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La liberación somatoemocional

 

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Liberación Emocional
Ya es un hecho aceptado, incluso por la medicina ortodoxa, la relación entre el cuerpo y la mente. Incluso diría yo la relación íntima entre cuerpo, mente, emociones y espíritu. En el campo de la psico-neuro-inmunología se han descubierto las conexiones entre los estados psicológicos negativos y su influencia en la respuesta inmunológica. En nuestro cuerpo se puede leer nuestro estado mental y emocional.

Nuestros estados emocionales, ya sean de estrés, excitación, represión..., se van a reflejar en patrones y posturas musculares características. Incluso los traumas físicos y emocionales del pasado están reflejados en nuestros tejidos, lo que denominamos “nudos de energía”. Incluso hoy en día sabemos que la gente que ha sido traumatizada guarda las memorias de esos eventos traumáticos en el cerebro y en el cuerpo. Frecuentemente, esta memoria se expresa en síntomas de numerosas enfermedades psicosomáticas, desorden de estrés postraumático, pesadillas y miedos, pensamientos negativos y comportamientos disociados. El cuerpo de una persona traumatizada está "desconectado" y contiene una gran tensión.
Los “nudos de energía” (“energy cyst”), término acuñado originalmente por la terapia cráneo- sacral americana, son áreas de disfunción corporal que se manifiesta como obstrucción a la eficiente conducción de energía y electricidad a través de los tejidos del cuerpo (principalmente fascia). La función normal del cuerpo se ha inhibido en esa área y el cuerpo se debe adaptar a esa actividad desorganizada. Puede ser resultado de: traumas físicos, invasión patógena, disfunción fisiológica, problemas mentales y emocionales. Tomando como ejemplo un trauma físico, un accidente, el cuerpo tiene dos maneras de responder a la fuerza física de la injuria: empieza inmediatamente a disipar esta fuerza y el proceso natural de curación sigue, o la fuerza física impuesta en el cuerpo se retiene en lugar de disiparse. Si la energía no puede disiparse como calor, el cuerpo localiza y concentra la energía, encapsulándola o aislándola como un nudo de energía. El cuerpo se adapta a la presencia del nudo, comprometiendo el proceso normal de funcionamiento, se entorpece la movilidad fascial, se reduce la normal conductibilidad eléctrica de los tejidos envueltos, se reduce el flujo de energía alrededor de los meridianos de acupuntura. Todo esto debilita la energía corporal creando tensión y disfunción.

Hay tres factores importantes para determinar si el cuerpo es capaz de disipar la energía traumática:
La cantidad de energía: si el impacto es demasiado grande puede comprometer la habilidad del cuerpo para disiparla.
Anteriores injurias en la misma área corporal: se vuelve una zona más vulnerable y puede comprometer la habilidad para disipar la energía.
Ciertos estados emocionales negativos: como el enfado, o el miedo paralizan la habilidad del cuerpo para disipar la energía. Si estos estados negativos son dominantes en el momento del accidente o injuria, el cuerpo probablemente retendrá la fuerza de la injuria desarrollando un nudo energético. Una vez que las emociones negativas se han descubierto y revivido con el apoyo del terapeuta, será más fácil liberar el nudo energético.
Integrar las diferentes visiones
A fin de entender las diferentes aproximaciones de la terapia cráneo- sacral, las cuales son todas muy válidas, necesitamos distinguir entre aproximaciones biomecánicas y biodinámicas. En la aproximación biomecánica tendemos a trabajar con las manifestaciones mas físicas del sistema. Y exploramos sobre todo mediante examen activo del movimiento, pero también mediante percepción pasiva. En el principio biodinámico entramos en contacto con todas las fuerzas en juego con una visión del sistema que subyace en todo el trabajo. La fisiología corporal del cliente usa estos principios para autocorregir sus propios problemas.

