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Este articulo ha sido traducido del ingles al castellano por Itaca Centre de Biodinámica Craneosacral y Osteopatía. Debido a la extensión del texto original.. Publicación con el permiso del autor (*)”.   

  Nuestra profesión de buen grado o no, atraviesa un proceso de divorcio entre “craneales” y “estructurales”. Ambos campos expresan, de forma creciente en sus foros escritos y orales, disconformidad los unos por los otros. Los “estructurales” consideran que los “craneales” carecen de cualquier base racional y no son muy diferentes de la “curandería” o el “reiki”. Estos consideran puros engaños la movilidad de las suturas craneales o los ritmos del fluido cerebroespinal. Para los que manipulan, compartiendo el mismo nombre profesional con médicos irracionales esto supone una gran carga, particularmente en un momento en que la osteopatía esta obteniendo respetabilidad.   Desde el punto de vista de los “craneales”, los trust osteopáticos son algo más que el simple ajuste del hueso. El arte sofisticado de Sutherland de recuperar la “fluidez” de las suturas craneales no puede compartir la misma institución que los brutos que se dejan caer, con todo su peso, sobre las uniones sacro ilíacas. La osteopatía estructural es, para ellos, la parte de la oscura prehistoria de nuestra profesión.   El autor cree que estos desacuerdos son los efectos tardíos del Big Bang que siguió a la muerte de Still. El fundador había integrado cuatro modelos en su descubrimiento. Estos son por orden cronológico: la medicina, la cirugía, la curandería y el ajuste del hueso. Ya durante su vida, los seguidores de Still bifurcan su herencia. Unos se identificaron con el modelo alopático y quirúrgico de Still y se convirtieron en los nuevos D.O. (Doctor en Osteopatía) americanos. Otros se identificaron con la curandería de Still y evolucionaron hasta los actuales “osteópatas craneosacrales”. Los otros se identificaron con el ajuste del hueso del fundador y evolucionaron hacia la moderna “osteopatía estructural”.   

 

Durante los últimos cien años, la profesión osteopática ha sido regularmente, agitada por las batallas entre “Estructurales” y “Funcionales”, como ambos campos se denominan el uno al otro. El público ha sido involucrado en dicha batalla. Los pacientes que están acostumbrados a tratamientos se sentirían engañados por la “colocación” de las manos por parte de los médicos craneales.. En el extremo opuesto, los pacientes tratados por los médicos que solo “escuchan” con sus manos se sentirían sumamente agredidos por los trust. Apenas algo sobrevive de los días en que los “craneales” y “estructurales” eran cabeza y cola de un mismo cuerpo.  A principios del siglo pasado fue cuando se produjo la Gran División.    El principio del conflicto, simbólicamente, podríamos datarlo en el día en que Still catapultaba a J.M. Littlejohn, el primer Decano de la ASO, fuera de Kirsville.

El fundador de la osteopatía americana creía que la estructura imperaba sobre la función. El fundador de la osteopatía europea pensaba que esa idea era sumamente ridícula y afirmaba que la función imperaba sobre la estructura. Con tales paradigmas opuestos, Still y Littlejohn no podían impartir su enseñanza bajo la misma institución y tuvieron que separarse. Juzgando según las cartas que ambos intercambiaron, su separación fue bastante maliciosa, tan maliciosa como las recientes discusiones entre los campos que heredaron sus ideas.   Muy pocos comprendieron cuán significativa sería esta separación para el futuro de la profesión. HH Fryette DO, el maestro de la osteopatía estructural, dijo una vez. “cuando se marchó, Littlejohn sacó todos los sesos de Kirsville”.Esta no fue una declaración muy agradable para Still por quien entonces era el responsable. Fryette sin embargo tenia razón, en que la osteopatía americana perdió la mayor parte de su función y permaneció en su estructura.   

Las ideas de Littlejohn no se desvanecieron con su salida de Estados Unidos. Una vez en Inglaterra, desarrollo su llamado “Tratamiento General de Osteopatía”, que externamente parece “estructural” pero que en cuanto a la naturaleza es muy “funcional”. Dos de sus estudiantes, uno conceptuado como estructural, HH Fryette, y el otro como funcional, WG Sutherland, también mantuvieron viva la llama. Mas tarde, otras técnicas “funcionales” evolucionaron, como la “Funcional” de Hooker, la “Energía del Músculo” de F. Mitchell, o la “Tensiones Reciprocas” de LH Jones. Todos estos métodos representan las diferentes formulaciones de los principios defendidos por Still y Littlejohn, y durante muchos años han logrado alguna respetabilidad.   El “craneal”, sin embargo, nunca fue aceptado por la institución “estructural”. En los días de Sutherland, solo encontraba desaprobaciones. Fue considerado entonces, como una entre las muchas excentricidades de la osteopatía.

Hoy día, se ha convertido en una amenaza para la profesión osteopática establecida. El craneosacral, bajo muchos nombres diferentes, surge como una profesión competitiva. La determinación sobre quien es osteópata esta en juego aquí. ¿Los que ponen las manos o los que empujan? ¿Quiénes serán conocidos en el futuro como los verdaderos herederos de las ideas planteadas por Still? En esta lucha, todos buscan ayuda de otros campos. Los “craneales” siguen adelante con las ondas del holismo de la Nueva Era. Los “estructurales”, deciden unir los rangos de la medicina convencional y “racional”, p. ej., el enemigo de antaño.   Estos conflictos osteopáticos son de hecho, batallas locales de una guerra mucho mas grande que opone a los defensores de dos principios muy nobles. Ciertamente, la relación reciproca entre la Estructura y la Función es una cuestión que plantean muchas otras ciencias, incluyendo la física, la química, la filosofía, el arte, la historia, o la psicología. Y durante los últimos cien años, la guerra se ha agravado en todos los frentes.  

El leproso  Desde su origen, los craneales fueron marginados. Durante muchos años, sus trabajos fueron reservados para una minoría selecta. El “iniciado” y sus asociaciones funcionaron como sociedades secretas. A diferencia de todas las otras “técnicas funcionales” no parece utilizar ninguna fuerza física o fisiológica conocida. A diferencia de la osteopatía común, con sus raíces sólidas en las leyes de la física clásica, la “craneal” no ha encontrado, todavía, su residencia científica oficial. Los médicos “estructurales” la descartan como una técnica ineficaz, comercializada por una mezcla demagógica de misticismo y ciencia.  Los craneales rechazan estas acusaciones. Ellos sienten que son tan “científicos” como cualquier otro. Consideran la  osteopatía “estructural” como un dinosaurio sobrante, condenado a desaparecer. Los trust son una violencia impuesta y, como tal, son inútiles o incluso peligrosos. Para los craneales, el osteópata no debe hablar a los tejidos. El esta allí para escuchar. Ellos se consideran como los únicos terapeutas capaces de oír, con sus manos, la voz del impulso vital en los tejidos humanos. En paralelo con este lenguaje bastante esotérico, los craneales desarrollaron, durante años, una explicación racional de su propia técnica, basada en hechos “insólitos” anatómicos y fisiológicos. Por el contrario, p. ej., cuando estos no se refieren a las “dimensiones etéreas” de la realidad, su vocabulario es idéntico al de la osteopatía “estructural”. Su cráneo biométrico, por ejemplo, es bastante similar a aquel utilizado en le contexto de la columna vertebral.  Los estructurales no aceptan esta incursión en sus principios. A estos les indigna que los craneales empleen términos como la “inflexión lateral” o la “torsión” con respecto a la sínfisis esfeno basilar. La afirmación adicional de que tales movimientos micrométricos tienen alguna importancia clínica se considera una ridiculez del arte racional de la osteopatía.   Los radicales de cada campo esperan al día en que profesionales y laicos reconozcan el valor de la autentica osteopatía, enviando al bando vencido a la fosa de la “medicina alternativa”. Muchos tienen puesta su esperanza en la investigación “definitiva” clínica o sustancial que conducirá a uno de los dos al olvido definitivo o a la gloria. Los osteópatas no se oponen a mostrar su lucha. Escriben artículos, a veces con biografías más densas, para demostrar o refutar la realidad del CRI o algún otro principio craneal.  El autor cree que esta guerra nunca se terminara poniendo a alguno de los bandos fuera de combate por definición histórica y medica. “Estructurales” y “craneales” están aquí para quedarse. Las dos prácticas corresponden a los modelos que claramente planteó Still en sus obras. Simplemente la osteopatía no puede existir sin esas dos sensibilidades. Así como no puede haber física sin una variante “estructural” y “funcional”, p. ej., sin las dos lecturas complementarias de la realidad llamadas física “clásica” y “quántica”.  

