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El impulso rítmico craneal en las piernas

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Palpación La escucha El CV 4 Punto de parada Desenroscamiento Descomprimir el Atlas

 

LA ESCUCHA EN LOS PIES Y EN LAS PIERNAS

Colocamos suavemente nuestras manos en el dorso de los pies y nos disponemos a escuchar el ritmo fluídico del LCR en los pies. El movimiento es de expansión y contracción, así como también hay una componente de rotación interna en la contracción y externa en la expansión.Es muy probable que no sintamos ningún impulso rítmico craneal en las piernas y que por tanto tengamos que desenroscar y eliminar un gran número de tensiones o bloqueos energéticos en toda la pierna e incluso en las caderas y en el sacro. Iremos desatando las líneas de tensión a lo largo de las piernas parando en las zonas que así lo requieran para mantenernos ahí en una transmisión de energía que libere el bloqueo.Después notaremos que el impulso rítmico craneal vuelve en esa zona.Si la zona es problemática y nos interesa profundizar en ella induciremos una parada del impulso rítmico craneal para volver a encontrarnos con un desenroscamiento de las líneas de tensión efectuando una sanación en los tejidos más profundos. Nuestra intención o el ojo de la mente, son los que se proyectan hacia el interior del cuerpo del paciente.Cuando hayamos conseguido que pulse las piernas un poco, podremos notar como entre la pierna derecha o izquierda existe desequilibrio. Podemos notar como una pierna pulsa y la otra no pulsa. En este caso induciremos una parada a la pierna que pulsa llevando con nuestra intención el líquido cefalorraquídeo hacia la pierna que no pulsa. Cuando consigamos que la pierna con más debilidad pulse, mantendremos y acompañaremos esta pulsación durante varios ciclos. Después dejaremos de inducir el punto de parada a la otra pierna permitiendo que ambas piernas efectúen el movimiento respiratorio primario. Ahora muy seguramente nos encontremos con que cada pierna pulsa a un ritmo distinto a la otra. Ahora será el momento en que forzaremos una parada o Still Point a una pierna y de seguido a la otra. Mantendremos esta parada con su desenroscamiento o unwinding durante el tiempo que sea necesario hasta que venga el silencio neurológico y retorne el movimiento respiratorio primario. Ahora prestaremos mucha atención a percibir la simetría de ritmo en ambas piernas, si no fuera así será el momento de repetir de nuevo todo el proceso o técnica cráneo-sacral.Este ritmo existe en cualquier parte del cuerpo. Lo escucharemos también en las rodillas, los muslos y los iliacos. Lo abajo escrito Autor: John Upledger Una de las formas más sencillas de aprender a modificar con suavidad el ritmo del sistema craneosacro es empezar por los pies. Mientras descansan los talones en las manos en movimiento, se «sintoniza» con la rotación ex­terna (la fase de flexión del ritmo craneosacro), vuelta a la posición neutra, la excursión hacia la rotación interna (extensión craneosacra), etc., a medida que el ritmo se repite.
Mientras descubres este movimiento, contesta estas preguntas. ¿Parece simétrico el movimiento? ¿Giran los pies externa o internamente con mayor facilidad? Como ejemplo, digamos que el pie izquierdo gira más hacia fuera que el derecho, y que ninguno de los dos pies gira internamente con la misma facilidad o hasta donde lo hacen externamente. Para cambiar esta si­tuación todo menos perfecta, acompaña ambos pies hasta la amplitud ex­trema de movimiento que puedan alcanzar con la máxima facilidad. En nuestro ejemplo, esto significa que acompañes ambos pies durante la rota­ción externa. Cuando los pies se hayan movido todo lo posible en rotación externa (en este caso, el pie izquierdo gira externamente más que el dere­cho), opón resistencia a que vuelva a la posición neutra deteniendo el movi­miento con las manos. No hagas más fuerza en rotación externa; sólo opón resistencia a la vuelta a la posición neutra de los pies situados en posiciones extremas de rotación externa.
Mientras se opone resistencia a la vuelta a la posición neutra al aplicar una fuerza suave sobre los pies del sujeto, otro examinador, que vigila la cabeza, sentirá una resistencia sutil a la vuelta de los huesos del cráneo a la
posición neutra y a la fase de extensión del ritmo craneosacro. La vuelta a la
posición neutra y el movimiento de extensión se producirán en la cabeza, pero con
menos facilidad. Este cambio perceptible en la cabeza se debe a la resistencia ejercida al manipular los pies del sujeto. A medida que el sistema craneosa­cro vuelve a la fase de flexión, apreciarás un movimiento añadido en rotación externa en uno o ambos pies.
Se sigue esta rotación externa muy de cerca. Se llega con cuidado al límite articular, igual que si mantuvieras un sedal de pesca tenso al sacar un pez del agua, o como mantendrías el parachoques delantero de un automóvil pegado al parachoques trasero de un coche que estás empujando. Cuando la rotación externa alcanza el límite de su nueva amplitud de movimiento y trata de volver a la posición neutra, las manos del terapeuta se vuelven de nuevo inamovibles. El resto del sistema craneosacro volverá a su pesar a la posición neutra. Luego, ante la nueva resistencia incrementada, pasará a la fase de extensión. Este proceso puede presenciarlo un examinador que con­trole la actividad situado a la cabeza del sujeto.