En mi punto de vista necesitamos aprender a cooperar con el sistema del cliente, su programa personal y la necesidad vital de retornar a la Salud. Sutherland estableció los principios de tratamiento para trabajar con el sistema. Su aproximación al tratamiento puede ser resumido en sus propias palabras:  “Ser consciente del equilibrio profundo y permitir a la función fisiológica interna del cuerpo para que manifieste su inequívoca potencia, antes que aplicar fuerzas ciegas desde afuera”. En este espacio de escucha nos aproximamos al cliente con respeto y  aceptación.


Artículo publicado por Alberto Panizo y Greta Adam en la Revista Natural, nº 61

 

 

Liberación SomatoEmocional°
Liberación SomatoEmotional es un término que hemos acuñado para descri­bir un fenómeno que comenzó a ocurrir con gran regularidad y se volvió cada vez más beneficioso en el uso de la Terapia SacroCraneal y la Liberación de Nudos de Energía. La Liberación SomatoEmocional comprende la utilización de la postura del cuerpo y de la transferencia de energía entre el terapeuta y el paciente, y permi­te la liberación de los Nudos de Energía y de la memoria de los tejidos. La diferen­cia radica en la integridad del enfoque y la casi completa carencia de dirección por parte del terapeuta.

En la liberación de los Nudos de Energía y de la memoria de los tejidos, el terapeuta tiene un problema específico en la mente que se presenta normalmente como una queja del paciente. Entonces, utilizan las técnicas de evaluación tales como la evaluación del sistema sacrocraneal y el "arqueo" total del cuerpo, el tera­peuta localiza los Nudos de Energía y hace uso de la postura del cuerpo y de las indicaciones del ritmo sacrocraneal para liberar el Nudo de Energía. El objetivo está bastante claro durante la sesión de tratamiento.
En este punto debería calmar de alguna manera su curiosidad y contar breve­mente que el "arqueo" es un método que hemos desarrollado que hace uso de las actividades energéticas del cuerpo del paciente. Nosotros hacemos uso de estas energías para localizar los nódulos de energía. Nuestro concepto es análogo a lo que se ve cuando cae una piedra sobre la superficie casi en calma de un estanque de agua. Estas ondas sobre la superficie del agua se dispersan en círculos a partir del punto en el que la piedra entró en el agua. Las ondas producidas por la entrada de la piedra interfieren con la actividad normal del agua en el estanque. Nosotros encontramos que los Nudos de Energía en el cuerpo del paciente envían ondas de interferencia similares en un mar de energía que de otra forma estaría normal. Los terapeutas sacrocraneales pueden desarrollar y, de hecho, desarrollan la capacidad perceptiva para descubrir estas ondas de interferencia producidas por los Nudos de Energía. Nosotros seguimos después estas ondas circulares hasta su centro, y allí se encuentra el Nudo de Energía.
En la liberación SomatoEmocional, el enfoque es bastante diferente. Aquí no­sotros simplemente colocamos nuestras manos sobre el paciente. Nosotros entonces otorgamos un permiso sin palabras para que el cuerpo del paciente haga lo que crea conveniente en ese momento. Nosotros ofrecemos también aportar energía al cuerpo del paciente. Antes de que el lector se extrañe por mi "locura" al hablar de esta realidad de "poner energía en el cuerpo del paciente", hay que entender que hemos medido cambios muy fuertes en los voltajes corporales, así como cam­bios en la resistencia eléctrica tanto en el terapeuta como en el paciente cuando esta "energía" es ofrecida por el terapeuta y aceptada por el paciente. Hemos reco­pilado más y más mediciones documentadas que se relacionan con este fenómeno de "transferencia de energía". Cuando tengamos suficientes, las presentaremos a la comunidad científica. La locura verdadera consistiría en presentar nuestros con­ceptos y los datos que los soportan demasiado pronto, antes de que los cimientos experimentales sean sólidos como una roca.
Volviendo a la liberación SomatoEmocional. Sabemos que cuando el terapeuta presenta una actitud de verdadera tranquilidad , el paciente se anima en algún nivel no consciente. Cuando combinamos la actitud conductiva con la energía físicamente me­dible de la que hablé anteriormente, sólo lleva unos minutos el que el paciente adopte la postura corporal de su elección. Yo, como terapeuta, no sugiero ningún objetivo específico. La elección de qué hacer durante esta sesión de tratamiento la realiza el paciente. Yo trato de hacerle sabe, que yo le ayudo en su elección y que le facilitaré o asistiré de cualquier manera que pueda.
Una vez que comienza la Liberación SomatoEmocional, la actividad del siste­ma sacrocraneal decae, de igual manera que lo hace durante la liberación de Nudos de Energía. Sin embargo, el proceso de Liberación SomatoEmocional es más glo­bal. La postura del cuerpo permite una liberación generalizada de emociones acu­muladas. Esta liberación parece venir de los tejidos del cuerpo. Se expresa más frecuentemente a través del sistema nervioso, del aparato vocal, etc... Puede haber llantos, sacudidas, sudores, risas, dolor... casi todo lo que se puede imaginar. Todo depende de lo que el paciente ha decidido inconscientemente tratar durante la sesión. Sospecho muy firmemente que hay una sabiduría interna en el paciente que tiene en cuenta la impresión que le produce la habilidad del terapeuta. Con esto en la mente, la sesión se ajusta tanto a las necesidades del paciente como a la habilidad y dedicación del terapeuta. Yo me he sentido cuestionado por pacientes en términos de capacidad, sinceridad y motivación durante casi todas las sesiones de tratamiento de Liberación SomatoEmocional en las que he estado - y han sido miles de sesiones durante mi carrera profesional.
La liberación SomatoEmocional, cuando es eficaz, cambia la vida de la gente drásticamente. Es como si ofreciera una oportunidad para ver objetivamente lo que están haciendo con sus vidas y cómo pueden cambiar para mejorarlas. Ofrece a los pacientes un recuerdo de experiencias, traumas, accidentes y similares que

