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El origen               Dura madre Modificar el ritmo craneosacro Membranas Libre circulación

 

El cuerpo humano, en paz consigo mismo, es más precioso que la más rara de las gemas. Atesora tu cuerpo, que sólo es tuyo por esta vez. La forma humana se gana con gran dificultad, y resulta fácil perderla.
Todas las cosas mundanas son breves, como un relámpago en el cielo; debes saber que esta vida es como el pequeño salpicar de una gota de lluvia; algo bello que desaparece en cuanto viene al ser.
Por tanto, márcate una meta, y usa cada día y cada noche para alcanzarla'.
TSONG KHAPA

Los orígenes de los desordenes
Al concentrarse en fragmentos del cuerpo cada vez menores, la medicina moderna posiblemente está perdiendo de vista al paciente como ser humano completo, y al reducir la salud a un funcionamiento mecánico ya no es capaz de producir el fenómeno de la curación.

 

Desde el núcleo de nuestros cuerpos hacia la pe­riferia, los patrones inerciales pueden restringir el movimiento respiratorio primario, afectando así nuestra salud. Podemos sufrir la influencia de cau­sas tan variadas como lesiones físicas, traumas, una mala alimentación, la contaminación ambien­tal tal y factores genéticos y psicológicos. Somos par­te del proceso de la vida en cuerpo y alma, y esta­mos sujetos a sus fuerzas condicionantes.
En este capítulo examinaremos los orígenes de la enferme­dad y seguiremos investigando la importante cone­xión existente entre cuerpo, mente y espíritu.

Trauma físico
Las lesiones físicas son una de las causas que habitualmente crean patrones inerciales en el cuerpo. Incidentes tales como golpes, cortes, caí­das y accidentes crean contracciones protectoras en los tejidos que pueden permanecer allí mucho después de que el trauma original haya pasado. En la medida que nuestros recursos intrínsecos son incapaces de tratar con una lesión sus efectos se quedan con nosotros. Las cicatrices produci­das por daños a los tejidos o por una intervención quirúrgica son ejemplos de tales lugares de per­turbación. Las cicatrices pueden tirar de los teji­dos circundantes e influir consecuentemente en el movimiento de zonas distantes del cuerpo.
Otra causa habitual y significativa de trauma físico es un nacimiento difícil.

Impacto de fuerzas

Todos los músculos, huesos, fluidos y órganos del cuerpo tienen cierta densidad. Cuando impac­ta una fuerza física se encuentra con la resisten­cia creada por estos tejidos. Cuando la energía biocinética de la fuerza entrante se encuentra con la resistencia, su velocidad se reduce y acaba por detenerse en un lugar concreto (véase Figura 8.1). Si la fuerza es muy intensa los tejidos pueden su­frir daños o romperse a lo largo de su recorrido. El punto donde la energía biocinética de la fuerza física se detiene es donde se quedará alojada si las fuerzas intrínsecas del cuerpo son incapaces de eliminarla. Este lugar donde la energía queda atrapada suele estar a cierta distancia del lugar del impacto. A veces, poderosas fuerzas cinéticas pueden atravesar los tejidos formando un fulcro organizativo fuera del cuerpo.

 

Vector de fuerza atrapada

Si la energía entrante supera la capacidad cor­poral de suprimirla, esa fuerza traumática es tra­tada como un objeto extraño. De modo que los tejidos circundantes se contraen para ayudar a cercarla. Esta respuesta minimiza su efecto en los tejidos cercanos. Con el tiempo, los tejidos se or­ganizan permanentemente con relación a la fuer­za biocinética atrapada, adoptando un patrón de contracción habitual. Este proceso es parecido a la acción de los pulmones para aislar una in­fección de tuberculosis bacteriana mediante la formación de un quiste calcificado. En conse­cuencia, se crea un área de potencia biocinética separada en torno a la que tiene que organizarse el movimiento respiratorio primario.
Este tipo  concreta  de fulcro inercial se llama vector de fuerza atrapada o quiste energético
El término «vector» hace referencia al sendero ~ que recorre esa energía cinética del trauma al en­trar en el cuerpo (véase Figura 8.1).
La ruta de ese vector puede seguir una línea recta o curva dependiendo del ángulo que forme la fuerza al entrar en el cuerpo
Y si el cuerpo se mue­ve mientras se está produciendo el accidente trau­mático (lo que suele ser el caso), la ruta del vector
tiende a curvarse o torcerse al atravesar los tejidos.