Cada vez que los pies giran un poco más externamente, se llega con cuidado al límite articular y se opone resistencia a la rotación interna. Después de algunas repeticiones (el número diferirá, por lo general entre 5 y 20), el movimiento total del sistema craneosacro se detendrá, completamente inmóvil. Esto se llama punto de quietud.
El punto de quietud se ha inducido por la resistencia que ejerce el terapeuta al movimiento fisiológico en los pies del sujeto. Suele anunciarse con irregularidades macroscópicas en el ritmo craneosacro que se manifiestan por todo el sistema. El sistema craneosacro puede estremecerse, pulsar o balancearse. Al tiempo que el terapeuta sigue ejerciendo resistencia a la vuelta a la posición neutra del movimiento fisiológico de los pies, la activi­dad del sistema craneosacro se detendrá finalmente.
Hemos registrado eléctricamente el punto de quietud durante parte de nuestro trabajo con el doctor Zvi Karni (APÉNDICE c). A medida que nos acercamos al punto de quietud, el sujeto experimenta varios cambios. En nuestro sujeto hipotético, la excursión de la pierna izquierda en rotación externa fue mayor que la de la derecha. Ambas giraron externamente más de lo que lo hicieron internamente. Por tanto, podría deducirse que hay una disfunción somática en la articulación sacroilíaca derecha. Probablemente haya una res­tricción en una posición de flexión con el vértice del sacro anterior. A medida que la llegada al punto de quietud se vuelve inminente, es probable que el sujeto experimente una exacerbación del dolor presente en el área lumbar afectada, o la recurrencia de un dolor conocido y antiguo, ahora latente. El sujeto también experimentará cambios en los patrones respiratorios, y pro­bablemente algo de transpiración. Prosigue ejerciendo resistencia hasta que el cuerpo haga un esfuerzo armónico y concertado contra la acción de las manos (en este caso, hasta que los pies giren externamente).
Durante el punto de quietud, todo se relaja. El dolor mencionado antes desaparece. La disfunción somática sacroilíaca tal vez se corrija de forma espontánea, en ocasiones con un «chasquido» apreciable. La respiración se torna muy relajada, y parece desaparecer toda tensión muscular.
El punto de quietud puede durar desde unos pocos segundos hasta unos minutos. Cuando concluye, el sistema craneosacro reanuda su movimiento, por lo general con una simetría mejor y una amplitud mayor.
Una vez inducido el punto de quietud, sólo hay que vigilar. Se repara en cualquier cambio en la cualidad y amplitud del movimiento de los pies. Si las excursiones en rotación interna y externa se restablecen con igualdad, y si mejora la simetría izquierda derecha del movimiento, no se requiere nada más. Si, a tu entender, el movimiento no es satisfactorio, tal vez repitas el pro­cedimiento hasta llegar a otro punto de quietud. Cada repetición devolverá un poco más la anormalidad a lo normal y será beneficioso para el paciente.
Nunca hemos superado más de diez repeticiones con el punto de quietud durante la misma sesión de tratamiento. Sin embargo, no tenemos cons­tancia de otro efecto secundario que una relajación extrema y somnolencia.
El punto de quietud está contraindicado en casos de hemorragia intracraneal y aneurisma, porque los cambios en la presión del líquido intracraneal pueden ser perjudiciales para el paciente.
Con práctica, la técnica descrita para la inducción de un punto de quie­tud usando los pies puede aplicarse en cualquier parte del cuerpo. Es cues­tión de determinar la dirección de mayor facilidad y amplitud de ritmo craneosacro fisiológico. Sigue este movimiento hasta su punto de quietud fisiológico, y opón resistencia a su vuelta. Llega al límite articular con cada ciclo hasta alcanzar un punto de quietud de la función del sistema craneosacro. Una vez se supere el punto de quietud y se reanude la activi­dad mejorada del sistema craneosacro, el terapeuta monitorizará y evaluará los nuevos patrones de movimiento fisiológico.
El punto de quietud se induce en la mayoría de los casos en la cabeza y el sacro. Las técnicas aplicadas en estas partes anatómicas suelen ser eficaces más rápidamente que cuando se aplican en otras partes del cuerpo. El objetivo es sencillamente modificar la actividad del sistema craneosacro.Autor: John Upledger

Posición del cliente: Tumbado sobre la camilla en decúbito supino.
Posición del terapeuta: Para la escucha desde los pies: A) Sentado, con los tobillos o talones de los pies sobre las manos. De pie, dejando las manos sobre o en el lateral de ambos pies. Para la escucha desde el sacro: Sentado, en el lateral de la camilla con la mano bajo el sacro.
Posición de las manos: Para la escucha desde los pies:
-Las manos reposan sobre o en el lateral de ambos pies. Las manos se colocan bajo los tobillos o talones
de los pies y éstos reposan sobre ellas.
Para la escucha desde el sacro: Una mano se sitúa bajo el sacro en sentido longi­tudinal, apuntando los dedos hacia la cabeza, de manera que las apófisis espinosas quedan en el centro, entre los dedos medio y anular.
Movimiento: Los pies responden al MRP como rotación externa y flexión dorsal en inhalación y rotación interna y flexión plantar en exhalación. El sacro realiza flexión y extensión.

 

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