Los Cuatro modelos de Still  A.T. Still era un medico autodidacta. Había probado la educación médica ordinaria durante unos meses, pero no podía soportarla y abandono. Rechazo el sentido de la autoridad y las medicinas, pero mantuvo una fascinación por la ciencia. Y entre todas las ramas de la medicina, consideró la cirugía como la más “científica”. Su lógica era impecable: los desgarros debían ser suturados, las acumulaciones de pus eliminadas, las obstrucciones abiertas y los derrames atajados. El amor indiscutible de Still por esta lógica es obvio en su nombre favorito para la osteopatía: “cirugía sin bisturí”.  La Medicina y la cirugía trajeron a la osteopatía sus convicciones científicas y poco más. Still rechazo, obstinadamente, sus medicinas y sus bisturís, sus hierbas y sus agujas. El decía: Primero prueba la cirugía sin bisturí, y solo alguna vez, la vertiente del bisturí.  Still tenía buenos fundamentos teológicos, científicos y emocionales para rechazar estos procedimientos. Buscó en la medicina lo que su Dios racional había significado para este mundo. ¿Era posible?, se preguntó, ¿aquel Dios tenia en mente venenos y bisturís, cuando El nos dio la capacidad de curar? Dios, si El es bueno, y Still está convencido de que es bueno, seguramente ha colocado los remedios dentro del cuerpo, justo donde coloco las enfermedades. De igual manera que, seguramente, una medicina divina no debería necesitar nada más sino el agua dulce, la buena comida, lo que las manos pueden hacer y lo que la boca puede decir.  A finales de los años 60, el Fundador sabía hacia donde se dirigía: hacia una medicina sin instrumentos. Una medicina del desierto. No siendo un verdadero simpatizante de la psicología y la dietética, Still se quedó solo con lo que sus manos podían hacer.  En la época de Still, había dos escuelas que no prescribían medicinas, hierbas, dietas, ejercicios ni tratamientos psicológicos. Eran conocidos como “curanderos” y “ensalmadores” y eran accesibles, tanto abiertamente como en secreto, en cada condado y cada ciudad.  Cada disciplina se ocupo de patologías diferentes y cada uno tenía sus prácticas y principios distintos. Tenían de hecho, muy poco en común excepto el hecho de que sus manos eran sus únicos instrumentos.  

Piensa en tus pacientes  Cientos de años antes de Still, médicos y laicos habían desempeñado la “curanderia”. Unos la utilizaron como un método puramente médico, otros la consideraban una experiencia religiosa. Médicos famosos ortodoxos la utilizaron. En el siglo XVII por ejemplo, JB Helmont, el “Hipócrates” de su tiempo, pensaba que era la esencia misma del arte medico. La curandera encontró su príncipe azul, en el siglo XVIII, en Franz Antón Mesmer. El medico austriaco aporto a la “curandera magnética” sus principios característicos. Después de el, los curanderos se hicieron conocidos como “imantadotes” o “hipnotizadores” y, durante muchos años, A.T. Still fue uno de ellos. Estudiar los principios y las prácticas de Mesmer es, por tanto, estudiar las técnicas y las convicciones de Still al principio de su carrera.  Mesmer y, después de el, todos los curanderos, creían en la existencia de una fuerza que llena el Universo entero llamada “Fluido” o “Impulso Vital”. Todos los objetos y los sujetos de este universo, árboles, estrellas, personas y animales, son “cristales” hechos de aquel Fluido, ya que no hay nada mas, sino aquel Fluido, en toda realidad. Mesmer, inspirado por muchos anteriores a el, describió las propiedades únicas de esta sustancia noble. Primero, el Impulso Vital es auto correctivo, por ejemplo se estabiliza así mismo cada vez que es desequilibrado. Segundo, el Fluido une a todo lo demás, estrellas y plantas a las personas y las personas a otras personas. Esta “conectividad” explica porque un terapeuta puede tratar a un paciente. Ambos están conectados por el Fluido.  Tercero, el Fluido fluctúa de forma natural. Todos los objetos de este mundo fluctúan con él siguiendo muchos ritmos, lentos y rápidos. Esto es lo que conocemos como “mareas de la realidad” y se encuentran absolutamente por todas partes. Dentro del cuerpo, estas pulsaciones causan un hinchazón periódico y un acortamiento de los tejidos. Siguiendo las indicaciones de Mesmer, los curanderos pondrían sus manos sobre sus pacientes, o a una pequeña distancia para sentir esas mareas.  Ellos creían, y continúan creyendo, que la salud y la enfermedad dependen de la calidad de la “circulación” del Fluido Universal en los tejidos. Con sus manos, en consecuencia, ellos “dirigían” y “equilibrarían” la  Sustancia Noble alrededor y dentro de sus pacientes, hasta conseguir el equilibrio.  Para lograr esto, una mano sugeriría una “dirección” para el fluido. Otra mano “lo recibiría” en el lado contrario del cuerpo. No hay ningún movimiento real de las manos en estos procedimientos, estos son “pensados” mas que representados, ya que nadie puede forzar el Fluido. Y cuando el fluido llega a las zonas enfermas, se recupera la salud dado que esa sustancia, la más noble de todas las sustancias, solo puede traer salud.. Curar a alguien consiste, por lo tanto, en imaginar el Fluido dentro de determinadas partes del cuerpo.  Aquí descansa el paradigma fundamental de la “curandera” y, como veremos, de la osteopatía: no hay ninguna diferencia sustancial entre la Materia y las actividades de la Mente. Pensar es cambiar, físicamente, la realidad. Las ultimas dos paginas del ultimo libro de Still, su testamento, hablan magníficamente acerca del poder de este encuentro entre la mente y la materia viva.  Los curanderos son aquellos que han acostumbrado su pensamiento a la salud y la enfermedad de la gente. Ellos imaginan a su paciente a través de sus manos, sus ojos y oídos, alcanzando, capa tras capa, las profundidades del cuerpo.  

En lo profundo de los tejidos  Durante muchos años, Still experimento, desempeñó, la “hipnotización”. Se identifico con cada uno de sus principios. Estos eran teológicamente exactos y eso es lo que contaba para él. Durante carios años, él se anuncio como un “hipnotizador”. Hasta el final de su vida profesional, Still continuaba hablando como tal, incluso afirmaba que él obtenía su primer diagnostico sobre sus pacientes a partir de su aura. En aquella área indefinida alrededor del cuerpo, el Fluido interno encuentra el Fluido externo, ciertamente, un encuentro muy privilegiado.  Su alumno WG Sutherland, por si mismo curandero, afirmaba que él podía practicar su “Extensión de V” a unas yardas del cuerpo de sus pacientes. Vemos que tanto Still como Sutherland diagnosticaban y trabajaban de lejos. En la primera osteopatía, la distancia no era ningún problema. El cordón umbilical que sujetaba a los primeros maestros con la curandera era demasiado fuerte.  Still y Sutherland, como todos los otros curanderos, experimentaron la continuidad entre su pensamiento y la materia viva de su paciente. El fundador de los craneales llamo a esta capacidad: “dedos pensantes”. Daba a entender que nuestros pensamiento tienen “dedos” lo bastantes fuertes para agarrar y mover la mayoría de las partes de la realidad, no importa cuan distantes puedan estar. Con sus manos puestas sobre la cabeza, el osteópata craneal afirma que puede alcanzar los pies. Con esto quiere decir que sus “dedos del pensamiento” alcanzan y agarran los pies. Del mismo modo que afirma Still que podía liberar el uréter y los riñones, el intestino o el hígado, con idénticas presiones de sus manos sobre el abdomen de sus pacientes. La diferencia entre la curación del intestino o del hígado se encuentra en la visualización del operador, no en la posición de las manos.  En la primera osteopatía, lo que el “pensamiento” hace a los tejidos, era tan importante como lo que “las manos” hacían. Tanto si el operador presiona los tejidos o no. Lo que verdaderamente cuenta, lo que hace este tratamiento especifico, son sus imágenes internas, su “visualización”.  Al igual que habían hecho los curanderos durante cientos de años antes que ellos, Still y Sutherland solían colocar sus manos sobre tejidos y luego “visualizar”, sincronizar las pulsaciones del Fluido, listo para “dirigir” y “equilibrar” las Mareas del Impulso Vital.  No debemos reírnos de estas palabras e ideas. Ellos están lejos de ser simples vestigios del pasado. Los físicos contemporáneos llaman hoy día, las “Fluctuaciones del Vacío (lagunas mentales)”, lo que Mesmer, Still y Sutherland llamaron “Mareas del Impulso Vital”. Como estudiante de física y osteopatía, no puedo encontrar la diferencia entre las dos versiones. Nosotros no deberíamos juzgar a la gente por su modo de expresarse. Antiguos y Modernos apuntan a una misma realidad, solo que con palabras diferentes y distintos grados de sofisticación.