Si el vector de fuerza incidente se encuentra
con algo sólido, como un hueso, a veces puede
Deshacerse en distintas ramas formando quistes energéticos satélites. Esto puede favorecer la for­mación de varios pequeños fulcros inerciales (véase Figura 8.1).
Un vector de fuerza atrapada puede producir la formación de adherencias en los tejidos, alteracio­nes en el movimiento de fluidos, mala circulación o acumulación de toxicidad e irritación nerviosa.
Franklyn Sills señala: «Estas respuestas protecto­ras pueden ser útiles al principio de la experiencia, pero pueden quedarse encerradas en el sistema en forma de patrones protectores profundamente arraigados» 5. Numerosos terapeutas han señalado que existe una correspondencia entre los lugares donde la energía se queda atrapada y la formación de tumores.
El doctor Upledger observa:
El cuerpo se adapta en cierta medida a la presencia de quistes energéticos, pero este proceso altera la función ideal, produciendo olas de interferencia; la conductividad eléctrica normal de los tejidos corporales queda reducida y el flujo energético por los meridianos de acupuntura queda obstruido. Todo esto absorbe energía corporal creando dolor y disfunción 6

Ondas de interferencia

Las «ondas de interferencia» a las que se refie­re el doctor Upledger son patrones de energía tri­dimensionales que emanan del área de una altera­ción activa. Son como las ondas que se producen cuando se tira una piedra al agua. Estas ondas pue­den sentirse mediante palpación como arcos de energía que irradian del lugar donde está atrapado el vector de fuerza. Pueden registrarse si el tera­peuta mantiene una cualidad de percepción ligera y aérea. Cuánto más cerca están del fulcro de alte­ración, más fuertes y rápidas se hacen estas ondas. Por tanto, rastreando el patrón de las ondas de in­terferencia hasta su origen es posible localizar el emplazamiento del vector de fuerza atrapada.

 

Asociación emocional

Si en el momento del trauma se experimentan emociones fuertes pueden quedar asociadas con el vector de fuerza atrapada. Por ejemplo, si ex­perimentamos miedo o ira cuando entra el vector de fuerza, esa emoción puede quedar retenida en el cuerpo formando parte del patrón inercial. Las emociones pueden ser un elemento importante dentro de la organización y mantenimiento de un fulcro inercial

NUTRICIÓN Y DIETA

El alimento que tomamos nos aporta los in­gredientes esenciales para que los tejidos se desa­rrollen de forma sana, y está muy relacionado con nuestra vitalidad. Una mala nutrición produ­ce debilidad de los tejidos y acumulación de toxi­nas, lo que puede afectar al funcionamiento del sistema respiratorio primario. Para llenar de sa­lud las células corporales no sólo hace falta to­mar una dieta bien equilibrada sino que se pro­duzca una absorción adecuada de los nutrientes a través del tubo digestivo y que se eliminen los productos de desecho. Es imperativo que los ór­ganos digestivos expresen el movimiento respiratorio primario para que estas funciones -absor­ción de nutrientes, eliminación de residuos- se realice eficazmente.

 

