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La escucha del impulso rítmico craneal

 

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Palpación La escucha El CV 4 Punto de parada Desenroscamiento Descomprimir el Atlas

 

LAS TECNICAS PARA REGULAR EL IMPULSO RÍTMICO CRANEAL

 

El terapeuta lo primero que tiene que hacer es escuchar el movimiento respiratorio primario, entrar en sintonía con esta pulsación. Este proceso tal vez es el más complicado por su sutilidad y por no estar acostumbrados a escucharlo. Sin embargo la práctica, la constancia y la sensibilidad que poco a poco vamos adquiriendo, nos traerán la percepción fácil y rápida de este movimiento respiratorio primario.Nosotros después de escuchar y seguir el movimiento respiratorio primario de la zona que estamos tratando por varias respiraciones, tendremos que saber el tipo de lesión que existe y la parte de la zona que no respira, o que no lo hace correctamente. Después de este proceso de escucha vendrá por el sólo, o nosotros podemos inducir un proceso de punto de parada. Esto se hace al tratar de evitar con nuestra intención el siguiente llenado del líquido cefalorraquídeo.

 

 

     

 

Ritmo craneosacro:
habilidades palpatorias, escrito por John Upledger

La mayoría de vosotros habéis pasado años estudiando ciencias y habéis aprendido a depender mucho de la razón y la mente. Probablemente estéis convencidos de que la información que puedan aportar las manos es poco segura. Tal vez consideréis seguros los hechos cuando están impresos en el ordenador, proyectados en una pantalla o leídos en el indicador de un apa­rato electrónico. Con el fin de usar las manos y empezar a desarrollarlas co­mo instrumentos fiables para el diagnóstico y el tratamiento, hay que apren­der a confiar en ellas y en la información que puedan proporcionarnos.
Aprender a confiar en las manos no es una tarea fácil. Hay que aprender a derivar la mente consciente y crítica mientras se aprecian mediante la pal­pación cambios sutiles en el cuerpo que se explora. Se debe adoptar una ac­titud empírica para aceptar temporalmente sin dudar las percepciones que llegan de las manos al cerebro. Aunque esta actitud sea inaceptable para la mayoría de los científicos, se recomienda hacer la prueba. Una vez que se haya desarrollado la habilidad para la palpación, se podrá someter a crítica lo que se aprecie con las manos. Si se ejercita la crítica antes de aprender a palpar, nunca se aprenderá a usar las manos con eficacia como instrumen­tos diagnósticos y terapéuticos altamente sensibles que son.
Recientemente, la función del cerebro se ha dividido por razones de con­veniencia en actividades del hemisferio derecho y del izquierdo. Esta divi­sión puede resultar muy simple, pero es útil para el fin del desarrollo de un modelo conceptual sobre el cual fundar una explicación comprensible.
Se considera que el lado izquierdo del cerebro es el racional, razonador y crítico; el lado derecho, el creativo, fantaseador, imaginativo e intuitivo. El proceso educativo al que todos estamos sujetos, sobre todo en las ciencias, ha respaldado el desarrollo del lado izquierdo del cerebro. El lado derecho se ha dejado de lado excepto en el arte, la música y otras actividades creati­vas. A menudo, los estudios creativos se consideran de menos valor que las ciencias. Como resultado, el lado izquierdo del cerebro ha crecido hasta ser hipercrítico, egocéntrico, omnisciente, intimidador y casi autónomo. Por otra parte, el hemisferio derecho es silencioso, reservado, tímido, miedoso y tal vez inmaduro. Este hemisferio derecho es en gran medida virgen, dado que cuando una idea surge del lado derecho del cerebro y se hace conscien­te, el lado izquierdo de inmediato comienza a decir por qué esa idea es es­túpida e irracional.Con el fin de desarrollar las habilidades para la palpación y empezar a percibir los movimientos fisiológicos del sistema craneosacro, es necesario detener la llegada de información del lado izquierdo del cerebro durante un rato. Hay que dejar que las habilidades se desarrollen sin escuchar el mensa­je de la conciencia del lado izquierdo que insiste en que lo que estás sintien­do no está realmente allí, sino