 

 

 

 

han permanecido bajo la superficie de su conocimiento durante años. Una vez que estas experiencias reprimidas afloran a la superficie, los problemas pueden ser tratados y resueltos. Cuando el problema permanece reprimido, puede provocar perturbaciones, pero no se sabe cual es la causa de dicha perturbación, ni siquiera el paciente conoce las razones de sus síntomas.

Como un ejemplo del poder del proceso de la Liberación SomatoEmocional, describiré una situación que aconteció hace más de 10 años. Era un suceso muy improbable ya que el paciente era un psiquiatra. El se presentó voluntario ante una audiencia de más de 200 terapeutas. Yo iba a demostrar la técnica utilizada para introducir el proceso de Liberación SomatoEmocional, y necesitaba un paciente. Comencé manteniéndome cerca de la mesa de tratamiento sobre un escenario frente a un gran auditorio. Yo simplemente coloqué mis manos sobre sus caderas mientras me arrodillaba delante de él. Esta es una de las técnicas que utilizamos para comenzar el proceso. Casi inmediatamente el comenzó a balancearse hacia su lado derecho. Yo le ayudé a tenderse sobre el suelo utilizando mi cuerpo para soportarle. El comenzó a gritar y a maldecir con una fuerte voz. Para mantener funcionando el proceso, yo simplemente mantenía contacto con su mano y muñe­ca izquierdas. El continuó esta representación "reprendedora" durante unos 25 minutos. Su cuerpo se ponía rígido y se relajaba como un pez fuera del agua. No intentó liberar su muñeca ni su mano izquierda que yo tenía agarradas. Según continuaba el proceso, su voz subió de tono y sus gritos y maldiciones se fueron haciendo más infantiles. Finalmente comenzó a llorar como un niño mientras adop­taba una postura tranquila de descanso sobre el suelo. Sus rodillas estaban flexionadas sobre el pecho. Continué sosteniendo su mano y muñeca izquierdas. Después de que hubiera llorado de esta manera infantil durante alrededor de cinco minutos, su cuerpo se relajó de repente. El volvió de nuevo al lugar y al momento en los que nos encontrábamos. Vio a su alrededor a todos sus amigos y socios que habían sido testigos de esta demostración. Parecía algo avergonzado.
Le pregunté si le gustaría tenderse sobre la mesa de tratamiento y permitirme realizar algunas técnicas de relajación de Terapia SacroCraneal para terminar la sesión de un modo más equilibrado. El estuvo de acuerdo. Según trabajaba con su cabeza, le pregunté si se había dado cuenta de lo que había pasado. El asintió. Compartió con nosotros (los más de 200 espectadores) el hecho de que él había asistido a sesiones de psicoterapia durante 10 años. También había sido psiquiatra en activo durante más de 13 años. El había estado "atascado" en su proceso psicoterapéutico durante tres años. En este "atasco", se había sentido constante­mente muy enfadado con su padre. No había sido capaz de encontrar la razón de este enfado hasta ese día. Durante esta sesión de demostración, había vuelto a experimentar el momento en el que tenía un año de edad y vivía en Washington, D.C., en donde su padre trabajaba para el gobierno federal. El iba en un carrito de bebés. Su padre le llevaba de paseo una radiante mañana de domingo. El podía sentir el sol brillando calentándole mientras estaba tendido felizmente en su carri­to. Todo marchaba bien. Su padre estaba con él y él era el centro de atención de su padre.