Acumulación de toxicidad

Si los órganos de eliminación (principalmente los intestinos y la piel) están sobrecargados, los productos de desecho y las toxinas no pueden ser descargados adecuadamente. Entonces se van al­macenando en el cuerpo, lo que puede producir una acumulación de toxicidad. Para el cuerpo, esta toxicidad es otra fuerza biocinética que las fuerzas intrínsecas de salud tienen que tratar de afrontar. Algunos productos tóxicos pueden abrirse camino hasta los tejidos conjuntivos, las articulaciones, los músculos y fluidos corporales, almacenándose en ellos y produciendo falta de motilidad, adhe­rencias de los tejidos y desarrollando patrones
inerciales. La acumulación de toxicidad en los te­jidos puede producir gran variedad de enfermeda­des degenerativas, como artritis, desórdenes de los órganos digestivos o cáncer'. También hay otros factores que pueden producir acumulación de  toxicidad como los alimentos procesados, los aditivos químicos, los pesticidas, los medicamentos ~ la cocción escasa o excesiva.
A menudo se puede detectar una falta de po­tencia en los tejidos de la persona que come mu­cha «comida basura», o que fuma o bebe en abundancia. En estos casos, el movimiento cra­neosacral suele estar congestionado o se expresa perezosamente. Cuando se resuelve un patrón inercia] de este tipo, las sustancias tóxicas alma­cenadas en el cuerpo pueden ser eliminadas, y este proceso de eliminación a menudo produce una crisis de curación. En muchos de los casos que he tratado, la resolución de fulcros inerciales tóxicos fue seguida de erupciones cutáneas, res­friados agudos, fiebre o diarrea.

 

Efectos de los medicamentos

Los medicamentos suelen ser una fuente de desequilibrios nutricionales en el cuerpo. Aparte de que muchos de los medicamentos que se rece­tan habitualmente destruyen ciertas vitaminas y minerales, también son una importante fuente de toxicidad. De hecho, no hay ningún medicamen­to que no tenga efectos secundarios. El cuerpo tiene que acomodarse a cualquier sustancia que produzca artificialmente un efecto específico en ciertos tejidos o sistemas. E incluso si estos efec­tos secundarios pueden ser tolerados o elimina­dos, los reajustes necesarios pueden crear una tensión considerable en los recursos intrínsecos del sistema respiratorio primario.
A veces los efectos de los medicamentos pue­den palparse claramente en las expresiones del
movimiento respiratorio primario, especialmente en la cualidad de la fluctuación de fluidos. Los antibióticos producen en los fluidos una cualidad de vibración e inestabilidad, y los antidepresivos una cualidad perezosa. El uso continuado de cal­mantes produce opacidad y disociación general. Los anestésicos pueden palparse en los fluidos como un temblor rápido y frialdad, cualidades que suelen surgir cuando se procesan los efectos de una operación quirúrgica.
Las drogas recreativas también pueden tener un profundo efecto. El cannabis, por ejemplo, al­tera la capacidad de los fluidos de incorporar el principio ordenante del Aliento de Vida y da al movimiento respiratorio primario una cualidad confusa y desorganizada. Por este motivo puede ser difícil tratar a las personas que toman drogas recreativas. En algunos de estos casos, intentar acumular potencia es como intentar llenar de agua un cubo agujereado. Cuando el efecto de las drogas empieza a eliminarse de los tejidos duran­te el tratamiento, el paciente suele experimentar las cualidades mencionadas (por ejemplo, desor­ganización). A veces es posible oler o saborear las drogas que están siendo eliminados.

 

Una dieta adecuada

Hablando en general, una dieta saludable con­tiene todos los nutrientes esenciales tomados en las combinaciones adecuadas. Los alimentos más nutritivos son los cultivados en suelo no conta­minado, que tengan la mínima cantidad posible de aditivos y productos químicos y que estén poco procesados. Idealmente deberíamos comer una alta proporción de alimentos frescos. La ali­mentación recomendable está compuesta funda­mentalmente por cereales integrales, semillas, verduras, frutos secos, frutos frescos y germina­dos, es decir, alimentos ricos en nutrientes que contienen abundante fuerza vital que es el funda­mento de la salud.
Los detalles de lo que constituye una dieta sana están más allá del ámbito de este libro, pero como se trata de un asunto individual el lector puede ampliar sus exploraciones simplemente es­cuchando a su propio cuerpo. Deja que tu cuerpo te diga lo que necesita y lo que no. Presta aten­ción a cómo responde a lo que comes. Tómate el tiempo necesario para sentir las sensaciones crea­das por los alimentos que tomas y déjate guiar por esas sensaciones. Por ejemplo, ¿te sientes in­cómodo o lleno después de las comidas? ¿Te can­sas fácilmente? Puedes explorar cuál es el tipo de alimento más adecuado para ti probando otros alimentos. Es mucho mejor confiar en la sabidu­ría corporal que seguir reglas fijas o modas que no siempre son aplicables a tus características constitutivas individuales.