El Santo Grial  Los ensalmadores, como los curanderos, trabajaban solo con sus manos. Durante miles de años, cubrieron eficazmente, las necesidades ortopédicas de la población. Su sistema era tan lógico como la cirugía y la ingeniería. Un hueso torcido tenia que ser enderezado, una contractura tenia que ser relajada, una articulación dislocada, o una fractura, tenia que ser restablecida. Las fuerzas curativas de los tejidos harían el resto. Nadie podía impugnar la firmeza de sus prácticas, ya que muchos los seguían y emulaban. A diferencia de la curandería, que hablaba de una realidad fluida e invisible, el ajuste del hueso (“ensalmación”) era la personificación de la solidez y el sentido común. Cuando estos trabajaban, producían resultados inmediatamente, a diferencia de cualquier otra terapia. El cojo andaría libremente, los encorvados fueron puestos derechos. Still se hizo tan experto y rápido en estos tratamientos que sus pacientes lo apodaban “el ensalmador relámpago”.  A lo largo de los años, Still aprendió a ser ecléctico. A veces curaba como un curandero, por la “escucha” y luego “dirigía” el Fluido hacia las profundidades del cuerpo. En otras ocasiones, actuaba como un ensalmador, por lo que movilizaría cada articulación, tendón o músculo con precisión y fuerza.  Con menos frecuencia, y disminuyendo a medida que su método maduraba, prescribía medicinas.  Su dominio simultaneo de la curanderia y el ajuste del hueso (ensalmación) era insólito. Estas profesiones tan distintas atraían a pacientes y médicos diferentes. Sus principios, así como sus técnicas eran muy diferentes. No se puede comparar la “suavidad” de la “curanderia” con la “violencia” del ajuste del hueso (“ensalmación”).  Still no se interesaba por las creencias establecidas. El utilizaba lo que le parecía bueno para el paciente y aprendió a escoger la técnica apropiada para cada patología.  En su época, se rumoreaba que la curanderia funcionaba bien en trastornos “mentales” y “nerviosos”. El ajuste del hueso, por otra parte, era eficaz en todos los problemas ortopédicos. Sin embargo, ambos eran inútiles para combatir los grandes exterminadores de la época, las enfermedades infecciosas. No había apenas respuestas para estas, ni convencional, ni complementaria y la tos ferina, el sarampión, la peste o el cólera continuaron su matanza desenfrenadamente. Su familia había muerto por estas mismas razones, incluso él mismo estuvo a punto de sucumbir a dichos acometidos.  El tratamiento de infecciones se convirtió, al principio de su carrera, en el santo Grial de Still. Como curar la fiebre intermitente, solo con las manos, es la obsesión del fundador de la osteopatía. El no creía en la existencia de enemigos externos como los “gérmenes”. El enemigo era producto del hombre, no de Dios. Still estaba seguro de que tanto los remedios como las enfermedades venían de dentro del cuerpo. Nuestros problemas deben estar perfectamente al lado de sus soluciones, y no hay nada que buscar fuera del paciente, ni gérmenes, ni medicinas. La pregunta que se hacia era: ¿Cómo podemos llegar a estos problemas internos y soluciones sin otro instrumento que nuestras manos humanas?  

Ajuste de las fracturas de la realidad  Los “curanderos” se refieren al Impulso Vital con respeto absoluto. No lo interfieren con sus elaboraciones secretas, a sea por violencia física o química. Cuando la “dirigen” el Impulso Vital a una área enferma, los curanderos no fuerzan nada, solamente piden humildemente al cuerpo que lleve a cabo su autocuración. Los síntomas se consideran, más a menudo, como signo de que el cuerpo lucha por su cura. Las fiebres, escozores o erupciones son parte de estos esfuerzos de eliminación y nunca deben ser suprimidos o agravados artificialmente.  Los curanderos tenían objetivos modestos. Su propio tratamiento les impedía interferir demasiado en la enfermedad. Una fiebre debería mantenerse baja, no demasiado alta ni demasiado baja. Ellos no podían cambiar, por la fuerza el curso y la sustancia del impulso vital. Esperaban que el cuerpo eliminara lo que tenia que ser eliminado y, a menudo, esto que tenia que ser eliminado era el alma. Los curanderos no podían, por sus propios principios, violar la Realidad. Como Mesmer, o el joven Still, los hipnotizadores hacen preguntas desde los tejidos y luego escuchan las respuestas, y toda esta petición y la contestación son conducidas por los “dedos pensantes”. La curanderia comparada con el ajuste del hueso (“ensalmación”) o la medicina convencional, es una técnica modesta, correcta e inofensiva. Respeta tanto la realidad que los curanderos, la mayor parte del tiempo, no se atrevían a cobrar ningún honorario a sus pacientes. ¿No estaban ellos tratando con el Fluido, esa bondad de Dios, la suatncia misma de nuestra alma?¿Quien podría atreverse a cobrar dinero por ello?¿Puede alguien serio cobrar a la gente por respirar el aire? El aire es gratis al igual que el Fluido es gratis.  Los ensalmadores actuaban de manera muy diferente. Sin ninguna vacilación, forzaban a la vez los dos extremos de una fractura, la cabeza de un fémur apoyada en su cavidad, cogiendo por sorpresa a su paciente, causando a menudo un dolor extremo. Por tanto, dejaban que el Impulso Vital – su propia versión de este – continuara siendo su sello. Tenían que terminar su trabajo rápidamente. Los agricultores y aldeanos no tenían dinero ni tiempo en exceso y tenían que ser enderezados de nuevo en los propios campos. Como pago por sus servicios, los ensalmadores aceptaban cualquier cosa, una tarta o un ganso gordo. Hasta este mismo día, en los campos franceses o ingleses, estos médicos siguen visitando a “los vecinos” para ayudarles en sus dolores y handicaps. Su regla de oro es encontrarlo, fijarlo y dejarlo solo.  Independientemente de sus límites, Still creía en estas técnicas y en sus principios subyacentes. Las utilizó todo el tiempo, por separado o conjuntamente. Durante la misma sesión, él golpearía un hueso devolviéndolo a su lugar o “escucharía el Fluido”, lo que hizo de sus tratamientos una experiencia original para sus pacientes. Pero él no podía bajar una fiebre permanente con su curandería – que no tiene esta posibilidad en cuenta – ni con su ajuste del hueso (“ensalmación”) que no tenía ningún tratamiento que ofrecer. Contra altas fiebres, los curanderos solo podían rezar, ya que ellos tenían miedo de ir contra la voluntad de Dios y su Fluido. Los ensalmadores ni siquiera se molestaban en acudir cuando se trataba de un caso de estos. ¿Qué articulación se supondrían que tenían que manipular en un caso de plaga o cólera? La creencia de Still en la bondad de Dios era mas fuerte que su fe en los profesores humanos. El sabía que tenía que haber una solución.  Un hombre muy inteligente, reflexionaba sobre si “fallaba” algo en los modelos de la curanderia y el ajuste del hueso (“ensalmación”). No tenia ninguna duda de que cada uno tenía gran parte de la “verdad suprema”.El se lo había demostrado así mismo las cientos de veces que había ajustado los husos y había curado problemas de ansiedad. Su práctica era buena, sus principios eran buenos y divinos. ¿Qué podía ir mal?¿Por que ellos no podían curar las “fiebres intermitente”?¿Porque los curanderos fallaron al tratar el dolor de la espalda y los ensalmadores no podían curar la ansiedad?¿Porque unos servían para el alma y los otros para el cuerpo?¿No eran el cuerpo y el alma uno solo?  Still curó durante años, planteándose estas y otras preguntas. Y a lo largo de estos años, como él colocaba sus manos, a veces como curandero y a veces como ensalmador, se preguntaba: ¿Qué estoy haciendo o pensando mal? ¿O mejor que les falta a mis manos cuando actuó como ensalmador y que le falta a mi pensamiento cuando actuo como curandero?  Realmente Still buscaba un nuevo significado para viejas habilidades, no una nueva medicina.  Para el historiador, su “osteopatía” es apenas original en sus términos técnicos o en sus principios. En su época ya existían la mayor parte de los principios básicos y las técnicas que hoy conocemos como “craneal” o “estructural”. Y es fácil e importante para nosotros, encontrar lo que le inspiro. Sus modelos todavía se encuentran, no estructural. Y seguramente es interesante volver a vivir con el Antiguo Doctor, su primer tratamiento osteopatico acertado.   Estudiemos la primera vez que aplico sus intuiciones, y que tuvo éxitos donde otros habían fallado.