Entonces su padre se paró a hablar con un conocido al que encontraron duran­te su paseo. La conversación entre su padre y el conocido se alargó y alargó. El bebé de un año, que más tarde sería psiquiatra, ya no era el centro de atención de su padre. El comenzó a sentirse rechazado. Después de todo, este era su tiempo con su padre. Alguien se lo había arrebatado. Que alguien pudiera desviar de él la atención de su padre tan fácilmente era una realidad muy dolorosa. El comenzó a hacer ruidos infantiles. Pero papá no le prestó atención; se encontraba inmerso en una conversación. El bebé se frustró porque papá continuaba hablando y no pres­taba atención a sus movimientos ni a sus ruidos. La frustración le llevó al enfado. El bebé comenzó a llorar en una explosión de enojo. Su padre se acercó al carrito, le agarró de la muñeca derecha y le dijo "Si no te callas, te romperé el maldito brazo" No era una frase muy diplomática, pero estas cosas ocurren a veces.

Aquí y ahora, el voluntario para la demostración podía entender cómo su padre podía haber estado inmerso en una conversación intensa y quizás muy importante. También podía entender que su padre quería completar la conversación. El bebé competía por su atención cada vez más fuertemente. Finalmente su padre perdió la paciencia, cogió a su hijo por la muñeca izquierda y le expresó su amenaza de romperle el brazo si no se estaba quieto. Puesto en contexto, la amenaza de su padre de romperle el brazo si no se callaba no parecía tan mala. Este paciente sabía que su padre no había abusado nunca de él ni física ni emocionalmente, de forma que el psiquiatra era más proclive a aceptar la idea de que su padre simplemente perdió la paciencia en aquél momento. Ciertamente, los actos y palabras de su padre fueron indudablemente crueles para un niño de un año, pero su padre no era perfecto, ni era excesivamente violento. Era solo un ser humano. El psiquiatra pudo aceptar que ahora sabía lo que había pasado.
El recuerdo de este incidente había sido suprimido por la consciencia del pa­ciente. Estuvo retenido en su muñeca izquierda. Cuando se realizó el contacto significativo de mi mano con su muñeca, se liberó el recuerdo de la experiencia. El paciente pudo entonces resolver el asunto que había producido un sentimiento prolongado de odio hacia su padre desde el momento del incidente. En mi opi­nión, los años de psicoterapia identificaron la emoción de ira en el momento presente. La psicoterapia también identificó al padre como el foco del enfado. Sin embargo, después de varios años de trabajo, la causa del enojo todavía no había sido identificada. Bastó con una sesión de demostración de Liberación SomatoEmocional de 40-50 minutos delante de una audiencia de más de 200 cole­gas para definir y resolver el resto del problema.

Recibí una carta de agradecimiento de este hombre tres meses después en la que afirmaba que sus sentimientos hacia su padre habían cambiado a mejor de manera significativa.