que es producto de la imaginación. Hay que hacer caso omiso de la crítica. Deja que el lado derecho del cerebro tenga oportunidad de desarrollarse y aumentar su confianza. El talento e informa­ción que quedan suprimidos en el hemisferio derecho podrían dejarte atóni­to. El hemisferio derecho tal vez haya estado intimidado tanto tiempo que sea ahora muy tímido, por lo que es probable que los primeros mensajes que recibas conscientemente sean muy débiles, experimentales y fugaces. Hay que darles cancha, darles salida, ser favorables y considerados con nuestra intuición. Se desarrollará rápidamente si le das una oportunidad. Una vez desarrolladas las percepciones y sensaciones durante un tiempo, como em­pírico más que como científico, y después de que las habilidades para la pal­pación y el hemisferio derecho se hayan desarrollado y aumentado su con­fianza, tendrás todo el tiempo del mundo para asimilar con actitud crítica la información reunida por los sentidos. No queremos sugerir que frenes por completo la actividad del hemisferio izquierdo, sino que descanse mientras brindas al resto de tu cerebro una oportunidad de desarrollarse.
Es por eso que hacemos esta petición al principio: considera lo que sientes como real. No trates de comprenderlo de un modo racional. Date la oportu­nidad de aprender. El riesgo de jugar a «confío en mis manos» es mínimo para el perdedor. La ganancia potencial para los que tengan éxito es grande, mucho mayor de lo que puedas imaginar ahora. Recuerda que el potencial de la humanidad está limitado sólo por su propio concepto de los límites. Relájate y deja que suceda.Solemos empezar enseñando a las personas a palpar el ritmo craneosa­cro partiendo de los movimientos más evidentes del cuerpo humano. Uno de estos movimientos con el que deberías estar ya familiarizado es el pulso cardiovascular. Tómate tiempo. Ponte cómodo. Si no estás cómodo, el estí­mulo aferente de tus propios músculos tensos y la incomodidad crearán un nivel de ruido que causará interferencias con la percepción.
Con el paciente tumbado cómodamente en decúbito supino, se toma el pulso radial. Repara en el pico evidente de la pulsación. Sintoniza también con el ascenso y descenso del gradiente de presión. ¿Cuánto dura la diásto­le? ¿Cuál es la calidad de la subida de la presión diferencial después de la diástole? ¿Es brusco, gradual, suave? ¿Qué anchura tiene el pico de la pre­sión? ¿Desciende la presión de modo rápido, gradual, suave o pronuncia­do? Memoriza la percepción del pulso del paciente para reproducirlo en la mente después de interrumpir el contacto físico real con su cuerpo. Igual que se puede cantar una canción después de haberla oído varias veces, tam­bién deberías poder reproducir mentalmente la percepción palpatoria del pulso una vez interrumpido el contacto.
Ahora se toma el pulso carotídeo del paciente. Memoriza sus caracterís­ticas igual que hiciste con el pulso radial. Compara en la memoria la morfo­logía de la onda del pulso radial con la morfología de la onda del pulso ca­rotídeo.
Ahora se toma al mismo tiempo el pulso radial y el carotídeo, y se com­paran. ¿Es el ascenso de las pendientes parecido? ¿Son los picos iguales? Es­tás aprendiendo a comparar las características de un pulso con las del otro. Si aprecias sutiles diferencias, no te preocupes de por qué sí o por qué no existen esas diferencias. Por ahora basta con saber que existen.
Intenta recordar las características de los pulsos del paciente y compára­las con los pulsos de otra persona. A veces ayuda trazar una representación gráfica de la morfología de la onda del pulso a fin de empezar a establecer conexiones entre la palpación y la visualización de lo que has sentido (ilustración 3.1). Al principio, tal vez te sientas más cómodo visualizando que tomando el pulso, porque así te han enseñado y preparado. La percepción palpatoria tal vez parezca demasiado intangible como para fiarse de ella.            Después de haberte concentrado en los pulsos del cuerpo en las áreas ra­dial y carotídea, posa las manos sobre el tórax del sujeto y palpa la activi­dad cardiovascular.