Las calles de Macon  Este hecho ocurrió un día de 1874. Still andaba y charlaba con un amigo en una de las calles de Macon. Vieron a lo lejos, una mujer con tres niños. Ella era obviamente pobre y sus niños sufrían problemas intestinales (disentería). Still tuvo compasión y se ofreció para llevar al niño. Espontáneamente comenzó a frotar el estomago y la espalda. Le cautivo la distribución desigual del calor, de ‘vitalidad’, entre la espalda y el abdomen del niño. Still sintió ¨nudos¨ y ¨golpes¨ esparcidos por las áreas calientes y frías, como las islas en el mar. Mientras andaba decidio que debería hacer algo. En realidad, no había nada que perder. Las medicinas convencionales estaban reservadas para los ricos, y de todos modos eran ineficaces. Ellos solo hacían del morir un asunto caro.  Los instintos de Still, como curandero, le aconsejaron:¨dirige¨ y ¨equilibra¨ el fluido vital entre tus dedos; dirige el Fluido desde las áreas calientes a las frías. Como ensalmador, sintió el impulso de aplanar los golpes y desatar los nudos en los músculos y los tendones de la espalda y el estomago.  Como medico pensó en las medicinas que el podría prescribir. Como cirujano, no había nada que el pudiera hacer, pero seguramente le habría gustado llegar dentro del abdomen y parar los derrames.  Sin embargo, era simple optimismo, ya que la sabia que ninguno, ni el curandero, el ensalmador, el cirujano ni el medico, tenían nada que ofrecer: El niño estaba condenado a morir. Pero no para Andrea Taylor Still quien fue preparado para curar a cualquiera en cualquier lugar de cualquier enfermedad.  En aquel niño en particular, durante el otoño de 1874, Still unió lo que se había separado. Vio las hinchazones o nudos como obstáculos en los ríos del Principio Vital. Entendió, a partir de las diferencias de temperatura, que el Fluido no podía cruzar, solo, la distancia entre la espalda y la parte delantera. Still decidió que el Fluido necesitaba un empuje serio, algo que los curanderos no pensarían. Su masaje eliminó las hinchazones y empujo el Fluido: El ajusto el Impulso Vital, de la misma manera que los ensalmadores habían ajustado articulaciones dislocadas. Al final de tratamiento, que no duro más que el paseo hacia casa, se equilibro el calor. El Impulso Vital alcanzaba las profundidades del abdomen y la espalda, y la autocuración podía proceder. En aquel momento, en el umbral de la casa, Still no era consciente de que él realmente había curado ¨ al niño.  Al día siguiente el niño había dejado de sangrar. Still estaba aturdido. El había hecho lo inconcebible para los médicos de su época, curanderos y ensalmadores. Había traído violencia al mundo tranquilo de la curandería y tranquilidad al mundo violento de los ensalmadores. Y produjo medicinas naturales. Still se había atrevido a manipular el obstáculos de su camino. Stll no había esperado solo a que se produjera el equilibrio sino que lo había impuesto.  La primera curación oseteopatica  oficial, la propia base de nuestra profesión, consistió en esculpir la distribución del Impulso Vital sobre un niño golpeado por la diarrea. Ningún dolor de espalda, ningunos empujes y ninguna colocación de manos. Ciertamente, muy poco en común con la osteopatía moderna.  ¿Qué era tan incomparable en aquel tratamiento? Con un simple amasamiento de los tejidos, el Maestro había obtenido resultados tan buenos como nuestros antibióticos modernos. Muchos, antes que Still, habían masajeado la espalda y vientre de sus pacientes febriles. Estos habían obtenido como mucho, un efecto ¨relajante¨. Cualquiera que hubiera mirado a Still ese día, seguramente no habría visto nada en sus nuevos gestos. El, durante diez minutos, hizo un masaje corriente. ¿Cuál fue la diferencia entonces? Yo creo que los gestos eran los mismos, pero las ideas fueron diferentes. El modelo que utilizo había cambiado y esta diferencia salvó al niño. Desde aquel día, esta ha sido la gran creencia de la osteopatía., que la inspiración cura tanto como el empuje de las manos.  Ese otoño de 1874, Still renovó la técnica del masaje, la terapia mas antigua del mundo. Su mano y su mente habían formado un equipo, y juntos masajearon lo externo y lo profundo. Los osteopatas llaman a esta capacidad, hoy en día ¨visualizacion¨. El creía que podía ¨ver¨ los órganos bajo la piel, permitiéndole ¨mover¨ el uréter, la vejiga o la tripa con las mismas o los mismos movimientos. Debemos tener claro lo que la ¨visualizacion¨ significa para la tradición osteopática. ¨Visualizacion¨ es creer en la continuidad estricta entre la mente del operador y la materia viva del paciente. Fielmente, Still heredo esta ¨vision¨ de los curanderos, pero el cambio completamente las imágenes que sus profesores habían utilizado.  

La forma de formas  Para los hipnotizadores, el impulso vital no tenía ninguna forma exacta o sustancia. ¿Acaso no era la forma común a todas las formas y la sustancia estaba presente en todas las sustancias? Esto seguramente no podía parecerse a nada de lo que nosotros conocíamos. Los objetos de este mundo son solo sus mascaras Tuvo que existir alguna sustancia pura, etérea, inefable. Still, no se dejaba impresionar por las creencias de sus profesores, le dio forma y textura al Impulso Vital. Le dio al fluido la forma de los órganos y los tejidos del cuerpo. La anatomía se convirtió, para él, en la ciencia de las formas y texturas esculpidas del Principio de la Vida. Era divino, ya que describía las formas y las relaciones que tomaba el fluido, la sustancia más noble del universo, dentro del hombre, el pedazo de vida más noble del universo.  Y su mente podía tocar aquella anatomía dondequiera que estuviera. ¿La curanderia no le había enseñado que la mente tenia todo el poder sobre la materia viva?¿No eran estas una misma cosa? Su mente podía tocar la materia viva y ninguna parte del cuerpo estaría fuera de su alcance, fuera del alcance “ de sus dedos del pensamiento”. La piel, las entrañas y los huesos se mostraban como arcilla que su mente podía esculpir.   La curanderia le había enseñado la existencia de esta arcilla divina, este engrosamiento del fluido, que llamamos “tejidos humanos”. Los ensalmadores le habían enseñado como trabajar con ello. Con este equipo, las puertas del cuerpo se abrieron de golpe para AT Still. De repente, sintió que había realizado su sueño, una “cirugía sin bisturís”, la capacidad de cambiar el interior sin abrir la piel. El podía llegar tan hondo como un cirujano. Ahora podía eliminar piedras, liberar de obstrucciones el flujo de las arterias, reducir tumores internos sin necesidad de utilizar el bisturí.  Still, aquel día de 1874, había utilizado medidas idénticas de fuerza y pensamiento, donde los ensalmadores habían utilizado principalmente la fuerza y los curanderos, principalmente el pensamiento.  Cuando la ciudad de Macon oyó hablar del tratamiento del milagro, otros diecisiete niños aquejados de disentería fueron llevados ante el. Según afirma Still los curo a todos ellos. Por primera vez en su vida – posiblemente en la historia de la humanidad occidental – un hombre, sin otro instrumento que sus manos, había ganado diecisiete batallas sucesivas contra una enfermad infecciosa mortal. Había utilizado los instrumentos que todo el mundo había utilizado antes, pero había cambiado las motivaciones que mueven los instrumentos. Sus manos habían dejado de ser los martillos que aporrean al paciente, estas se convirtieron en la prolongación exacta de su pensamiento. Podía llegar tan profundo como su mente podía visualizar.  