Otra ilustración del poder del proceso de Liberación SomatoEmocional se pro­dujo en 1979 en París. Yo estaba dando una conferencia a un auditorio lleno de terapeutas franceses escépticos y más bien poco amigables. Había unos 300 asis­tentes. Se me pidió que demostrara cómo trabaja el proceso de Liberación SomatoEmocional en la práctica después de haber hablado sobre ello durante un rato. Yo finalmente accedí, aunque en contra de mi propia voluntad.

Inmediatamente, un hombre de mediana edad bastante musculoso v masculino se acercó hasta el frente del auditorio. Era obvio que yo iba a demostrarlo sobre él. Mi intérprete, que era también mi amigo, me advirtió que este hombre era el líder más vociferante del grupo más escéptico de la audiencia, que decía que esto era todo una "bazofia". Me encontré en una difícil situación. Yo estaba discutiendo conceptos que son más bien intangibles. Yo tenía una audiencia que se estaba quejando de lo que estaba tratando de presentar. Y ahora tenía que demostrar la aplicación práctica de la Liberación SomatoEmocional sobre un enorme macho que refunfuñaba que él me mostraría que no pasaría nada con él.

Yo no tenía mesa de tratamiento ya que no tenía intención de demostrar nada. Esto iba a ser una exposición didáctica matinal. El llegó al frente de la sala. Noso­tros dijimos "bon jour" lo que era cerca del cincuenta por ciento de mi conoci­miento de la lengua francesa. El me miró desafiante, retándome con sus ojos a ser tan presuntuoso como para soñar que este proceso de liberación SomatoEmocional pudiera afectarle de cualquier manera. Yo coloqué mis manos en el frente de sus huesos pélvicos. (Para los anatomistas, sujeté sus crestas ilíacas y las espinas ilíacas superior anterior). Caí sobre una rodilla mientras ojeaba la uniformidad de su pelvis. Dije una pequeña oración rogando por el éxito. Silenciosamente afirmé mi fe en el proceso de la liberación SomatoEmocional. Puse energía en él. Era esa clase de energía que se ofrece para cualquier uso que el paciente estime convenien­te en el momento.
Es un poco difícil estimar el tiempo con exactitud porque en esta situación un minuto parece una hora. Pero pude adivinar que en 30 segundos este francés desafiante caería hacia delante sobre mi costado derecho como si pensara que iba a llevarle a algún lugar. Yo seguí mi intuición de lo que su cuerpo quería hacer. Bajé su cuerpo suavemente al suelo frente al auditorio. Al sentir el suelo, asumió la postura fetal. Sus rodillas estaban sobre su pecho y se chupaba el pulgar. El estaba llorando o sollozando más bien tristemente como si fuera un bebé que estuviera muy triste y con el corazón roto. Le dejé hacer tanto tiempo como quiso. Parecía ser consciente de la audiencia y de sus colegas mirándole, pero como pasa en la Liberación SomatoEmocional, esto no le importaba. Su orgullosa jactancia ma­chista había perdido importancia en este momento.

Después de alrededor de 15 minutos de lastimosos sollozos y llantos sobre el suelo, él paró bruscamente. Su cuerpo se relajó. El reconoció mi presencia y co­menzó a hablar en francés al intérprete. El punto esencial de lo que decía era que se había dado cuenta de que se sentía abandonado por su madre cuando era un niño. El tenía un hermano mayor que se hirió en un accidente de bicicleta. Ella de pronto había desviado la atención que le prestaba a él hacia su hermano, que se había quedado impedido. El podía perdonarlo ahora que lo entendía. Ahora podía dejar de sentir lástima de sí mismo. Yo nunca volví a ver a ese hombre, pero sospecho que era mucho menos machista después de esta experiencia de Libera­ción SomatoEmocional. Probablemente su personalidad excesivamente machista era una sobrecompensación por el sentimiento de abandono y falta de cariño de su niñez. Debe ser difícil de comprender para un niño si repentinamente el cariño y la atención que se está acostumbrado a recibir se reducen significativamente. El niño necesitaría protegerse a sí mismo de posteriores daños. Muchos de nosotros nos autoprotegemos volviéndonos duros.