Una vez te hayas centrado en la actividad cardiovascular y hayas me­morizado sus características, desvía la atención a los movimientos respira­torios del tórax. Memoriza estos movimientos. Ahora céntrate en la activi­dad cardiovascular, de nuevo en la actividad respiratoria Y OTRA VEZ EN LA CARDIOVASCULAR, REPITIENDO LA OPERACIÓN VARIAS VECES HASTA QUE PUEDAS APRECIAR mediante el pulso sólo lo que tú desees, manteniendo los otros movi­mientos a nivel inconsciente como «ruido de fondo». Recuerda, debes ad­quirir la capacidad para centrarte en cualquier parte del movimiento de fondo según lo desees.
A continuación, toca con suavidad la cabeza del pa­ciente (ilustración 3.3). Usamos la palabra «tocar» porque el grado de pre­sión entre tus manos y la cabeza depende en gran medida del peso de la cabeza sobre las manos. Tanto si el peso de la cabeza es o no un factor, el tacto debe ser muy suave: del orden de 5 gramos o menos. Coloca las manos si­métricamente con el peso del occipital sobre las regiones hipotenar y pal­mar de la mano, así como sobre los dedos anulares y meñiques. Debes estar có­modo (ilustración 3.4).
Cierra los ojos. Al tiempo que aguantas con las manos el peso de la cabe­za, intenta sentir la actividad cardiovascular. Repara en los distintos pulsos arteriales así como en la pulsación generalizada de toda la cabeza al ritmo de la acción de bombeo del corazón de esa persona.
Una vez familiarizado con la actividad cardiovascular de la cabeza del paciente, centra la atención en el movimiento de la cabeza respecto a la acti­vidad respiratoria. Apreciarás una flexión y extensión sutiles del cuello que se corresponden con la actividad rítmica de la respiración del sujeto.
Mantén los ojos cerrados. Una vez familiarizado con los movimientos de la cabeza correspondientes a las actividades cardiovascular y respiratoria del sujeto, descártalas de la percepción consciente. Sé consciente de otros movi­mientos desconocidos para ti. Deja que las manos se muevan con la cabeza del sujeto como si manos y cabeza estuvieran soldadas. Se usa toda la mano para palpar y no sólo los dedos. Repara en lo que hacen las manos siendo consciente de los mensajes de los propioceptores de los brazos. A medida que continúe esta fusión de las manos con la cabeza del sujeto y con los ojos cerrados, empezará a parecer que las manos se vuelven más grandes y los movimientos más largos. Abre los ojos y verás que apenas se mueven las manos, según la percepción visual. Cuando esto suceda, estarás empezan­do a potenciar los sentidos palpatorio y propioceptivo.
A medida que la exploración siga adentrándose en el dominio de la infor­mación palpatoria, serás consciente de que la cabeza del sujeto empieza a ensancharse y estrecharse lenta y rítmicamente, unos 6 a 12 ciclos por minu­to. A medida que se ensanche el occipital, su base parece moverse anterior­mente, arqueándose sobre un eje transverso de movimiento unos 5 cm anteriores al inión, la protuberancia occipital posterior. Este movimiento de ensanche, al arquearse en sentido anterior, constituye la fase de flexión del ritmo craneosacro. Una vez que el occipital concluye la fase de flexión del movimiento y vuelve a una posición neutra y relajada por un instante, co­mienza a iniciarse la fase de extensión del ciclo de movimiento del sistema craneosacro. Se percibe como un estrechamiento de la dimensión transversa del occipital, con un movimiento arqueado inverso al percibido durante la flexión.                        
Con las manos en la misma posición, se pueden palpar las regiones tem­poral y mastoidea y parte de las regiones posteriores de los parietales. Du­rante la fase de extensión del ritmo craneosacro, la dimensión transversal de estos huesos se estrecha un tanto.
Además, se puede empezar ahora a reparar en la simetría de las fases de los movimientos de flexión y extensión en el devenir de los ciclos. El estado ideal es un movimiento simétrico perfecto. Esta simetría perfecta pocas ve­ces se halla a menos que el sujeto se haya tratado con éxito usando técnicas craneosacras antes de la exploración.
También debes ser consciente de que el occipital, los temporales y los parietales se mueven con independencia unos de otros. La sutura es la es­tructura que permite este movimiento independiente.
           