 

EFECTOS MEDIOAMBIENTALES

Somos parte integral del mundo en que vivi­mos; nuestro estado de salud está íntimamente relacionado con las condiciones que nos rodean. Nuestros mundos interno y externo tienen que es­tar en equilibrio para que podamos tener una sa­lud óptima. Pero es posible que vivamos en un entorno en el que este equilibrio sea difícil de en­contrar. El agua, el alimento y el aire pueden con­
tener tantos contaminantes que desvitalicen nues­tro cuerpo. Los que vivimos en una gran ciudad podemos pasar mucho tiempo sin ver más allá del edificio próximo. En tal caso es fácil perder de vista nuestros horizontes naturales, ya que se establece una contracción perceptual y olvida­mos el sentido de perspectiva. Donde quiera que estemos podemos estar sometidos a las prisas y al caos de la vida moderna, o a otros factores me­dioambientales como los cambios de tiempo o un exceso de radiaciones ultravioletas o electromag­néticas. Además, otras influencias ambientales como la presión social, las tensiones familiares y los problemas de relación también pueden tener su impacto.

 

Construir la salud

Habitualmente, las tensiones externas nos afectan más cuando nuestro estado de salud ya es precario. Aunque no hay nada mejor que vivir en un entorno saludable, es posible que nuestros re­cursos internos estén sobre empleados y no poda­mos ofrecer una gran resistencia a las influencias dañinas. Es importante que nos responsabilice­mos de nuestra dieta, de salir a la naturaleza cuando podamos, de hacer ejercicio y de descan­sar adecuadamente. El tratamiento craneosacral, que nos da acceso a nuestros recursos de salud inherentes, puede ayudarnos a fortalecer nuestra constitución y beneficiarnos incluso en condicio­nes medioambientales adversas. En lo fundamen­tal, nuestra salud intrínseca está disponible 24 horas al día, cualesquiera que sean las circunstancias­
 .

 

FACTORES HEREDITARIOS Y GENÉTICOS

Ciertas tendencias a tener problemas de salud pueden transmitirse de una generación a otra. Heredamos estas tendencias a través de los «la­drillos» genéticos contenidos en las células, de nuestro ADN. Pero ahora que se ha completado el mapa genético humano se ha descubierto que es mucho menos complejo de lo que se creía. El código genético humano muestra que llevamos incorporada poca más información genética que los ratones, y apenas el doble que las pequeñas moscas de la fruta. Consecuentemente, muchos científicos han concluido que los genes sólo son parcialmente responsables del despliegue de nuestras tendencias heredadas.

Las predisposiciones genéticas no implican necesariamente que tengamos que sufrir los mismos problemas que nuestros antepasados. Nuestra individualidad siempre es un factor de la ecua­ción. Según los sistemas de medicina oriental, hay tres energías nucleares que convergen para formar un ser humano en el momento de la con­cepción: la fuerza de vida de la madre, la fuerza de vida del padre y la fuerza de vida del bebé en­carnado. La interrelación de estas tres energías influye en la constitución del cuerpo. Si nuestra fuerza de vida básica se expresa libremente, pue­de superar las tendencias heredadas de nuestros padres.

Nuestras opciones
Además, la vida no es estática; aunque tenga­mos problemas heredados podemos fortalecer la expresión de nuestras energías esenciales. Nunca me he encontrado con un caso en el que no hu­biera lugar para una mejoría. La presencia de nuestra salud intrínseca va más a fondo que la genética9. Podemos ver la genética como un sim­ple mecanismo que permite al principio ordenan­te del Aliento de Vida desplegar sus actividades. En esta era de manipulación genética es fácil per­der de vista la acción de esta inteligencia más profunda.
Aunque puedan estar presentes ciertas predis­posiciones inherentes, a menudo hace falta que se den una serie de condiciones para que lleguen a manifestarse como enfermedad. Por ejemplo, el asma (considerada una enfermedad hereditaria) generalmente sólo se desarrolla cuando los patro­nes inerciales afectan al movimiento de los pul­mones, del pecho o del diafragma, o cuando esta­mos bajos de recursos y nos falta potencia corporal. Asimismo, los ataques de la fiebre del heno suelen producirse cuando se irritan los ner­vios craneales que irrigan los senos y los conduc­tos lacrimales. Frecuentemente el tratamiento craneosacral es capaz de resolver estas condicio­nes subyacentes.

