separada del resto. La vértebra que se afecta más frecuentemente es la quinta lumbar, seguida por la cuarta. En la mayoría de los casos en los que la espondilolisis afecta la cuarta lumbar existe una sacralización de la quinta vértebra lumbar.

En la mayoría de los casos, no se trata de una verdadera rotura, sino que el hueso no llega a formarse. En estos casos, la separación entre la articulación facetaria y el resto de la lámina existe desde el nacimiento y se mantiene constantemente a lo largo de la vida.
En otros casos, en los que el hueso se forma correctamente, la lámina vertebral se rompe a consecuencia de caídas o traumatismos repetidos. Eso ocurre típicamente en deportistas y suele tardar entre 6 y 9 meses en repararse espontáneamente.

  • La espondilolistesis, que consiste en un deslizamiento de una vértebra sobre otra.

Existiendo dos tipos, y clasificando en cuatro grados diferentes (siempre en función del grado de desplazamiento):

  • Anterolisteis, cuando se desliza hacia delante.
  • Retrolistesis, cuando se desliza hacia atrás.


Lo más usual es que sea una complicación de una espondilolisis previa, al separarse los dos trozos separados de la lámina de la vértebra.
En otros casos, la articulación facetaria en un segmento concreto, habitualmente la cuarta o quinta lumbar, la hace tener un tamaño distinto a la de los demás segmentos, por lo que la vértebra no queda alineada con las demás. Ese distinto tamaño puede deberse a una malformación de la articulación o a su desgaste. En el primer caso, la espondilolistesis se observa desde la infancia, en el segundo, la vértebra se va deslizando a medida que el paciente envejece y la articulación se va minando y desgastando.
En otros casos, la causa es un accidente o traumatismo importante con o sin fractura, que causa el desplazamiento de la vértebra. A veces, a lo largo de los años el grado de deslizamiento puede ir progresando.

  • La degeneración discal o la artrosis vertebral, consistiendo en la degeneración del núcleo pulposo del disco intervertebral, que pierde densidad y grosor.


Vista lateral
1. Normal
2. Osteofito
La artrosis vertebral se produce por el claro y usual desgaste del disco intervertebral. En la juventud, es espeso, denso y de consistencia gelatinosa. A medida que transcurren los años, pierde grosor y, varía su consistencia y estabilidad. A partir de los 30 años es normal que la radiología (RX) muestre signos iniciales de artrosis vertebral a algún nivel de la columna. Consiguientemente, los ancianos sanos suelen perder estatura porque al perder grosor y consistencia sus discos, ya que se aproximan sus vértebras.
Si un individuo, con sus hábitos, sobrepeso o hiperesfuerzos continuos, hace que un segmento de su columna soporte a menudo mucha carga, logrará precipitar el desgaste del disco intervertebral correspondiente.

  • La artrosis facetaria, que es la degeneración continua del cartílago que separa la articulación que forman las láminas de 2 vértebras superpuestas.

La artrosis facetaria se produce por el normal desgaste del cartílago de la articulación facetaria. En la juventud, ese cartílago es espeso y amortigua la carga que soporta la articulación, pero va perdiendo grosor a medida que transcurren los años. A partir de los 30 años, como anteriormente se ha señalado, es normal que la radiología muestre signos iniciales de artrosis facetaria.
Cuando el disco intervertebral soporta más peso que la articulación facetaria, la artrosis vertebral aparece antes y evoluciona más rápidamente que la artrosis facetaria. La hiperlordosis puede acrecentar la carga que soportan las articulaciones facetarias, y acelerar su desgaste.

  • La fisura, protusión y hernia discal; La fisura discal consiste en el desgarro de la envuelta fibrosa del disco. La forma más típica es la fisura radial, en la que el desgarro es perpendicular a la dirección de las fibras. La protrusión discal consiste en la deformación de la envuelta fibrosa por el impacto del material gelatinoso del núcleo pulposo contra ella. Si la envuelta llega a romperse y parte del núcleo pulposo sale fuera de la envuelta, se diagnostica una hernia discal.
esqueleto respirar


Hernia discal
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Esqueleto20 Atlas concise de los rnOsculos
EI sistema esqueletico


Clavicula
EsternOn
Costilla
Flti rneru
Vertebra
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Cubito
- Carpianos Melacarpianos
Falanges

 

esqueleto5

 

 


 




  
 


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