Deja que las manos sigan en su sitio unos pocos minutos. Mantén los ojos cerrados y permanece relajado. Deja volar la imaginación. Es probable que te hayan enseñado que los movimientos que sientes no existen, o que, si existen, son imposibles de percibir con instrumentos tan rudimentarios como las manos.
Si éste es el caso, ¿qué sientes? ¿Se trata realmente de tu imaginación? Habrá tiempo por delante para decidirlo. Primero, da una oportunidad a los sentidos para que se desarrollen y ganen confianza. Se producirá con gran rapidez.
Una vez que hayas palpado (o imaginado que has palpado) los movi­mientos suaves y sutiles del sistema craneosacro de esta persona, procede a la exploración de otras. Repite los procedimientos. Aprende a distinguir los distintos movimientos fisiológicos de una persona y luego los de otras.
A medida que adquieras experiencia, empezarás a notar diferencias in­dividuales de una a otra persona; tu cerebro empezará a almacenar infor­mación sobre normas de los movimientos fisiológicos percibidos.
Una vez que hayas experimentado con éxito las percepciones palpato­rias creadas por la concentración en los movimientos cardiovasculares, los movimientos respiratorios y los movimientos del sistema craneosacro en una o más personas, surgirá la pregunta de si lo que percibes son los movi­mientos fisiológicos de esas personas o los tuyos propios. Para responder a esta pregunta debes practicar sobre ti mismo y familiarizarte con la «per­cepción» de los ritmos de tu propio cuerpo.
Siéntate. Toca ligeramente tu cabeza con las manos. Sé consciente de los movimientos fisiológicos de los sistemas cardiovascular, respiratorio y cra­neosacro de tu cabeza. Familiarízate con estos movimientos. Una vez que los conozcas, no confundirás las sensaciones palpatorias que proceden del paciente y las que proceden de tu propio cuerpo. Si inviertes tiempo en ha­cerlo, adquirirás la experiencia necesaria para poder practicar palpaciones con confianza (ilustración 3.5).
Una vez te sientas cómodo y seguro de que has apreciado el movimiento de los sistemas cardiovascular, respiratorio y craneosacro en la cabeza de varias personas, y una vez que seas capaz de variar la atención de un movi­miento fisiológico a otro, estarás listo para pasar a otras partes de la cabeza y del cuerpo.
Se ha dicho antes que la fase de flexión del ritmo craneosacro es, por lo general, un ensanchamiento de las porciones posteriores de la cabeza. La fase de extensión es de ligero estrechamiento. Al describir la cabeza en con­junto, la flexión parece ser un ensanchamiento transverso de toda la cabeza que se acorta en su dimensión anteroposterior. La extensión es justo lo con­trario, es decir, un estrechamiento transverso acompañado de una elonga­ción anteroposterior. Estos cambios se aprecian en la palpación poniendo las manos en varios puntos de la cabeza. El tacto de la palpación es muy suave: 5 gramos de presión serían excesivos. Imagina que tratas de sentir cómo se mueve el pelo (ILUSTRACIONES 3.6A y 3.6B).
       