 

INFLUENCIAS MENTALES Y EMOCIONALES

En muchas formas tradicionales de medicina el cuerpo y la mente se consideran aspectos inse­parables del ser humano. Pero la medicina occi­dental moderna suele separarlos de manera falsa y tratarlos en consecuencia. Si tenemos en cuenta todas las fuerzas que condicionan nuestra salud,

El papel de la psique es el más poderoso de todos. Es el factor que gobierna nuestras acciones, pos­turas, tensiones, dieta y muchas de nuestras res­puestas a las experiencias de la vida. En palabras del Dalai Lama: «A nivel profundo, mente y cuerpo son no-duales».
Los efectos de los traumas físicos, de las ten­siones medioambientales e incluso de las pre­disposiciones hereditarias pueden ejercer su influencia sobre la mente. Además, las emocio­nes fuertes o las actitudes fijas pueden actuar como fulcros importantes que orienten nuestra manera de funcionar. Estos fulcros psicológicos a menudo subyacen en la manifestación física de inercia y suelen ser factores críticos que de­ben tenerse en cuenta durante el tratamiento de la enfermedad. Tratar el cuerpo sin considerar el papel de la psique es como quitar las abolla­duras de un coche sin tener en cuenta la habili­dad del conductor.

La continuidad mente-cuerpo
La mente está al mando.
Todas las cosas son fabricadas por la mente. Eres lo que piensas,
Y te has convertido en lo que pensaste”.
EL BUDA

Cuerpo y mente mantienen una relación ínti­ma y continua hasta el día de nuestra muerte. «Nuestros sentimientos y actitudes afectan direc­tamente a nuestra manera de estar, de movernos, de respirar y de crecer». En consecuencia, el
Cuerpo refleja claramente a la persona que lo ha­bita. Su tono, postura, proporciones, tensiones, motilidad, movimientos, ritmos y vitalidad ex­presan esta relación 13. Encarnamos nuestras ale­grías y sufrimientos.

 

El cuerpo cuenta una historia

El cuerpo no miente nunca; se forma en torno a la persona que somos por dentro. Si llevamos la cabeza baja, los hombros caídos, el pecho hundi­do y caminamos pesadamente, todos estos rasgos reflejan sentimientos de debilidad y resignación. En cambio, si llevamos la cabeza alta, los hom­bros abiertos y flexibles, el pecho respira adecua­damente y caminamos con paso jovial, estos ras­gos indican confianza y vitalidad 14. Si nuestras creencias, miedos y emociones determinan nues­tra manera de estar en el mundo, los tejidos mis­mos asumirán una forma que sustente este estado mental.
Nuestros traumas físicos y psicológicos, así como nuestros pensamientos, sentimientos y ca­rácter, se reflejan en nuestras pautas estructura­les. Las huellas de cualquier experiencia ago­biante se graban en el cuerpo en forma de inercia, que se queda fijada por nuestra incapacidad de acceder a los recursos necesarios para resolverla afectando así a nuestra salud intrínseca. Como comenta Marilyn Ferguson: «Con los años, nues­tros cuerpos se convierten en autobiografías an­dantes que cuentan a propios y extraños las ten­siones mayores y menores de nuestras vidas». Nuestro lenguaje corporal es el verdadero «espe­jo universal.
Rochester descubrieron que la respuesta del sistema inmunológico de las ratas puede estar condicionada por sus experiencias y expectativas previas; algo parecidas a los perros de Pávlov. Dirigieron una serie de experimentos en los que administraban a las ratas agua con sacarina mez­clada con un medicamento que suprime la activi­dad del sistema inmunitario'9. Para su sorpresa, descubrieron que si a las ratas se les administra­ba  posteriormente tan sólo agua con sacarina (sin el medicamento) la respuesta de su sistema inmunitario quedaba suprimida, como si hubie­ran tomando el medicamento. Es el denominado efecto placebo, que señala la poderosa influen­cia de las creencias y expectativas en el funcio­namiento del sistema inmunitario, y por tanto en la capacidad del cuerpo de responder a la enfer­medad.
Se llevó a cabo otra interesante investigación en la sección cardiovascular de un importante hospital norteamericano con pacientes que su­frían angina de pecho. Esta enfermedad hace que las arterias que abastecen al corazón queden par­cialmente obturadas produciendo intensos dolo­res de pecho. Se sabe que un medicamento lla­mado digitalis (derivado de la planta dedalera), alivia los síntomas agudos de un ataque de angi­na de pecho. Una vez administrado, este medica­mento suele producir su efecto rápidamente. En este experimento, al 50 por 100 de los pacientes que sufrían angina de pecho se les administró di­gitalis y al otro 50 por 100 se les dio un placebo. A pesar de tomar pastillas de azúcar, una propor­ción significativa de los individuos de este se­gundo grupo respondió favorablemente y sus sín­tomas desaparecieron.
Pero lo que es aún más interesante es que la mitad de los médicos que administraron el place­bo sabían que lo estaban haciendo, mientras que la otra mitad creían que estaban dando a sus pa­cientes el verdadero medicamento. Sorprenden­temente, los pacientes que recibieron el placebo de los médicos que tenían la impresión de estar dando el medicamento adecuado respondieron mucho mejor que los pacientes que lo recibieron de los médicos que sabían que estaban dando pla­cebo. De modo que la creencia del paciente in­fluía en el tipo de respuesta que daba, pero tam­bién influía en ella la confianza del médico.
Estos experimentos indican que a los pacientes les va mejor cuando reciben tratamiento de médi­cos que se sienten bien con lo que están haciendo que cuando los médicos no creen en lo que hacen. ¡La mente es así de poderosa! En la medicina con­vencional, el efecto placebo suelen ser considerado un error estadístico, algo inconveniente y negativo. Si podemos controlar hábilmente el poder de la mente dentro del proceso terapéutico las posibili­dades de curación aumentan enormemente.