Esta demostración afirmó aún más mi fe en el proceso de la Liberación SomatoEmocional. Sabía que alguien por encima estaba cuidando de mi. Desde esta presentación particular, mi aceptación y recepción como profesor y conferen­ciante en Francia ha sido mucho más cálida y amigable. Este francés machista era muy influyente en la comunidad fisioterapeuta francesa.

¿Qué es lo que hizo que estos dos prominentes profesionales de la salud caye­ran en un profundo proceso terapéutico con el riesgo de vergüenza personal y delante de cientos de sus colegas?. No lo sé. Puedo decir que ha pasado una y otra vez. Yo realizo tres o cuatro demostraciones durante cada seminario de liberación SomatoEmocional que imparto. Hay entre 40 y 50 estudiantes en cada seminario, y he estado impartiendo unos 10 seminarios por año durante al menos cinco años, y unos cinco anuales los cinco años anteriores. Se puede calcular que he impartido unos 75 seminarios con al menos tres demostraciones cada uno de ellos. Es muy  conservador estimar 225 demostraciones delante de clases de 40 ó 50 estudiantes. Después ha habido al menos otras 50 demostraciones en conferencias con au­diencias mucho más numerosas, muchas de ellas en países extranjeros. Quizás sorprenda, pero no puedo citar ninguna demostración en la que no haya ocurrido algo. Sólo puedo citar algunas que dejaron algo que desear. Recuerdo cuando ni yo ni el paciente de la demostración comenzamos a no tener ni idea de lo que podía pasar. Yo creo ciertamente en el proceso de liberación SomatoEmocional y tengo buenas razones para hacerlo.

Pienso que lo que pasa es que todos vivimos con una especie de "censor" dentro de nosotros que de forma paternal mantiene ciertos recuerdos y experien­cias fuera de nuestra consciencia. La intención de este censor es buena. El cree que nos protege. Sin embargo hay un coste permanente por mantener estos recuerdos y experiencias en el subconsciente. Este coste puede manifestarse como dolor, incapacidad, infelicidad, mal genio constante, irritabilidad, carencia de autoestima y los similares.

El "censor" considera que merece la pena el coste de mantener estos recuerdos y experiencias enterrados. Hay otra parte de nosotros que llamaremos tentativamente "experto de eficiencia". El experto de eficiencia sueña con lo que sería la vida si todos estos recuerdos censurados pudieran salir a la superficie, se trataran y se resolvieran. La liberación SomatoEmocional hace que el cuerpo quede listo para que ayude al experto de eficiencia. Cuando nosotros los terapeu­tas nos alineamos nosotros mismos con el experto de eficiencia (que quiere librar al paciente de los problemas que están ocultos por debajo del nivel consciente y/ o almacenados en tejidos y Nudos de Energía como recuerdos y emociones), el censor se relaja, y se obtiene un efecto de tratamiento positivo. Yo supongo que podríamos decir que nuestra presencia y energía ayudan a la parte del paciente que quiere resolver totalmente los problemas en vez de taparlos día tras día.

He descrito dos clases de sensacionales experiencias de liberación SomatoEmocional. Me gustaría describir ahora como este proceso trabaja sobre la base del día a día, con cada uno de los pacientes que vienen a la clínica.

Recuerdo a una mujer joven que me fue enviada por un psiquiatra eminente porque él no podía encontrar ninguna ayuda para ella. Era una profesional del tenis con un buen ranking que padecía "codo de tenista". Ella había salido de los torneos porque el codo continuaba perturbando su capacidad para jugar. El doc­tor que la enviaba había utilizado todos los modos de tratamiento que pensaba sin resultados satisfactorios. Obtuvo algún alivio, pero no el suficiente como para permitirle volver al deporte que ella "amaba". (Puede ser que así fuera, como ahora veremos).
Durante nuestra primera cita (ella iba a estar con nosotros durante una semana e iba a verme cuatro veces durante esa semana), me di cuenta de que existía una conexión entre su codo derecho y su pelvis. Le mencioné esta posibilidad. Ella se puso a la defensiva y negó cualquier problema de pelvis. Yo no la contrarié porque normalmente el desarrollo de una situación adversa paciente-terapeuta no es pro­ductivo terapéuticamente, a menos que dicha situación se utilice para ayudar al paciente a expresar su enojo o algo similar. No quería ser su adversario todavía, así que la dejé que interpretara mi silencio como asentimiento de que la pelvis no tenía relación con el codo de tenista.