La Visión  El día 22 de Junio de 1874, a las 10:30 de la mañana, lo que había sido una vaga intuición abrumo el alma y el cuerpo de AT Still, lo que el llamo “una revelación”. En un simple minuto, Still sintió que le revelaron la verdad suprema del universo. Todo se arreglo, su vida pasada y sus cuestionamientos presentes. Durante aquel simple minuto, vio cada pedacito de la naturaleza alrededor y dentro de él trabajar como una maquina inmensa y perfecta, produciendo en serie las partes de la Realidad. Vio el orden y el significado por todas partes. Sus ojos no lo podían ver, pero su corazón podía sentir la Presencia. Sabia que el había entrado vivo, en el Taller del Magnifico Arquitecto e Ingeniero del Universo. Still levanto la vista y vio sus mapas del Universo dispuestos sobre mesas inmensas, cada uno tan inmenso como nuestras galaxias. Nadie, (el estaba seguro), había estado donde el estaba en aquel instante. Se sintió como Colon, ya que estaba divisando un Nuevo Mundo. Tenia que contarlo a la humanidad.  Sobre una de las mesas, podía ver los mapas secretos del cuerpo humano. Todo pura anatomía. Estos eran los proyectos de Dios y esta era su ciencia más santa. Still vio la maquina humana produciendo aire y alimento hacia dentro y hacia fuera, moviéndose así mismo impecablemente, sus bombas, sus eslabones y ruedas trabajando a ritmos perfectos, lentos y rápidos. Mientras observaba, con respeto, sintió de nuevo la presencia del Ingeniero en la maquina. Parecía fluir. El reconoció el Fluido. Había estado allí, todo el tiempo, y nunca lo había visto. Lo vio empapar cada parte de nuestra anatomía, al igual que el agua dulce empapa la buena tierra. Lo vio fluir en cada esquina, como tantos riachuelos llenos de bienes, de ladrillo y mortero para que todo continuara funcionando según el plan. Casi llego a sentir con sus manos el Flujo. En aquel instante, supo lo que sería la osteopatía. Hasta el día en que su alma dejara su cuerpo, sus manos servirían humildemente a la circulación del Fluido. Estas estarían  allí, por todas partes, para asegurarse de que cada grano de la maquina recibiría las aguas de la vida. Proclamarían, por todas partes, la supremacía de la ley de la Arteria.  Still no vio ninguna enfermedad durante aquel día puro. Pero sus causas eran obvias. No podía haber ninguna otra razón más que una suspensión del flujo de la Bondad a los tejidos. Era todo tan fácil de entender. La salud y la enfermedad estaban juntas, a la vez y en el mismo lugar, y sus manos podían alcanzarlas.  Dios había dejado el Libro de la Medicina abierto para que lo viera. Pero el más simple de los simples podría leerlo también. El veía una medicina realmente buena, no una para el rico y el inteligente, no una medicina descrita con nombres latinos y compradas con pedazos de oro. Pura, simple y gratuita.

Excalibur  A las 10:30, AT Still levantó la vista y vio su pasado, su presente y su futuro plasmarse en una simple esmeralda. Todas sus experiencias, sus amores, aficiones y esperanzas, su fe y sus engaños se hicieron uno. El lo vio y nadie puede decir lo que el vio. Trató de contarlo y, muchos años mas tarde, solo podemos que tratar de contarlo.  El Ingeniero que había en él vio la maquina mas perfecta. El Agricultor vio los Campos de la vida repletos de la cosecha más rica. El Predicador vio la gracia de Dios. El Filósofo vio el significado del Universo. El Medico, el Cirujano, el Ensalmador y el Curandero vieron la salud en su gloria y la enfermedad en sus mismas raíces. Cada uno vio muchas otras cosas extraordinarias.  El curandero vio que las Mareas disformes con las que él había trabajado se convertían en órganos cuidadosamente formados, cristales líquidos tallados del Fluido. Vio cada tejido palpitar con cada latido del corazón, llenándose de la Bondad. Él podía tocar con sus ojos, los ritmos del fluido. Vio el cordón umbilical de cada órgano, hueso y tejido, trayendo abundancia. El curandero vio todo esto, y mas, y entendió porqué él había tenido éxito y porque había fallado.  El ensalmador abrió los ojos y vio que los huesos difíciles con los que había trabajado se convertían en una arcilla suave y hermosa, impregnada de inteligencia, la misma arcilla que Dios utilizó para hacer a Adán. Él podía verlo respirar y latir. Inmediatamente entendió que esa arcilla era irrompible, que al instante repararía cualquier violencia que le fuera causada. En ese momento comprendió que no sería nunca más un ensalmador corriente, ya que todos los tejidos habían sido hechos de aquella arcilla y podían ser ajustados, esculpidos y moldeados.  El medico que había en el vio las medicinas, millones de estas, de todos los colores y formas. No estaban en áreas distantes o almacenes oscuros sino dentro del cuerpo, ordenadas sobre bandas transportadoras, listas para moverse. Podía ver que la maquina después de trabajar se queda como nueva al verter estas medicinas sobre las zonas gastadas. Estos eran remedios divinos, que olían y parecían tan buenos y puros como la lavanda, el tomillo y la savia, gratis para todos.   El cirujano abrió los ojos y vio el Cuchillo de Dios, la espada divina, Excalibur. Lo vio penetrar en los tejidos y reparar, sustraer, cortar, vaciar, drenar y coser, sin ninguna cicatriz, sin sangre. Que maravilloso, pensó, si yo pudiera tener aquella Espada.  Antes de que la visión se terminara, el niño asustado que había en él, oyó la Voz y vio el Dedo. Este le habló y le señaló. De repente sintió  su mente afilada como un cuchillo. Sus ojos fueron deslumbrados por el acero, el mismo acero de su nombre. Cuando los abrió de nuevo, vio que su alma se había convertido en espada, profundamente clavada en la roca de su cuerpo. La Voz habló y dijo: levántala, ya que solamente tú puedes liberarla de los apretones de tu carne. Con tu mente afilada, abrirás, repararas, renovaras, drenaras, cortaras y coserás, sin derramar nunca la sangre inocente.  AT Still se despertó de la visión confuso y deslumbrado. Otros habían visto y habían hablado sobre estas visiones antes que el. A curanderos, ensalmadores, médicos, todos los hombres de buena fe, les habían sido reveladas las partes del rompecabezas. Unos habían visto el Fluido, otros la Maquina y otros sin embargo, las Medicinas o el “Cuchillo”. Pero él había visto “el todo”. El fue el primero, en la historia de la Humanidad, en ver la Maquina y las pistas del ingeniero, el Campo y el Agricultor, los Proyectos y el Arquitecto. Andrew había subido al Monte Sinai y había traído a su vuelta la ley de la Medicina, la ley de la vida y la muerte. Él, al igual que Moisés, tenia que salvar a toda la Humanidad, negra, amarilla y blanca, de la esclavitud de la enfermedad.  