 

 

Las experiencias se quedan fijadas
Desde una edad temprana, las pautas estructu­rales del cuerpo empiezan a formarse bajo la in­fluencia de nuestros estados emocionales y men­tales. Los fulcros inerciales de los tejidos suelen asociarse a estados psicológicos fijos. A su vez, estos mismos sentimientos pueden quedarse apri­sionados en los tejidos contraídos con lo que se fijan  todavía más. Estas pautas psicosomáticas influyen en nuestro funcionamiento psicológico
Y son las responsables de nuestras características personales identificables, tanto corporales como mentales. Ida Rolf ilustra este punto:
Un individuo que experimente temporalmente miedo, pena o ira, a menudo lleva en su cuerpo una actitud que el mundo reconoce como una manifestación externa de esa emoción particular. Si él persiste en esta dramatización o si la restablece continuamente hasta formar lo que se suele llamar un «patrón habitual», la estructura muscular queda fijada. A nivel material concreto algunos músculos se acortan y se hacen más gruesos, otros son invadidos por tejido conjuntivo y otros quedan inmovilizados por la consolidación de los tejidos implicados. Una vez que ha ocurrido esto, la actitud física es invariable; se vuelve involuntaria; ya no puede ser cambiada pensando en ella o por sugestión mental. Como no es posible restablecer el libre flujo a través de la carne física, el tono emocional subjetivo se va quedando progresivamente limitado y tiende a permanecer dentro de un área cerrada y restringida. Ahora, lo que ese individuo siente ya no es una emoción, una respuesta a la situación inmediata; a partir de ese momento él vive, se mueve y tiene su ser en
una actitud.


Una mente abierta
Las investigaciones del doctor Pritbin de la Universidad de Stanford nos indican que los há­bitos pueden crear ranuras neurales en el córtex
Cerebral. Sus descubrimientos llenan de signifi­cado frases como «moverse en un carril mental determinado» o «tener ideas fijas». Los patrones de pensamiento se convierten literalmente en ra­nuras anatómicas en el cerebro, que posiblemen­te también influirán en la forma de expresar la motilidad que tenga el sistema nervioso central. En mi experiencia, una mente abierta se refleja en una cabeza abierta; es decir, relativamente li­bre de resistencias a las expresiones del movi­miento respiratorio primario. Frecuentemente se puede distinguir una tensión en los movimientos craneales y faciales de la gente que tiene una ac­titud fija y una mente cerrada. Según un antiguo proverbio, africano, todo lo que uno tiene está escrito en su cara.»