El segundo día le pedí que permaneciera de espaldas de forma que pudiera medir a longitud de sus piernas. Ella accedió después de explicarle que yo tenía que trabajar con las bases además de con el codo. Esta afirmación por mi parte permitió relajar sus defensas ("censor"). Estoy seguro que su "experto de eficien­cia" también sabía que podía haber una oportunidad para aflorar un problema suprimido, expresarlo y quizás resolverlo. Yo siempre trato de hacer saber al ex­perto de eficiencia que soy un amigo por la forma de tocar al paciente y por mi comportamiento e intenciones no verbales.

Según coloqué mis manos sobre la parte posterior de su pelvis y la parte baja de su espalda, pude sentir el comienzo de su inclinación hacia adelante. Yo estaba sólo tocando, no empujando. Pude percibir sus defensas naturales luchando con­tra una caída de frente. Entonces le pedí que se doblara hacia adelante, lo que ella hizo. A su cuerpo parecía gustarle esa postura. Después le pedí que colocara sus manos sobre el suelo de forma que ella estuviera "a cuatro patas" sobre sus pies y sus manos al tiempo. A su cuerpo le gustaba también esa idea. Cuando le pedí que se apoyara sobre sus manos y sus rodillas, su sistema sacrocraneal dejó de latir. Permaneció inmóvil mientras ella estaba sobre sus manos y sus rodillas. Tuve un sentimiento intuitivo muy fuerte para colocar mi mano derecha sobre el hueso de la parte derecha de su pelvis. (Es el hueso sobre el que nos sentamos, llamado isquión). Tan pronto como toqué este hueso, ella comenzó a llorar y a sollozar. Después se tendió boca abajo sobre el suelo. Mantuve mi contacto con su isquión derecho. Ella lloró y lloró un largo rato, quince o veinte minutos. Finalmente su cuerpo se relajó , y su sistema sacrocraneal volvió a comenzar su actividad rítmica. Ella me sonrió a través de su mirada llorosa tumbada según examinaba su espalda y me preguntó si podía levantarse.
Le pedí que se tendiera sobre la mesa de tratamiento y comencé a aplicarle algunas técnicas suaves y relajantes de Terapia SacroCraneal con la intención de ganar su confianza y amistad. Después le sugerí que si quería hablar de algo, yo estaba allí para escucharla.

La historia era esta. Unos tres años antes de que el codo de tenista la retirara del juego, ella había estado compitiendo en un torneo nacional. Ella había ganado su juego ese día pero no había jugado suficientemente bien como para agradar a su entrenador. Hubo una discusión entre ella y su entrenador fuera de la pista de tenis, por la noche cuando nadie estaba presente. El le estuvo gritando y repren­diendo muy severamente. Ella recordaba (o creía recordar) y realmente oía sus palabras exactas. Ella se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta de salida. El fue tras ella y la empujó en la espalda tan fuerte que ella cayó sobre sus manos y sus rodillas. Después él le dio una patada tan fuerte en su nalga derecha que le produjo una fractura de su isquión derecho.

Esta fractura fue interpretada por el doctor como una fractura de tensión. Ella estuvo alrededor de un año fuera de competición y de sus entrenamientos. Bajo las presiones de su entrenador, volvió a un programa de entrenamiento intensivo y a competir en los torneos principales, ella comenzó a padecer codo de tenista, lo que simplemente fue a peor progresivamente. Hasta este día, ella creía honesta­mente que el codo de tenista era un problema válido y distinto. Ahora sabía que el codo de tenista había aparecido para evitar su vuelta a la competición de alto nivel. Ella no quería encontrarse a sí misma de nuevo en una situación parecida - una situación que produjo un enfado tal a su entrenador que le chilló, reprendió, derri­bó y pateó. No podía soportar aquello una vez más. El entrenador era su padre, que estaba tratando de vivir una segunda vida a través de ella porque él nunca fue un campeón. Su suerte y su frustración se debían a ella. Desde ahora, ella viviría su propia vida.