Buenas noticias para los tejidos  La visión se termino, pero nunca dejó a Still. Lo que ocurrió el 22  de Junio era solamente el principio de una larga “revelación” que duro más de 20 años. Sus libros hablan, sin cesar, sobre estas visiones.  Con los años, incorporó el conocimiento cada vez más médico – principalmente anatomía – a sus intuiciones iniciales. Comenzó con la circulación. La siguiente adicción a su modelo inicial fue el sistema nervioso. El ultimo, pero no el menor, la fascia.  No obstante, durante muchos años, la curandería y el ajuste del hueso (“ensalmación”) fertilizaron y lucharon uno contra el otro en su mente, con la anatomía llamada al rescate de uno o del otro. El siguió llamándose así mismo “hipnotizador” y “ensalmador”, mientras continuaban estas batallas internas. Durante 10 años, Still examino las guerras que experimenta la profesión Osteopática, hoy día, en todo el mundo. Examinó, individualmente, el procedimiento de división que estamos experimentando, en conjunto. Durante años, su curandería, su ajuste del hueso (“ensalmación”), su medicina y cirugía tiraron y estiraron su alma.  Finalmente, creo una osteopatía que, a ojos del observador externo, se parecía al ajuste del hueso. Ahora le llamamos técnica “estructural”. Es rápida, poderosa, a veces “dolorosa”. Pero para el observador interno, se parecería al trabajo “funcional”. Un visitante, dentro del cuerpo de los pacientes de Still, habría sentido que las manos del Maestro alcanzan los tejidos más profundos.  Un ensalmador por fuera y un curandero por dentro. Esta es la respuesta de Still a los tirones contradictorios y los empujes que habían agitado su alma durante tanto tiempo. Esta es su osteopatía. El curandero había pasado a la clandestinidad y nunca emergería de nuevo, o casi nunca. ¿Pero cual será nuestra respuesta aquellos tirones contradictorios? ¿Qué equilibrio escogeremos?  Durante muchos años, decidí parecerme a un curandero para el observador externo. Fiel a mi profesor, sin embargo, yo nunca olvidé añadir una medida idéntica de ensalmador, una medida que mis pacientes y yo podíamos sentir profundamente dentro. Ambos caminos son la osteopatía pura y buena. Los tratamientos estructurales y funcionales, cuando estos siguen la Regla del Equilibrio, son buenas noticias para todos los tejidos que sufren.   

Apuesta de Cien Dólares  La delicada ciencia de la osteopatía, a partir de 1885, engordó mientras engullía cada vez más la anatomía y el modo tan particular de fisiología de Still. El método se hizo tan sofisticado, tan superficialmente diferente de la curandería y del ajuste del hueso (“ensalmación”), que Still olvidaba mencionar su contribución. Bastante desafiante, incluso se dispuso a dar cien dólares al hombre que encontrara quien o qué habia influido en él, en su descubrimiento. ¿No era esto algo arrogante?¿No estaba siendo injusto, incluso mentiroso, considerando que cada pagina de sus libros es hecha del ajuste del hueso y la curandería?  Still tenia una opinión diferente sobre el significado de la palabra “deuda”, en particular esta se refería a sus deudas personales. Él era un hombre práctico. Con su Osteopatía, podía curar enfermedades que otros métodos nunca habían curado. El consiguió, por docenas y centenares, lo que los demás habían soñado. Tuvo éxito donde sus precursores siempre prometían, pero nunca habían entregado. En la medicina, como en el negocio, como en la agricultura, hablan los resultados, no las teorías. Still era eficaz, había salvado vidas. ¿No era prueba suficiente de que su proyecto era diferente al de los demás y que este merecía un nombre diferente?  Muchos estarían tentados a decir: ¡justamente Drew!. Yo lo estaría. Drew era como le llamaban su familia y sus amigos. Y, hoy, no podemos evitar pensar en la familia y amigos de este hombre excepcional.  Déjenme ser justo, pese a todo. Still no se separaba del pasado con facilidad. No buscaba su gloria personal. Nunca pensó en llamar a su descubrimiento “la técnica de Still” como muchos hicieron y siguen haciendo. Él había descubierto la medicina pensada por Dios. La utilización de su nombre habría sido una blasfemia. Hasta 1890, Still se llamaba a sí mismo, “hipnotizador” o “ensalmador” como dan fe sus tarjetas de visitas y placas profesionales. Alrededor de 1885, parece haber inventado el termino “osteopatía”, pero no se atrevió a utilizarlo, ya que habría supuesto cortar, para siempre, el cordón umbilical con la medicina, la cirugía, la curandería y el ajuste del hueso (”ensalmación”). Durante cuatro años, este hombre cuidadoso se preguntó si él hacia algo realmente diferente de lo que los precursores habían hecho. Él podía ver que curaba como un ensalmador y un cirujano, y pensaba como un curandero y un medico. Podía ver que el era tanto diferente como idéntico. Alrededor de 1890, impresionado, no tanto por sus “nuevos” principios, sino por los resultados clínicos que obtenía, dio el salto y se llamó “osteopata”. Ese año, Still mató y enterró a sus padres. Tan a conciencia que él llamó a la osteopatía una “revelación”, con un precio de cien dólares para el detective que descubriera el secreto.  Nosotros deberíamos decir la verdad ahora. La osteopatía nació de un cóctel, a partes iguales, de los principios y la practica de la medicina, cirugía, ajuste del hueso (“ensalmación”) y la curandería.  

Desintegración  Cuando el maestro murió, los principios y la practica que él había fusionado en su cabeza y sus manos se desintegraron en sus partes iniciales. La Osteopatía americana heredó, en mayor parte, la medicina y la cirugía, sazonada por las dosis infinitesimales del ajuste del hueso y la curandería. Nadie debería negar el derecho de los DO americanos a llamarse osteópatas, aunque ellos apenas manipulen. ¿No usan más del cincuenta por ciento de los ingredientes que Still utilizaba cuando cocinó la Osteopatía?  El resto, unos pocos americanos y todos los europeos, se dividen en dos campos que se llamaron “estructurales” y “funcionales”, o, en su forma moderna, “aquellos que empujan” y “craneales”.  Detrás de todos estos nombres, fácilmente podemos  reconocer viejas prácticas médicas, que fueron enterradas con Still y sus embarazosas tarjetas de visita. Los sucesores de Still se apresuraron a enterrar a su padre. Había mucha fastuosidad y muchas lágrimas. Cantaron la canción favorita de Still, “Oh Happy Day”. Erigieron estatuas. Estaban realmente conmovidos. Pero un año después de su muerte, sus miedos emergieron. El comité de la ASO apartó de todas sus funciones a Carlos Still, el ultimo hijo implicado en los asuntos de la escuela. El padre había muerto de una muerte natural y ahora él era asesinado. Orgulloso de su nuevo doctorado, los sucesores de Still limpiaron la profesión de cualquiera de los vestigios de la curandería y el ajuste del hueso (“ensalmación”). Y, hasta este día, nada puede exasperar tanto a un osteópata – quien ha estudiado cinco o diez años _ como que lo comparen con curanderos y ensalmadores que nunca han estudiado.