Además del cambio de forma continuo de toda la cabeza junto con el movimiento rítmico del sistema craneosacro, el cuerpo también se mueve fisiológica e involuntariamente junto con el ritmo craneosacro.
Durante la fase de flexión del ritmo craneosacro, el cuerpo parece girar un poco externamente y ensancharse. Durante la fase de extensión, el cuer­po parece girar internamente y estrecharse un poco. Estos movimientos pueden palparse con facilidad en pies y tobillos, muslos, pelvis, tórax, bra­zos, cuello y otras partes del cuerpo. La clave del descubrimiento de este ti­po de movimiento corporal es la suavidad del tacto. Si el contacto con el cuerpo del sujeto genera cualquier tipo de respuesta de rigidez refleja de la
musculatura, se inhibirá el movimiento en cuestión que estás intentando percibir. Si tú, como examinador, no estás relajado y cómodo, tu propia ten­sión inhibirá tu capacidad de percepción.
Posa las manos con suavidad en el cuerpo del sujeto. Haz que las manos se fundan con ese cuerpo, y percibe mediante los propioceptores los movi­mientos de tus propias manos.
El área siguiente del movimiento del sistema craneosacro con la que tie­nes que familiarizarte es el sacro, que se inserta en el extremo caudal del tu­bo dural.
Para palpar el movimiento sacro, se asienta el sacro en la mano para que el vértice del sacro de esa persona descanse sobre la palma. La cresta del sa­cro debe situarse entre los dedos medio y anular. Las yemas de los dedos suelen extenderse en sentido cefálico por encima de la base del sacro del su­jeto hasta el nivel de la IV o V vértebras lumbares (ilustraciones 3.7A y 3.7B).
A medida que el sistema craneosacro entra en la fase de flexión de su mo­vimiento, el vértice del sacro se mueve anteriormente. Durante la fase de ex­tensión, el vértice del sacro se mueve en sentido posterior. Estos movimien­tos son sutiles y tal vez adquieran una sincronía perfecta con el ritmo craneosacro de la cabeza, o bien se retrasen un segundo o dos, dependiendo de la cualidad y cantidad de restricciones que afecten la movilidad libre del sacro.
Por lo gene­ral, los examinadores novatos se quejan de entumecimiento de la mano ba­jo el sacro cuando el sujeto está en decúbito supino. Sin embargo, esta pa­restesia por presión no reduce la propiocepción; de hecho, mejora un tanto la sensibilidad propioceptiva al eliminar el ruido táctil. Cuando el sacro del sujeto está en posición supina sobre tu mano, apóyate con fuerza en el codo, cierra los ojos y deja que la mano se funda con el sacro. Siente lo que está haciendo la mano.
Otra técnica útil para familiarizarse con el movimiento sacro es sentir mediante la palpación la sincronía de movimiento entre el sacro y el occipi­tal, para lo cual un examinador palpa el occipital, mientras otro palpa el sa­cro, dándose a uno a otro indicaciones verbales sobre cuándo comienza y terminan las fases de flexión y extensión. También puede hacerse colocando una mano sobre el sacro y la otra sobre el occipital del sujeto a fin de moni­torizar simultáneamente los movimientos de flexión y extensión en ambos extremos del tubo dural.
La palpación simultánea del sacro y el occipital por un solo examinador se realiza fácilmente con el paciente en decúbito lateral (Ilustración 3.9). En esta posición, el paciente puede tener una almohada debajo de la cabeza pa­ra que el cuello no se arquee hacia un lado. El encorvamiento o lateroflexión del cuerpo puede interferir con la sincronía del movimiento entre el occipi­tal y el sacro. Esta interferencia se manifiesta cuando el sujeto presente late­roflexión extrema del cuello mientras se palpa el ritmo craneosacro en el occipital y el sacro.
Con algo de experiencia, usando cuerpos vivos como ayuda para el aprendizaje, comenzarás a apreciar diferencias significativas en la amplitud del movimiento, su simetría y la energía que genera dicho movimiento de una persona a otra. Almacena todos estos datos en la memoria. Almacena información sobre lo que es normal con el fin de ser consciente de las varia­ciones de la norma. Finalmente, estas variaciones adquirirán un significado diagnóstico fisiopatológico.
La musculatura paravertebral es otra área de palpación de utilidad diag­nóstica (ilustración 3.10). Con el sujeto sentado o en decúbito prono, se palpa el ritmo craneosacro en las regiones paravertebrales del occipital has­ta el sacro. Se mantienen las apófisis espinosas entre los dedos. Los cambios en el ritmo craneosacro de las regiones paravertebrales pueden usarse a ni­vel diagnóstico para localizar compresiones de las raíces nerviosas y lesio­nes en la médula espinal. El músculo denervado presenta un movimiento fisiológico de entre 20 y 30 ciclos por minuto . Esta información puede usarse durante el diagnóstico diferencial entre el dolor de una dis­función somática y la compresión de una raíz nerviosa.
Como con cualquier otra destreza, el desarrollo de la sensibilidad para la palpación requiere práctica. La experiencia adquirida durante el tiempo de práctica en el que varios grupos reducidos de practicantes trabajan jun­tos con un enfoque acrítico es de lo más productivo.
Recapitulando, no dejes que el intelecto ponga obstáculos al desarrollo de tus habilidades para la palpación. Familiarízate con este uso de las ma­nos. Una vez que sepas «a fondo» lo que tus manos pueden hacer, tendrás mucho tiempo para ejercer una crítica intelectual. Brinda al «hemisferio de­recho» del cerebro una oportunidad de demostrar su capacidad sin que el «hemisferio izquierdo» se escandalice continuamente diciendo «¿qué suce­de?» o«¿es posible?». Aprende practicando.

           

           

Autor: John Upledger

 

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