En menos de una hora, utilizando el proceso de Liberación SomatoEmocional, se dio cuenta de todo aquello. Abandonó el tenis. Descubrió que realmente no le gustaba mucho. Era su padre quien estaba obsesionado con ser un campeón, no ella. Durante las siguientes dos sesiones liberamos muchas memorias de los teji­dos y Nudos de Energía relacionados con todo aquello. ' )lamos mucho acerca de vivir por sí misma y declararse independiente de su I)adre. También hablamos de sus problemas, y a ella le apareció un sentimiento de empatía y compasión hacia él. Los sentimientos de Kind hacia su padre comenzaron a reemplazar al enfado y resentimiento que afloró durante nuestro trabajo. En resumen, fue una excelente experiencia terapéutica y de autorrealización para ella y para mí. Su "experto de  eficiencia" debe haber sido extraordinariamente feliz ya que este acontecimiento se completó en cuatro sesiones de 45 minutos cada una.

Otro suceso extraordinario de Liberación SomatoEmocional acaeció en la for­ma de una joven había estado involucrada en un grave accidente de tráfico. No estaba realmente incapacitada, pero había sufrido dolores constantes durante los ocho meses que siguieron al accidente. Se había fracturado tres costillas, había sufrido un desnucamiento, y se había roto la pelvis. Todas las fracturas se habían curado, pero ella continuaba con fuertes dolores de cabeza casi diariamente que sólo se aliviaban con algunos tragos matinales. Los dolores de cabeza se producían durante el día al hacer las tareas de la casa. Le dolía el cuello constantemente, así como la parte baja de la espalda, por debajo de la caja torácica. Fue su hermano mayor quien conducía cuando ocurrió el accidente. Como ella no estaba casada y no había estado nunca embarazada, ella no ocultaba el hecho de que le gustaría tener un amante a todas horas. Ella casi parecía alardear de ello.

Vi a esta joven algunas veces y me empeñé en hallar alguna razón estructural en sus huesos, músculos y ligamentos que explicara la severidad del dolor constante y de los dolores de cabeza intermitentes y diarios. Encontré algunas cosas que co­rregimos, y sintió algún alivio, pero no mucho. Eliminé las restricciones en su sistema sacrocraneal. Esto contribuyó a un gran alivio de su dolor de cuello y el dolor de cabeza mejoró, pero el tenaz dolor de la espalda continuaba. La coloqué en posición sentada en varias ocasiones y traté sin éxito de inducir un proceso de liberación SomatoEmocional. Ella simplemente se sentaba rígida y hablaba de lo fuerte que era el dolor. Yo me repetía semana tras semana (la veía una vez semanal­mente) mi fe en el proceso. He aprendido desde entonces que en un caso como éste es más eficaz ver al paciente varios días seguidos. Parece que un aumento en la frecuencia de las sesiones de tratamiento inhibe la reorganización de las defensas.

De cualquier modo, durante nuestra décima sesión la tuve sentada sobre la mesa de tratamiento dándome la espalda. Mantuve una mano sobre la zona de dolor de su espalda y la otra sobre su cabeza. Yo estaba probando cuidadosamente los tenues movimientos de su espina , y al mismo tiempo, suplicando para que irrumpiera en el proceso de Liberación SomatoEmocional. Mis deseos fueron concedidos. De repente, ella comenzó a empujar muy fuerte con su espalda contra mi mano. La forma en la que respondemos a esta clase de presión de un paciente es presionando en contra con la misma intensidad. Así lo hice. Cuanto más empu­jaba ella, más resistencia oponía yo, de forma que ella no pudiera caer de espaldas.

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