 

Reflejo en las mareas

A un profundo nivel de funcionamiento, los movimientos rítmicos producidos por el Aliento de Vida son un barómetro claro y preciso de nuestros procesos mentales y emocionales. Una falta de movimiento respiratorio primario en dis­tintas partes del cuerpo puede reflejar sentimien­tos concretos que han quedado asociados con la función de esos tejidos. Por ejemplo, la boca está relacionada con nuestros sentimientos en torno a la nutrición y la garganta con nuestros sentimien­tos en torno a la autoexpresión. La parte baja de la espalda puede estar relacionada con sentimien­tos de auto apoyo, y la pelvis con la sexualidad y la sensación de tocar tierra. El doctor Upledger describe un patrón de compresión en los tejidos habitualmente hallado en los pacientes que sufren depresión: este patrón consta de una tríada de tejidos inerciales en la articulación esfenoba­silar, la base craneal y la articulación lumbosa­cral'-'. Parece que cuando el movimiento en estas importantes articulaciones queda restringido el flujo de las fuerzas creativas de la vida se reduce notablemente.
Cuando el paciente siente paz, felicidad y ale­gría se puede palpar una cualidad clara, vital y ho­mogénea en las fases del movimiento respiratorio primario. En muchos casos de tristeza, miedo o desaliento se pueden percibir cualidades de pere­za, restricción u opacidad. Una falta de confianza se puede manifestar como titubeo, ansiedad o tem­blor. Algunos terapeutas llegan a establecer una correspondencia entre los estados mentales y emo­cionales y la forma de expresar sus movimientos rítmicos de flexión y extensión que tienen los teji­dos. La flexión craneosacral (con expansión late­ral) puede asociarse con la acción y la extrover­sión, mientras que la fase de extensión se corresponde con la pasividad o introversión. De­pendiendo de la estructuración de los tejidos cor­porales, la persona puede ser predominantemente de tipo flexión o de tipo extensión. La predomi­nancia de la flexión o de la extensión en los ritmos del movimiento craneosacral puede asociarse con el estado mental correspondiente. Por otra parte, estas amplias generalizaciones no tienen por qué reflejar lo que le ocurre a un individuo concreto.

 

Retroalimentación circular

Cualquier fragmentación del movimiento res­piratorio primario implica una fragmentación de la función fisiológica que afecta a la totalidad de la persona. Los patrones fisiológicos y la ex­periencia emocional se perpetúan mutuamente. La influencia de la mente sobre la materia y de la materia sobre la mente parece formar un circui­to circular de retroalimentación en el que ambos aspectos se afectan mutuamente. Las experien­cias psicológicas son corporizadas, y a continua­ción los patrones corporales fijos influyen en nuestra experiencia. Lo que denominamos cons­ciencia y nuestro cuerpo físico son una continui­dad. Sólo cuando esta continuidad mente-emoción-cuerpo se alinea armoniosamente es cuando el Aliento de Vida se manifiesta de manera equi­librada e integrada, dando como resultado una salud óptima.

La experiencia emocional
Antes hemos señalado que las lesiones físicas pueden asociarse con emociones concretas. Como no somos únicamente seres físicos, nuestra forma de responder a cualquier experiencia de la vida también incluye la mente. La mente participa en todo lo que hacemos. Si los tejidos se contraen en una respuesta protectora ante la tensión o el  trauma, los pensamientos y sentimientos que ~ tengamos en ese momento pueden convertirse en un elemento más dentro de esa contracción. En concreto, las emociones intensas y abrumadoras, como el terror o la desesperación, tienden a con­tribuir activamente al desarrollo de inercia y pue­den participar significativamente en su manteni­miento. De modo que un fulcro puede abarcar tejidos, fluidos y potencias que han quedado restringidas junto con emociones atrapadas, tonalidades de sentimientos, creencias y visiones de uno mismo.

Autor: Michael Kern, extraído del libro: Libro completo de terapia craneosacral.

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