Protesta  La historia habla de manera diferente. Los médicos craneales realmente se comportan como curanderos. Ellos pueden discrepar, pueden señalar  a su biomecánica como la prueba de su diferencia. Pero su técnica y sus principios son tan antiguos como la curandería.  Los “estructurales”, quienes realmente actúan como ensalmadores, también protestan y dicen que ellos han cargado sus gestos con su propia clase de biomecánica. Donde Still hablaba de “enderezar” los cuellos torcidos, los osteópatas modernos, después de Fríete, hablan de lesiones de Flexión/Inflexión lateral/rotación de las vértebras cervicales.  Los términos pueden haber cambiado, pero no debemos olvidar que las técnicas básicas conjeturas craneales y estructurales existían mucho antes de Still, Fryette o Sutherland: el Fluido, los ritmos, los empujes u el trabajo del tejido blando.  ¿Entonces tenemos que considerar como regresiones lo craneal de Sutherland y lo estructural de Fríete, como una vuelta a las fuentes que inspiraron a Still?Este no es obviamente el caso. Los estudiantes del maestro realmente incorporaron, cada uno de manera diferente, su mensaje “fusionado”. Los osteópatas estructurales absorbieron algunos principios de la curandería, en particular, el método de holismo y la creencia en la existencia de la capacidad de autocuración del cuerpo. Incluso el mas ortopédico entre ellos, creería en la importancia de, por ejemplo, de la curva del pie sobre la función del hombro.  Los osteópatas craneales integraron los principios y las prácticas de los ensalmadores. Sus libros describen las numerosas “manipulaciones” de las articulaciones, aunque muy pequeñas, y tienen una biomecánica muy compleja para justificar estas manipulaciones, a diferencia de los curanderos. Como tal, ellos actúan, por definición, como ensalmadores de la “esfera craneosacral”. Cada uno desarrolló su lectura única de la anatomía humana y la fisiología. El craneal, por ejemplo, ve el tejido del hueso hecho de puros vectores en el espacio. La mente del operador puede cambiar a su voluntad la dirección. El movimiento del tejido es visto completamente dócil a los pensamientos del osteópata, el principio de la fundación de la curandería.  Los médicos estructurales buscan el aspecto sólido de la vida del tejido. El peso, la resistencia al movimiento, palancas, fulcros y adherencias son diversas mascaras tomadas por esta investigación como trampas sólidas que impiden que fluyan las aguas vitales del cuerpo.  Con el tiempo, la visión se agravo entre las dos escuelas. Desarrollaron cada uno su propia ciencia, publicaciones, reuniones, sociedades y jerga. Si juzgamos según la osteopatía convencional, muchos osteópatas parecen haberse alejado del centro, volviendo a las formas casi puras de los ensalmadores y curanderos. Los curanderos, entre nuestra profesión, apenas se refieren a la anatomía o a la necesidad de manipular. Muchos de los “ensalmadores” de nuestra profesión, han dejado de relacionarse con la “globalidad” del cuerpo, la función y la estructura. Ambos siguen llamándose osteópatas. A veces, y lamentablemente, los únicos verdaderos osteópatas. Con los años, las opiniones se convierten en creencias firmes. Que difícil será convencer de que la osteopatía craneal no alivia la ciática porque esto mueve más de diez amgstronns, y que estos “empujes” no se producen por roturas de adherencias.  

Osteopatía Quántica  He revisado aquí, brevemente, el fondo histórico de la Guerra de los Cien Años entre “estructurales” y “craneales”. No debemos olvidar que no luchamos estas batallas solos. Los osteópatas están en uno de los muchos frentes de la guerra entre la Función y la Estructura.  En otro frente, la física quántica y la clásica también han tenido sus luchas durante los últimos cien años. Como osteópatas estructurales, los físicos clásicos ven un mundo hecho de partículas, de puntos discretos que pueden ser pesados, colocados y datados. La física quántica, como los “osteópatas funcionales”, ha descrito los estados de la materia, que no puede ser pesada, colocada ni datada, como ondas o partículas virtuales. La física clásica, con su modelo de “partícula”, describe bastante bien el  comportamiento de grandes objetos. La física quántica describe, con precisión brillante, el comportamiento de los elementos más pequeños de la realidad.   La gente es tanto objeto grande, obedeciendo a las leyes clásicas, como un objeto cuántico, hecho de ondas definidas, fotones virtuales y electrones no locales. Nuestro cuerpo es así, simultáneamente, un conjunto de partículas y un ramo de ondas. Como partículas, está aquí y ahora, en la oficina del osteópata. Como ondas virtuales, el cuerpo del paciente y el operador se extienden a los límites del universo. Como tratar con ello, es opción de cada uno. Las extensiones en V y similares son medidas apropiadas en la lectura quántica de la realidad. Las partículas por otra parte, son la presa fácil para manipulaciones, masajes o empujes.  Podemos identificar la guerra entre la Estructura y la Función en muchos otros sitios. Esta guerra se ha hecho evidente también en el arte, durante los últimos cien años, enfrentando a la pintura clásica, donde cada objeto tiene contornos definidos, contra la impresionista y la pintura de extracto, donde los objetos interfieren el uno con el otro, como lo hacen las ondas.  Seguramente, nadie se atrevería a decir que un aspecto de la realidad es más “correcto” que otro. ¿Podría alguien afirmar que la física clásica es “más verdadera” que la física quántica, o que la pintura clásica es más “apropiada” que el impresionismo?  La guerra de los cien años comenzó en todos los frentes al mismo tiempo, con los osteópatas estructurales, pintores y físicos clásicos y muchos de sus aliados en un mismo bando. Todos ellos luchan por fronteras claras entre los objetos y los sujetos de este mundo.  Del otro lado, encontramos a los médicos craneosacrales, pintores impresionistas y físicos quánticos. Los primeros buscan obstáculos entre las áreas de los órganos de sus pacientes, los segundos entre los campos de sus paisajes y los terceros entre los campos electromagnéticos o físicos. Los miembros de la misma alianza, estos tres guerreros tienen mucho en común. Los Médicos craneales utilizan visualizaciones anatómicas – imágenes mentales – muy similares, en su calidad a aquellas de los pintores impresionistas: los contornos y los límites de los huesos, músculos y vísceras están hechos para mezclarse libremente. Su extensión en V hace que los huesos se ablanden y los líquidos se solidifiquen, al igual que ocurre en las pinturas de Turner, donde el cielo se funde con el mar, los vientos y los barcos; igual que Van Gogh que mezcló, en sus paisajes, la sustancia de las estrellas, con las nubes y los tejados. Estas no son comparaciones meramente teóricas. Una técnica craneal se eleva y cae sobre la calidad impresionista de sus imágenes. Una técnica estructural tiene éxito y falla en proporción a la precisión de la biomecánica utilizada.

La Onda de la Nueva Era  Los modelos “funcionales” y “estructurales” no son solamente nuestros. Estos son modelos globales de la realidad. No están en lucha. Ninguno es superior o inferior, más eficaz o más realista. Tales juicios no tendrían sentido desde un punto de vista histórico, físico, clínico y filosófico.   Pese ha todo, estos juicios han tenido lugar. Incluso desde Still y su preferencia posterior por el ajuste del hueso (“ensalmación”) sobre la curandería, la osteopatía estructural se ha considerado como la forma verdadera la osteopatía, y ha atacado al trabajo craneosacral. Lo que es absolutamente injustificado. Los empujes nunca han sido legitimados por ninguna ciencia y los manipuladores no deberían creer que esta a salvo su pensamiento racional. No existe ninguna evidencia que apunte a una  mejor eficacia clínica por parte de los tratamientos de la osteopatía clásica frente al mi masaje, el placebo, el ajuste del hueso o el tratamiento craneal.  Del mismo modo, los médicos craneales deberían ser capaces de describir su trabajo sin recurrir al dogmatismo oscuro, espiritualista que no deja espacio a errores humanos.  Durante los últimos cien años, “funcionales” y “estructurales”, con sus manos vacías de cualquier ciencia, se han lanzado unos a otros suposiciones teóricas, sin mas pruebas que su convicción interior de que “ellos” están haciendo las cosas bien o que consiguen mejores resultados”.  En términos de popularidad y cifras, el equilibrio cambia, ahora a favor de la física cuantica y el trabajo craneal. La osteopatía estructural debe procurar no pasar por alto esta evolución de la medicina. Sus ataques sobre la racionalidad de los craneales son auto suicidas. Creo que los estructurales trabajan por los mismos motivos, pero con un medio diferente al de los craneales.  Con algunos cambios superficiales en su formulación, los modelos de los craneales están muy de acuerdo con los paradigmas de nuestra generación sobre la materia. Su “deslocalizacion” – uno puede tratar cualquier tejido de cualquier parte del cuerpo, incluso desde fuera del cuerpo – su percepción de los tejidos como ondas, así como muchos otros rasgos, evocan firmemente al mundo de los quantums.  La reciente popularidad del trabajo craneosacral va bien con el conocimiento de la “onda” de la Nueva Era y los aspectos virtuales de la realidad. Este adopto, lamentablemente para su credibilidad médica, alguno de los estilos mas extremos de la Nueva Era, afirmando virtudes teológicas para sus manipulaciones, tratamientos.  

Una profesión suicida  Despojada de su materialismo obstinado, la osteopatía estructural es un sistema lógico, tan lógico como la “ensalmacion” que lo inspiró. Despojada de sus afirmaciones arrogantes sobre el conocimiento de los Secretos de la Vida, la osteopatía craneosacral o “miofascial” es una práctica absolutamente legítima justificada por mucha filosofía y física.  La osteopatía necesita de sus dos paradigmas como la realidad “necesita” sus dos paradigmas físicos. Nadie puede descartar como irrelevante el hecho de que el cuerpo es la partícula y la onda, local y no local, real y virtual, en el tiempo y en el espacio.  Esta dualidad de la existencia ha sido conocida durante mucho tiempo, en Oriente y en Occidente, por los griegos y los chinos, pero sin el atuendo de “científica” o “tecnológica” que nuestra generación le dio.    Nuestra profesión sigue una antigua interrogación sobre la materia, viva e inerte. Los osteópatas estructurales consideran el cuerpo como un conjunto de gases, líquidos y alimentos sólidos que necesitan ser ordenados en el espacio y en el tiempo. Los osteópatas craneosacrales lo ven como un conjunto de gases, líquidos y alimentos sólidos que necesitan ser ordenados en el espacio y en el tiempo. Los osteópatas craneales lo ven como un entorno espontáneamente fluctuante, desprovisto de cualquier materia, lleno de virtualidad, sensible al pensamiento humano.  Estos son principios hermosos y muy verdaderos. Ellos pueden polinizarse el uno al otro durante años, presentando nuevas terapias e ideas, como han hecho durante los últimos cien años. La Osteopatía necesita desesperadamente su propia polaridad. Los craneales deberían aceptar la importancia, para su destreza, del “análisis” estructural, lenguaje y habilidades. Los estructurales deberían ser sensibles a la necesidad de escuchar, imparcialmente, a los tejidos, por ejemplo de una mano inmóvil. Una audiencia tan atenta que los tejidos pueden curarse mediante ella.  El craneal y el estructural son lecturas complementarias de la misma realidad anatómica. La división en la época de Still permitió el crecimiento y la sofisticación de cada corriente.  Esta profesión debería estar orgullosa de sus dos caras, vertientes. Seguramente, no deberían suicidarse acusándose públicamente. La osteopatía se ha expuesto cada vez más y el conflicto crecerá en paralelo a dicha exposición. Algunos no se preocupan por mantener la unidad. Han preferido abandonar el  barco y enseñan su propia rama de curanderia o ajuste del hueso (“ensalmacion”). Les decimos adiós y no deberíamos tener miedo de que hayan robado lo esencial. Los que se han marchado ofrecen, por definición, las variables de la curación y la ensalmacion, no la osteopatía que toma mucho tiempo y mucho pensamiento. Tenemos el futuro entero del proyecto de Still, todavía intacto ante nosotros.  

El Big Bang  La osteopatía estructural es de poco interés sin los principios de la curanderia. La osteopatía craneal no es más que una teoría de relajación sin los principios y la practica de las manipulaciones. Los pacientes no nos necesitan como unos ensalmadores o curanderos de segunda mano.  La buena osteopatía, que es rara, ocurre cuando la mano, tanto si esta se mueve como sino, es especifica y holística. Cuando las manos pueden “enderezar” un esguince del tobillo que se repite con el resto del cuerpo en mente. O cuando las manos, o la “mente” del operador pueden integrar las torceduras de la tripa a aquellas de la espina dorsal.  No sé si alguien practica, en el mundo real, aquel tipo de osteopatía. Sin embargo, creo, desde nuestra literatura, que muchos de nosotros realmente lo intentan con fuerza. Esta síntesis era el sueño de Still y, según algunos rumores, él alcanzó resultados clínicos con ella. El podía “ver” dentro del cuerpo mejor que la mayor parte de los curanderos. Podía manipular iliacas dislocadas mejor que la mayoría  de ensalmadores. Como estaba bien en ambos, como sobresalió en habilidades que nadie se molestó en adquirir, Still fue recompensado. Transgredió lo prohibido, él casó lo que debería estar separado y  nació la osteopatía. Su mezcla era mejor que las partes. Still fue sin duda uno de los grandes transgresores de la historia.  Es triste sin embargo, que el Fundador se sintiera obligado a ocultar su linaje. Sus placas profesionales y tarjetas de visita, con comentarios inéditos, son los únicos registros de su curanderia y “ensalmacion”. ¿Cuál habría sido la cara y el destino de la osteopatía contemporánea si él hubiera dicho la verdad? Es cierto que sus resultados clínicos fueron diferentes a los de sus antecesores. Pero sus técnicas y sus ideas no eran nada diferentes. debería haber apuntado a los eslabones de la cadena histórica a la que perteneció.  Muy pronto, los seguidores de Still, posiblemente el mismo Still, sufrieron una enfermedad desenfrenada en nuestra profesión, la obsesión de “mirar” y “sondear” lo racional y lo científico.  Una obsesión que nos hizo ocultar, durante los últimos cien años, la existencia de nuestros padres analfabetos, curanderos, y ensalmadores. Sólo mostramos al mundo nuestro linaje medico y quirúrgico.  La guerra ha tenido sus caras buenas, cuando pensamos en los progresos conseguidos por craneales y estructurales desde sus principios heroicos. Los gemelos, todo el mundo lo sabe, deberían ser educados por separado. De otra manera, se imitarían el uno al otro. Durante el siglo pasado hemos hecho justamente esto. ¿Pero como de lejos deberíamos llegar en cuanto a mantenerlos separados?  La Biblia dice que no debemos crear ídolos. Ni de Still, ni cualquier hombre, mujer o ciencia. Pero el modelo completo de Still nunca ha sido realmente intentado por la profesión, sin hablar de superarlo. Sólo él, hasta el momento, ha sido el mago de la osteopatía.  Nunca hemos sido capaces de alcanzar en conjunto lo que el logro individualmente. ¿Quién entre nosotros, solo con sus manos, puede ajustar una cadera, curar la disentería, expulsar piedras, diferenciar con los huesos cubiertos un hueso de cualquier otro?  Aún tenemos que comenzar desde el principio. Y, solo entonces, tratar de mejorar los defectos y errores obvios de Still.  Debemos ser cuidadosos, pese a todo. Ya que, ¿Quién puede juzgar al juez?  

FIN  COMENTARIO A LA TRADUCCION  1.

La propiedad del texto es íntegramente de su autor y por tanto sus derechos. Itaca Biodinámica Craneosacral difunde con el consentimiento del autor esta traducción al español, para uso particular. Cualquier utilización de esta traducción o del original en ingles, distinto del particular, no esta permitida sin el consentimiento del autor, por lo que Itaca declina cualquier responsabilidad del uso fraudulento del texto para fines diferentes al expresado.  2. En ocasiones pueden existir errores de traducción o interpretaciones, los cuales se han tratado de minimizar y de traducir lo mas fielmente posible, por lo que, el texto hay que tratarlo de forma global a fin de entender el propósito del autor en poner de manifiesto su visión general de los últimos 100 años de la osteopatía. Por tanto, descontextualizar el artículo con extractos que reflejen solo aspectos de las opiniones que el autor quiere expresar, puede generar ideas equivocadas al propósito del artículo, por lo que se recomienda leerlo de forma integra. 3. Este artículo se publica para su libre difusión con el permiso del autor siempre que se cite la propiedad del mismo y las referencias al documento original en ingles disponible en su Web site   DO. Alain Abehsera – www.connective.org .. Itaca Centre de Biodinámica Craneosacral y Osteopatía, ha promovido esta traducción al castellano en interés de la comunidad terapéutica hispano parlante. Traducción a cargo de Silvia Marco Peris..  

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